CLAUSTROS CISTERCIENSES
1ª TIPOLOGÍA: CLAUSTROS REGLARES
La primera tipología aúna a los claustros llamados regla- res. Éstos se construyeron en los monasterios cistercienses gallegos una vez que entraron en la Congregación de Castilla en el siglo XVI. Se realizan en el lugar que ocupa- ban los antiguos claustros medievales, pegados al muro de la epístola de la iglesia, siendo justamente por ellos por donde se comienzan las obras de renovación de los monasterios.
En esta tipología insertamos los claustros reglares de los
monasterios cistercienses de Armenteira, Meira, Melón, Monfero, Montederramo y Oia, así como también el claustro llamado de los Pináculos de Oseira. Todos los claustros responden a un mismo tipo para la nalidad que se requería, aunque como iremos desgranando, las circunstancias propias de cada monasterio, así como el momento en el que se hizo cada uno nos aportarán variaciones. Estos claustros recogen toda la experiencia que se fue atesorando en los claustros procesionales de catedrales y monasterios, primeramente eran de una sola planta, puesto que su función principal eran las pro- cesiones, el retiro y el paseo del clero, pudiendo tener también un carácter funerario, y así se trazarán y construi- rán inicialmente los claustros de Montederramo, Oseira y puede que el de Melón. Estos claustros son el corazón del monasterio, ellos distribuyen la biblioteca, sala capitular, refectorio, cocina y dormitorios, siendo a partir de me- diados del siglo XVI, cuando las disposiciones capitulares instan a realizar el dormitorio en celdas individuales en la planta alta de estos claustros alrededor del prado, por lo que a partir de entonces el resto de claustros se comen- zarán con dos plantas desde el inicio, añadiendo a los anteriores una planta superior.
Globalmente podríamos agrupar a estos siete claustros como claustros de dos plantas, dispuestos con siete u ocho capillas por corredor, donde las arcadas que dan al prado son todas de medio punto. Cada tramo posee bóvedas de crucería, de diversa factura, que tienden al medio punto contrarrestadas por contrafuertes. La de- coración se encuentra en las claves a modo de orones o medallas circulares y en las ménsulas y capiteles con sus molduras y listeles.
En la segunda planta se disponen los dormitorios con do- ble de vanos que en la planta inferior, esto es, en ritmo
binario, pero en ella se dan tres posibles tipos a seguir: 1º_ El primero se basa en pilares alcarreños sobre los que descansan unas arcadas. Presentan también antepe- cho y cornisa. Esta tipo lo emplea también en la planta baja de los claustros públicos, y lo podemos encontrar en las plantas altas de ambos claustros de Melón, así como en el benedictino de San Salvador de Lérez.
2º_ Con el segundo tipo empleado, Cerecedo encuentra la solución para estandarizar sus plantas altas, tanto en los claustros reglares como en los llamados de la hospe- dería. Se trata básicamente de una solución en galería adintelada con zapatas jónicas, donde el entablamen- to presenta arquitrabes casetonadas. Como el anterior, proviene igualmente de la arquitectura castellana. Lo encontramos en los claustros reglares de Monfero y Oia, y en los claustros públicos de Leiro, Meira, Monfero, Mon- tederramo, así como en el benedictino de Ribas de Sil. 3º_ El tercer y último tipo empleado en las plantas su- periores hubo de llegar posteriormente a la muerte de Cerecedo, probablemente auspiciado por las Congre- gaciones a partir del Concilio de Trento, ya que resulta más austero que los anteriores, cambia las columnas por pilastras y suprime la decoración, conservando, eso sí, antepechos, arcadas y cornisas, pero la sensación cam- bia radicalmente, de percibir una planta abierta pasa- mos a otra cuya sensación es la de un muro horadado por huecos. Este tipo se realizó en los claustro reglares de Montederramo, Oseira, posiblemente en el de Meira, en parte del claustro de la hospedería de Melón, así como en el benedictino de Poio y en el tercer cuerpo añadido de Ribas de Sil.
Para distinguirlos los denominaremos respectivamente: tipo alcarreño, tipo adintelado y tipo trentino.
Fig.127_ Piso superior del claustro reglar en el monasterio de Sta Mª de Oia. Tipo adintelado.
CRONOLOGÍA DE LOS CLAUSTROS
PLANTA BAJA
Puesto que no he encontrado documentación que acre- dite el comienzo de los claustros reglares, menos el de Armenteira, comenzado hacia 1575, y el de Meira, con- tratado en 1585. Estudiando las arcadas de los lienzos claustrales intentaremos aproximarnos cronológicamen- te al comienzo de cada uno de los claustros reglares. El primero de ellos es sin duda el de Montederramo (ca. década 30-40), que parte de los claustros de San Vicen- te de Oviedo, San Zoilo de Carrión de los Condes y Santa María de Irache, trazados por Juan de Badajoz el mozo (el último de ellos se le atribuye a Martín de Oyarzabal, pero la similitudes son evidentes por lo que tendemos a pensar que los realizó Oyarzabal pero lo trazó Badajoz), cuyas jambas son acha anadas a 45º, formando tres ca- ras con molduras rehundidas tipo pecho paloma.
