He intentado en los capítulos anteriores ofrecer algunos rasgos conceptuales de la dialéctica histórico-ideológica que ha enfrentado, sobre todo en España, a "racionalistas ilustrados" y a "tradicionalistas católicos" desde el siglo XVIII hasta finales del XIX. Tras haber analizado algunas de las causas que pueden ayudar a explicar el fracaso histórico de la modernización y de la ilustración españolas, valdría la pena detenerse también ahora en estudiar el paso de la "modernidad a la posmodernidad", que al menos en nuestro país, no aparece de modo claro.
En la Introducción a la Tesis ya se analizaron varios estudios sociológicos de finales del siglo XX. En ellos se vio que en el caso español se estaba produciendo un cambio importante de valores materialistas a postmaterialistas y que eso se podría interpretar como el paso de una sociedad tradicional a una sociedad posmoderna. En el último capítulo, al final de la Tesis, intentaré analizar mediante estudios sociológicos hechos en España y por métodos cualitativos
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(vgr. Grupos de discusión) los "discursos morales" de la juventud española para tratar de establecer si se pueden calificar sus discursos como "modernos o posmodernos" o bien aplicarles otros códigos de interpretación sociocultural, como los que Javier Elzo ha establecido mediante sus propias tipologías.
Hasta ahora he tratado de aproximarme a la valoración de la actual situación de la sociedad española desde el punto de vista de la dialéctica entre la tradición católica y la modernidad ilustrada Ahora es el momento de profundizar más en el significado cultural e histórico de lo que desde la década de los 70 se ha denominado la "posmodernidad" en la sociedad europea y norteamericana y en el que han convergido una serie de crisis sociales, políticas y económicas que podrían tener como síntoma el título del famoso libro de Peter Ludwig Berger: Un mundo sin
hogar.
La primera dificultad es la de trazar un hilo conductor coherente que a su vez sea omnicomprensivo y sintetizador de todos los significados y discursos de la posmodernidad o del posmodernismo. Soy consciente de que el arte, la filosofía, la sociología, la política y la religión parecen estar implicados en esta encrucijada histórico-cultural en la que vivimos simultáneamente un final y un comienzo históricos, un ocaso y una aurora de una manera de ver el mundo. Ello conlleva cierta impresión de ambivalencia, de confusión y de incertidumbre que es lo más claro de la conciencia del presente "posmoderno" en que vivimos. Todos asistimos al final de una determinada manera de entender la realidad histórica y cultural; es “el funeral de la Razón omnicomprensiva y totalizadora” que pretendió simbolizar la Ilustración; es el "réquiem" por una racionalidad absoluta y la defunción definitiva de todos los "metarelatos" (Mitos, Religiones, Filosofía, Teología) que lo querían legitimar todo desde el origen hasta el final del mundo y de la historia; es el canto del cisne de una época que bajo el pretexto de la Modernidad y del Progreso, ha generado en su mismo seno el nazismo, el estalinismo, dos guerras mundiales, múltiples guerras civiles y sigue siendo la causa principal de la "injusticia y la violencia " del mundo actual.
Creo que la dialéctica entre Modernidad-Posmodernidad debe ser ampliada y comprendida desde una nueva racionalidad que no puede ser calificada absolutamente de "irracional" ni de "antiracional", sino plural y ecléctica, de racionalidad fragmentaria y discursiva, de división entre "racionalidad comunicativa" y "anamnética", de un "logos" intersubjetivo y con memoria histórica. No creo que se pueda afirmar en nuestra época la aparición de una nueva racionalidad "transdis- cursiva", única o excluyente, como parece pretender Lyotard, porque entonces no se ve de qué modo la razón lingüística intersubjetiva podría tener efectos en la convivencia y en la solución de los problemas sociales, políticos y económicos. Si la razón lingüística sólo es válida para expresarse por medio de la obra de arte y se crea una dialéctica "negativa" respecto a toda comunicación reflexiva y argumentativa, entonces no hay condiciones de posibilidad ni para la sociedad ni para la historia humana, sino solamente para la violencia y la irracionalidad.
