La definición de valores posmaterialistas se debe al sociólogo norteamericano Ralf
Inglehart y por ello prefiero atenerme a su explicación exacta. A pesar de su relativa alienación
con respecto a la religión tradicional... los posmaterialistas tienen una mayor capacidad que los materialistas para dedicar tiempo a pensar sobre el significado y objeto de la vida. Esto es así, a pesar del hecho de que la gente mayor es más probable que diga que lo hace más de lo que dirían los más jóvenes (y los posmaterialistas, naturalmente, es más probable que sean jóvenes). Desde esta perspectiva los posmaterialistas tienen un mayor interés potencial en la religión que los materialistas; aunque parece que la mayoría de las religiones organizadas tiene poco que decir sobre el significado y objeto de la vida, al menos en términos que sean significativos para los posmaterialistas 16
La escala de materialismo-postmaterialismo y la hipótesis de que las sociedades postindustriales avanzadas caminan hacia unos valores postmaterialistas se apoya sobre todo en los estudios que Ralf Inglehart comenzó a realizar con algunos países europeos en 1971. Desde entonces y hasta 2003 estos estudios han intentado detectar esta escala y el avance de los valores postmaterialistas y los han continuado numerosos grupos de sociólogos en toda Europa y fuera de ella; actualmente la muestra de poblaciones estudiadas bajo ese enfoque es del 75% de toda la población mundial. Estos trabajos incluyen 130 estudios nacionales con alrededor de 150.000 entrevistas. Por lo tanto, al menos la cantidad de datos acumulados parece una garantía de cientificidad bastante rigurosa.
No voy a detenerme en todos los detalles del análisis técnico de estas encuestas, pero sí en algunos comentarios muy interesantes al respecto, siguiendo las indicaciones de uno de los mejores conocedores del tema: el sociólogo Juan Díez Nicolás.17 De todos los análisis que se han hecho se deduce que el cambio esencial de valores que se ha ido consolidando en todas las sociedades europeas y quizás también en todo el mundo, es que se está generando una nueva cultura axiológica y una nueva moral en la que los valores materialistas como la prosperidad económica, la seguridad física y la paz ya no son los más importantes, sino que otros valores postmaterialistas como la libertad de expresión individual, los afectos, los sentimientos de identidad y de pertenencia o la autoestima pasan a ocupar el primer lugar en la vida y estimación de las personas. Desde 1971 hasta hoy y de forma ininterrumpida en todos los países europeos, el
16
R.Inglehart."Culture shift in advanced industrial society". Princeton University Press. 1990.p.192. citado por F.Andrés Orizo en “Los nuevos valores de los españoles” SM. Madrid. 1991 p.52
31
cambio de valores es constante y siempre en la dirección hacia una mayor libertad individual en la expresividad de afectos y sentimientos tanto morales como estéticos.
Sin ánimo de ser exhaustivo en este resumen, quiero no obstante ofrecer algunos datos sobre el modo en que R.Inglehart y sus colaboradores han ido configurando esta teoría del cambio de valores del materialismo al postmaterialismo. Los primeros ítems que Inglehart presentó a seis países europeos en 1971 eran solamente cuatro, de los cuales dos pretendían medir valores materialistas y otros dos valores postmaterialistas; sin embargo, a partir de 1973, incluyó otros ocho ítems, con lo cual fue perfilando una encuesta mucho más completa que le permitió elaborar una escala continua desde los valores materialistas a los valores postmaterialistas con una mayor precisión. Veamos cuáles son esos ítems y cuáles son los que pretenden medir los valores materialistas y los postmaterialistas.
Cuestionario sobre valores materialistas y postmaterialistas 1.- Mantener el orden en el país ( v.m.)
2.- Dar a la gente más oportunidades de participación en las decisiones políticas importantes (v.p.)
3.- Luchar contra la subida de precios (v.m) 4.- Proteger la libertad de expresión (v.p.)
5.- Mantener una alta tasa de crecimiento económico (v.m.)
6.- Procurar que el país tenga unas Fuerzas Armadas poderosas (v.m)
7.- Dar a la gente más oportunidades de participar en las decisiones que conciernen a su trabajo y a su comunidad (v.p.)
8.- Procurar que nuestras ciudades y el campo sean más bonitos (v.p.) 9.- Mantener una economía estable (v.m.)
10.- Lograr una sociedad menos impersonal y más humana (v.p) 11.- Luchar contra la delincuencia (v.m.)
12.- Progresar hacia una sociedad en la que las ideas sean más importantes que el dinero (v.p.)