Luego se realizarían los de Oseira y Melón (ca. década 50), que cambian las caras acha anadas laterales por unos laterales con molduras, y en alzado prescinden del capitel, con lo que las molduras recorren uniformente toda la arcada. Además se dispuso por debajo de la basa un pedestal, que pudo provenir de los utilizados en el claustro de la catedral de Santiago o incluso de los tra- zados en el claustro de San Marcos de León, a los que se
asemejan más. La única diferencia entre Oseira y Melón es que este último prescinde del rehundido en el intradós de la arcada.
Le siguen los de Monfero y Oia (ca. década 60-70), claus- tros cohetáneos, que presentan prácticamente el mismo dibujo en sección, de intradós rehundido, pero con unos laterales profusamente moldurados que recorren toda la arcada. Prescinden del pedestal y del capitel, y la basa queda reducida a un zócalo que recoge las molduras de la arcada. Un encuentro similar de la arcada con el alfeizar lo podemos también rastrear en otra obra de Juan de Badajoz el mozo, el claustro que trazó en 1550 para el monasterio de San Salvador en Celanova.
Según la documentación existente, el claustro de Armen- teira se comenzó en 1575, pero la arcada presenta en sección el mismo dibujo que Oseira y Melón, mantenien- do incluso en la arcada del lienzo una clave y basa muy similares al de Montederramo, cuando en el resto de los claustros ya desapareciera dicha clave, y por entonces, en Oia y Monfero, prácticamente también desaparecie- ra la basa, por lo que su esquema rompe la linealidad cronológica de las obras realizadas hasta el momento en busca de la pureza paulatina de las fábricas. Esto nos lleva a plantearnos dos posibilidades: que el claustro se comenzó en los años 40, parándose la obra durante dé- cadas y reanudándose en los 70, o bien que Bartolomé de Hermosa en la década de los 70 aún tenía muy pre-
sente el claustro reglar de Montederramo, utilizando ele- mentos que en cierta medida ya estaban desfasados a su época.
Finalmente llegamos al claustro de Meira, comenzado en 1585, pero del que lamentablemente sólo quedan al- gunos formeros y ménsulas insertos en el muro de la Epís- tola, por lo que no podemos concluir en Meira la secuen- cia estilística que el círculo de Cerecedo le imprimió a lo largo de medio siglo a los claustros reglares en Galicia, lo cual seguramente nos ayudaría a encajar más acerta- damente el claustro de Armenteira.
PLANTA ALTA
Como ya dijimos anteriormente, Montederramo y Oseira se trazaron y construyeron primeramente en planta baja. Su planta superior responde al tipo trentino, que se hubo de fomentar a partir de los años 70-80, mucho después de cuando se trazaron estos claustros.
El claustro de Melón no es tan claro, puesto que la parte superior responde al tipo alcarreño, utilizado antes de lle- gar el adintelado, que se estandarizó para el resto de los claustros. Aún así la puesta en obra nos hace dudar de que fuesen realizadas las dos plantas a la vez, ya que el encuentro de las pandas se resolvió con un machón que rompe el ritmo binario que le presuponemos. En todo caso, si este claustro no fue el primero en trazarse con dos plantas, si que fue el primero en construirlas.
A diferencia de los tres anteriores, los claustros de Oia y Monfero sí que fueron trazados inicialmente con dos alturas puesto que su planta baja es coetánea al tipo adintelado superior. Su ritmo binario está bien de nido y sus proporciones así lo rati can. Armenteira tendría dos alturas aunque no sabemos cómo pudo haber sido la del siglo XVI puesto que ahora mismo nos encontramos con otra posterior, del siglo XVIII. Meira también tendría dos alturas, como se desprende de su contrato de obra. Por lo tanto queda claro que es a partir de mediados del siglo cuando los monasterios, instados por la Congre- gación, realizan la planta alta de los claustros reglares. Ello lo rati camos al constatar documentalmente que en 1551 es cuando se elaboran las leyes de la Congre- gación al Confeccionarse las De niciones30, por lo que
seguramente con estas De niciones la Congregación de Castilla buscó sistematizar y estandarizar, ya no sólo una parte de cada monasterio ni una función especí ca, sino que promoverán que la totalidad de sus monasterios res- pondan a un criterio unitario.
30 González López, Pablo. Valoración del fondo documental
del archivo de reino de Galicia relativo a la actividad artística de los monasterios cistercienses. 1498-1836. Tesis Univ. de Santg. de Compos- tela. 1986. p12.
