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El Alba 1930 periódico

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Bernardo Zinguer

Academic year: 2024

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i intereses estudiantiles

:

: fundada el 13 I de ¡Junio de 1.930.

| Valor del ejemplar ;Bs. 0.50,

NUMERO 8.

>*•••••• •

Regina de Velásquez j

REDACTORA:

María Luisa Rojas :

j V . V . / t ADMINISTRADORA:

:•••’ A**'**: Alicia de Medina

San Cristóbal, (Venezuela) E n ero de 1.931. j año i. ]

. . . s 5

En un nuevo sendero

*y

y

" : O Y nos iniciamos nuevamente en esta escabrosa sen- I :* da que se llama periodismo, animadas del más sano pro- I pósito y con nuestras mentes pletóricas de ideales en I bien de la comunidad, confiadas en el halagüeño éxito que

hasta ahora ha obtenido.

Ayer raquítico y sin fuerzas llamado sólo a levan- : tar en algo el espíritu intelectual de la mujer, vió la luz

•• en medio del aplauso sincero y desinteresado del culto : __ pueblo sancristobalense; alentados por tan generosa aco- I : gida, damos un formato más amplio del que hasta el

m ,J

presente tuvo esperando que no sea mirada nuestra labor con indiferencia, en su nuevo formato no llevará al pú­

blico lector sólo composiciones de las alumnas del Es­

tablecimiento sino también otras lecturas sanas y moralizadoras qué puedan ir dignamente a todos los centros de cultura y presten alguna utilidad a la labor que nos proponemos.

ALBA ha adoptado como credo dos pensamientos uno de la ilustre dama argentina Doña Rosario Puebla de Godoy y el otro de la interesante revista argentina «ACONCAGUA» que dicen ha­

blando del verdadero feminismo lo siguiente:

“Es el feminismo juicioso y moderado, limitado a elevar el nivel intelectual de la m ujer cultivando su inteligencia con el estu­

dio, con la instrucción y las bellas artes, hasta producir y estable­

cer el perfecto equilibrio entre el cerebro que piensa y razona y el corazón que siente”.

* *

“Como en los terrenos incultos germinan las malas hiervas, en los cerebros vacíos prospera la frivolidad, la envidia y la pasión por el lujo, componentes fatales de la vanidad femenina, que condena el espíritu de la m ujer a ser menor de edad toda la vida”

“Nuestro feminismo no roba del hogar a la esposa ni a la madre, y les conserva su mayor encanto: esa mezcla de buen cri­

terio y de dulzura, con la que se deduce y encanta el corazon del hombre, por el amor, el respeto y la estimación”.

F A N T A S I A

NOCHE BLANCA

Para ALBA

A claridad de la luna derra- . ma su blancura sobre los

— muros ennegrecidos de la vetusta catedral de piedra; millo­

nes y millones de estrellas fulgen blancas en medio de la azul diafa­

nidad inmensa; viene el silencio de muy lejos, se detiene, se esparce y se pierde luego en lo infinito. Sen­

tado en un banco junto al pedestal de la estatua de un héroe pienso en el dulce bardo trovador de Feve.

¿A donde .ida! el alma del poeta?

¿la absorbió la inmensidad o fué á vagar por las llanuras blancas del astro blanco de blancura mustia?

Abandono mi asiento del jardín y cruzo las calles como las tumbas blancas, silenciosas, despobladas y salgo de la ciudad: hay somnolen­

cias no se que de vago y entriste- cedor en la campiña suavemente clareada; lontananzas pálidas, bru­

mosas, esfumaciones lejanas de montañas y de monstruos; croar de ranas y susuros de insectos;

canta el buho escondido entre el ramaje de los búcares que crecen a las veras del camino; lejos en las chozas campestres ladran los pe­

rros y en medio de la bóveda azu­

lada callada, lenta, solemne y si­

lenciosa con esa majestad de Rei­

na, la diosa de las noches sobre el pedestal de remotas y azuladas serranías se levanta derramando con blandura los raudales de su luz que bañan e ilumina la faz de la dormida tierra.

Bajos sus ondas, bajos sus clari­

dades, un baño de suave melanco­

lía toman las almas y las cosas.

Las aguas pausadas, los lejanos

(3)

A L B A =

riscos, los bosquecillos misteriosos, todos dicen de leyenda medioeva­

les.De vez en cuando, a cierta dis­

tancia del camino, se erguía som­

bría y muda alguna casa envuelta en el silencio, y misteriosa a la luz de la luna.

Los peñascos rojos de formas caprichosas, con sus murallas, sus almenas y sus torres, ruinas de fortaleza señoriales de viejas le­

yendas me parecen; me quedo comtenplando absorto esos pe­

ñascos rojos de formas capricho­

sas, esos fingimientos de castillos escondedores de misterio, que mi fantasía se complace en poblar de foscos señores ae yelmo, de cota y de espada; de guerreros cuyas lucientes armaduras brillan a la luz de la luna; de pálidas y esbel­

tas castellanas de perfiles góticos, de ojos grandes, soñadores, ne­

gros, como las alas de los cuer­

vos, negros con la brillante negru­

ra del azabache, o azules como el manto de la Virgen, como los ojos de un ángel, como los sueños de un niño, como las aguas pro­

fundas, de compasivas y dulces castellanas que suavizan la suerte de ,los malaventurados prisione­

ros que se consumen en los húme­

dos y oscuros calabozos de los só­

tanos.

