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LA ORDEN CISTERCIENSE EN GALICIA LA CONGREGACIÓN DE CASTILLA

CLAUSTROS CISTERCIENSES

LA ORDEN CISTERCIENSE EN GALICIA LA CONGREGACIÓN DE CASTILLA

Los RRCC, que lograrán calmar los continuos con ictos internos uni cando los dos reinos y emprendiendo una sistemática política de control de las instituciones y de la nobleza gallega, extenderán también su control a las órdenes religiosas. Esta política de unidad y reforma también se aplica a los monasterios, agrupando los be- nedictinos en la Congregación de San Benito de Valla- dolid y los cistercienses en la Congregación observante de Castilla, para ello el Sumo Pontí ce Papal concede la bula Quanta in Dei Ecclesia (1487) por la que autorizó la inclusión de los monasterios en el tipo de vida de las congregaciones reformadas de cada orden.

La reforma consistió a grandes rasgos: en agrupar a los monasterios de cada orden en una Congregación para defenderlos de las in uencias del exterior: los obispos, grandes señores y sobretodo abades comendatarios, en incorporar los monasterios menos importantes a un prin- cipal, en el deber de los abades, que pasaran de ser vi- talicios a trienales elegidos desde la Congregación, en invertir la ganancia de las ventas en la reparación de los edi cios, en la vuelta a la primitiva observancia y en la existencia en la Congregación de un gobierno central, integrado por un abad general, ocho de nidores, visita- dores generales y los consiliarios del general, todos ellos españoles y no franceses como hasta la fecha2.

En un primer momento el clero gallego fue muy reacio a la entrada en la Congregación, ya que los superiores, siempre de origen francés, veían con esto un intento de constitución de agrupación de los monasterios indepen- diente de Caraval, cosa que en buena parte era verdad puesto que Castilla pasará a ser el centro de donde par- tirán la mayoría de las decisiones y de donde saldrán los futuros abades.

2 Cacharrón Mojón. Montederramo, el poder monacal a ori-

llas del Mao. 1988. p101.

A consecuencia del Cisma de Occidente y del paulati- no deterioro y relajación de la vida monacal, surge en España, la necesidad de una fuerte reforma, auspicia- da en primera instancia por fray Martín de Vargas, que recibe en 1424 la Bula de Erección para formar la Con- gregación de Castilla, fundando así varios Eremitorios en los que se observase al pie de la letra la Regla de San Benito y los Estatutos del Císter. Dichos Eremitorios se ha- llaban exentos de la jurisdicción del Abad del Císter ya que estaban bajo la de un Reformador General de la Congregación, elegido entre los monjes de la misma y cuyo mandato duraría cinco años, aunque daba opción a que Martín de Vargas lo ocupase vitaliciamente. Pero, lo más importante era que otorgaba la facultad de legis- lar aquello que estimasen conveniente para la Congre- gación y ordenaba que todos los monjes que quisiesen abrazar la Reforma, tras pedir licencia a sus superiores, y aunque ésta fuese negada, pudieran pasar a los eremi- torios reformados1.

1 González López, Pablo. Valoración del fondo documental

del archivo de reino de Galicia relativo a la actividad artística de los monasterios cistercienses. 1498-1836. Tesis Univ. de Santg. de Compos- tela. 1986. p9.

Fig.121_ Detalle escudo de la Congregación de Castilla inserto en la fachada de la iglesia monasterial de Sta Mª de Oseira.

La entrada de los monasterios en las Congregaciones genera tipologías comunes que responden al movimien- to global de reforma ya que se pretende establecer un nuevo modo de vida más acorde con su forma de en- tender la Regla3, para ello diseñaron un plan general y

dividieron la península en zonas, valiéndose en cada una de maestros mayores que controlasen las obras de todos los monasterios.