TESIS DOCTORAL: PROCESO METODOLÓGICO Y COMPOSITIVO DEL RENACIMIENTO EN GALICIA. 1499-1657 CLAUSTROS CISTERCIENSES: 1ª tipología, claustros reglares AUTOR: D. GRANDE NIETO DIRECTOR: DR. MERINO DE CÁCERES CODIRECTOR: DR. SORALUCE BLOND
DECORACIÓN DE LOS CLAUSTROS
La decoración de todos estos claustros parte básica- mente de los elementos constructivos singulares: claves, ménsulas, arcadas de los lienzos y contrafuertes.
Es el de Montederramo el único claustro del conjunto que presenta unos restos mutilados de una decoración en las arcadas de los lienzos a modo de tracerías ca- ladas de tradición gótica, elemento que evidencia su construcción primeriza respecto al resto de los claustros. Como ya hemos analizado las distintas arcadas de los lienzos para aproximarnos a la cronología de los claus- tros, pasaremos ahora a comentar el resto de los ele- mentos.
MÉNSULAS
En todos los claustros se utilizaron ménsulas para recoger los esfuerzos directos de las bóvedas. El tipo de la mén- sula empleado es a grandes rasgos el mismo en todos los claustros, aunque de un claustro a otro varían las mol-
duras y la elaboración. Se podría describir las ménsulas empleadas como un entablamento troncocónico rema- tado en su parte inferior con un cuarto de esfera, menos el de Armenteira que combina este remate con otro en semiesfera.
Por otro lado observamos en Armenteira y Oseira unas ménsulas de diámetro notablemente inferior al resto, de- bido a que sus bóvedas de crucería son cuatripartitas, por lo que no presentan terceletes, a diferencia del resto de claustros, que poseen un diámetro más considerable ya que reciben mayor número de arcos.
CLAVES
Se dan básicamente dos modelos, uno lo conforman las claves rematadas en una semiesfera colgante que puede ser decorada con orones, motivos geométricos o algún personaje, y otro conjunto de claves es el que presentan medallones, que bien pueden ser lisos, o de- corados con motivos geométricos o vegetales.
Las 9 claves por tramo de bóveda de Montederramo son mayoritariamente de orones, aunque también se talla algún personaje. En Oseira, con 1 clave por tramo, nos encontramos también semiesferas colgantes, donde varían los orones con los motivos geométricos. En Me- lón las 5 claves por tramo son medallones con diferentes motivos. Monfero y Oia presentan el mismo esquema, las 4 claves secundarias son medallones sin decorar mien- tras que la clave principal tiene un orón. En Armenteira, debido a las diversas fases de construcción por las que pasó, presenta varios modelos, en sus bóvedas solo exis- te 1 clave, aunque dependiendo de en qué panda nos encontremos, la clave tendrá forma semiesférica de o- rones, querubines o motivos geométricos, o bien tendrá forma de medallones sin decorar. Como única salvedad
Fig.130 _ Ménsula en el claustro reglar de Sta Mª en Monfero.
encontramos en la panda Oeste de Armenteira dos bó- vedas decoradas con pijantes colgantes, sello único e inconfundible del círculo de Mateo López, el cual nunca consiguió desbancar a los trasmeranos de las obras de la Congregación de Castilla en Galicia, siendo este remien- do la mayor obra que realizaron para el Cister. Por último queda el claustro de Meira, que aunque no se conserva ninguna bóveda, de su contrato de obra se desprende que se pretendía realizar 5 claves colgantes con orones. CONTRAFUERTES
En cuanto a los contrafuertes, no existió un tratamiento homogéneo en los claustros, todos presentan contrafuer- tes de diferente factura debido a sus múltiples solucio- nes, que en algunos casos derivan de los condicionantes a los que se tuvieron que adaptar, ya que entendemos que la excesiva altura de Oseira e incluso Oia bien se pudo deber a que se tuvieron que acoplar a las depen- dencias existentes.
Tampoco los remates de las cornisas presentan un crite- rio de proporciones o molduras unitario.
Aun así, salvando las distancias, y excluyendo de cual- quier proporción buscada a los esbeltos contrafuertes de Oseira, entendemos que el resto de los claustros pudie- ron haber tenido como regla general para proporcionar sus contrafuertes, el orden toscano de Serlio, cuya regla básica es que el ancho de su fuste vendría a ser seis ve- ces el alto de la columna.