A un lado del abismo en cuyo fondo mugen las aguas del Suárez, más allá el cerro del Galembo, gi­

gante solitario, como un templo cónico eregido a una divinidad extraña; al oeste la luz se quiebra en lo brillante de las verdes fron­

das del banano; los bosques mis­

teriosos de Trigueros y más lejos, al frente, se elevan tres palmeras de los escombros de un viejo con­

vento hoy morada tranquila de murciélagos y buhos.

Ram ón Velásquez

C o m o en V en ezuela?....

La decadencia de Roma empezó cuando la riqueza trajo consigo la molicie. Nues­

tro clima, que de por sí es enervante, la vida fácil, mucho dinero y retratos .de an­

tepasados adornando las paredes de nues­

tras casas, qué más queremos para con­

vertirnos en fantasmas? Yo adoro los fan­

tasmas de los cuentos.

<§ PROSAS LIGERAS EL ESTUDIANTE

Y ustedes?

LUISA MARTINEZ Directora de N O S-O TR A S.

Libro, a veces de gran volumen, debajo del brazo y con las manos en los bolsillos del pantalón, re­

corre poseído de un sano ecepti- nismo las polvorientas calles de la villa. Su faz siempre risueña y a- legre denota que su corazón no tiene verdaderas luchas interiores, y que en su alma juvenil no ani­

dan los desengaños.

Vive en una eterna primavera de ilusiones, acariciando suave­

mente muchos ensueños diáfanos;

su frente se refresca diariamente con las auras del olimpo porque él es el poeta que siente y compren­

de la naturaleza aunque su pluma no forme una estrofa; cultiva el a- mor como el mejor jardinero y a veces alcanza a aspirar en muchas noches el aroma embriagador de una de esas flores de amor que ha encontrado en su camino y que ha cautivado solícito en su corazón;

pero otras veces, apenas alcanza a rozarse con ella admirando de lejos la seda de sus pétalos y el o- ro fulgente de sus pistilos.

Para él, la vida sólo tiene ale­

grías, porque vive soñando y te­

jiendo quimeras sin pensar en lo que significa el diario batallar; vive en una eterna mascarada oponiendo a sus penas la alegre carcajada de Pierrot; sólo de vez en cuando es cuando desciende a la realidad y medita sobre el acto solemne de un examen; o repasa al vuelo la lección que ha de dar aquella tar­

de. I por las noches, después de sus paseos donjuanezcos, regresa a su mesa de estudio donde el de­

sorden le aguarda los textos para que sus ojos recorran esas pági­

nas pobladas de signos que ha de beber, como en una piscina mila­

grosa, la ciencia anhelada que aún no sabe apreciar en su justo valor.

En todas partes encontramos al estudiante; ora en manifestaciones públicas de cualquier carácter, co­

mo simple espectador; ora en los templos plenos de místicos perfu­

mes, porque todo estudiante, aun­

que no lo confiesen, tiene la fe del carbonero; ora en los cafés y can­

tinas robando un poco de tiempo al estudio para.dar. descanso a su cerebro.

Entre el bello sexso, el estudian­

te eternamente pobre de monedas pero rico de ensueños, tiene muy buena acogida; con ellas charla y ríe como siempre, enredando en sus risas uno que otro piropo fino y sútil y hace la corte a más de una dama que ha caído en sus trampas cupidezcas, porque sabe que “la novia del estudiante no será la es­

posa del doctor”.

Los dolores son un mito para el porque el peso de la ciencia que gravita sobre sus hombros no le aa tiempo para pensar en ello; a- penas se extremece nerviosamen­

te unos momentos, y sigue impa­

sible su ruta en busca del saber, para que algún día pueda servir a la Patria que hoy lo nutre espiri- ritual y científicamente y la cual más tarde reclamará sus servicias;

SONRISAS

Una sonrisa franca y sincera de­

nota una bondad de alma que atrae y que subyuga.

El niño al estirar sus manecitas blandas para abrazar a su madre, balbuciendo frases inconclusas, sonríe levemente, entreabriendo su boquita roja como una cereza en sazón, al verse amada por a- quél sér que despues de darle la existencia cuida ae él a todas ho­

ras.

La madre, llevando a sus hijos mayores a los pies del Sagrario donde eleva la plegaria mas bella del mundo, sonríe con placer al o- frendar la inocencia de aquellos re­

toños de su alma ante el ara del altar en que se inmola diariamente al Dios de sus mayores.

La amada que a hurtadillas se a- soma a la ventana, al claro de la luna, para esparcir su corazón en un idilio donde cada palabra es u- na promesa, sonríe con ternura o- primiendo entre el coral de sus la­

bios la dulce emoción que quiere salir a denunciar el amor que muy hondo arraigó en su corazón.

La amiga cariñosa que encontra­

mos por las calles de la ciudad en las horas en q’ ésta hierve como u- na colmena, sonríe satisfecha al oír nuestro piropo penetrante y fino

(4)

0 al sentir que muchos ojos fijos en ella, espían sus movimientos, comtemplan su andar y admiran su vestuario de última moda.

I por doquier encontramos la sonrisa entronizada en los labios de la mujer para servir de leniti­

vo a nuestra sed de caricias.

Pero entre todas hallamos tam­

bién la sonrisa irónica y sarcástica que denota un desprecio a nues­

tros semejantes y un orgullo mal reprimido. Es preciso que siem­

pre tengamos para todos la son­

risa franca y sincera que asome espotáneamente a nuestros labios, para proporcionar asi a otras al­

mas la dulce comunión de la bon­

dad, sin que el sarcasmo o el orgullo alcancen a tergiversar a- quella sonrisa suave y sincera que es patrimonio especial de la mujer bondadosa.