Debido a los cambios en la organización de las comuni- dades reglares tras la vuelta a la observancia, se ajusta- ron las fábricas a las nuevas necesidades entre las que destaca la aparición de las celdas individuales, en susti- tución de los anteriores dormitorios comunitarios. Las cel- das se distribuían a modo de corona alrededor del piso superior del patio, lo cual signi có la desaparición de los claustros de una sola planta que fueron sustituidos por los de dos, con el n de que buena parte de la planta supe- rior se destinara a zona de dormitorio. Este cambio surge por la introducción de la liturgia de las Horas y por la im- portancia que los monjes dieron a la oración y a la medi- tación individual, a partir de un espacio concreto como la celda4. Al mismo tiempo se modi có la distribución de

las dependencias del piso inferior: las sacristías cobraron mayores dimensiones, lo mismo que los refectorios y las

3 García Cuetos, Mª Pilar. Arquitectura en Asturias. 1500-1580.

Dinastía de los Cerecedo. Real Instituto de Estudios Asturianos. Ovie- do. 1996. p29.

4 Goy Diz, Ana. La arquitectura en Galicia tras la muerte de

Juan de Álava: los maestros hontañonianos en el epílogo del tardo- gótico. Artículo extraido del libro: La arquitectura tardogótica caste- llana entre Europa y América. ed. Alonso Ruiz, Begoña. Universidad de Santiago de Compostela. 2011. p128.

habitaciones destinadas al abad, el armarium dio paso a la biblioteca y la hospedería duplicó su capacidad5,

ubicándose en muchos casos en su propio claustro, aun- que otra muchas veces, la creación de colegios en dife- rentes cenobios propició la aparición de nuevos patios relacionados con las instalaciones necesarias para esa función docente y aglutinando las funciones monaste- riales más públicas.

Algunas antiguas fábricas medievales se llegarán a subs- tituir sin motivo aparente o aduciendo ruina6, debido fun-

damentalmente a que el dinero sobrante se destinaba en parte a sostener a los monasterios más pobres de Cas- tilla y también tributaba de manera excesiva a la reale- za7, con lo que al reinvertirlo en la fábrica se evitará que

sus ganancias se vayan a Castilla.

El resultado de esta distribución de espacios fue el cre- cimiento tanto en planta como en alzado de los con- juntos monasteriales, que a partir de su entrada en las Congregaciones iniciaron un proceso de reformulación de acuerdo con los principios de distribución y sistemati- zación del espacio que marcaban los Capítulos Genera- les de cada Congregación.

5 Goy Diz, Ana. La arquitectura tardogótica en los monasterios

de Celanova, Ribas de Sil y Montederramo. p14. Extraido del libro: Piedra sobre agua. El monacato en torno a la Ribeira Sacra. Opus Monasticorum IV. Enrique Fernandez Castiñeiras, Juan M. Monterroso Montero (eds.). 2010. Fundación Pedro Barrie de la Maza.

6 Taboada/Tarrío. Mosteiros e Conventos de Galicia. VII• Da

crise do monacato a nais da Baixa Idade Media ás reformas da Ida- de Moderna. Xunta de Galicia. 2001.

7 Cacharón Mojón, Alberto. Montederramo, el poder monacal

TESIS DOCTORAL: PROCESO METODOLÓGICO Y COMPOSITIVO DEL RENACIMIENTO EN GALICIA. 1499-1657 CLAUSTROS CISTERCIENSES AUTOR: D. GRANDE NIETO DIRECTOR: DR. MERINO DE CÁCERES CODIRECTOR: DR. SORALUCE BLOND

EL ASOCIACIONISMO EN TORNO A LA FIGURA DE JUAN DE CERECEDO

Por su parte Juan Gómez de Cerecedo fue el aparejador de Bueras desde 1511 hasta 1528, muriendo también en 1530.

La biografía de Juan de Cerecedo se puede resumir en breves notas8: a partir de 1523 entra como aprendiz de

su padre en la Catedral ovetense, por lo que probable- mente naciese en torno a 1505, siendo en 1526 ya o cial. En 1530 muere su padre y su tío. Los graves problemas económicos del cabildo hicieron que echasen a casi toda la plantilla, despidiendo entre ellos a Juan de Cere- cedo, del cual hasta 14 años después no se tendrán no- ticias de él en Oviedo, período en que probablemente actuó en Galicia. En 1544 ya había ascendido a maestro y vuelve a Oviedo como maestro mayor de la catedral de Oviedo. Entre 1545 y 1546 se ausenta de Oviedo, pro- bablemente para atender las obras en Galicia9. En 1551