Es decir, se intentaba con este cuestionario establecer una jerarquía de las necesidades, en la que se debían detectar seis necesidades materialistas, fisiológicas y económicas y seis necesidades postmaterialistas referidas a la autorrealización y a los sentimientos de estima y pertenencia. El resultado del análisis realizado en numerosos países europeos y extraeuropeos es que se ha podido confeccionar una escala continua en la que en los extremos de la misma se hallaban situados los seis valores materialistas y los cinco valores postmaterialistas. Se ha comprobado que un ítem, el referido a la belleza de las ciudades y del campo ha resultado ser confuso y por ello se ha situado en un lugar central de la escala. Y este resultado se ha repetido en todas las Encuestas realizadas desde 1973 hasta el año 2000. Algunas críticas que se han realizado
32
a Inglehart y a sus equipos de investigación se centran en el carácter unidimensional de esta escala bipolar (materialismo versus postmaterialismo) y sobre el hecho de que fuerzan a ordenar los objetivos en vez de calificarlos simplemente.
Los últimos trabajos de Inglehart y su equipo de sociólogos (1997) han admitido de modo más explícito esa pluralidad de dimensiones y de valores de las sociedades avanzadas y han sugerido un doble eje unidimensional de cambio de valores: el del proceso de cambio del materialismo al postmaterialismo y el de los valores tradicionales a los valores seculares- racionales. Y en ellos se ha podido constatar además que los viejos se aferran más a los valores materialistas y los jóvenes a los valores postmaterialistas. Estos estudios se completan con la aplicación al caso español, tanto en lo que se refiere a la sociedad en su conjunto como específicamente a los jóvenes.
El profesor Juan Díez Nicolás constata que la aplicación del cambio de orientación hacia los valores postmaterialistas en nuestro país es concluyente sobre este punto. En todas las encuestas realizadas en España desde 1980 se han incluido los ítems (en algunos caos los 4 y en otros los 12) sobre la escala materialismo-postmaterialismo. Los porcentajes obtenidos son los siguientes:
1980: Valores materialistas: 62% Mixtos: 26% Postmaterialistas 12% 1999: Valores materialistas: 21% Mixtos: 61% Postmaterialistas: 18%
La interpretación que se hace de estos datos es la siguiente. Se produce un abandono evidente de los valores materialistas con un espectacular incremento de los valores mixtos y esa tendencia indica claramente que los valores postmaterialistas están en alza paulatina y continua. Si se prescinde de una división tripartita entre valores materialistas, mixtos y postmaterialistas y se utiliza una tipología bipolar entre valores materialistas y postmaterialistas, entonces, como señala Díez Nicolás en sus trabajos de 1998 y 1999, la proporción de valores postmaterialistas alcanza en España un 39 y un 40%, respectivamente.
Con respecto a si la posición social tiene una relación con unos valores u otros en la sociedad española, Díez Nicolás sostiene que los estudios sociológicos de los últimos años muestran que las clases sociales muy alta y alta (el centro social) se comportan conforme a los valores de la autoexpresión, los valores postmaterialistas, mientras que la periferia social (clases bajas y muy bajas) se comportan conforme a los valores materialistas, que está relacionados con la seguridad económica y personal. La explicación de ello es que las clases sociales altas ya tienen resuelto el tema clave de la seguridad económica, mientras que las clases bajas tienen una preocupación inmediata por la seguridad económica, ya que su vida se define sobre todo por la escasez. Por ello es normal que los valores postmaterialistas sean más propios de las clases
33
acomodadas y que las clases bajas se sientan más preocupadas por los temas económicos y de seguridad personal.
El declive que se está produciendo en todos los países europeos de los valores materialistas y el aumento de los "posmaterialistas" tiene algo en común en todos ellos y de un modo especial entre los jóvenes; se trata del culto a la estética, al simbolismo. Este giro hacia la estética implica muy diversas manifestaciones que abarcan desde el cultivo del cuerpo mediante el ejercicio físico en todas sus variantes, la dietética, la macrobiótica, la medicina naturista y la publicidad narcisista de todos los productos y bienes de consumo hasta la misma propaganda política que se ha convertido en un espectáculo visual y cinematográfico que utiliza los símbolos y los gestos como medio de seducción en mucha mayor medida que las ideas y programas económicos y políticos.
Esta adscripción de la juventud a la vertiente estética y simbólica de la realidad, se puede confirmar con algunos estudios sociológicos empíricos en los que se puede ver que el "individualismo actual" se basa en un cambio cultural que está en el origen de la moderna cultura del sujeto individualista. Este giro cultural es denominado por Charles Taylor "el giro de la
expresividad" ("the expressivist turn"). Sin entrar ahora de pleno en su análisis del origen
"prerromántico" y "romántico" de este giro cultural, solamente me permito citar la idea básica que defiende Ch.Taylor.
