Ntím. 9 . O Valor: Bs. 0 ,50 .
Núm.
%
L B A
j
' Directora:
Re g i n a d e Ve l a s q u e z.
A d m in istrad ora:
Al i c i a d e Me d i n a Revista mensual de intereses estudiantiles fundada el 13 de junio de 1930.
San Cristóbal^, marzo de 193^/. Año I
D el Ensueño y de la H isto r ia
Divina Poesía, miel de l aU i Ja
S
I ; la poesía es miel; pero también es fragancia, es música y es sol.
Es miel: endulza la vida y sazona la esperanza.
Es aroma: perfuma el dolor y restaña las heridas del alma.
É s música: distrae el tedio y consuela los pesares.
Es sol: ilumina en las horas de gloria o de martirio los va
lles interiores y cálienta y esclarece las yertas arideces del alma.
L a poesía es á los pueblos lo que la mujer a los hombrés:
encanto universal, ideal supremo.
Vibra en su cordambre armonioso, el canto de todos los heroísmos y la historia de los magnos empeños, y halla toda ac
ción magnífica,, abundante y limpia corriente de grandeza, en sus profundos surtidores.
Los positivistas, seguidores del utilitarismo, se ríen de los so
ñadores y alardean ostentosamente de menospreciar la poesía, juzgándola, desdeñosos pensamientos de pusilámines o árbol a cuya sombra se sientan perezosos a contarle, necios, sus cuitas a la luna y a hacer bostezar a unos tontos.,
Oficio más noble y misión más alta ha tenido ella desde los tiempos heroicos; Cuanto hay de inmenso y hermoso sobre la tie
rra, fruto és de su óptima semilla y de sus aguas fecundantes. El mundo no recuerda con amor a Esparta, ni deplora nadie la des
aparición de Cartago; pero, ¿quién no ama a Atenas? ¿quién no se complace en acariciar su recuerdo?
Desapareció T roya, desapareció Tebas, desapareció Espar
ta: su existencia no hace falta para nada en el mundo; pero la belleza creada por la ciudad del Partenón es eterna.
Grecia es. eterna no por Tebas, ni por Esparta, ni por Beo
da; Grecia es eterna por Atenas y Atenas es eterna por la belleza.
La belleza, siempre y siempre la belleza; la belleza aún ba
jo el sudario fué constante preocupación de Atenas; su vida no fué más que la perpetua glorificación de la gracia y de la poesía:
vivía sentada, como en una eterna fiesta, en medio de las flores, de los juegos, de los himnos y de las danzas de las hieródulas y efebos.
L a tragedia misma, en sus crímenes, llega hasta nosotros al través del tiempo, de ola en ola, sobre ecos de fiestas, en medio de perfumes.
Produjo el elemento de la be
lleza y la infundió en todo: creó la oda, la música, la pintura, y formuló la melodía tranquila de las líneas desplegadas en g es
tos y contornos de tranquila majestad. Y la justicia misma, por no turbar sobre las faccio
nes del culpable, la euritmia de la faz, presentaba la muerte co
mo en un sueño.
Sócrates esperaba para mo
rir, la vuelta de la «theoría*, y el último suspiro de. ese primer mártir de la verdad, subió a Dios al compás del ritmo de las ondas sonoras del Pireo.
Foción no era ya más que un cadáver helado por la cicuta, cuando unos mancebos atenien
ses que coronados de flores y de pámpanos, volvían, caballe
ros sobre briosos corceles, de una fiesta nocturna, detuvieron sus caballos a la puerta del hombre justo, echaron pie a tie
rra, y colgaron de élla sus coronas.
A la joven coronada de los sésamos nupciales, sus bellas- compañeras presentábanle una estatuilla de,Palas Atenea a fin de que la concepción sé realiza
ra bajo el dulce ensueño de la belleza.
Y más tarde, mucho más tar
de, bajo los cielos brumosos de Albión, Shakespeare, viendo besar su banco rústico de soña
dor por las aguas cautelosas del Támesis, legó a la posteridad, obra imperecedera, obra de gloria.
Y viniendo a nuestra América, bajo el sol de gloria de un Be-
2 A L B A
lio, de un Flórez, de un Darío, de un Silva, de un Lugones, de un Rivera, de un Isaaes, de un Ñervo, duermen su sueño pro
fundo de gordura y olvido las turbas anónimas de los adora
dores del dios del éxito,
E l heroísmo y la poesía an
duvieron siempre de brazo por el marido: que lo digan, Hom e
ro, Camoens, Tasso.