HERNAN BE G iS p B E L Ii a

1 EL SUPREMO ‘|

I

:

MANDATO |

S ab io s co n se jo s del ilustre doctor ENRIQUE OLAYA H ERRERA, ac­

tual presiden ie de la floreciente R e­

pública Colombiana y una de las fi­

guras m ás d estacad as de la Am éri­

ca a la s m u jeres políticas.

Os decimos-mujeres que sois la razón de la vida!-cómo son tristes esas hojas sueltas que al la­

do de las nuestras alcanzan a qui­

tar a vuestros nombres la poesía que debe acompañarlos, la deli­

ciosa turbación que ellos saben inspirar. Esas esquinas sombrías- sombrías aun que las ilumine el Sol-no merecen que sobre ellas queden vuestros nombres para ser leídos, para ser repelidos, para ser anotados, por muchos cuyas mira­

das no tolerarías, por muchos que no tienen derecho de levantar los ojos hasta vosotras, ni llevar en los labios las sílabas que solo conocen vuestras esposos, vues­

tros hijos o vuestros amigos.

Oh! mujeres que sois la sal y el encanto de la vida; no dejéis enne­

grecer vuestras manos con esa

tinta de imprenta que es arma Dara combatientes rudos, pero no jara vosotras, que sólo aspiráis a os apostolados silenciosos del logar, cumplidos sin ruidos que denuncie en las calles el temple de vuestras almas para el cumpli­

miento del deber.

Nosotros comprendemos lo que debe ser en nuestros corazones la viva llama de la fé. Pero hay otra manifestación más hermosa del a- catamiento a Nuestra Santa Ma­

dre, la Iglesia Católica, Apostólica, Romana. Llevad al ‘‘pié de los al­

tares las oraciones que represen­

tan vuestra ofrenda; decid paso a- llá en las naves de la Iglesia, a Dios y a los Santos, cuánto es el a-

mor que les profesáis, y esos rue­

gos serán conmovedores y valiosos así, dulcemente murmurados por vuestros labios; venerados, si sois matronas; vuestras bocas admira­

bles si sois doncellas.

Orad, sí, en el templo o en vuestro hogar; orad por esta pa­

tria que consumen los odios y ani­

quilan las malas' pasiones; orad, si,por vuestro pueblo agobiado por todas las torturas, agonizante y pobre, leproso como Job, y co­

mo él condenado a los. supremos dolores. Toda vuestra alma en una oración vale más, que nuestro nombre en hojas que cubre el pol­

vo de los caminos y manchan las moradas de los hombres.

E NRI QUE OLAYA H E R R E R A

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11 El Amor de las Madres Ijj

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e s a o a o t io ••• •• •

* c e « « 8 « o • • • «• •

UAVE como el murmullo de una fuente, grato como el per-

• o a c * « « e

fume de las flores, melodioso como el canto de las aves en iü ü f el bosque, grande como Ja inmensidad de los abismos infinitos,

86»>M

CASO• ••O• • • »

sublime como el amor divino; así es el amor de la madre.

La mujer, ese sér delicado, sublime, sensitivo, cuando ha lle­

gado a la maternidad, es el sér por excelencia de amor y de equi-

»▼ dad. Ese amor desbordante, sin valla, de las madres; ese amor ge- ü neroso y abnegado hasta más allá del sacrificio; ese amor puro li que engrandece a la humanidad; ese amor, perfección en la tierra, :{ es el que hace la felicidad en el mundo.

II La madre, aprendiendo a sus hijos, ama también a la huma- v nidad. El amor de la madre no es solo limitado para sus hijos, el

amor de la madre se ha despertado para la humanidad entera y la mujer se hace benéfica; la mujer se hace digna siendo madre.

El amor más puro, más grande, más sagrado, es el de la madre:

bendecid, hombres que me escucháis, a vuestras madres; bendecidlas todos los instantes de vuestra existencia, porque no sois otra cosa que el resultado puro y grandioso de la mujer, de ese amor puro y santo de la madre! No reneguéis jamás de la vida material; no lloréis en los do­

lores y en angustias de la vida; tenéis una madre y esa madre es un rau­

dal de amor para vosotros. Si la habéis perdido aparentemente en el mundo terrenal, ella os espera en el mnndo sideral. Una madre no pue­

de estar mucho tiempo alejada de esos seres queridos, de sus hijos, en el mundo de lo invisible. Las madres velan jpor sus hijos y redoblan sus afanes por su felicidad. Quizá otros espíritus no estén con voso­

tros, pero el de vuestras madres sí; ellas velan por vuestra felicidad aún después de la muerte.

¡Abre tu pecho, pueblo que me escuchas, a ese amor puro y sa­

grado, y levanta en tu corazón un altar a esa mujer que te alimentó con su sangre, a esa mujer que expuso su vida por tu vida, a esa mujer superior, a esa mujer digna, a esa mujer ángel!

V I C T O R H U G O .

