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Ibn Yahuar en Córdoba

In document Los dolores de Al-Ándalus (página 136-140)

Córdoba era la capital de los musulmanes en Al-Ándalus y la base de su gobierno. Por ello le tocó sufrir la mayor parte de las desgracias y calamidades que se abatieron sobre Al-Ándalus. La ruina y el caos afectaron por igual a la tierra y lo que en ella se sembraba, a la descendencia y las familias y a las construcciones, monumentos y edificaciones. No se salvaron ni la procreación de los valientes ni las mujeres más nobles, honradas y honestas. Sus árboles fueron cortados, sus casas y residencias fueron saqueadas y sus palacios incendiados, y algunos de sus monumentos, como Azáhara, allanados. El último de los califas omeyas, Al-Mustakfí Billáh fue depuesto y Yahyá Ibn ‘Alí Al-Ḥasaní tuvo que asumir la responsabilidad de gobernar en su lugar. Luego, la capital Córdoba quedó privada de mando y autoridad, por lo que los cordobeses fueron unánimes en querer devolver el califato a los omeyas. El decano de estos últimos era, entonces, el visir Abú Al-Ḥazm Yahuar Ibn Muḥammad Ibn Yahuar Ibn Abí ‘Ubaida. Su bisabuelo había servido a ‘Abdelmalik Ibn Maruán. El visir había podido eliminar a todos sus posibles rivales, ya sea físicamente, asesinándolos en la época del caos, u obligándolos por algún tipo de acuerdo o chantaje. El caso es que llegó a deshacerse de todos sus posibles rivales antes de ponerse en contacto con los gobernadores de los puntos fronterizos para disponer de su opinión. Se pusieron de acuerdo en poner como califa a Hišám Ibn Muḥammad Ibn ‘Abdelmalik Annáṣirí cuya madre se llamaba ‘Átib, pero este pobre califa fue depuesto tras un corto periodo por las tropas poniendo así punto final al gobierno de los omeyas. Así fue como el poder volvió nuevamente a Yahuar. Éste era uno de los visires del Estado ‘Ámirí, conocido por su cordura y su sabiduría. Antes no se había implicado en el caos reinante del cual supo preservarse y mantenerse al margen hasta que llegó el momento oportuno para hacerse con el poder sin arrogarse el derecho de asumirlo como califa. Al contrario, dio a entender que lo reservaba y preservaba para cuando apareciese alguien que lo mereciera para entregárselo, como lo afirma Ibn Ḥazm.

Tenemos que recordar que asumió el cargo de visir para ‘Alí Ibn Ḥammúd Al-Ḥasaní, fundador de la dinastía Ḥammúdí. Entonces, no estuvo contento con él, lo encarceló y confiscó todos sus bienes y pertenencias. Cuando los cordobeses se sublevaron contra los Banú Ḥammúd y sus seguidores beréberes, Abú Al-Ḥazm Ibn Yahuar fue la punta de la lanza de aquella sublevación. Su intención no declarada tal vez fuera, entonces, la de hacerse con el poder en cuanto la oportunidad se presentase.

Abú Al-Ḥazm Ibn Yahuar no se arrogó ningún título de Califa ni de Emir, ni cambió mucho su situación propia. Siguió actuando como siempre lo había hecho antes, como decano de su comunidad, concertándose con ellos en todo y para todo y respondiendo siempre a cualquiera que le solicitase algo que el asunto no estaba en sus manos sino en las de la comunidad, y que él no tenía ningún derecho ni a cobrar ni a firmar nada. Gobernó, pues, de forma tan acertada que su reino se convirtió en refugio para los que huían de la injusticia de otras provincias y reinos o de las agresiones de los tiranos. Fue el mejor gobernador que tuvo su región después de una larga etapa de caos. En este contexto, tal vez sea conveniente recordar un hecho que ilustra la inteligencia y la astucia de este gobernante. Sus enemigos los Banú Ḥammúd, que también eran enemigos de los Banú ‘Abbád de Sevilla, presumieron de ser ellos los derechohabientes. Su líder Yahyá Ibn ‘Alí Ibn Ḥammúd “Al-Mu‘talí” había sido adornado con el manto de califa con anterioridad e incluso se le había jurado obediencia antes de ser depuesto. Tal era la voluntad de la gente pues consideraban que era justo y conforme a la religión subordinarse a la autoridad de un califa presente mientras no hubiera alternativa. Entonces, el juez Ibn ‘Abbád mintió diciendo que Hišám Al-Mu'ayyad sí estaba presente y que él no era más que su chambelán y que no hacía otra cosa que obedecer a sus órdenes. ¡Curioso! Vemos, pues, cómo se repite la muerte y la resurrección del declarado inepto Hišám Al-Mu'ayyad, por motivos de apego a la autoridad y al poder.

Abú Al-Ḥazm Ibn Yahuar apoyó, desde Córdoba, a su amigo y aliado Ibn ‘Abbád de Sevilla en esa impostura sabiendo a ciencia cierta que era tal impostura, pero que con ello podía ser resuelta una situación difícil. También se dijo que Abú Al-Ḥazm también se inventó falsos testimonios en relación con ese asunto, lamentándolo posteriormente.

El gobierno colectivo de Abú Al-Ḥazm Ibn Yahuar duró doce años en los cuales él demostró ser una persona honesta, íntegra, justa y seria, sin ostentar nunca señales de poder o autoridad, lo cual hizo que durante aquellos años, Córdoba no sufrió desgracias ni conoció tragedias. Sin embargo, su periodo constituyó el inicio de la consolidación de los reinos de taifas.