L a Gloria, él Heroísmo y la Poesía forman un bello trío en el frontón de la Inmortalidad;
América lo sabé: Bolívar pasó entre las lanzas ibéricas’ a vue
los de corcel y golpes formida
bles de tizona, arrebatado por la tempestad del asalto, era la Libertad.
Y Bolívar, en la proclama;
Bolívar, caballero en los salo
nes; Bolívar; pensador; Bolívar, chispeante en la tertulia; Bolí
var majestuoso, desceñida la es- f pada; Bolívar échándo pie a tierra, para ofrecer, como los mancebos atenienses, sus coro
nas al mérito y a la hermosura;
Bolívar saludado por la admira
ción de los pueblos, era la Be
lleza y la Poesía.
Ra m ó n Ve l a s q u e z.
2OOOOCOOOOOCOOOOOOOOCGCOO0COOOQCXX)OOeOQOOOCOOCOOOOOOOO
¿OOOOOOOOOOOOOOOOOO QOOOOOOOOOOOOOCjOOOO
JOOOOOC 'OOOOOO 1 OOOOOOOOOOOOQ
i r e c c i ó n d e
oo
agradece a l muy digno señor doctor Vicente Davila, autén- /i(0 vfilor de las letras venezolanas, é l gentil éñvio de sü be
lla, obra «J A C U L A T O R IA S » y del «Boletín de la Acade- , pvia de H istoria * en- su edigifat consagrada d i Centenario de la muerte del Libertador y a l propio tiempo le significa que . las (nobles frases de¡ la taijeta en que le dedica las dos im
portantes o h as en referencia serán pata la Directora y sus . quepdas compañeras del Cuerpo7 de Redacción, inapreciable . y estimabilísima voz de aliento, ya 1qüe • ellas proceden no só
lo de ^ n caballero de | las, má¿ .altas ejecutorias sino del cele
bro amplio y luminoso de un hombre que ka -sabidó esclare
cer con su talento y, cotí sus'0pre&-'él'fá&M'miWpcii 1 San Cristóbal, marzú de ip ji.
OpOJOOOOOOOOOOOQOOOOOOC)OOQOOOOOOOOOCXX)OOOOOOOOOOOOOOQC
LA M U JER
mujér encierra en su sér todo cuanto necesita la Patria para su engrandecimiento y prosperidad. Quien medite con inteligencia sobre lo qüe s i g n i r
fica esta palabra, sin duda que encontrará en élla una innega
ble verdad. Todo individuo aún sin reflexionar, se ve obli
gado a confesar que todo lo de
be a la mujer, a partir de su
propia existencia, la que como madre le dió.
En el hogar,- la misión de la mujer es sublime; allí puede con facilidad formar el verdadero ciudadano^ el hombre culto, pro
gresista, trabajador y honrado;
élla puede modelar su corazón, inculcándole sentimientos no
bles, amor a su patria, espíritu de compañerismo, en fin, trans
formar el niño en un sér cons
ciente, útil a su familia y a la
sociedad;: pero para que la mu
je r llene a cabalidad su cometi
do, debe ser educada cuidado
samente; cultivada con esmeró, haciéndole conocer el alto fin que se le ha encomendado, por
que mal puede dar el que nada posee.
El hombre si no ha sido for
mado bajo las bases sólidas del honor y del deber, por más ilus
tración que posea fracasará, y lejos de contribuir al bién de su patria, vociferará de élla, será su deshonra o por lo menos, no derivará de, él, ni renombre, ni gloria.
El cumplimiento del deber se aprende en el hogar doméstico;
el niño nace inútil y. necesaria
mente dependiente de otros se
res a quienes Íes pertenece cui- . dar de su desarrollo m oral e in
telectual, llegando esé niño a tener ideas, a obedecer, a domi
narse, a amar a sus semejantes y a respetar los derechos aje
nos. ¿Quién puede ser ese di
rector, puésto por Dios, si no es la mujer con el nombre de madre, de hermana y de espo
sa? La mujer como madre guía, sostiene, consuela y alienta a su hijo; como hermana, corrige a su hermano desviado del buen camino por insinuación de sus malos amigos y como esposa, comparte con el amado de su alma suS tristezas y alegrías.
Al b it a.
F á b u la o rien ta l
El. DON DE SUFRIR
1 Se cuenta que el sultán Amurath, un déspota oriental, eri un acceso de irajiirió a tin perro que estaba jugando á sus pies.