(5)

4 gg A L B A =

Una de las mayores obras del eterno:

EL MAR

✓ —>4 RANDIOSA creación del infinito, sublimidad de to- í - y d a obra creada, demostración de poder y de impo- V_A_nencia es el Mar! En su contemplación queda el hom­

bre confundido! Unas veces henchido de gozo, dé­

jase este, arrastrar sobre sus tranquilas aguas, en frágil barcarola, por la impulsadora brisa que la lleva; otras te­

meroso, en formidable barco azotado por furiosa tempes­

tad, por huracán violento, como si desafiara a un enemigo, va a estrellarse contra la roca que parece esperarle, para medir con él sus fuerzas, segura de su triunfo; roca en cu­

ya cúspide brilla con difusa luz, faro de esperanza para el viajero, en aquella solemne hora en que sólo el cielo es testigo impasible de su angustia, en el vaivén de las olas del mar embravecido, cuya demostración se siente en su rugido, se palpa en sus encrespadas y negras olas, que le­

vantándose de su seno airadas, júntanse, confúndense, con el grisáceo color de la atmósfera, que semeja como manto fúnebre y déjase romper por chispa diamantina y surcar por fosforecente línea de luz que serpentea. Mar, eres hermo­

so y a la vez terrible ! ...

J Í l b it a .

y murió per ESE ES EL

Luchó Bolívar con tezón indo­

mable, con denuedo de coraje sin par, por la dicha y la grandeza de la América; y después de haber sa­

crificado la vida en holocausto de su ensueño, cuando en la última hora tenía derecho a exclamar, ¡to­

do está consumado!, ¡oh dolor!, a- quel crucificado tiene que pro­

rrumpir en un grito supremo de desesperación infinita: mis enemi­

gos han desecho mi obra; aré en el mar y edifiqué en las arenas del decierto; más perdónalos, Señor, como yo los perdono.

R. VELASQUEZ.

El muchacho trabajador, estu­

dioso, deportista, entusiasta, idea­

lista, no el vicioso ni libertino, ése es un hombre, y ése será mañana un varón en toda la plenitud de la palabra, floreciendo en sus hijos y en los hijos de sus hijos. En cam­

bio, el adolecente mujeriego, pre­

cozmente corrompido, es un débil moral que, creyendo adelantarse, no hace sino retroceder a los tiem­

pos cavernarios, a los bajos pelda­

ños de la evolución humana.

GREGORIO MRRAÑON.

FANTASIA MARINA

Siempre había sentido la obse­

sión del mar que ahora se aguza­

ba con la neurastenia y la visión constante del coloso azul.

Pasaron horas y horas viendo como cambiaba de tonos con la luz: gris opaco, verde luminoso, azul brillante, a veces; bruto, rudo, fiero, otras; suave, dulce, humilde siempre, con aquella espuma anca y cantarína... Había con­

seguido en sus lejanos paseos por la playa, una pequeña ensenada en que el mar apasible y cristalino dormía sin agitarse, como una conciencia limpia...

Un cerro ocre, brazo de la mon­

taña, se tendía hasta él, y avan­

zando, en una roca gruesa y pen­

diente, minada algo en su base, puño cerrado del enorme brazo pétreo...Era el lugar preferido del poeta, sentado en la alta roca recta atalayaba el horizonte, a su espalda la montaña, a sus pies el eterno azul...

Pensaba en los palacios marinos.

Quizá este fuera uno, con aquel silencio regio, con aquellas pare­

des cristalinas por las que pasa­

ban cual centinelas los peces si­

lenciosos, con aquellas medusas blancas, como bombas opalinas.

Y se imaginaba recorriéndolo...

Plantas marinas grises, verdes, li­

las, en grandes peñascos blancos como enormes jarrones, salas de fina arena rubia, cortinajes de lia­

nas, encajes de algas, lechos de coral, tapices de conchas, y entre ellos la rubia belleza de una ondi­

n a ... Un encanto apresado ba­

jo el grueso cristal líquido...

... Miraba el espacio, el aire era también un mar, mar de áto­

mos, con las encantadas bellezas de los espejismos, con las conchas luminosas de sus estrellas, con sus pájaros como bandadas de pe­

ces, con las blancas espumas de las nubes... Y allá sobre las montañas altísimas el hielo blanco de la n ieb la... Mar, también como el alma, que ^ canta­

ba amores a las rosas, que lloraba tristeza en el follaje, que abatía gigantes en los bosques, que cru­

zaban los espiritus en las doradas barcas de los cometas . . . .

Un pájaro con las alas tensas

(6)

i trazó una recta, como un barco k que bogara por un lago en calma.

Le acometió el deseo de ser pája­

ro... .Tendió los brazos agitándo­

se como alas, e impulsándose, se lanzó al vacío... La pequeña cur­

va del impulso, luego, el cuerpo caía como un ave muerta... el cristal azul estalló en espumas...

Después, una sombra rosa como si por bajo el agua agitaran una ban­

dera roja... la cabeza de un es­

cualo que rozó la superficie...y el agua que de nuevo se dormía se­

rena, tranquila, como una concien­

cia limpia que hubiera tenido una pesadilla...

L / I L / A .

LO FEO

El enigma de la fealdad tu no lo has decifrado. Tu no sabes porqué el Señor, dueño de los lirios del campo, conciente por los campos la culebra, y el savpo en el poso.

El los conciente. El los deja so­

bre los musgos con rocío enjollar- se con la luz cotidiana. En lo feo, la materia está llorando; yo he escuchado su gemido. Mírale el dolor y ámalo. Ama a la araña y a los escarabajos, por que son dolo­

rosos, por q’ son como la rosa, una expresión de dicha. Amalos porque son un anhelo engañado de hermo­

sura; un deseo no oído de perfec­

ción. Son como algunos de tu días malogrados y miserables. Ama­

los por que no recuerdan a Dios, ni nos evocan la cara amada. Ten piedad de ellas, que buscan terri­

blemente, con una tremenda ancia, la belleza que no trajeron.La araña ventruda, en su tela aleve, sueña con su idealidad v el escarabajo deja el rocío sobre su lomo negro para que finja un esplendor fugi­

tivo.

