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TRE, 49, 75, 99 [en este último texto también, muchos de los tra ductores desplazan et ratio postula! para darle un alcance respecto al conjunto

EXPRESIÓN E IDEA

E, I, axioma 4, y II, 7, dem.

25. TRE, 49, 75, 99 [en este último texto también, muchos de los tra ductores desplazan et ratio postula! para darle un alcance respecto al conjunto

de la frase],

a la que no corresponde objeto alguno en la naturaleza. La ex- plicamos por el movimiento del semicírculo: esta causa es cier- tamente ficticia, porque nada hay en la naturaleza que sea pro- ducido de esta manera; no por ello deja de ser una «percepción verdadera», pero en la medida en que es unida a la idea de Dios como al principio que determina idealmente el semicírculo a moverse, es decir, que determina esa causa a producir la idea de esfera.

Luego todo cambia desde el momento que llegamos así a la idea de Dios. Puesto que esa idea, la formamos por ella misma y absolutamente. «Si hay un Dios o algún ser omnisciente, no puede formar absolutamente ficción alguna.» 27 A partir de la idea de Dios, deducimos todas las ideas unas de otras en «el orden debido». No solamente que el orden sea ahora el de una síntesis progresiva; sino que, tomadas en ese orden, las ideas ya no pueden consistir en entes de razón, y excluyen toda fic- ción. Son necesariamente ideas de «cosas reales o verdaderas», ideas a las que corresponde alguna cosa en la naturaleza.28 A partir de la idea de Dios, la producción de las ideas es en ella misma una reproducción de cosas de la naturaleza; la con- catenación de ideas no tiene necesidad de copiar la concatena- ción de las cosas, reproduce automáticamente esa concate- nación, en la medida en que las ideas son producidas, ellas mismas y por su cuenta, a partir de la idea de Dios.2 9

Es cierto que las ideas «representan» alguna cosa, pero pre- cisamente, no representan alguna cosa sino porque «expresan» su propia causa, y expresan la esencia de Dios que determina esa causa. Todas las ideas, dice Spinoza, expresan o engloban la esencia de Dios, y, en tanto tales, son ideas de cosas reales o verdaderas.3 0 Ya no estamos en el proceso regresivo que rela- ciona una idea verdadera a su causa, incluso por ficción, para

27. TRE, 54.

28. Cf. E, V, 30, dem.: «...Concebir las cosas en tanto ellas se conciben por la esencia de Dios como de los seres reales».

29. TRE, 42.

30. E, I I , 45, prop.: «Existiendo en acto toda idea de algún cuerpo o de cosa singular engloba necesariamente la esencia eterna e infinita de Dios». (En el escolio, y también en el escolio de V, 29, Spinoza precisa que las cosas exis- tentes en acto designan aquf las cosas como «verdaderas o reales» tales como derivan de la naturaleza divina, sus ideas son pues ideas adecuadas.)

elevarse lo más rápido posible a la idea de Dios: ese proceso determinaba solamente en derecho el contenido de la idea ver- dadera. Seguimos ahora una gestión progresiva, que excluye toda ficción, yendo de un ser real a otro, deduciendo las ideas unas de otras a partir de la idea de Dios: ahora, las ideas se concatenan conformemente a su contenido propio; pero tam- bién su contenido se encuentra determinado por esa concate- nación; aprehendemos la identidad de la forma y del contenido, estamos ciertos que la concatenación de ideas reproduce la rea- lidad como tal. Veremos más tarde cómo se hace en detalle esta deducción. Bástenos por el momento considerar que la idea de Dios, como principio absoluto, se desprende de la hipóte- sis de la que habíamos partido para elevarnos hasta ella, y fun- da una concatenación de ideas adecuadas idénticas a la cons- trucción de lo real. Puesto que la segunda parte del método no se contenta con una teoría de la definición genética, sino que debe acabarse en la teoría de una deducción productiva.

El método de Spinoza comporta, pues, tres grandes capí- tulos, cada uno estrechamente implicado por los otros. La pri- mera parte del método concierne el fin del pensamiento: éste consiste menos en conocer alguna cosa que en conocer nuestra potencia de conocer. Desde este punto de vista, el pensamiento es considerado en su forma: la forma de la idea verdadera es la idea de la idea o la idea reflexiva. La definición formal de. la verdad es la siguiente: la idea verdadera es la idea en tanto se

explica por nuestra potencia de conocer. El método, bajo este

primer aspecto, es él mismo reflexivo.

La segunda parte del método concierne el medio de reali- zar este fin: una idea verdadera cualquiera se supone dada, pero debemos hacer de ella una idea adecuada. La adecuación cons- tituye la materia de lo verdadero. La definición de la idea ade- cuada (definición material de la verdad) se presenta así: la idea

en tanto expresa su propia causa, y en tanto expresa la esencia de Dios como determinando esa causa. La idea adecuada es

pues la idea expresiva. Bajo este segundo aspecto, el método es genético: se determina la causa de la idea como la razón su-

ficiente de todas las propiedades de la cosa. Es esta parte del método la que nos lleva al pensamiento más elevado, es decir, la que nos conduce lo más rápido posible a la idea de Dios. La segunda parte se acaba en un tercer y último capítulo, que concierne la unidad de la forma y del contenido, de la meta y del medio. En Spinoza como en Aristóteles, la definición for- mal y la definición material en general dividen la unidad real de una definición completa. Entre la idea y la idea de la idea, no hay sino una distinción de razón: la idea reflexiva y la idea expresiva son una sola y misma cosa en realidad.

¿Cómo comprender esta realidad última? Jamás una idea tiene por causa el objeto que representa; al contrario repre- senta un objeto porque expresa su propia causa. Hay pues un contenido de la idea, contenido expresivo y no representativo, que remite solamente a la potencia de pensar. Pero la potencia de pensar es lo que constituye la forma de la idea como tal. La unidad concreta de ambas se manifiesta cuando todas las ideas se deducen las unas de las otras, materialmente a partir de la idea de Dios, formalmente bajo la sola potencia de pensar. Desde ese punto de vista, el método es deductivo: la forma, como forma lógica, y el contenido, como contenido expresivo, se reúnen en la concatenación de ideas. Se advertirá cuánto in- siste Spinoza sobre esta unidad en la concatenación. En el mo- mento mismo en que dice que el método no se propone hacer- nos conocer algo sino de hacernos conocer nuestra potencia de comprender, agrega que no conocemos ésta sino en la medida en que conocemos las más cosas posibles ligadas unas a otras.3 1

Inversamente, cuando muestra que nuestras ideas son causas las unas de las otras, concluye de ello que todas tienen por cau- sa nuestra potencia de comprender o de pensar.3 2 Pero sobre

todo, el término «autómata espiritual» testimonia de la unidad. El alma es una especie de autómata espiritual, es decir: Pen- sando no obedecemos sino a las leyes del pensamiento, leyes que determinan a la vez la forma y el contenido de la idea ver- dadera, que nos hacen concatenar las ideas según sus propias causas y según nuestra propia potencia, de manera que no

31. TRE, 40-41.

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