Al instante se oyó un pavoroso trueno, y el espíritu angélico; Syndarac: apareció delante del sultán.
— Amurath «-ídijo el.ángel— , has he-:
cho mal a uno de tus hermanos inocen
tes, que ha recibido como tú el dón de sufrir- y de gozar. Si por que eres más fuerte crees tener el derecho de maltra
tarlo, yo, Syndarac, tengo el mismo de-' recho de herirte a t i., >;
Esta fábula nos enseña que, s i hace
mos sufrir a aquellos más débiles, D ios nos hará suft ir a mi estro turno,
A L B A á
i $ isa |L ii ár i
sL-v V r Immt Iw b VPOR SARA C A B R E R A MALO
Julín, el pequeño vendedor de periódicos, se hallaba triste. ,
Las ocho habían dado ya y aún tenía ejemplares sin vender.
Vivía Julín en una mísera bu
hardilla; mas, no era el temor a la obscuridad de su aposento, lo que hacía que su pasito; me
droso se fuese ¿cortando, no, era el temor a su hermano siempre beodo, el cual le maltrataba siempre que no llevaba todo el producto de los diarios.
Se detuvo al pasar por su la
do una dama hermosísima, la cual se defendía dél intenso frío con un elegante abrigó de pie
les. Con movimientos rápidos abrió la dama el, bolso y sacó un pañuelo;, al hacerlo,' sin ella advertirlo, cayó un billete al pa
vimento. Continuó su marcha, mas Julín había visto el billete caído y rápidamente se acercó y lo recogió; ¡era de diez pesos!
¡Oh! Cómo temblaban de emoción intensa las manecitas ateridas por el frío. (
El. gusano de la tentación in
tentó roer el corazoncito infan
til, pero éste, reponiéndose, im
pulsó a Julín a correr y alcanzar’
la dueña.
«¡Señora, señora!»
Esta sé volvió sOrprehdida y':) mirando con dulzura al turbado chicuelo, interrogó:
* ¿Qué deseas, pequeño?»
Julín alargó el billete.
— «Se le cayó a Ud.-bal- buceó».
Contempló un momento la señora aquella carita pálida, los rizos desordenados, negros co
mo la endrina y aquellos gran
des ojos que la miraban con
mirada de inocente admiración.
Y pasando su blanca mano por las mejillas del pequeño:
— «Nó, quédate con él, yo te lo regalo-dijo».
Con movini¡ei?to. espontáneo;
puso sus labios frescos en la pu:i ra frente, y se alejó; inmóvil y estupefacto; sin poder pronun
ciar palabra, quedó Julírt, quiso expresar los sentimientos de gratitud que lé inundaban el corazón, y no pudo! 1
Pasados unos minutos émpézó a caminar por el mal alumbra
do portal, llevaba el bendito bi-
E L M A L A M I G O
Para «ALBA».
E s e l genio maléfico de todas las edades y de todos los tiempos.
E s lodo infecto lanzado a l cristalino arroyo para man
char sus ondas donde se mira e l sol.
E s la ruina de los hogares, la degradación de la socie
dad,, la sima profunda a donde van a perderse para siempre los sentimientos que dignifican a l hombre, las virtudes que lo hacen amable y e l precioso y único talismán que proporcio
na la felicidad en la tierra: la, buena conciencia.
Oh! E l m al amigo es la eterna pesadilla . de la madre cristiana, que agoniza ante la posibilidad de ver desflorada la inocencia del hijo de sus entrañas; es el espanto de la her
mana piadosa y e l agudo puñal que atraviesa el sensible y arnante corazón de la esposa,; es é l hambriento espectro del vicio alzando bajóla sagrada y dulce techumbre d el hogar honrado su abominable cetro: e l escándalo.
E l m al amigo vive con los magnates y con la clase obre
ra. N o mira, pues, clases n i condiciones: sólo mira almas.
E s un loco para quien no se han construido lugares de.
r eclusion; es un asesino, un traidor, un criminal de quien la justicia humana no se ha preocupado n i se preocupará jam ás.
. E s aquel hombr e, vicioso, aquélld mujer indigna que son
ríe amable y halaga la vanidad tendiendo sus redes por to
das partes.