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1.3.1.Hacia una definición de lo "posmoderno”
Antes de centrarme en el análisis de “lo posmoderno” o de la “condición posmoderna” como diría Lyotard, quiero aclarar que no es posible ni sería justo calificar con la misma etiqueta de posmodernos a todos los autores que en algún momento aparezcan bajo este adjetivo, pues entre ellos existen diferencias conceptuales importantes, al igual que entre los que se denominan neoconservadores también hay propuestas teóricas diferentes. El hecho de que nos centremos más en Lyotard por parte de los autores defensores de la “posmodernidad” y en Habermas por parte de los neomarxistas, se debe sobre todo a que ellos han participado de un modo más preeminente en todas las polémicas sobre posmodernidad y modernidad en las últimas décadas. Asimismo, en el campo de los que se pueden denominar neoconservadores, me voy a centrar más en Charles Taylor, porque me parece que es uno de los que mejor representa esa línea de pensamiento en la actualidad.
Me parece oportuno comenzar por intentar comprender la "condición posmoderna" que es en sí misma plural e indefinible, utilizando las explicaciones de uno de los mejores exponentes de la "posmodernidad": el francés J.François Lyotard. Desde una posición de análisis del "modernismo" como movimiento literario y artístico y en conexión con los puntos de vista expuestos por Baudelaire, G.Simmel, W.Benjamin y por Th.Adorno en su concepción estética, Lyotard nos ofrece una serie de características de lo "posmoderno" que nos acercan a la comprensión de algunos de los rasgos culturales de la época en que todavía hoy vivimos. El "collage" de sus textos es el retrato "impresionista" de su forma de pensar.
¿Qué es lo posmoderno? ¿Qué lugar ocupa o no en el trabajo vertiginoso de las cuestiones planteadas a las reglas de la imagen y del relato? Con seguridad forma parte de lo moderno. Todo aquello que es recibido, aunque sea de ayer (modo, modo, escribía Petronio), debe ser objeto de sospecha.... Una obra no puede convertirse en moderna si, en principio, no es ya posmoderna. El posmodernismo así entendido no es el fin del modernismo sino su estado naciente, y este estado es constante...
Lo posmoderno sería aquello que alega lo impresentable en lo moderno y en la presentación misma; aquello que se niega a la consolación de las formas bellas, al consenso de un gusto que permitía experimentar en común la nostalgia de lo imposible; aquello que indaga por presentaciones nuevas, no para gozar de ellas, sino para sentir mejor que hay algo que es impresentable. Un artista, un escritor posmoderno, están en la situación de un filósofo: el texto que escriben, la obra que llevan a cabo, en principio, no están gobernados por reglas que llevan
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a cabo, y no pueden ser juzgados por un juicio determinante, por la aplicación a este texto, a esta obra, de categorías conocidas. Estas reglas y estas categorías son lo que la obra o el texto investigan. El artista y el escritor trabajan sin reglas y para establecer las reglas de aquello que
habrá sido hecho. De ahí que la obra y el texto tengan las propiedades del acontecimiento; de ahí
también que lleguen demasiado tarde para su autor, o, lo que viene a ser lo mismo, que su puesta en obra comience siempre demasiado pronto. Posmoderno será comprender según la paradoja del futuro (post) anterior (moderno)...