El expresivismo es la base de una nueva y más plena individuación. Esta es la idea que surge en las postrimerías del siglo XVIII de que cada individuo es diferente y original y que esta originalidad determina cómo él o ella tiene que vivir. Obviamente esta noción de diferencia individual no es nueva. Nada hay más evidente o más banal. Lo que constituye una novedad es la idea de que esto genera una diferencia sobre cómo cada uno se siente llamado a vivirla. Las diferencias ya no son simples variaciones superficiales sobre una idéntica y básica naturaleza humana; ni siquiera diferencias morales entre individuos buenos y malos; sino que más bien esas diferencias implican que cada uno de nosotros tiene un camino propio que debe recorrer; nos imponen a cada uno de nosotros la obligación de realizar nuestra originalidad 18
En otro capítulo de la Tesis desarrollaré más ampliamente el estudio de los orígenes y significado ético y político de este "giro hacia la expresividad del individuo en la modernidad" y lo
34
conectaré con el significado de "la política del reconocimiento de la identidad individual y colectiva" en nuestra sociedad actual. En el Anexo final de la Tesis intentaré confirmar esta hipótesis mediante un trabajo sociológico basado en unos "Grupos de discusión" que realicé con alumnos y alumnas de Educación Secundaria de Madrid en 1993 y en 2003. En ellos se aprecia que esta necesidad de expresarse de modo original la sienten muchos jóvenes por un impulso estético, de expresividad simbólica y por ello se asocian no sólo a grupos, colectivos o a "tribus urbanas" que practican algo así como la "mutua ayuda" y la “solidaridad”, sino que también hay jóvenes que se están adhiriendo esporádicamente a "tribus urbanas" que practican acciones violentas, xenófobas y racistas por una especie de "culto a la estética de la violencia" y por una exigencia esencialmente estética de "limpieza racial" que preconiza la eliminación de "los diferentes", de los "no-idénticos" ( sean homosexuales, travestís, extranjeros, negros, etc.).
2º) Una sociedad desapasionada y débil
A través de una serie de "ítems" y cuestionarios de validez contrastada se ha podido constatar que la vivacidad psicológica de los españoles respecto a los intereses sociales, los motivos de interés nacional y los proyectos colectivos es débil y que no muestran un interés apasionado y fuerte por unos ideales comunes. Se trata de admitir que los españoles únicamente muestran con cierto grado de claridad y energía cuáles son sus rechazos, pero no cuáles son sus proyectos sociales, sus compromisos con la sociedad futura. Aunque los datos que aporto aquí se refieren a 1991, parece que en posteriores estudios sociológicos sobre la realidad española se han ido confirmando esos mismos datos.
Precisamente uno de los rasgos que definen una sociedad débil es que carece de fundamentos conceptuales acerca de lo que es el bien y el mal en el plano ético, y que ni siquiera se lo plantea. Eso podría describirse diciendo que "el bien y el mal", "lo bueno y malo" desde el punto de vista moral dependen completamente de las circunstancias del momento, de la situación o contexto en el que se desarrolle la conducta del individuo. Así, el 59% de la población española parece inclinarse por el relativismo moral, ya que solamente un 26% piensa que existen criterios claros sobre el bien y el mal moral válidos para todas las personas y en todas las circunstancias. En este sentido es evidente que únicamente los católicos españoles que siguen aferrados a una moral religiosa interpretada de modo objetivo, absoluto y heterónomo admiten un lenguaje universalmente válido y de carácter prescriptivo acerca del bien y del mal.
La interpretación del español como un tipo de personalidad apasionada está dejando su lugar a otro tipo de caracterización. Nuestra sociedad actual es una sociedad prudente y moderada,
como una sociedad que aspira a la tranquilidad. Ante un mundo de incertidumbre, su respuesta es la de la prudencia. Incluso su moral relativista es una manera de no pronunciarse; es una
35
postura de cautela 19
Si tuviésemos que calibrar el grado de "debilidad o fortaleza" de la sociedad española por el tipo de educación moral que se da a las nuevas generaciones, está claro que somos una sociedad débil porque valoramos en último lugar las virtudes "fuertes" como la abnegación y la perseverancia. Sin embargo, esto no significa que todos los españoles carezcan de coraje y energía para entregarse de modo desinteresado a causas sociales dignas y nobles. Así, en los últimos años se está produciendo un incremento en el número de jóvenes que participan en Organizaciones No Gubernamentales pacifistas, ecologistas y de ayuda al Tercer Mundo y también en el voluntariado de asistencia social a la población marginada de nuestra sociedad española. Más adelante analizaremos el estudio de Javier Elzo sobre los jóvenes españoles en 1999.