Ese monstt uo, ese hombré fiera, llega a mostrar afec
tos que no siente y virtudes que no tiene; se acomoda fá c il
mente a los gustos, mas poco a poco impone los suyos. Su elocuencia es dulce¡ poderosa y fascinadora; él habla a los sentidos y enardece las pasiones. . ,
Venda los ojos de su víctima, le roba e l corazón y la vo luntad y así como un sonámbulo desciende éste asido de su mano p or los peldaños del vicio hasta la desgracia en donde lo arroja despiadado y arráncándose la careta se mofa de su impotencia y credulidad.
' M A R IA C R ISTIN A VEGA D E VARGAS.
I I San Antonio- - > ? . , * # ' B 1 .
■ --->1
4 A L B A
Hete, junto a su pecho rebosan
te de alegría y gratitud.
¡Cuántas cosas com praría!...
Ropas, juguetes, ¡ju gu etes!....
E l caballito que tántos deseos despertaba en él, al regresar a la casa, sería s u y o . . .
D e pronto, un gemido le hi
zo detener, miró y en el quicio
de una puerta, distinguió una anciana que con gesto : suplican
te exten díala mano. Julín va
ciló, ante élt en confusión verti-.
ginosa pasaron ropas, juguetes,
¡el caballito!
Pero un gemido más angus
tioso le hizo extender el billete.
Y después, a prisa, muy a conciencia!
prisa, echó a correr hacia la bu
hardilla con las manos vacías, a recibir los bastonazos de su hermano, furioso por la tardan
za; pero ¡cosa extraña! Una gran paz le invadía y en su in
terior sentía una gran dulzura;
esa era la recompensa que Dios le enviaba, ¡la tranquilidad de
P A G I N A P O E T I C A
L A V I O L E T A
Para «ALBA».
Esparciendo su aroma p or aquel bosquecito que form aron sus hojas recelosas y amantes aparece la bella de los tintes morados.
. c7 E s acaso un poema que ha formado su cáliz con un rayo de luna que se cuaja de fr ió
en e l tinte tan raro con chispazos de llanto?
La violeta florece toda llena de encanto pero a l verse preciosa, siente miedo, se queja. . . .
doblegando su tallo por cree*sé ya herida.
Y escondiendo sus pétalos, delicada, ligera se apodera de ella la nostalgia infinita
por que es casta y es buena cual la humilde princesa.
N o se sabe s i es llanto lo que brilla en e l fondo de esos m il corazones que le sirven de sombra o es acaso tm poema que -ha formado. , su cáliz. ,
Esther B A R R E R A M O N C A D A .
(M aestra N ° 4). -
San Cristóbal, febrer o de ig ji:
G 0 N T R A S T E S
A los besos del sol muere la estrella Y alegre canta e l ave en la espesura, Las flores abren su cáliz perfumado
Y yo despierto de nuevo a la amargura.
A los besos del sol rasga la aurora su bello manto de perlas y corales, Hay concierto de aves en las selvas
Y caen de .mis ojos, cálidos raudales.
A los besos del sol todo se anima E l cielo, el mar, e l valle y la colina, Y sólo y o semejo triste palma,
Que hacia una tumba su ramaje inclina;
A los besos del sol muere la tarde . Y triste m?ce su fo lla je e l pino,
A los besos deLsól semejo e l ave Que, de pesar enmudeció su trin o....
T R IN A D E M E N D O Z A .
(Directora de «La Pluma» de Puerto Cabello).
LA GALLE DEL ARBOL SECO
La calle del árbol seco solitaria y tranquila.
¡Cuántos recuerdos tienes para m i corazón!
E n estas horas suaves del crepúsculo lila siento a l verte una dulce, voluptuosa emoción.
Cálle del árbol seco con tus blancas hileras de casitas qué miran a la vieja estación,
¡mis ensueños mejores, mis más lirtdás quimeras han nacido en los hierros de aquel alto balcón!
La empinada escalera de peldaños pulidos, nos ha 'visto en las tardes jubilosas subir.;
, dulcemente sus brazos a mis brazos unidos y prendido en las almxs este afán de vivir.
Calle del árbol seco, tálvez llegue algún did que mis pies te recotran sin prisa n i quietud, pero en las horas grises de la melancolía,
evocaré a l mirarte m i hermosa juventud. . R O S A R I O S A N S O R E S
A L B A 5
Noble, útil e instructivo com
pañero es un buen libro: libros hay con páginas de oro, porque en éllos encontramos sabias en
señanzas, buenos ejemplos y si queremos seguir sus indicacio
nes, la norma del bien vivir y el método para aproximarnos un tanto hacia, la felicidad.