La cuestión de la posmodernidad es también o ante todo la cuestión de las expresiones del pensamiento: arte, literatura, filosofía y política. Sabemos que en el dominio de las artes, por ejemplo, y más precisamente de las artes visuales o plásticas, es que hoy día se ha terminado el gran movimiento de las vanguardias. Hemos convenido en sonreír o reír delante de las vanguardias, a las que consideramos como expresión de una modernidad perimida. Quiero decir que, para comprender bien la obra de los pintores modernos, de Manet a Duchamp o Bernett Newman, habrá que comparar su trabajo con una anámnesis en el sentido de la terapéutica psicoanalítica... Si abandonamos esta responsabilidad con seguridad nos condenamos a repetir sin desplazamiento alguno la 'neurosis moderna', la esquizofrenia, la paranoia, etc., occidentales, fuente de los malestares que hemos conocido durante los dos últimos siglos. Comprendes que, entendido de esta manera, el 'post-' de posmoderno no significa un movimiento de come back, de
feed back, es decir, de repetición, sino un proceso a manera de ana-, un proceso de análisis, de
anámnesis, de anagogía y de anamorfosis, que elabora un 'olvido inicial'" 72
Aunque existen evidentes dificultades conceptuales en el momento de analizar lo posmoderno, porque se usa lo paradójico como esencia de la posmodernidad y la contradicción para definir lo "posmoderno", las precisiones que Lyotard hace son prueba de que la razón "transdiscursiva" puede aclararse a sí misma estableciendo ciertas conexiones con lo que se ha denominado "racionalidad comunicativa" (en la obra de Habermas) y "racionalidad anamnética" (en la obra de Benjamin). Probablemente esta crítica de la racionalidad moderna que hacen los posmodernos sea más clara si la conectamos con la crítica del orden y ordenación de la era moderna que va unida estrechamente, como ha señalado Zymunt Bauman, al capitalismo, a la democracia y a la industrialización. A lo que se oponen de un modo crítico los autores posmodernos es a esa racionalidad ordenada que ahoga el “mundo de la vida” y que regula todos los aspectos de la vida individual desde que uno se levanta hasta que se acuesta, en el trabajo y en el ocio, en la calle y en casa, en la vida privada y en la vida pública.
72 J.Françcois Lyotard. "La posmodernidad". Gedisa. Barcelona. 1995. 4 ed. p.23 y 92-93
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Pero lo que quisiera destacar en toda esta "in-definición" o "anti-definición" del posmodernismo es la conciencia del tiempo histórico que en ella se refleja, la noción de pasado, presente y futuro que aquí se proyecta y que nos relaciona directamente con el significado originario del "modernismo artístico" que todos los autores suelen reconocer (Simmel, Benjamin, Lyotard y Habermas) y que tuvo su primer exponente en Baudelaire.
El poeta francés Baudelaire escribió en 1863 su ensayo "El pintor de la vida moderna" referido al artista Constantin Guys. En dicho ensayo se establece lo que será después denominado como "la conciencia estética de la modernidad". Es decir, una conciencia de ruptura con todo canon anterior, con toda norma y regla estética dada y con toda convención social acerca de la belleza y la fealdad. Lo más importante de la modernidad como arte no es la novedad del nuevo objeto artístico frente al antiguo, porque esto ya había sucedido sobre todo en el Renacimiento en todos los órdenes de la cultura (“nova ars”, "nova scientia", "nova philosophia", "novus orbis" etc.), sino en la conciencia de que lo moderno es "lo efímero, lo fugitivo, lo contingente" que revela y oculta al mismo tiempo "lo eterno y lo inmutable". Baudelaire sitúa en el modernismo la dialéctica del presente con su ocultamiento y desvelamiento de lo ausente; el instante es el "momento fugaz de la eternidad". Este lenguaje paradójico que tanto gusta a los "postestructuralistas franceses" revela el sentido absolutamente nuevo de esta antítesis entre lo temporal y lo eterno que caracteriza al modernismo estético, cuya conciencia del presente es de constante renovación.