termina la torre según el plan trazado por Juan de Ba- dajoz, por lo que a partir de ahora en la Catedral sólo realizará labores de mantenimiento, disponiendo de ma- yor tiempo para ocuparse de otros encargos. En 1561 le nombran maestro de la obra de restauración del puente de Ourense, cuyas condiciones de obra son de Juan de Herrera10. Fallece en 1570 puesto que es cuando apare-

ce el primer documento alusivo a su muerte y puesto que su sobrino, que iba a sucederle en el cargo, siguió de aparejador de la Catedral de Oviedo hasta 1570, sien-

8 Anterior a 1523 aparece en 1520 un “Juan de Cereceda”

como o cial trabajando en la demolición de la obra del claustro me- dieval de Santiago de Compostela, de la que estaba al mando Alon- so de Hermosa. No se vuelve a tener constancia suya en el resto de las obras de la mitra compostelana.

Extraído de Castro Santamaría, A. Juan de Álava, arquitecto del Re- nacimiento. Salamanca: Caja Duero. 2002. p272.

9 González Cerecedo, J. A. Los Cerecedo. Una historia familiar

en la Junta de Voto. Madrid. 2010. p81.

10 Pérez Costanti, Pablo. Diccionario de artistas que orecie-

ron en Galicia durante los siglos XVI Y XVII. Edita Consellería da Pre- sidencia e Administración Pública. 1988. Reedición del libro de 1930. pp280-284.

Para enfocar en su justa medida las obras que desarrolló el Cister en Galicia en el siglo XVI, deberemos desgranar primero las complejas relaciones de corporativismo que se formaron en torno a la gura de Juan de Cerecedo. Este trasmerano era hijo de Juan Gómez de Cerecedo, sobrino de Pedro de Bueras y homónimo de su sobrino, trabajó al igual que ellos en la Catedral de Oviedo. Pedro de Bueras llegó a la catedral ovetense de la mano de Juan de Badajoz el viejo, en 1500, actuando como aparejador en esta fábrica, Badajoz lo trajo de León donde también era el maestro mayor de la catedral. Por las continuas ausencias de Badajoz, fue despedido en 1511, sustituyéndole Bueras como maestro mayor ese mismo año, cargo que ocupará hasta su muerte en 1530.

do nombrado al año siguiente maestro mayor11. Según

reclama la viuda de Juan de Cerecedo, se deduce que éste realizó una serie de obras para el Cister en Galicia: Montederramo, San Clodio, Meira y Oia.

Aunque no están documentado la totalidad de las obras que se llevaron a cabo en los monasterios gallegos, cree- mos que Cerecedo fue el personaje que trazó las obras cistercienses gallegas de la época, encargándose de generar unos tipos de claustros que respondiesen a los nuevos aspectos que la Congregación quería introducir en los monasterios gallegos, estos claustros provienen de modelos que se desarrollaban por entonces en Castilla, y que Cerecedo supo asimilar y seriar.

Puesto que Cerecedo no podía estar en todos los monas- terios a la vez, sobre todo a partir de su retorno a Oviedo como maestro mayor de la Catedral, deja en cada mo- nasterio un maestro de obras que se encargue de llevar a buen puerto sus trazas, estos maestros de obras, tras- meranos al igual que él, responden a vínculos familiares o de vecindad, y se formaron, al igual que él, mediante la experiencia práctica.

Se puede decir que estamos ante un artí ce de segun- da la que asumió determinadas soluciones seriándolas hasta el punto de convertirlas en recetas que se repiten en todos los edi cios en los que actuó como maestro12.

Existe constancia documental de que Cerecedo realizó obras en los monasterios cistercienses gallegos de Meira, San Clodio, Montederramo y Oia, puesto que hay refe- rencias sobre ellos por el largo proceso mantenido entre sus herederos y los abades y comunidades de los mismos.

11 De Caso, Francisco. La construcción de la Catedral de Ovie-

do (1293-1587). Univ. Oviedo. Dep. Historia Medieval. 1981. p392

12 García Cuetos, Mª Pilar. Arquitectura en Asturias. 1500-1580.

Dinastía de los Cerecedo. Real Instituto de Estudios Asturianos. Ovie- do. 1996. p138.