El primer libro puesto en nuestras manos representa co
mo la puerta de entrada hacia el paraíso de lo bello, de lo grande. En nuestra niñez, no lo conocemos y lo tratamos al
gunas veces con dureza, sin amor; cuando debiera ser trata
do con suavidad y delicadez^, como se toca una preciosa cam
pánula azul que se ve marchi
tar a los primeros rayos del sol saliente. El viene a ilustrarnos1, a facilitarnos nuestro adelantó, á prepararnos para una carrera y sin embargo le somos ingra
tos a sus beneficios.
Esto cuando somos muy ni
ños, ; p'érd ya én nuestra juven
tud, amamos el libro porque sa
bemos y apreciamos sus benefi
cios. Algunas veces los libros nos atraen tánto, qué preferi
mos Su lectura en cambio de una diversión por agradable que sea.
Debem os siempre tener en cuenta la clase de libros, que elijamos, porque así como en
contramos el bién, también po
demos hallar en éllos el veneno.
Un buen libro es el mejor amigo; por medio de éllos nos trasportamos a remotas edades, conocemos ciudades distantes, hombres célebres, personajes notables por sus invenciones, por sus hazañas; mujeres qüe
de algún modo han prestado utilidad a su patria y a la hu
manidad;, es una voz cuyo eco repercute en lo íntimo, de nues
tro ser, es la comunicación con un bienhechor separado de nos
otros por la distancia y el tiem
po. Concurrir a una buena bi
blioteca, con el fin de instruir
nos, es la diversión más hones
ta y Sagrada, pues se trata de ponernos al habla con notabili
dades, que llenos de abnegación y de desprendimiento por esé tesoro que éllos poseen; ' han hecho derroche de luces en sus obras, para que la juventud cre
yente se nutra de sanos Conoci
mientos útiles para su progreso moral y material.
¡Oh, amado libro! ya que eres nuestro compañero insepa
rable; te tratamos como tú an
sias: con amor; cómo tú ruegas:
con delicadeza; y te sostendre
mos como tú quieres: como una delicada flor
An a V i c t o r i a Ra n g e l. (Álumna de 6° grado).
Claro de Luna
Pronto nació la luna y el ja r dín se pobló de refulgencia y de intensas sombras; diamanteaba el-suelo y el ramaje estaba re
camado, de luz fosforecente;
cantaban melancólicamente los ruiseñores, también engrillo so
naba entre la hierba su ronco violín; en una pausa del sonar del grillo .y de la melodía de los ruiseñores, st oyó lejano el can
to de una codorniz. Todos es
tos sonidos no parecen voces de seres vivos sino vibraciones de la noche, -latidos que están en el aire, como la luz de las
luciérnagas, como el aroma acre de los bojes o el fresco perfu
me de las magnolias.
G. M a r t í n e z S i e r r a .
La Melena
La melena, símbolo ' de la emancipación femenina moder
na, fué en otros tiempos demos
tración de esclavitud. En los tiempos t del rey Clowis y de los primeros reyes dé Francia, las mujeres nobles y libres, así co
mo los hombres, llevaban el ca
bello largo. Pero las siervas y las campesinas estaban obliga
das a cortárselo. Y las damas que hacían voto religioso de hu
mildad, la primera gala que sa
crificaban eran las trenzas.
f ¡ É | Í > g ADELANTE |
ofirv-íiY'íí-í-rr-Q
Cuando emprendemos un pa^
seo y empezamos a recorrer el camino, deseamos coronar la al
tura, para así poder admirar las bellezas de la creación; disfru
tar de aire puro y saludable que sólo encontramos en los cam
pos; también gozamos al ver la ruda fatiga del campesino que trabaja desde las primeras horas de la mañana sin descanso; no acobarda ni ante la furiosa tem- péstád, ni ante los ardientes ra
yos del sol; no descansa hasta no ver terminada su labor, cum
pliendo- el mandato de Dios:
«Comerás el pan con el sudor de tu frente». Así-nosotros en el camino de la instrucción, que es la antorcha que nos ilumina
rá, luz que nada podrá eclipsar, no debemos desmayar por gran
des que sean nuestros sacrificios y así con placer veremos coro
nada nuestra obra, la más no-
"ble, la más grande y que nadie
6 A L B A
podrá arrebatárnosla, tal es: la ilustración que dignifica, el sa
ber que enriquece.
Es t h e r Ro d r í g u e z- (Alumna de 6o grado).
QUE ES EL BEBE?
El tesoro de la madre y el despótico tirano del hogar. El despertador de la mañana y el alborotador de media noche.
