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Carta 12, a Meyer, III, p 42.

LA ESENCIA DE MODO: PASO DEL INFINITO AL FINITO

4. Carta 12, a Meyer, III, p 42.

Una esencia de modo existe, es real y actual, incluso si no exis- te actualmente el modo del que es la esencia. De donde la con- cepción que Spinoza se hace del modo no-existente: éste jamás es una cosa posible, sino un objeto cuya idea está necesaria- mente comprendida en la idea de Dios, como su esencia está necesariamente contenida en un atributo.8 La idea de un modo inexistente es pues el correlativo objetivo necesario de una esencia de modo. Toda esencia es esencia de alguna cosa; una esencia de modo es la esencia de alguna cosa que debe ser concebida en el entendimiento infinito. De la esencia misma, no se dirá que es un posible; no se dirá tampoco que el modo no-existente tiende, en virtud de su esencia, a pasar a la exis- tencia. Sobre estos dos puntos, la oposición entre Spinoza y Leibniz es radical: en Leibniz, la esencia o la noción individual es una posibilidad lógica, y no se separa de una cierta realidad metafísica, es decir de una «exigencia de existencia», de una tendencia a la existencia.8 No es así en Spinoza: la esencia no es una posibilidad, sino que posee una existencia real que le corresponde en propiedad; el modo no-existente no tiene ca- rencia alguna y nada exige, pero es concebido en el entendi- miento de Dios como el correlativo de la esencia real. Ni rea- lidad metafísica ni posibilidad lógica, la esencia de modo es

pura realidad física.

Es por ello que las esencias de modos tienen una causa efi- ciente, tanto como los modos existentes. «Dios no es solamente causa eficiente de la existencia de las cosas, sino aun de su esencia.» 7 Cuando Spinoza muestra que la esencia de un modo no engloba la existencia, ciertamente quiere decir en primer lugar que la esencia no es causa de la existencia del modo. Pero quiere decir también que la esencia no es causa de su propia existencia.8

5. E, I I , 8, prop. y cor. (Y I, 8, esc. 2: tenemos ideas verdaderas de las modificaciones no-existentes, porque «su esencia está comprendida en otra cosa, de tal manera que pueden ser concebidas por esa cosa».)

6. Leibniz, Del origen radical de las cosas: «Hay en las cosas posibles, es decir, en la posibilidad misma o en la esencia, alguna exigencia de existen- cia o, por así decir, alguna pretensión a la existencia, y para decirlo en una palabra, la esencia tiende por ella misma a l.i existencia »

7. E, I, 26, prop.

8. En E, I, 24, prop. y dem., Spinoza dice que «la esencia de las cosas producidas por Dios no engloba la existencia». Ls decir: la esencia de una cosa

No que haya una distinción real entre la esencia y su pro-

pia existencia; la distinción de la esencia y de la existencia

está suficientemente fundada desde que se acuerda que la esen- cia tiene una causa ella misma distinta. Ahora, en efecto, la esencia existe necesariamente, pero existe en virtud de su causa (y no por sí). Se reconoce aquí el principio de una tesis céle- bre de Duns Scoto y, más alejada, de Avicena: la existencia acompaña necesariamente la esencia, pero en virtud de la causa de ésta; no está pues incluida o englobada en la esencia; se agrega a ella. No se agrega a ella como un acto realmente dis- tinto, sino solamente como un tipo de determinación última que resulta de la causa de la esencia.9 En una palabra, la esen- cia tiene siempre la existencia que merece en virtud de su cau- sa. Es por ello que, en Spinoza, se unen las dos proposiciones siguientes: Las esencias tienen una existencia o realidad física;

Dios es causa eficiente de las esencias. La existencia de la esen-

cia se funde con el ser causado de la esencia. Por lo tanto no se confundirá la teoría spinozista con la teoría cartesiana en apariencia análoga: cuando Descartes dice que Dios produce incluso las esencias, quiere decir que Dios no está sometido a ley alguna, que crea todo, incluso lo posible. Spinoza quiere

no engloba la existencia de esa cosa. Pero en el corolario de I, 24, agrega: «Sea que las cosas existan, sea que no existan, toda vez que fijamos nuestra atención en su esencia, encontramos que ella no engloba ni la existencia ni la duración, en consecuencia su esencia no puede ser causa ni de su propia exis- tencia ni de su propia duración (ñeque suae existentiae ñeque suae durationis)». Los traductores, al parecer, crean un contrasentido asombroso cuando hacen decir a Spinoza: «En consecuencia su esencia (la esencia de las cosas) no puede ser causa ni de la existencia ni de la duración de ellas». Incluso si esta versión fuese posible, que no lo es en absoluto, ya no se comprendería qué es lo que el corolario aporta de nuevo, en relación con la demostración. Sin duda este contrasentido es provocado por la alusión a la duración. ¿Cómo podría hablar Spinoza de la «duración» de la esencia, siendo que la esencia no dura? Pero, que la esencia no dura, no lo sabe aún en I, 24. E incluso cuando Spinoza lo haya dicho, le sucederá aún emplear esa pala- bra duración de manera muy general, en un sentido literalmente inexacto: cf. V, 20 esc. El conjunto de I, 24, nos parece pues se organiza así: 1) la esencia de una cosa producida no es causa de la existencia de la cosa (demostración); 2) pero tampoco es causa de su propia existencia en tanto que esencia (coro- lario); 3) de donde, I, 25, Dios es causa, incluso de la esencia de las cosas.

9. En páginas definitivas, a propósito de Avicena y de Duns Scoto,

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