También está probada la participación de los hombres de su círculo en otras cuatro casas del Císter gallegas, Sobrado, Armenteira, Melón y Monfero.

Además tenemos muchos más monasterios que por sus trazas claustrales los incluimos dentro de las obras que Cerecedo o su círculo trazaron y desarrollaron: el claus- tro reglar de Xunqueira de Espadañedo está en clara consonancia con el del monasterio asturiano de Santa María de Valdedios, trazado por Cerecedo. Del mismo modo, en los monasterios benedictinos de San Salvador de Lérez en Pontevedra, el de San Pedro Tenorio en Co- tovade, y el de Ferreira de Pallares, insertan sendos claus- tros siguiendo la tipología del de Xunqueira, aunque de menor relevancia.

En consonancia con los claustros llamados de la hospe- dería, aunque no conocemos documentación al res- pecto, el monasterio cisterciense de Ferreira de Pantón posee un claustro reglar que sigue la tipología atribuible a Cerecedo. Se sitúa también en la órbita de trabajos realizados por su círculo el claustro del monasterio fran- ciscano de Ribadavia, al igual que el monasterio bene- dictino de Ribas de Sil, nada extraño si tenemos en cuen- ta la proximidad de Montederramo a Ribas de Sil, y la premura con la que se debía reconstruir este monasterio, una vez arruinado, tras el incendio de 1562.

Por último debemos anotar que el claustro reglar de So- brado dos Monxes se inició hacia 1560, fecha que coin- cide plenamente con los otros claustros trazados por Ce- recedo, por lo que es lógico pensar que en un principio este claustro lo podría haber trazado Cerecedo, si bien es cierto que lo que hoy día podemos ver en Sobrado es de época posterior.

Con todo ello queda patente que Cerecedo mono-

polizó toda obra edilicia de la época realizada en los monasterios cistercienses gallegos, llegando incluso a fá- bricas de otras órdenes monasteriales. Por su modus ope- randi, al igual que el de los distintos talleres trasmeranos, se debería hablar de talleres corporativos abiertos, cuya cabeza principal en este caso era Juan de Cerecedo, pero dentro del cual los aprendices se fueron formando hasta ser o ciales y luego maestros de obra, llegando al- guno de ellos, los más aventajados, a trazar fábricas y ser maestros mayores formando sus propias compañías o trabajando también para otras empresas.

Esta preponderancia del círculo formado por Juan de Cerecedo en las fábricas cistercienses gallegas, se man- tendrá durante todo el siglo XVI, comenzando su declive con el comienzo de la nueva centuria. Concretamen- te su punto de in exión se marca en 1598, año en que la Congregación de Castilla elige las trazas de Juan de Tolosa para la iglesia de Santa María de Montederramo en detrimento de las que presentaron Juan de la Sierra y Gaspar de Arce Solórzano.

Nos aproximaremos pues a las fábricas que se atribuyen a este círculo, las cuales no fueron trazadas en su totali- dad por Juan de Cerecedo, pero sin duda pertenecen a este taller coorporativo abierto. Es de sumo interés un dato que aporta Francisco de Cano en donde cita que el sobrino homónimo de Juan de Cerecedo, a la muerte del mismo, fue maestro de la obra del monasterio de San Vicente y otras varias asturianas, atendiendo incluso cier- tas obras en Galicia, tal como hiciera su predecesor13,

pero del que ya no podemos a rmar que fuese maestro tracista puesto que solamente tenemos esta reseña.

13 De Caso, Francisco. La construcción de la Catedral de Ovie-

do (1293-1587). Extraído de: A.N.O. Leg.40. Univ. Oviedo. Departa- mento de Historia Medieval. 1981. p399.

