Ibn Túmart murió después de haber pasado siete años al frente del poder. Nombró antes de fallecer a ‘Abdelmúmen Ibn ‘Ali recordando a la gente el ejemplo y la conducta de los cuatro compañeros del Profeta (Que Dios se apiade de ellos) insistiendo sobre su fe, su firmeza y resistencia y que debían aplicar la ley de Dios sin miedo ni hipocresía: “desapareció esta tropa de bandidos ¡que Dios ilumine su rostro y recompense su conducta. Sufrió la gente una gran fitna, el indulgente se quedó perplejo, el sabio analfabeto, ignorante y adulado, la gente no aprovechó ni su saber ni sus conocimientos, sino que lo dedicaron a los reyes y gobernadores, se las ingeniaron para ganar poder y bienes intentando influenciar al pueblo y mantenerlo a su lado”. Lo que parece extraño es que decía todo esto mientras vivía ‘Ali Ibn Yúsuf, jefe de los almorávides, de los cuales dijo Al- Mahdi que eran gente que rezaba por la noche, ayunaba durante el día y su ejército combatía a los cristianos en Al-Ándalus después de haber exterminado los reyes taifas diluidos en sus placeres.
‘Abdelmúmen Ibn ‘Ali estuvo a la cabeza del poder durante veintiún años, densos y llenos de grandes e importantes acontecimientos. Fue un hombre elocuente, respetable, convincente. Lo amaba quien lo veía. Era justo y aspiraba a la grandeza como lo describió Al-Murrákuší. De él Ibn Túmart dijo también:
Reuniste las virtudes completas De ti, orgullosos somos
Boca sonriente y mano generosa
Pecho agradable y cara iluminada y satisfecha.
Empezó su gobierno con la lucha contra los almorávides, decidido a exterminarlos y ayudado por condiciones favorables: ‘Ali Ibn Yúsuf, jefe de los almorávides, murió y le sucedió su hijo que vivió días trágicos. Tánger conoció grandes diluvios que destruyeron las casas permaneciendo muy pocas, un fuego tremendo arrasó la ciudad de Fez dejándola dolorida, le desobedecieron algunos de sus hombres y se aliaron con los almohades. Los almorávides fueron derrotados por los almohades en una batalla crucial y decisiva. El ejército almohade se dirigió a Orán y fueron matados muchas de sus gentes, cautivaron a mujeres y su doctrina contenía mucho libertinaje y disoluto. Avanzaron hacia Tlemcen y Fez, destruyeron sus murallas con el pretexto de que los almohades no las necesitaban y lo que les era imprescindible eran sus espadas. Asediaron a Marrakech largo tiempo y la
violaron durante tres días sucesivos cometiendo todo tipo de delitos y tragedias. Cautivaron a los de Lamzúna y otros, comprándolos posteriormente ‘Abdelmúmen de los almohades para devolverles su libertad.
Fue derramada mucha sangre musulmana por musulmanes, se cautivaron mujeres musulmanas y fueron transformadas en esclavas en hogares de musulmanes que pretendían odiar la lujuria, temer a Dios y aplicar los principios de la religión. Empezó así otra tragedia con la implantación de un nuevo dogma nunca conocido ni experimentado en el occidente musulmán. Antes, la doctrina malikí reunía a la gente y la protegía contra las dispersiones y conflictos y se inspiraban en sus principios de al-fiqh. La defendieron, por su parte los almorávides, negándose a la lujuria, al libertinaje y a la herejía. Los almohades llegaron con nuevos principios y un nuevo estilo de pensamiento a Marruecos y lo llevaron con ellos a Al-Ándalus. Fue, así, otro fuego cuyas llamas llegaron hasta esta tierra en la otra orilla.
Después de haber consolidado su poder en Marruecos, los reyes de Al- Ándalus se apresuraron a felicitarles deseando guardar sus reinos y poderes, les presentaron su vasallaje y obediencia en Algeciras, Ronda, Sevilla, Córdoba, Granada y Málaga, mientras Valencia, Murcia y el este de Al- Ándalus no acudieron a ellos. ‘Abdelmúmen reunió a sus hombres y poetas, en una experiencia nunca experimentada, símbolo de cambio y de aplicación de nuevos principios, preceptos y conductas. Ésas que habían convencido a la gente para aplicar la religión de manera sencilla y adecuada. En vez de rodearse de sabios y alfaquíes, reunía a poetas para que le halagaran recompensándoles y ofreciéndoles grandes cantidades de dinero.