La última edición de la humani
dad, de la cual cada matrimo
nio posee el mejor ejemplar.
Un natural de todos los países que no habla la lengua de nin
guno de éllos. Un pequeño extranjero que posee un pasa
porte libre para penetrar en el afecto de todos los corazones.
LA CIENCIA
L a ciencia es la luz que irra
dia, sin menguar; es la llama que alienta, vivifica y entusias
ma, produciendo las delicias del saber y despertando en nuestro sér cada día el deseo de poseer
la en toda su plenitud. Ella es la que nos hace horrorizar ante las tenebrosas tinieblas de la ig norancia y nos hace conocer la Suprema Sabiduría, qne es Dios.
L a ciencia perfecciona al hombre y lo hace superior, aun
que sea de baja escala; pues el hombre de ciencia premedita sus actos, en tanto que el bru
to, se lanza como un demente hacia la furiosa corriente de un río desbordado y perece sin que pueda darse cuenta.
Por medio de la ciencia, el hombre transforma las tinieblas en luz, acorta las distancias, trae a nuestros oídos el eco de personas que nos son queridas;
a nuestra vista, la imagen de aquellos de quienes quisiéramos eternizar su gratísimo recuerdo
y gozar de su presencia; domi
na el espacio, el mar y cuánto esté a su alcance; alivia nues
tros dolores y trata de prolon
gar nuestra existencia.
En los sabios, la ciencia es cosa sagrada, poderosa, dulce y consoladora como una plega
ria. En nuestros días, el mun
do entero debiera preocuparse por poseer tan inmenso dón del Supremo Hacedor.
C a r m e n C a r r e r o N.
(Alumna de 6o grado).
SAN CRISTOBAL
Ciudad de mis mayores, or- gullosa te contemplo situada a la margen izquierda del Tor- bes, en medio de inmensas mon
taña llenas de enormes rique
zas inexploradas. Estás en un precioso valle descubierto por uno de los más notables con
quistadores: Juan Rodríguez Suárez, fundada por Juan Mal- donado; importante para los que en tí vimos la luz primera y te vemos cada día surgir y dar muestras de civilización y de progreso. Tus hijos cono
cen que te harán grande y próspera formándose buenos ciudadanos, hombres conscien
tes, por eso, con el fin de hon
rarte la generación que se le
vanta, siguiendo el noble ejem
plo de muchos de sus predece
sores, y ávida de ilustración, corre a la fuente, y allí exhor
tados por los apóstoles dé la instrucción sumisos siguen laso normas trazadas por los mis
mos, para^ hacerte grande y feliz.
Ro s a Za p a t a.
•,l (Alumna de 5° grado).
Una tarde de Diciembre
Una tarde, salí de paseo acompañada de mi madre y al
gunas amigas; hacía dos horas que habíamos salido; mi madre fatigada, ya sus fuerzas empe
zaban a agotarse; invitonos a sentarnos en un prado cerca de la playa de un río, y a cuyas orillas se alzaban gigantescos bucares, cubiertos de sin núme
ro de flores rojas. Cobijadas por su sombra, contemplába
mos el bello paisaje que se ofrecía a nuestra vista, aquella hermosa tarde de diciembre.
Era digno de admirar el cie
lo; parecía cubierto por una g a za azul clara; unas cuantas aves cruzaban el espacio y el sol ya empezaba a esconderse tras el horizonte. Estábamos como absortas en aquella contempla
ción; un ruido llegó a nuestros oídos, era una inesperada cre
ciente que arrastraba piedras enormes y multitud de trozos de palo; ésto nos causó terror, al ver que se aproximaban; sa
limos de aquel punto, rápida
mente y nos dirigimos a una in
mediata colinita desde donde contemplamos sin peligro la des
bordada creciente.
Allí permanecimos hasta que apareció la luna hermosa que con su plateada luz iluminó to
da la extensión del valle, ha
ciendo más bellas las corolas de las flores y prestando sus encan
tos a la naturaleza.
Au r a Ve z g a.
1 (Alumna de 50 grado).
EL CORAZON
El corazón es nuestro cons
tante vigilante; en él se graban los recuerdos gratos, las horas de amargura; ahí se oculta lo que deseamos, lo que sentimos.
E l corazón es como el regula-
A L B A
7 dor que sin cesar nos anuncia
el instante que pasa, la hora que expira; horas que se alejan como las aguas de los ríos para jamás volver. Nuestro corazón guarda como en hermoso cofre los más tiernos cariños, las más doradas ilusiones, las que, si un día vuelan de él, sólo guarda
mos tristezas y dolores muy agudos.
