Capítulo 2. Planeación del Desarrollo y Prospectiva Territorial: La Importancia de la Visión Estratégica de las Metrópolis.
2.2. Más Allá de la Planificación Estratégica de Ciudades: La Prospectiva Territorial.
2.2.2. La Prospectiva Territorial.
2.2.2.1. Ámbito Geográfico: Encuadre Teórico Conceptual.
Con el transcurso de los años, el papel del territorio en el quehacer gubernamental ha evolucionado. El rol de la ciudad, el territorio y la población en diferentes épocas, así como el tratamiento que se le ha dado a la soberanía, la disciplina y la seguridad, en función de las características distintivas de las ciudades en diferentes momentos, es muestra de ello. El territorio, particularmente la ciudad, se ha transformado de objeto a sujeto del desarrollo, así como en actor importante dentro del ciclo de Política Pública.
Durante el siglo XVII y principios del XVIII, la ciudad se caracterizaba por una especificidad jurídica y administrativa que la aislaba, de manera singular, con respecto a las demás extensiones y espacios del territorio. En estos años, la ciudad se caracterizaba por una heterogeneidad económica y social muy pronunciada en comparación con el campo. Lo que dio lugar a problemas ligados al desarrollo de los Estados administrativos, al crecimiento del comercio, al aumento demográfico urbano; así como a problemáticas relacionadas con la necesidad de llevar a cabo un mayor intercambio económico permanente entre la ciudad y su entorno inmediato -para la subsistencia-, y su entorno lejano -para sus relaciones comerciales-. Es por ello que en el siglo XVIII se buscó situar a la ciudad en un espacio de circulación. Es decir, en un espacio en el cual se propiciara la circulación de ideas, de voluntades, de órdenes; así como la circulación comercial y política de los territorios (Foucault, 2006: 28-29).
Fue en este contexto que a finales del siglo XVIII, surgió la planeación regional y urbana moderna para dar respuesta a los problemas económicos y sociales generados por la Revolución Industrial; los cuales si bien no se presentaron de manera simultánea, si modificaron su carácter e importancia relativa, por lo que las demandas de los habitantes de la ciudad eran muy diferentes a las de un siglo atrás (Hall, 2002).
De los planes de ordenamiento de las ciudades del siglo XVIII, sobresale el modelo seguido por la ciudad de Nantes; cuya problemática se vinculaba con la
52 eliminación de los amontonamientos, la incorporación de las nuevas funciones económicas y administrativas, la regulación de las relaciones con el campo circundante y la provisión del crecimiento. Una de las principales aportaciones del plan, se refiere a que el proyecto de Vigné de Vigny planteaba una cuestión novedosa para su tiempo: la previsión. Dado que la ciudad se encontraba en plena expansión, el reto consistía en identificar la manera en que se integrarían por anticipado, en el plan de ordenamiento propuesto, las posibilidades de desarrollo de la ciudad; aún y cuando no se tuviera la certeza de que iban a suceder. Es decir, lo que se buscaba era disminuir la incertidumbre vinculada con el futuro, proporcionándole seguridad al territorio; para que pudiera administrarse bien una ciudad tan grande y mantenerse la buena circulación. Bajo estas consideraciones, puede afirmarse que la ciudad no debe ser concebida ni acondicionada en función de una percepción estática que deje de lado la incertidumbre; sino que por lo contrario, desde la perspectiva de la seguridad, el buen ordenamiento de la ciudad será aquel que tenga en cuenta lo que puede pasar, así como la serie de elementos que se desplazan, se producen y se acumulan en el territorio 55 (Foucault, 2006).
La ciudad, como unidad y parte del sistema económico y social localizado geográficamente, ocupa una posición específica en el conjunto de asentamientos humanos interrelacionados funcionalmente que constituyen el marco concreto en el que se realizan las acciones público y privadas; en el cual, las actividades humanas son el resultado de las interdependencias que se dan a partir del espacio económico y se manifiestan en el espacio geográfico (Graizbord, 1987).
Un sistema urbano se refiere al “grupo de ciudades interdependientes comprendidas en una región o nación”. Es decir, a las concentraciones de personas y actividades en una región o nación, las cuales se relacionan tanto
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Le Maître planteaba que el territorio debía ser específico para los tres elementos que componen el Estado: campesinos, artesanos y soberanos. Por lo que la capital debía situarse en el centro del territorio, conservando una relación geométrica y manteniendo una relación estética y simbólica con el espacio; para que cumpliera con las funciones urbanas, económicas, morales y administrativas que le corresponden (citado por Foucault, 2006).
53 con otras regiones como con otras ciudades (1987: 38). En donde la región56 urbana, se caracteriza por el predominio de un desarrollo urbano que constituye una unidad orgánica, en la cual la ciudad que forma el núcleo de la región posee todas las funciones tradicionales: administrativas, culturales, comerciales y hospitalarias.
Para definir el sistema urbano o sistema de ciudades, es importante determinar el hinterland o área de influencia inmediata de la ciudad central; de tal forma que se considere la complejidad de las relaciones administrativas, políticas y comerciales que se dan entre dicha ciudad y las ubicadas dentro del área de influencia57 (Graizbord, 1987).