El posmodernismo, al decir de Lyotard, no es un “después del modernismo” como si fuese un "antimodernismo" ni "un fin del modernismo" como una etapa histórica superada por el presente, sino que es un eterno e incesante renacimiento y un futuro anterior, un futuro perfecto que rompe las reglas de la gramática y del tiempo lineal histórico: es futuro del pasado al estilo de "lo que habrá sido", mezcla de dos tiempos antagónicos y no simultáneos que se "eternizan en el presente". Por eso, la ruptura con la gramática canónica, con las reglas del arte, con las normas institucionales y con las líneas del tiempo histórico quiere ser total y absoluta en el modernismo y en el posmodernismo.
El sociólogo Zymunt Bauman, uno de los que mejor ha analizado la ambivalencia de la modernidad prefiere hablar de “modernidad líquida” para referirse a la posmodernidad, porque según él expresa mejor esa nueva y cambiante forma de ser modernos, ya que la modernidad significa esencialmente afán perpetuo de cambio y dinamismo continuo. El concepto clave para entender la modernidad y la posmodernidad es para Bauman el orden, ya que la modernidad es sinónimo de conciencia de que el orden social es artificial, que es una creación del ser humano. En realidad ser modernos es modernizarse continuamente y por eso el proyecto de la modernidad no es que esté inacabado como dice Habermas, sino es por su propia definición proyecto inacabable.
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Como dice textualmente Z. Bauman refiriéndose a Lyotard: No se puede ser verdaderamente
moderno sin ser primero posmoderno. Para mí, la posmodernidad es el tiempo en el cual la actitud posmoderna ha dado en ‘conocerse a sí misma’, y esto significa darse cuenta de que la tarea crítica no tiene límites ni punto final. En otras palabras, percatarse de que ‘el proyecto de la modernidad’ no sólo está inacabado, sino que es inacabable, y es en este carácter de inacabable donde reside la esencia de la era moderna. ... Traté de expresar esta idea al definir la posmodernidad como ‘la modernidad menos sus ilusiones73
¿Qué hacer entonces con el pasado, con la historia, con la tradición? Según Lyotard y Baudrillard, en la posmodernidad se enfatiza el "fin de la historia y del pasado en cuanto tal". Se tiene conciencia del pasado al modo como se recuerda el pasado individual en el diván del psicoanalista. Es un pasado reconstruido incesantemente desde el presente por nuestra memoria, pero no como la "anámnesis platónica" analizada en el "Menón" que supone una vida anterior en un alma preexistente y en la que conocer es "recordar". Se trata más bien de una terapia que nos ayuda a superar las neurosis propias de nuestro tiempo mediante un discurso "analógico" y "anamórfico". También existe un "olvido inicial" que intentamos ocultar en la conciencia, ya que nuestra subjetividad, nuestro yo, no es más que una débil instancia que intenta sobrevivir frente a las energías vitales del Ello y las normas represivas del Super-Yo. Esta es la concepción psicoanalítica del sujeto que defienden los "posmodernistas": un punto en el que unas líneas de fuerzas inconscientes libidinales y represivas nos zarandean entre la realidad del presente y el olvido del pasado.
El concepto de racionalidad, de "lógos" que se deja ver en los textos de Lyotard está cerca de la elaboración y la creación artística y lejos de la "razón ilustrada, argumentativa y dialógica" que defiende la Teoría Crítica actual (Habermas y Apel), y sin embargo se aproxima mucho más a la "dialéctica negativa" de Adorno, por la vía de Nietzsche y de W.Benjamin. El diagnóstico de la posmodernidad y de sus “patologías” realizado por Lyotard y Baudrillard es especialmente exacto en un sentido: la pluralidad de formas existenciales y culturales que tienen los seres humanos a la hora de vivir su racionalidad impide para siempre los "Grandes Relatos" o las “Metanarraciones” como explicación única, absoluta y omnicomprensiva del mundo y de la historia. La actual polifonía de las voces racionales de la humanidad no puede ser reducida ni a una sola Metafísica totalizante ni a una Religión absoluta ni a una Ciencia única.