GABRIELA MISTRAL.

UNA MADRE

cuna.

Lo toma al tanteo, en la oscuri­

dad del cuarto casi miserable, y al tanteo también lo acomoda contra

el pecho. i ,

“Arrorró, mi niño ¡Arrorro mi so l! ...|

Y el niño se duerme, y la madre exhausta, le vuelve a la cuna y se tiende metida sobre el lecho.

Medio minuto. Un minuto aca­

so, y vuelve al llanto y vuelta a erguirse, y vuelta a arrullarle.

“ Duérmete mi niño, duérmete mi sol, duérmete pedazo de mi co­

razón”.

Y se duerme de nuevo el cana- llita, y vuelve a la cuna; vuelve el llanto, y vuelve al pecho.

i Pobre mujer!

Las once, las doce, la una, las d o s... Y se agota, se aniquila y se desespera.

—Por favor, hijo, duérmete ¡Estoy deshecha, estoy muerta!

—Y se duerme de nuevo, el revol­

toso y se despierta de nuevo, y llora, chilla, patalea y vuelta al pe­

cho.“ Duérmete mi niño, duérmete mi sol”.

Las tres, las cuatro . . . . Por fin se duerme...¡Pobre madre! Y se duerme ella también, ya con los albores del nuevo día.

Madre buena, madre santa!!

Los párpados le pesan como si fueran de plomo; tendida boca a- rriba, parece un cadáver, hundidos los ojos, hundido el pecho, hundi­

da toda ella en la cama miserable.

Una hora de sueño, y de pronto el pito estridente de la fábrica ve­

cina.

Ya es tarde.

Y la pobre madre exhausta se viste de prisa, despierta la hija mayor, besa al niño y sale corrien­

do a ocupar su puesto junto a las máquinas grandes.

Gonstancio Vigil, hijo.

Por centésima vez se yergue la pobre mujer en la cama y toma al niño, que llora desesperado en la

—o—

—Vente a almorzar le dice Mar­

ta a su amiga Helena—aunque tengas que fastidiarte por que estoy sin sirvienta—¿otra vez sin sirvienta?—contesta su amiga.

Si, tube que echarla porque se

tomó tal confianza que se pasaba el día entero ventilando las cues­

tiones de nuestro interior con la cocinera de al lado, de quien se

•había hecho íntima, y de ese co­

madreo resultaba que todo el ba­

rrio estaba enterado de lo que nos pasaba. No hubo más reme­

dio que despedirla, y aqui me tie­

nes.

!Es uñad’las tantas víctimas. Muy pocas han sido las sirvientas que han durado más de cuatro meses al servicio de Marta. I esto es de­

bido a que Marta no puede callar nada, y todo lo tiene que comen­

tar con sus sirvientas.

Naturalmente, que no es posi­

ble ser como una estatua y conten­

tarse con pasar el día sin hablar una palabra cuando no se tiene mas que una sirvienta, pero eso de comunicarle cuanto le ocurre...

Está demás decir que trae con­

sigo una cierta confianza que lle­

ga a pasar los límites.

Por ejemplo: llega tarde el se­

ñor y como ha estado en compa­

ñía de sus amigos, se siente de- maciado alegre. Pues al día si­

guiente Marta le dice a la sirvien­

ta:

—¿Si vieras como llegó el señor anoche! Era una vergüenza. Yo estaba furiosa, y esta mañana no le he dado ni los buenos días.

Otro c a s o í ^ S e ha fijado, Ma­

ría, en el flirt que tiene mi a- miga, la vecina ael lado?

!Es un escándalo. I con un chi­

co que puede ser su hijo una mu­

jer que no es tan joven. Todavía yo soy mas joven que ella.

I así, como esto, muchas cosas mas; María sabe cuanto dinero en­

tra en la casa, las deudas que tienen que pasar; los miserables y per­

versos que son los parientes polí­

ticos. Miles y miles de otras co­

sas cuyo resultado evidente es que la sirvienta concluye al poco tiempo de estar en la casa por des­

preciar a su patrona. ¿Es de ex­

trañar? No. En cualquier ocupa­

ción o trabajo esta confianza del superior al inferior molesta y de­

sagrada. A nosotros mismos en un empleo no se nos ocurrirá ja­

más decirle a nuestros superiores lo que nos pasa en nuestras casas, porque sábenos que| no lo permi­

tirían y nos ordenarían callarlo.

(7)

DEl MAXIMO [SHUSIA HRCIBHM.

POEMAS EN PROSA IL TRIOHFD DELL' I d

Su alma era como un paisaje as­

nero y sombrío, paisaje de rocas grises, crestas áridas, despeñade­

ros obscuros. Apenas raquí­

ticos tallos de hierba y flores exan­

gües se asomaban tímidamente por los intersticios de las rocas.

Toda la vida del paisaje conver­

gía a un torrente de hondas amar­

gas que pasaba sollozando, lamen­

tándose rugiendo imprecaciones y blasfemias.

Un día por ese paisaje áspero se extravió una abeja de alas rubias.

