• No se han encontrado resultados

E, II, 8, prop y esc.

LA ESENCIA DE MODO: PASO DEL INFINITO AL FINITO

12. E, II, 8, prop y esc.

como partes exteriores unas a otras. Esta tesis puede parecer extraña, porque supone inversamente que la distinción extrínse- ca no repugna a los modos existentes, e incluso es exigida por ellos. Reservamos para más tarde el análisis de este punto. Se- ñalemos solamente que el modo existente tiene una duración; y que en la medida en que dura, deja de estar simplemente contenido en el atributo, como su idea deja de estar simple- mente comprendida en la idea de Dios.1 3 Es por la duración (y también, en el caso de los modos de lo extenso, por la figura y por el lugar) que los modos existentes tienen una indivi- duación propiamente extrínseca.

Mientras la muralla es blanca, ninguna figura se distingue de ella ni en ella. Es decir: en ese estado, la cualidad no es afectada por alguna cosa que se distinguiría extrínsecamente de ella. Pero subsiste la pregunta de saber si no hay otro tipo de distinción modal, como un principio intrínseco de indi- viduación. Más aún, todo hace pensar que una individuación por la existencia del modo es insuficiente. No podemos distin- guir las cosas existentes sino en la medida en que sus esencias son supuestas distintas; igualmente, toda distinción extrínseca parece suponer por cierto una distinción intrínseca previa. Es, pues, probable que una esencia de modo es singular en ella mis- ma, incluso cuando el modo correspondiente no existe. Pero, ¿cómo? Volvamos a Duns Scoto: la blancura, dice, tiene inten- sidades variables; éstas no se agregan a la blancura como una cosa a otra cosa, como una figura se agrega a la muralla sobre la que se la traza; los grados de intensidad son determinacio- nes intrínsecas, modos intrínsecos de la blancura, que perma- nece unívocamente la misma, sea cual sea la modalidad bajo la que se la considere.14

13. E, I I , 8, cor.: «Cuando se dice que existen cosas singulares, no sola- mente en tanto son comprendidas en los atributos de Dios, sino aun en tanto que están supuestas durar, sus ideas también engloban la existencia por la que se supone que duran». También I I , 8, esc.: Cuando se trazan efectivamente ciertos lados de ángulos rectos comprendidos en el círculo, «entonces sus ideas existen también, no sólo en tanto son comprendidas en la idea del círculo, sino aun en tanto engloban la existencia de esos lados de ángulos rectos; lo que hace que se distingan de las otras ideas de los otros lados de ángulos rectos». 14. Cf. Duns Scoto, Opus exórnense, I, D3, q. 1 y 2, a. 4, n. 17. La proximidad de Spinoza con Duns Scoto no alcanza aquí sino el tema de las cantidades intensivas o de los grados. La teoría de la individuación, que expo-

Bien parece ser así en Spinoza: las esencias de modos son modos intrínsecos o cantidades intensivas. El atributo-cualidad permanece unívocamente lo que es, conteniendo todos los gra- dos que lo afectan sin modificar la razón formal de ellos; las esencias de modos se distinguen pues del atributo como la in- tensidad de la cualidad, y se distinguen entre ellas como los diversos grados de intensidad. Podemos pensar que, sin desa- rrollar explícitamente esta teoría, Spinoza se orienta hacia la idea de una distinción o de una singularidad propia a las esencias de modos en tanto tales. La diferencia de los seres (esencias de modos) es a la vez intrínseca y puramente cuanti- tativa; puesto que la cantidad de la que se trata aquí es la cantidad intensiva. Sólo una distinción cuantitativa de los seres se concilia con la identidad cualitativa del absoluto. Pero esta distinción cuantitativa no es una apariencia, es una diferencia interna, una diferencia de intensidad. De manera que cada ser finito está supuesto expresar el absoluto, según la cantidad in- tensiva que constituye su esencia, es decir, según su grado de potencia.1 5 La individuación en Spinoza no es ni cualitativa ni extrínseca, es cuantitativa-intrínseca, intensiva. En ese sentido, bien hay una distinción de las esencias de modos, a la vez en relación a los atributos que las contienen y unas en relación a otras. Las esencias de modos no se distinguen de manera ex- trínseca, estando contenidas en el atributo; no por ello dejan de tener un tipo de distinción o de singularidad que les es propio, en el atributo que las contiene.

La cantidad intensiva es una cantidad infinita, el sistema de las esencias es una serie actualmente infinita. Se trata de un infinito «por la causa». Es en este sentido que el atributo con- tiene, es decir, complica todas las esencias de modos; las contiene como la serie infinita de grados que corresponden a su cantidad intensiva. Ahora se ve bien que este infinito, en un sentido, no es divisible: no se le puede dividir en partes ex-

nemos en el párrafo siguiente como la de Spinoza, es totalmente diferente de la de Duns Scoto.

15. Se hallaría en Fichte y en Schelling un problema análogo, de la dife-

Outline

Documento similar