Después de su muerte, le sucedió en el gobierno de Córdoba su hijo Abú Al-Ualíd Muḥammad Ibn Yahuar, que siguió los pasos de su difunto padre al principio del periodo en que gobernó. Atrajo a su corte a Abú Al- Ualíd Ibn Zaidún y le confió las embajadas entre él y los demás gobernantes de Al-Ándalus debido a su gran inteligencia, su elocuencia y sus dotes para la diplomacia. Ibn Zaidún desempeñó sus misiones del mejor modo posible y se hizo famoso por sus correspondencias y sus diálogos. En cierta ocasión, con motivo de una embajada que tenía ante Idrís Ibn ‘Alí Al-Ḥasaní de Málaga, se tuvo que quedar más tiempo de lo habitual porque a Idrís Ibn

Zaidún le agradó tanto que no paraba de invitarlo a sus asambleas y a sus veladas íntimas. Abú Al-Ualíd se lo reprochó e incluso lo relevó antes de volver a cambiar de opinión y restituirle su puesto de embajador y responsable de la correspondencia que mantenía con el resto de gobernadores de Al-Ándalus.

Hay quien afirma que Ibn Zaidún, el poeta y político tuvo alguna responsabilidad en las sediciones que acabaron con la dinastía omeya y abrieron paso al advenimiento de los Banú Yahuar en Córdoba, e incluso se piensa que había encabezado él mismo las sublevaciones. De él dice Abú Maruán: “Abú Al-Ualíd Ibn Zaidún era de una familia de insignes sabios y ulemas de Córdoba en la época de la sedición y las sublevaciones. Destacó en arte y poesía y obtuvo un prestigio tal que todo parecía serle posible, nada se le resistía. Ocurrió que, cierto día, tuvo un problema con Abdalláh Ibn Aḥmad Al-Makuí, uno de los gobernadores de Córdoba, por lo que éste mandó encarcelarlo. Ibn Zaidún se dirigió entonces a Abú Al-Ualíd Ibn Yahuar, en vida de su padre Abú Al-Ḥazm. Entonces, Ibn Yahuar intercedió a su favor y lo sacó de aquel trance. Cuando le tocó gobernar después de la muerte de su padre, lo privilegió reservándole un lugar entre sus próximos y allegados.

Este gran poeta y, a la vez, hábil político, fue acusado por sus detractores de intentar cambiar el gobierno en Córdoba debido a su inmensa ambición, por lo que pasó lo que pasó e Ibn Zaidún tuvo que irse de Córdoba a Sevilla antes de que, de la mano de Ibn Zaidún como veremos a continuación, Córdoba cayera en manos del dueño de Sevilla Al-Mu‘tamid. Pero dejemos ahora a Ibn Zaidún y volvamos a Córdoba.

Tras un cierto tiempo, los hijos de Abú Al-Ualíd Ibn Yahuar crecieron llegando uno de ellos, ‘Abdelmalik, a ocupar el puesto de su padre, pero su forma de gobernar era diferente de la de su padre y de su abuelo, lo cual hizo que la gente se apartara de él y no le quisiera como antes se quería a su padre. Tomó para sí mismo el título de los dos señoríos: “Al-Manṣúr Billáh” y “Adhdháfir bi-fadli lláh” y la oración del viernes empezó a darse en las mezquitas en su nombre contrariamente a lo que fue el caso para su padre y su abuelo que se mantenían alejados de la ostentación y del lujo. Ibn Assaqqá era entonces el visir. Era una persona sensata y razonable, de criterio y consejo certeros, excelente administrador, por lo que Ibn ‘Abbád, el gobernador de Sevilla, quiso eliminarlo interviniendo por ello ante ‘Abdelmalik, pudiendo Ibn Zaidún haber tenido algo que ver en este asunto. El visir perdió la vida en una trampa que poco después se le tendió.

La rivalidad entre los hijos de Abú Al-Ualid se exacerbó, sobre todo entre ‘Abdelmalik que, a pesar de ser el más joven, era el preferido de su padre, y ‘Abderraḥmán, que era el mayor y pensaba que, por ello, era merecedor de suceder a su padre que, por una parálisis, no se movía ya de su

casa. ‘Abdelmalik se apresuró a eliminar a su hermano metiéndolo en la cárcel. Entonces, el gobernador de Toledo, Yahyá Ibn Ḏí-nnún vio que era el momento adecuado para atacar Córdoba y anexarla a los dominios que se encontraban bajo su autoridad. Cuando ‘Abdelmalik se enteró de sus proyectos, pidió ayuda a Al-Mu‘tamid Ibn ‘Abbád, gobernador de Sevilla tras la muerte de su padre. Éste vino con sus tropas, se unió a las de ‘Abdelmalik y salió victorioso de la batalla que lo enfrentó a las tropas de Yahyá Ibn Ḏí-nnún que tuvieron que volver derrotadas a Toledo. Las tropas aliadas volvieron a Córdoba, se despidieron de ‘Abdelmalik Ibn Yahuar, luego se volvieron a reunir entrando las tropas de Ibn ‘Abbád en Córdoba ayudadas por las de ‘Abdelmalik Ibn Yahuar. Estaban llevando a la práctica una estratagema cuidadosamente preparada por los dos jefes de las tropas, por lo que ‘Abdelmalik tuvo que pedir que le fuera perdonada la vida, lo cual le fue concedido y se marchó junto con su hermano. Hay quien afirma que fue obra de Ibn Zaidún que aprovecharía, además de su astucia e inteligencia, el prestigio de que gozaba en Córdoba. Abú Al-Ualíd Ibn Yahuar se murió cuarenta días después de haber sido depuesto. Finalizaba así el gobierno de los Banú Yahuar al tiempo que se consolidaba el de los Banñu ‘Abbád.

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