Sobre la desesperable aridez de las rocas, o en la margen del to­

rrente, la pobre abeja estuvo a punto de morir, sedienta de rocío y de sol. Casi exánime ya, alcan­

zó a ver en la juntura de dos ro­

cas algunas flores pálidas, y el es­

caso jugo de esas flores fue para­

la abeja sitibunda banquete de príncipes. Luégo, más habituada a la Obscuridad, la abeja, fue de grieta en grieta, y en cada grieta de roca halló nuevas flores pah das.

Por último, al cabo de muchos días, en una de esas grietas apare­

ció, como lágrima de oro en el borde de un párpado negro, una gota de miel.

Al fluir de la gota de miel cam­

bió el paisaje, que dé sombrío

y

áspero se tornó en suave y lumi­

noso. Una tras otra, muchas go­

tas de miel brotaron de: un panal invisible, hasta formar sóbrenlas rocas grises uno como hilo de llan­

to dulce y blondo que bajaba a de­

saparecer en el agua del torrente.

Y desde entonces el torrente no impreca, ni solloza ni muge: se desliza, coronado de flores; can­

tando la canción del amor y el triunfo de la vida. •

M anuel Díaz Rodríguez.

Al cumplir su primer aniversario nuestro apreciado colega de Puer- lo Cabello, " E L PEQ U EÑ O VO­

CERO” invitó a las muy respetables y dignas damas de esa ciudad que entre­

gan todas sus energías al comercio, con densaran en su pensamiento su opinión sobre actividades comerciales y la in­

fluencia de estas actividades en el hogar v en el porvenir d é la Patria. Hoy gus­

tosas llevamos a nuestras humildes columnas varios de tan hermosos pen­

samientos:

La Señora Doña Ramona de Faría dice así:

“El mnndo necesita hoy el con-, tingente de la mujer en activida­

des muy distintas a la rueca^ y a los quehaceres de la vida antano- na- y por eso nuestra presencia en las oficinas -comerciales debe-esti­

marse, con justicia, como uno de tantos sacrificios a que estamos

sujetas. . , ,

Nosotras trabajamos por virtud y por necesidad,t y no por avari­

cia ni por sport.”

varios en el comercio y las indus­

trias nacionales; pero todavía nos falta vencer arraigados prejuicios V lanzarnos a la conquista de las profesiones liberales. El pasado nos. dice que tenemos el alma tem­

plada en la ardiente fragua del. he­

roísmo, y en el futuro debemos demostrar que somos iguales en energías y disposiciones , a núes tros hermanos del otro sexo para salir airosas en cuantas acciones emprendamos.”

Las respetables señoritas empleadas en la casa Galderón e Hijos hablan así:

Nuestras energías activas en el Comercio, ni excluyen nuestra Idealidad, ni le restan al hombre su valor intrínsico: colaboradoras de ellos en el hogar, lo somos también en la Oficina, en el Taller v en la Prensa. Y hacemos en nombre del padre, del hermano, del esposo y del hijo en culto, del Trabajo dignificados por ellos y para ellos.”

, I p i l

Las empleadas de la casa Bulton &

y Go. dicen:

“Nuestras, modestas actividades en las faenas- comerciales no po­

dían retardarse, y la mujer vene-, zolana que es igual en méritos y mentalidad que el resto de las mujeres en el mundo enteio, no era posible que se quedara ■ reza­

gada en estas conquistas de la civilización.”

, --§-7

Las empleadas de la Agencia del Banco de Venezuela, contestan asi:

‘‘Es una virtud altísima ésta d’ co­

laborar con el hombre en sus múl­

tiples faenas. Y, sin alardes de in ­ dependencia femeniles, es, un no- nor,su decoro nuestro decoro.

“Si en las labores domésticas ha habido un timbre de gloria para la mujer, timbre, así mismo de la gloria, hemos encontrado^n la e n ­ cina y en el Taller. Sin restarle al hombre sus méritos, colaboramos con él en el amplio-sendero del Trabajo, compartiendo amarguras y i distribuyéndonos satisfaccio­

nes.” a

La señoritas empleadas de las Ofici­

nas de Teléfonos de esta ciudad dicen:

, . . . . la implantación. del feminismo en Venezuela, debiera constituir uno de nuestros empe­

ños. Hemos adelantado, mucho al;

ocupar,, como ocupamos, cargos

La señorita María Gristina Palacios empipada de la casa Mestern. & y Go.

habla así:

“Bueno sería laborar por la mu­

jer venezolana para que ésta una vez diestra en ciertos trabajos e industrias reemplazar a al hombre- en ciertos quehaceres; ¡ mientras- estos aran la tierra. Nuestra pie-

■ sencia en las Oficinas- de Comer­

cio no es una competencia - al

; hombre sino una ayuda: .y una co­

laboración”.

¡El alcoholismo! Cuantas vícti­

ma del alcoholismo!

En las cárceles, en los manico­

mios, } los hospitales,- se ven mas que en ninguna otra parte el sin- número d6 victiméis d6l alcoholis-

(8)

miseria por causa del funesto- mal? No lo

sé,

ni me sería 1 posi- * ble decirlo; pero cuando por al­

guna calle veo a un hombre ..ten­

dido, con el repugnante aspecto, del hombre beodo pienso:

Tal vez hay una casa donde .:, la esposa y los hijos esperan a este hombre para que le dé si­

quiera un pedazo de pan que lle­

varse a la boca.

Y veo en mi imaginación, una mujer harapienta, rodeada de sus pequeños hijos que llorando pi­

den pan. Y entonces digo: Este hombre es criminal, por que roba a sus hijos el pan que es suyo, por­

que para ello tiene la obligación de ' ganarlo. Este hombre es un criminal porque está perdiendo: a sus hijos con el mal ejemplo que les da.