En Montederramo, si partimos del zócalo que recorre todo el claustro, el contrafuerte hasta la cornisa medi- ría poco más de seis veces su ancho. En Melón el con- trafuerte se estrecha a la altura de seis veces su ancho. Monfero presenta un pedestal que viene a ser dos veces su ancho, mientras que la columna es poco más de seis
veces su ancho. Oia presenta idénticas proporciones que Monfero, y al tener una bóveda de mayor altura, resulta que es el único claustro de este grupo en el que sus contrafuertes no llegan hasta la cornisa, aunque esta solución no es novedosa sino que ya la encontramos en San Zoilo en Carrión de los Condes o San Vicente en Oviedo, dos de los antecedentes de esta serie de claus- tros. Y por último tenemos al contrafuerte de Armenteira, que paradójicamente es el que más se acerca al mo- delo de columna toscana en cuanto a sus elementos, pero sus proporciones resultan ligeramente inferiores a las estipuladas, siendo el alto de su columna unas cinco veces y un tercio mayor que su ancho. En este claustro entendemos que para llegar a la proporción deseada contaron también con el entablamento, que al sumarlo a la columna obtenemos una proporción total de seis ve- ces el ancho del fuste.
Montederramo, Monfero y Oseira rematan sus contra- fuertes con una cornisa que prosigue a lo largo de todo el lienzo. En Oia el contrafuerte remata también con una moldura pero que se queda a un nivel inferior que la cor- nisa que recorre todo el lienzo. Melón es el único de los claustros que presenta un entablamento con su arquitra- be, friso y cornisa, si bien es cierto que sus proporciones son poco acertadas al adelgazar el contrafuerte en su parte superior, realizado esto por razones estructurales. Por último en Armenteira se presenta el remate superior de los contrafuertes por encima del capitel de la colum- na, disponiendo un friso en cada contrafuerte sobre el que una cornisa recorre todo el lienzo, solución que pa- rece desvirtuar el correcto molduraje que encontramos en su columna, pero ciertamente es que esta disposición viene de reutilizar conceptualmente el capitel como ar- quitrabe, algo completamente usual en la época. TESIS DOCTORAL: PROCESO METODOLÓGICO Y COMPOSITIVO DEL RENACIMIENTO EN GALICIA. 1499-1657 CLAUSTROS CISTERCIENSES: 1ª tipología, claustros reglares AUTOR: D. GRANDE NIETO DIRECTOR: DR. MERINO DE CÁCERES CODIRECTOR: DR. SORALUCE BLOND
CONCLUSIONES
Una vez que hemos realizado un recorrido general por los elementos constructivos singulares de todos los claus- tros reglares, entendemos que en estos claustros son los maestros que controlan las obras los que atendieron a la cuestión decorativa, ya no se contrataron a entalladores foráneos al círculo de Cerecedo, aun así con ello tampo- co queremos a rmar que la decoración sea extrínseca al quehacer del tracista, o sea, a Cerecedo, puesto que en todos se mantiene una cierta unidad de criterio, como acabamos de analizar, la cual suponemos que proviene del propio Cerecedo.
Extrapolando esta cuestión, entendemos que la decora- ción en las fábricas no es extrínseca o intrínseca al tracis- ta por regla general, sino que ello dependerá del grado de control que tenga el tracista sobre la obra, es decir, de lo que se halla estipulado en las condiciones de obra, por lo tanto es en parte una cuestión económica, ya que obviamente, a mayor control y presencia del tracista en la obra, más gasto tendrá el promotor31.
31 Señalamos al respecto la destitución de Juan de Álava de la
CLAUSTRO REGLAR DE STA Mª EN MONTEDERRAMO
De todos ellos el primero en realizarse es sin duda el de Montederramo. Se comenzó seguramente entre 1530- 1544, período en el que Cerecedo abandona la fábrica de la Catedral ovetense y no existe constancia docu- mental de donde estuvo.
El claustro de Montederramo sigue a groso modo al claustro de San Vicente de Oviedo, trazado por Juan de Badajoz el mozo pero construido por el propio Cerece- do, el cual más tarde diseñó su piso superior, ya que ini- cialmente, al igual que el de Montederramo, poseía una sola planta.
El claustro posee siete tramos por panda, cada uno cu- bierto por una bóveda de crucería compuesta por arcos diagonales y terceletes que forman, mediante ligaduras, un cuadrado girado 45º en el centro de cada capilla, en
el que se inscriben, en sus intersecciones con los arcos, ocho claves, la clave principal se encuentra en el centro de la composición, en la intersección de los arcos diago- nales.
Los arcos diagonales se conforman mediante arcos de carpanel de 3 centros muy distantes que nos aportan una bóveda casi plana. El resto de arcos: formeros, perpiaños y terceletes, se conforman con la misma curvatura que los diagonales, por lo que se disponen con 4 centros y li- geramente apuntados. Todo ello nos da una bóveda de acusado rampante llano, en el que el cuadrado girado 45º respecto a la capilla se presenta prácticamente pla- no. El dibujo de la bóveda es idéntico al empleado en las capillas de las esquinas de San Vicente de Oviedo o