TESIS DOCTORAL: PROCESO METODOLÓGICO Y COMPOSITIVO DEL RENACIMIENTO EN GALICIA. 1499-1657 CLAUSTROS CISTERCIENSES AUTOR: D. GRANDE NIETO DIRECTOR: DR. MERINO DE CÁCERES CODIRECTOR: DR. SORALUCE BLOND

ETAPAS EDILICIAS DEL CÍRCULO DE JUAN DE CERECEDO

Seguidamente se pretende realizar una sistematización de los maestros que actuaron en Galicia en torno a los ti- pos de claustros que Cerecedo formuló para el Noroeste peninsular. Se nombrarán a los maestros y a las fábricas que se vinculan a la labor cerecediana lo más sintética- mente posible, para tener una visión global, viéndonos en la necesidad de explayarnos más en la argumenta- ción de ciertos maestros que en un primer momento no parecían tan cercanos a este círculo.

Esta clasi cación no se realiza por orden cronológico sino que enmarcaremos a los maestros en las diferentes etapas según su presencia en el campo edilicio galle- go, así pues la primera etapa aúna a aquellos maestros que trabajaron bajo el amparo directo de Cerecedo, la segunda etapa agrupa a los que trabajaron bajo la pro-

tección de sus predecesores, siguiendo sus planteamien- tos y acabando las fábricas anteriormente iniciadas, y también aportaremos una tercera etapa, ya fuera de la tipología edilicia que formuló Cerecedo, en la que los maestros se allegan a los postulados manieristas clasicis- tas, cerrando así el círculo asociativo por el que se rigió este taller trasmerano, que le permitió pervivir durante casi un siglo en las fábricas gallegas.

PRIMERA ETAPA

Juan de la Sierra de Buega trabajó en el monasterio de Montederramo y Meira. Y aunque no está dentro de Ga- licia, insertamos en sus monasterios realizados el zamora- no de Castañeda.

Hernando de la Sierra de Buega trabajó en el monasterio de Leiro.

Bartolomé de Hermosa Alvear trabajó en Oia, Armentei- ra (1576-77) y Melón (1578). Puede que tuviese relación con Alonso de Hermosa14.

Pedro del Campo, maestro de las obras de Cerecedo en San Vicente de Oviedo e íntimo amigo de la familia, se hizo cargo de las obras de Oia en 1580, aunque do- cumentalmente se le atribuye el refectorio y los dormito- rios15, por lo que no sabemos hasta que punto actuó en

el claustro, ya que podría estar acabado con anteriori- dad.

14 Alonso de Hermosa trabajó como maestro de las obras del

claustro catedralicio compostelano en 1520 y entre 1524-26.

Castro Santamaría, A. Juan de Álava, arquitecto del Renacimiento. Salamanca: Caja Duero. 2002. p272.

Es destacable que sobre 1585 trazó en Liérganes uno de los mejores ejemplos peninsulares de iglesia salón.

Polo Sánchez, Julio J. El modelo hallenkirchen en Castilla. p298. Artí- culo extraído del libro: La arquitectura tardogótica castellana. Entre Europa y América. Ed Alonso Ruiz. 2011.

15 Pérez Costanti, Pablo. Diccionario de artistas que orecieron

en Galicia durante los siglos XVI y XVII. Ed. facsímil de la de 1930. Edita Consellería da Presidencia e Administración Pública. 1988. p82. Fig.123_ Claustro de San Vicente en Oviedo.

Bartolomé de la Torre trabajó en el monasterio de Oseira. Juan de Herrera de Gajano. Sin duda Cerecedo era ma- yor que todos sus maestros de obra, por lo menos de todos menos Herrera, que murió sólo 6 años después y pudo ser cohetáneo a Cerecedo. El resto de maestros aparecen documentados hasta veinte años después de la muerte de Cerecedo, por lo que también es na- tural pensar que al ser Herrera mayor que los otros, hubo avanzado más en sus conocimientos gracias a que siem- pre fue atesorando un mayor bagaje y experiencia que el resto de maestros de obras del círculo de Cerecedo. Herrera trazó el puente de Ourense, y cuando menos, era el maestro de obras del de Ledesma (Salamanca), Betanzos y Portomouro. Apareció por primera vez do- cumentado en Galicia en 1561, dando las condiciones para la obra del puente de Ourense, notándose por lo tanto su gran valía. Es reseñable apuntar que fue Juan de Cerecedo el que se ocupó de la obra ourensana;