<

Así pienso y quisiera con todas la s fuerzas de mi cora­

zón h a c e r a l g o c o n t r a el alcoholismo; quisiera hacer que todos los hombres sintieran repugnancia |hacia ese expendio de venenos que se llama taberna.

Pero mis fuerzas no alcanzan, dé­

bil.mujer como soy, más que a protestar enérgicamente contra estos hombres.

Pero,¿que, castigo merecen, qué nombre infamante es el apropiado para el hombre que no conforme, con-llegar a su casa por la noche, en el estado de embriaguez, maltra taa su esposa e hijos; en la calle misma,.llevando de la mano a un niño, se . embriaga . en compañía de otros sin tener, en cuenta que;

algún día ese hijo hará -lo mismo quehavisto hacer, y tal vez cuando ya perdido en la vergonzosa--ta­

berna, maldiga a su padre que tal ejemplo le dió?

Ante tal idea siento arder la sangre de indignación; pero callo,

¿que puedo hacer-?. Solo, puedo desahogar mi justa indignación, en estos mal formados reglones,- en que trato-de explicar mis desor­

denadas ideas.

Uno; de estos hombres adorado­

res del alcohol, vi el otro día tira-j do en la apartada . callejuela, sin sentido y a,y con tan repugnante aspecto: que horrorizada aparté la vista de él y hubiera querido co-¡

rrer, pero algo me detuvo: junto a él un niño de corta edad, pues con­

hombre le decía: Papá, papái Involuntariamente me sonreía ante, la ironía del destino. ¿Cómo, aquel hombre,, aquel monstruo era padre? Ah! Sí lo era; pero aquel nombre tan dulce no lo merecía.

Haciendo estaba estas reflexio­

nes, cuado llegó a la ambulancia de una demarcación cercana, baja-v ron de ella algunos policías y se llevaron al hombre junto con el niño que seguía llorando.

Entonces continué mi camino, llevando en el fondo de mi sér du­

ro, reproche para aquel padre que con su ejemplo estaba , llevando a su hijo hacia lo infinito del victo....

IRENE VIVES:

LOS ANCIANOS

¡Que enorme cosa, .en lo moral;

que monumento ■ sublime y vene­

rable y digno de estudio es un anciano! su lento andar nos ence- ña lo trabajoso que es crear¡ edi­

ficar, adelantar en ciencias y arte, y lucharen las»dificultades de la vida.. Sus espaldas encorvadas nos dan idea del peso conque a- bruman las tristezas y contrarie­

dades de la existencia.

Sus blancos y exiguos cabellos hacen pensar que el invierno nos ayuda a todos con sus hielos y sus nieves que son preludios de la muerte. Su rostro surcado de, arrugas.y desfigurado,..es la ima­

gen del escombro de un edificio que fué brillante y fuerte, que al cabo se ha llenado de manchas y grietas y que un

f

día se desmoro­

nará para convertirse en polvo.

Su lenguaje lleno de melancolía es una dolorosa reminiscencia de lo. pasado que nos hace recono­

cer toda la vanidad de nuestros, afanes; e ilusiones; es. como un fa­

ro que se apaga lentamente, len­

tamente, haciéndonos comprender que sólo hay una.luz eterna y segura,para giarnos entre los es­

collos dé la vida: la de: la eter­

nidad !

¡ Oh , . cuanta veneración tierna no merecen los ancianos y cuan respetuosa gratitud por lo que,, con sólo su presencia, nos ense­

ñan!

Ramón Velásquez.

LA MUJER

La mujer llena su misión en el seno de la sociedad, empinada en la cumbre de tres poderes: belleza, la virtud y la inteligencia. La inte­

ligencia, dominio que se resuelve ne apoteosis de amor, y apoteosis que la coloca sobre el pedestal del mérito.'

La naturaleza sabia y piovidente parece q' le dijo a la mujer; el albor ae una sonrisa .iluminando tu paz,:

dilatará la roja,línea de tus labios cuando quieras esfumar la nube de una tormenta; el rayo de la in­

teligencia partiendo en una mira­

da, de tu alma como la luz del sol que atrae, ordena y verifica ará vi­

sible ostentación de tu virtud cuando quieras vivir el bajel de u- na protección indigna: la música de tu voz. entonando la canción del pensamiento, modulará la que­

ja .ypreludiará la súplica, cuando quieras castigar el acento de los vicios en un freno borrascoso y ya lo veis: las flores que; ostentan en su tallo flexible el derroche visto­

so del color, no, semejan; el tere­

binto de sus labios entreabiertas que tienen por rocío al abismo perlas de nítida blancura cuando la fragancia de una sonrisa, álito del capullo de su alma, perfuman vuestro espíritu inclinando la línea recta de vuestro eceptismo y asi­

milando el principio de vuestraii-:

losofía realista: el. incendio de. los soles no, iguala la. chispa luminosa que brotan,: como luciérnagas inn quietas dé sus ojos fulgurantes cuando la caricia de su miráda cae en el fondo de vuestro espíritu ha­

ciendo luz dé bondad la nota me­

lodiosa de la brisa en el secretear de las flores las aves y el follaje q’

no tiene la cadeheia de su voz cuan­

do se exita a practicar el bien o cuando.-preludia con todas las in­

flexiones: del sentimentalismo el­

imino del suspiro invocando vues­

tra virtud en la consumación de un sacrificio heroico porque es va-1 so que tiene en sus formas el últi­

mo y supremo esfuerzo del arte,, ofrece en su fondo la esencia ado­

rable de un almaque magnificando el bien aviva el sentimiento de lo grande y exita al entusiasmo^ de lo bello.