, El corazon hace que surjan a la mente recuerdos del pasado, que algunas veces son gratísi
mos y otros nos amargan los días de nuestra existencia.
El corazón del niño, tímido y lleno de inocencia, sólo tiene
cantos de alegrías y de dicha; riachuelo y sus aguas se ven de el corazón del joven, candoroso, trecho en trecho, interceptadas Heno de esperanzas y de amor por aquella luz, color de incen
sólo le habla de promesas de dio; riachuelo que la sombra de mejores días y halagadoras ilu
siones; el corazón del anciano, guarda fe, orgullo y satisfacción de su deber cumplidó.
En mi corazón, guardo el re
cuerdo mas doloroso de mi vi
da; el sér más amado y a quien debo la existencia, se alejó de mi lado, en los primeros albo
res de mi vida sin que mis la
bios pudieran pronunciar su nombre: ¡ M A D R E M IA ! . . .
Alicia Díaz.
(Alum na de 50 grado).
^oooooooooooooooooooooooooooooccx»oooooooooooooocx)oooo
50C>000C0CO000(XX)000000 ooooccoooooo
o
COOOOCOOCOOOCXDOCXDOOOGCXDCOOOCXDOOOO
E n la primera época de nues
tra vida debemos aprender a ser laboriosos, es decir, a dedi
car nuestros ratos de ocio a al gún trabajo que a la vez que nos produzca el dinero inverti
do en el material, nos resulte algo más en recompensa de nuestro tiempo invertido y de nuestra consagración.
Esta cualidad en un niño es muy bella a la vez que conso
ladora para nuestros padres, que no ven en nosotros sino una halagüeña esperanza para su ancianidad y sus tristezas. En
Contemplación
Hermosa es la hora del día, en que aparece en el Oriente el astro rey, engalanando con sus resplandores la Naturaleza, dan
do fuerza y vida a todo lo creado.
En su aparición, medio ocul
to entre las nubes que se disi-
el hogar, el niño trabajador sir
ve de modelo a las personas que con él viven y de correc
ción a sus compañeros hol
gazanes.
Amemos el trabajo y la la
boriosidad y así podremos vi
vir dignamente, ayudar a los autores de nuestros días y bas
tarnos a nosotros mismos.
Seamos laboriosos como la abeja que incesante hace gran
des provisiones, y deposita en su colmena para el mañana.
Caíimen Teresa Arias V.
(Alum na de 50 grado).
pan lentamente, déjanlo entre
ver cruzando ufano la inmensa bóveda azulada, hasta hundirse y extinguir sus rayos en medio de un ocaso rojísimo, que se refleja en la fronda de los árbo
les dándoles un encantador as pecto; aquel mismo reflejo se dilata sobre la superficie de un
la noche, rápida quiere ocultar bajo su manto. El sol después de su carrera, corona la cum
bre y expira oculto tras el ho
rizonte, dejando sobre la misma bóveda celajes, en los cuales se dibujan figurillas que pronto to
man su tinte oscuro y todo queda envuelto en el misterio de la noche.
Ca r m e n Vi v a s. (Alumna de. 5° grado).
A mi Patria Chica
Los recuerdos más gratos de mi vida son los que vienen a mi mente de mi querida patria chi
ca: S A N A N T O N IO .
Edificada allá por el siglo diez y ocho en tierras de Dn.
Eugenio Sánchez Osorio cerca del cerro de «Las Cruces», a orillas de un río doblemente histórico: el Táchira, por deri
varse de las tribus que habita
ban sus exuberantes riberas el nombre de nuestro querido y floreciente Estado y por servir de límite natural con nuestra hermana República Colombia, nuestra compañera en los triun
fos y reveses de la magna lu
cha libertaria; por su posición esta pbblación está llamada a en no lejano día a ser una ciu
dad de envidiable actividad.
Tiene el orgullo de haber si
do la primera población vene
zolana en que Bolívar publicar^
su primer proclama de la Cam paña Admirable, en la que la llamó la «noble y muy heroica villa» por la actitud decidida y patriótica de sus habitantes.
Ha sido cuna de hombres que no solo han dado lustre con su nombre al Estado sino a toda Venezuela. Entre éllos el ilus
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A L B A
tre orador sagrado Pbro; Dr.