En este sentido, Prothin establece que cuando el ordenamiento territorial y la expansión de las economías regionales hacen necesario llevar a cabo un esfuerzo conjunto en el interior de zonas muy amplias, es recomendable adoptar escalas mucho más pequeñas; de tal manera que para actuar eficazmente, en ocasiones lo apropiado es utilizar un nivel diferente del cuadro administrativo tradicional, como podrían ser las aglomeraciones urbanas (1958: 793-796). Planteamiento que hoy en día bien puede ser retomado, en el caso de las zonas metropolitanas.
El desarrollo urbano reciente se ha caracterizado por un alto grado de urbanización, así como por la emergencia de un gran número de ciudades con
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De acuerdo con Prothin (1958), la delimitación de una región varía en función de los criterios que se utilicen para definirla; por lo que resulta difícil que una misma región responda a diferentes criterios de manera simultánea. No obstante, la región natural -concebida por las características de la geografía física tales como: relieve, geología, hidrografía, climatología-, debe complementarse con la geografía económica y la geografía humana, de tal manera que se incluyan aspectos que consideren la relación entre el hombre y el medio físico. Aunado a lo anterior, al momento de definir una región, uno de los principales criterios a considerar debe ser el de la homogeneidad, respecto a la geografía natural, al aspecto económico, al político, al humano y al social; y complementarse con el de interdependencia y complementariedad; por lo que es deseable la coexistencia de elementos internos de naturaleza diferente, ya que facilita la intervención con soluciones productivas.
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Desde esta perspectiva, el enfoque de sistemas de ciudades permite involucrar una amplia gama de variables, así como facilitar la integración de análisis multidisciplinarios de los procesos sociales; reconociéndose que el crecimiento de una ciudad no puede explicarse en forma aislada, sino que tiene que analizarse junto con el conjunto con el cuál interactúa (Graizbord, 1987:13-15). Lo anterior, dado que cualquier cambio significativo de las actividades económicas, estructura del empleo, ingreso total o población en alguna de ellas, provocará - directa o indirectamente- modificaciones en una o más ciudades del sistema (1987: 38).
54 características metropolitanas (Rojas, 2005). El siglo XXI es considerado el Siglo de la Ciudad, ya que la mitad de la población mundial vive en áreas urbanas y se espera que para mediados de este siglo la mayor parte de los países en desarrollo sean predominantemente urbanos58 (UN-HABITAT, 2008).
Un aspecto que va de la mano con el desarrollo regional y urbano, así como con el proceso de transformación de la estructura urbana, se refiere al desarrollo sostenible59. El desarrollo sostenible, es un enfoque sistémico orientado al bienestar integral, cuya premisa es “satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades”. Este enfoque, tiene por objetivo propiciar la existencia de un desarrollo económico y social respetuoso con el medio ambiente; por lo que se fundamenta en tres pilares básicos: a) la dimensión económica, aspectos tales como crecimiento, equidad, eficiencia; b) la dimensión social, equidad social, participación, oportunidad, desarrollo institucional; y c) la dimensión ambiental, cuidado y protección al medio ambiente, integridad ecológica, biodiversidad (Saldivar, 1998). Hoy en día, la preocupación por lograr un desarrollo sostenible, ha dado lugar a que en los diferentes planes y programas de desarrollo urbano y regional, éste sea un factor imprescindible.
Además, en los últimos años, como resultado del patrón de crecimiento de las ciudades, las problemáticas de las ciudades han cambiado; por lo que en los últimos años ha existido una preocupación creciente respecto a los efectos generados por los patrones de desarrollo ya que no se ha podido satisfacer las
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Entre 1975 y el año 2000, la población urbana se incrementó de 1,500 millones a más de 2,800 millones de personas; lo que equivalía al 45% de la población mundial (UNEP, s/a.). En el 2009, en los países más desarrollados, al menos el 73% de la población vivía en zonas urbanas; mientras que en los países en desarrollo, ésta alcanzaba niveles equivalentes al 79%. Para los años 2025 y 2050 se espera que el porcentaje de población urbana de los países desarrollados sea del 77 y 84%, respectivamente; esperándose para el caso de los países en desarrollo, que éste sea de 84 y 89%, respectivamente. En el caso específico de México, en el 2009 el 77% de la población vivía en zonas urbanas, esperándose que en el 2050ésta se incremente al 88% (ONU, 2010).
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La preocupación por el medio ambiente y el desarrollo no son nuevos. A partir de los años sesenta, se empezó a entender la manera en que el medio ambiente y el desarrollo se vinculan. Desde entonces, el optimismo sobre la creación de una utopía tecnológica moderna ha sido sustituido por una comprensión más realista de los factores que contribuyen a la problemática mundial (IIDS, 1997).
55 necesidades de las familias, en cuatro aspectos importantes: medio ambiente, economía, equidad y compromiso60; lo que ha dado lugar al surgimiento de las ciudades inteligentes o “smart growth”61; a partir del cual se enfatiza la necesidad latente de contar con un desarrollo bien planeado de las ciudades, el cual fomente el crecimiento económico, incremente la calidad de vida de sus habitantes y al mismo tiempo, propicie su actividad social, cívica y física, maximizando las inversiones y protegiendo el medio ambiente. (Bailey, 2006).