Ese diagnóstico compartido por la filosofía actual plantea el tema del nihilismo como una "conciencia estética y ética" para salir de la crisis y como forma de entender la "negatividad" de la razón y de afirmar otras formas maneras racionales "trandiscursivas", emocionales, sentimentales y
73 Z.Bauman/Keith Tester. “La ambivalencia de la modernidad y otras
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artísticas. Como luego veremos, Remo Bodei, desde otra óptica complementaria, ha realizado una historia de la subjetividad moderna muy alejada de la filosofía de la conciencia cartesiana y ha puesto en evidencia la enorme importancia de los afectos, sentimientos y deseos humanos en la configuración de la ética humana. Bodei insiste en un autor que debería ser tenido mucho más en cuenta a la hora de la reconstrucción de la ética moderna: Baruch Espinosa.
Otros autores, como los norteamericanos Harold Bloom y Richard Rorty, defienden con insistencia que el ideal de ser humano no es ni el filósofo ni el científico, sino el poeta vigoroso, porque solamente él es capaz de vivir su vida como una metáfora creadora, tal y como decía Nietzsche.
La crítica dialéctica a la Razón moderna ilustrada no tiene por qué ceder ante el irracionalismo total, ante la barbarie, ante la catástrofe nuclear; sino que debe "destruir" unos lenguajes totalitarios para construir otros "juegos de lenguaje" que sirvan para convivir en paz y en justicia, no sólo para entretenernos y divertirnos. Hay que revisar la modernidad para "deconstruir" aquellos discursos que han "per-vertido", que han "des-viado" y "extra-viado" el camino de liberación originario que trazó la razón ilustrada, pero no para autodestruirnos totalmente, sino para pro-yectar un futuro más libre. Como señala Albrecht Wellmer, uno de los mejores analistas de la dialéctica entre modernidad y posmodernidad, la posmodernidad, entendida correctamente,
sería un proyecto. El posmodernismo, empero, en la medida en que sea algo más que una moda, una expresión de regresión o una nueva ideología, cabe entenderlo como una búsqueda, como una tentativa de registrar las huellas del cambio y de permitir que aparezca con más nitidez el perfil de ese proyecto. 74
Los aspectos críticos de la sociedad actual son compartidos por muchos autores, sean o no defensores del posmodernismo. Sin embargo, no todos son coincidentes en lo que se refiere a la construcción de unos fines morales posibles para los individuos y las comunidades. Así, Richard Rorty, se distancia de J.F.Lyotard en su filosofía moral y política, ya que Rorty basa sus concepciones políticas en la filosofía liberal de John Dewey y en el pragmatismo de William James. Por ello, frente a Lyotard, que niega toda posibilidad de diálogo intercultural entre tradiciones que responden a “juegos de lenguaje “ distintos e incluso opuestos, Rorty sostiene que
nosotros los pragmatistas pensamos que este tipo de etnocentrismo es inevitable e inobjetable. Más o menos equivale a decir que las personas pueden cambiar racionalmente de creencias y deseos solo manteniendo constantes la mayoría de aquellas creencias y deseos – aun cuando nunca podamos decir de antemano cuáles han de cambiar y cuáles han de permanecer intactas-
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A.Wellmer en "Modernidad y posmodernidad" (Compilación de Josep Picó). Alianza. Madrid. 2ª reimpr.1994. p.138
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‘Racionalmente’ significa aquí que se puede ofrecer una explicación retrospectiva de por qué se ha cambiado75
El discurso antiutópico de Lyotard y su interpretación de la filosofía del lenguaje de Wittgenstein le llevan, según Rorty, a negar toda posibilidad de traducir los lenguajes de las distintas culturas entre sí ya que considera como “islas intraducibles e incomunicables”. Rorty insiste, y en esto coincide con Habermas, es que es posible buscar un consenso entre culturas y racionalidades distintas por la vía de la persuasión y no por la fuerza. Por eso no acepta las críticas