Lorenzo Santander, quien fué Canónigo Penitenciario de la Iglesia Catedral de B ogotá y Diputado a varios Congresos.
Don Gervasio Rubio,hombre de excepcional actividad a quien se debe la fundación de otra próspera ciudad tachirense:
R U BIO .
D e Dn. Luis Felipe Briceño, uno de los primeros periodistas tachirenses.
D e Dn. Santiago Briceño y Briceño, poeta y escritor de gran fuerza.
o
C a r m e n D o r a B a r r i e n t o s U.
Primeros ensayos
L A C O L E R A
i
E l genio colérico, ese domi
nio que se ejerce sobre uno mismo y sobre los demás, eso de querer imperar sobre todo, ha sido ' causa de desastres que han conmovido fuertémente el gran edificio que se llama hu
manidad. Desde la infancia has
ta la vejez,el colérico sufrirá mu
chas y grandes contrariedades.
El niño colérico pierde su afecto a los autores de sus días, a sus hermanos y á las perso
nas que con él viven. Por todo forma riña, profiere expresiones soeces, con el fin de ultrajar a sus compañeros, se hace inso
portable; pero es* castigado rá
pidamente pOr un sér invisible que ordena, manda, premia y castiga; en su juventud, nadie querrá ser su amigo; en la ado
lescencia y en la senectud no saboreará la grata satisfacción que hace la delicia del que con humildad trata de vivir en paz con sus semejantes. En la ve
jez, el colérico cuando ve acer
carse la cegadora implacable, repasa tristemente su vida y como para castigo de su error no encuentra sino recuerdos que le ha.cen, aunque tarde, extre- mecer y arrepentirse.
. Ed i l i a Ba r r i o s, i
" (Alumna ¡Se 4" gradó).'
' “ A L B A ”
sabe agradecer las sinceras pa
labras de aliento y compañeris
mo de lus muy apreciados cole
gas locales «La Montaña»,
«Voz del S ig lo » ’ «Diario C ató
lico», «El Táchira», «El D e mócrata» y «Juventud»; «El Porteño», de Puerto Cabello;
«Celajes» y «Centenario»'' de Rubio; serán éllasf, las que le fortifiquen para no desmayar en la punzante peró grandiosa senda del periodismo.
(Alum na de' 40 grado). •
( T ~~ A C U A R E L A J . j
Cae la tarde. E l cielo con la sublime orquestación de tonos y matices, cubre como un rico dosel los valles y los prados; tras la cordillera lejana muere el sol en una hoguera de arreboles; el viento sopla ligero abriendo suavemente los abanicos de múltiples palmeras, y el agua fresca del manan
tial se irisa tenuaménte a la vez que sobre las peñas quie
bra sus moléculas de plata semejando una risa de mujer.
La ciudad va encendiendo sus luces que como estrellas pequeñas van surgiendo de las sombras; las aves con cantos melodiosos despiden el día que se lleva muchas inquietudes, y las flores que abren sus corolas para besar al sol, se in
clinan lentamente y empiezan a soñar...
Más tarde, la luna, hostia magestuosa en el sagrario de la noche, va elevándose con paso mesurado pronta a reco
rrer los espacios regados con la arena luminosa de múltiples estrellas. Avanzan y sus rayos se quiebran en sus múltiples reflejos, como si fueran ecos misteriosos, sobre la rizada su
perficie del L ago que dormita. Las altas torres dibujan su silueta larga y estenuada, en tanto que en la calleja sombría una reja se va abriendo silenciosamente para q u edos almas se conprendan y se amen bajo el jazmín perfumado que la enmarca. . . .
F L O R IS E L D E L RIO'.
L A M A R I P O S A
' L a mariposita pequeña y amarilla ha venido a revolo
tear en torno de la luz. ¡Qué giros locos, qué círculos pre
cipitados y continuos! H
■1 — D e dónde vienes, pequeñita?
Has estado, acaso,: en aquel bosque rumoroso que yo recorría encantada y sin miedo, cuando era niña? Bebiste tal vez una minúscula gota en aquella laguna toda dé junco y de mimbres que hay cerca del bosque de que te hablo?
Has dormitado alguna noche en una matita de verbena? ¡Co
noces muchos caminos? Has visto algún trigal? Has curio
seado en muchos ramajes? Ese polvo amarillo que te cubre, es polen de achiras, de achiras silvestres? ¡Oh pequeñita, juraría yo que tienes olor a campo en las alas.
^ ~ JU A N A D E IB A R B O U R U - J j