El análisis de este nueva forma de lucha colectiva se inscribe al parecer en una nueva forma de "imaginario colectivo", por el que muchos jóvenes de nuestro país se dejan llevar por una especie de sentimiento de "mutua ayuda”, de solidaridad para con las víctimas, asociándolo a un "aura estética" que les lleva a vivir colectivamente estos sentimientos en una nueva "tribu" con la que se identifican. El aspecto del simbolismo que se desarrollara después, trata de explicar cómo el fenómeno del asociacionismo español y europeo en general, forma parte de una curiosa alianza de componentes estético y éticos que relega los motivos religiosos al último lugar.
Como señala el trabajo en el que me estoy basando para este análisis, la ética civil y no la religiosa sigue siendo la razón fundamental de los nuevos movimientos sociales. El motor del
trabajo voluntario sigue teniendo una clave moral: un deber moral, un sentido de solidaridad para con los desfavorecidos, un proporcionar esperanza y dignidad a esos desfavorecidos, un sentido de la compasión, un sentido de ayuda a los demás... Esto es lo que llama no ya a la afiliación, sino a la acción, al trabajo voluntario y al compromiso. De lo que se trata es, entonces, de identificar ese sentido moral entre la efervescencia del cambio que se está produciendo en los modelos de participación social 20
3º) Una sociedad que camina hacia la despolitización o hacia la apolitización.
Si se comparan los datos del estudio sociológico de 1980 y los de 1990 se puede apreciar
19
F.Andrés Orizo. "Los nuevos valores de los españoles". Ed. SM. Madrid. 1991. p.251
36
que el interés por la política no se ha incrementado en esos diez años. Y los datos de 1999 sobre los jóvenes que luego analizaremos nos permiten confirmar esa tendencia a la despolitización o hacia la apolitización; ya en 1990 solamente estaban interesados un total de un 26% ; de ellos, estaban muy interesados (6%) o algo interesados en la política (20%). En cambio, el porcentaje de españoles que no se interesan nada por los asuntos políticos había subido ya en 1990 a un 47% de ciudadanos. Los sentimientos que produce la política en España son mayoritariamente los de
indiferencia, desconfianza y aburrimiento.21
Un dato curioso que debe incitar a la reflexión sobre la política es el hecho de que los países católicos de la Unión Europea (Irlanda, Portugal y España) son los que menos interés muestran por la política. Los países del centro y norte de Europa suelen ofrecer unos porcentajes de interés por la política muchos más altos (en torno al 50%, como media). Sería muy interesante establecer algún tipo de relaciones entre el interés por la política y el tipo de creencia religiosa mayoritario en cada país y sobre todo por qué los países luteranos en general tienen mucho más interés por los asuntos políticos y participan más en la acción política que los católicos. Quizás la tesis de Max Weber sobre la influencia de la moral luterana en el origen y funcionamiento del capitalismo y de los sistemas democráticos burgueses y liberales en los países nórdicos y centroeuropeos pueda ayudar a explicar esto, aunque haría falta un estudio mucho más sólido y muchos más datos sociológicos para verificar esta hipótesis.
Lo que sí se puede comprobar es que el grado de participación en la política por medio del voto en las distintas elecciones, es en el caso español el siguiente. Un porcentaje desde mi punto de vista alto (20%) no sabe a quien votar y otro alto porcentaje (20%) no responde sobre ello. Es decir, que alrededor de un 40%, casi la mitad de la población española, no se decide por votar a ningún partido político, sea por indecisión, falta de información o desconfianza en todos ellos. El índice de abstención electoral entre los ciudadanos españoles debería ser objeto de mayores y mejores estudios sociológicos porque, a pesar de la dificultad de dicho análisis, nos ilustraría sobre el origen de la desconfianza en las formas convencionales de organización política y sobre el deterioro de ciertas instituciones democráticas. En cuanto al voto decidido parece que el espacio político en el que se mueve la mayoría del voto es el de centro y centro-izquierda, con un espacio mucho menor para la izquierda y para la derecha.
Un dato comprobado por el trabajo sociológico al que antes aludí y que realicé con el alumnado de Enseñanza Secundaria de Madrid es el de la creciente apolitización de los jóvenes, entendiendo por ello la desconfianza de los partidos políticos sin distinción. La mayoría de los jóvenes se sienten muy alejados de la clase política convencional porque consideran que todos los
37
políticos buscan su propio interés, sólo piensan en aprovecharse económicamente, ninguno busca de verdad solucionar nuestros problemas. Este tipo de expresiones creo que encierran unas
valoraciones que pueden significar una grave desconfianza no sólo hacia los políticos, sino también hacia todas las instituciones democráticas tal y como funcionan en la actualidad. Así, la mayoría de los jóvenes no quieren participar tampoco en los órganos de representación estudiantil en los centros de enseñanza y se muestran escépticos sobre el sentido y la eficacia de su participación democrática en los asuntos de su propio centro educativo.