Inés Lucía Yépes.

(9)

m A L B A =

(Partes de un hermoso artículo \ del ‘‘Heraldo Comercial” de B ar- quisimeto, sobre el Instituto b e­

néfico, de labores para mujeres que se fundará en dicha ciudad.)

Debemos tener en cuenta que la Patria es el conjunto de hogares;

que es un deber por lo tanto tra- aj arporel engrandecimiento de estos, porque ello vendrá directa­

mente a engrandecer aquélla.

Una de las bases para la digna constitución de las sociedades es la formación de los hogares: en el hogar debe adquirir tanto el hombre como la mujer, no sola­

mente la educación que los ense­

ña a ser buenos sino que a la vez debe enseñársele a producir para la vida, a fin de que su trabajo sirva de apoyo para el sosteni­

miento de su honor y dignidad.

Una persona que no sepa ga­

narse la vida es una desgraciada que está expuesta a cada momen­

to en la vorágine de los vicios.

\ I la mujer por su condición na-

■>ral está más expuesta que el J^mbre a ser víctima del atrope- no de las pasiones mundanas.

Procurándoles, pues, el modo de ganarse con- alguna comodidad el sustento, claro está, que le qui­

tamos uno de los más grandes o- rígenes de la perdición: ELI1AM- BRE.

Pongamos, pues, punto final por hoy a estas mal . surcid'as cuartillas, y con todo el entusias­

mo de nuestro corazón exclame­

mos:

Protejamos a la mujer y tenga­

mos Patria digna.

VARIEDADES

No intentes correr demaciado.

Si lo intentas y corres más, y más rápido de lo que tus fuerzas te peimitan, te faltarán las energías y caerás, roto y deshecho, en la mitad del camino. Por el con­

trario, si vas, no despacio, sino con una rapidéz que esté en con­

cordancia con tus fuerzas, llega­

rás lejos. Quien va despacio, va sano y quien va sano va lejos, dice el conocido proverbio ita­

liano.

El colorido de los cabellos

Desechando el uso de los tintes, existen métodos especiales de

‘shampoo’ y enjuagando de la ca­

bellera, mediante los cuales es po­

sible realizar la escondida belleza de cada tipo y color de cabello.

Estos métodos tienen la ventaja de conservar tantos los cabellos como el cuero cabelludo en per­

fectas condiciones de salud, siem­

pre que se usen con moderación y propiedad.

Yo aconsejaría a todas las muje­

res que se desesperan porque sus cabellos son lacios, opacos y esca­

sos y no están en armonía con las facciones de su rostro, que recu­

rrieran al masaje diario y propor­

cionaran a su cabellera los cuida- dosque necesita, cepillándola y conseguir que recobre la belleza perdida.

Los diferentes tipos y color de los cabellos determinan tratamien­

tos diferentes. La cabellera muy ru­

bia o de un tono ceniciento, necesi­

ta lavarse con un jabón extra aire­

ándola todos los días, hasta ordina­

riamente suave y muy puro. Son de recomendarse los jabones líqui­

dos de olivo o Castilla o la mixtu­

ra conocida con nombre “sham­

poo” de coco. Terminado el laba- do délos cabellos es preciso enjua­

garlos repetidas veces con agua tibia hasta asegurarse q’ no les ha quedado jabón y secarlos con u- nas cuantas toallas calientes, nun­

ca al secador artificial. Este méto­

do artificial de secar los cabellos perjudica a las cabelleras rubias todavía más que a las obscuras.

Existen varios «shampoos» que pueden adquirirse en las drogue­

rías ya preparados y listos para em­

plearse. Sin embargo, la mujer cuidadosa que desea estar segura de que las preparaciones de belle­

za que emplea son legítimas, pre­

fiere prepararlas en casa para vi­

gilar 1a. autenticidad de cada uno de los ingredientes que en ellas se ■ emplean.

DESENGAÑO

¡Adiós para siempre!... No quiero volver a acordarme de tí.

Te odio sin medida ni clemencia porque supe tu infidelidad. Sé fe­

liz; pero no engañes tan despiada­

damente como lo haz hecho con­

migo, fingiéndome cariño con me­

losas palabras.

Por fin, todo ha terminado para nosotros; han muerto las esperan­

zas de mi vida y ahora debemos separarnos para siempre. Es im­

posible que yo vuelva a quererte, cuando tú una vez más vuelve a amar con ansia loca. Déjame en paz, olvídame que yo también te olvidaré. No comprendes todo el mal que me haz hecho? Ahora estoy intranquila y desolada por tu fálso proceder.

Con tus amores emposoñaste mi corazón ávido de vivir y ahora se encuentra enfermo. Pero... No importa, me resignaré.

He alternado risa con llanto al pensar que mi dicha sería eterna mientras en mis labios se asoma una leve sonrisa, mi corazón lleva unaMst^zainmensa, pero me he convenciaertle que todo en la vida es mentirá.

Este desengaño ha sido una da­

ga que llevo hundida en el pecho.

Ah, yo sé que cuando llegue a mi dolor una nueva floración,. podré ser tan feliz como tú y entonces....

olvidaré todo el mal que me hicis­

te.

Ahora que llevas la conciencia envilecida, canta, ríe, que mañana llorarás también amarga decep­

ción.

Irene Suárez.

Referencias

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