De los poetas que lo elogiaron fue el poeta sordo Al-Maruání Ibn Attalíq que dijo:
A la montaña de Tareq subió el Imán Como si fuese Attúr para Moisés
No se enteró la montaña de lo que sufrió por generosidad Ni estalló su luz para poder retirar a los suyos
(…)
No tiene el esclavo otro remedio que escaparse
Abdelmúmen le preguntó ‘gritando: ¿Adónde, adónde? El poeta le contestó:
¿Adónde escaparse cuando los caballos de Dios les persiguen? Adonde se escaparían los hombres altos
Cuando del cielo de Dios caen meteoritos y bólidos.
Cuando terminó, ‘Abdelmúmen se levantó contento diciendo: “Así es como se alaba a los califas” y se autoproclamó califa. Una vez instalado,
puso a su hijo Yúsuf a la cabeza de Sevilla y ‘Uṯmán en Granada y a otros hombres de su confianza en el resto de los territorios y volvió a Marrakech.
En el año 557 escribió a los dirigentes de países musulmanes incitándoles a luchar contra los cristianos a partir de Al-Ándalus. En la ciudad de Salé murió mientras se preparaba para cruzar el Estrecho. Su hijo Moḥammed heredó el poder, borracho y aficionado a las mujeres y los placeres. ¿Fue esa dinastía que incitaba a aplicar a la religión de Dios y castigar a los herejes? ¿Cómo un borracho puede ser califa de los musulmanes y gobernarlos? Quizá tuvieron las mujeres una parte de responsabilidad en aquella situación. Parece ser que el amor a las mujeres, los hijos y el dinero fueron algunos de los factores decisivos que apresuraron la caída del gran imperio de Al-Ándalus.
Su periodo conoció grandes disturbios y conflictos; los alfaquíes junto a los hijos de ‘Abdelmúmen decidieron destituirlo después de haber pasado cuarenta y cinco años en el poder. Fueron nombrados sucesivamente otros dos hijos, Yúsuf y ‘Omar. ‘Omar tomó ventaja para con su hermano proclamándose así rey.
Abú Ya‘qúb Yúsuf Ibn ‘Abdelmúmen Ibn ‘Alí, de madre libre llamada Zaynab, no gozó, según Al Murrakuší, del poder almohade como lo hizo el califa anterior, durante los veintidós años de su gobierno. Decidió continuar la conquista de Al-Ándalus, empezando por Murcia y Valencia que estaba, en aquel momento, bajo el mando de Sa‘d, conocido por Ibn Mardaníš, que se hizo rodear de un número considerable de cristianos. Los almohades lo mataron y entraron en Sevilla para trasladarse más tarde a Úbeda con la intención de vengarse del enemigo castellano en el norte. No logró el emir almohade realizar esa victoria y pactó una tregua de siete años con Alfonso. Volvió a Marrakech después de haber vencido a Moḥammed Ibn Sa‘d pero fracasó con los castellanos.
Doce años más tarde, volvió a cruzar el Estrecho de nuevo, asedió a Santarém que le resistió y decidió regresar. Mientras estudiaba esa posibilidad de noche con algunos de sus compañeros, se enteraron hombres en el ejército, regresaron a su tierra en plena noche y dejando al emir con poca gente. Enterados, lo sorprendieron los castellanos y lo acuchillaron. Lo llevaron a Marrakech y anunciaron que antes de morir había designado a su hijo Ya‘qúb califa sucesor a la cabeza del poder. Lo nombraron sin asegurarse ni de la existencia ni de la veracidad del testamento, asunto que le hizo crear rivales entre sus hermanos y primos. No sucedió ninguna novedad ni avance en relación a la recuperación de Castilla, sino que se cometieron más asesinatos y matanzas para acumular poderes, riquezas y nombrar a hijos a pesar del compromiso pactado.