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El gobierno de los Banú Ḥammúd

In document Los dolores de Al-Ándalus (página 123-133)

‘Ali y Qásim, hijos de Ḥammúd Ibn Maymún, descienden de los idrisíes. Su linaje se remonta hasta los nietos del profeta, hijos de ‘Ali Ibn Abí Tálib, Al-Ḥasan y Al-Ḥusain, eran beréberes, hablaban su lengua, practicaban su cultura y luchaban en su bando. Fueron reyes de Fez. ‘Ali Ibn Ḥammúd gobernador de Ceuta y su hermano mayor Al Qásim en Algeciras. ‘Ali deseó entrar en Córdoba y le fueron de gran ayuda y apoyo los amiríes enemigos de Sulaymán Al-Musta‘ín, dirigidos por Jairán. Le escribió revelándole haber recibido de parte de Hišám Al-Mu’ayyad una carta secreta nombrándole heredero del califato antes de que se apoderase Al- Musta‘ín de Córdoba. Entraron en su rango otros beréberes que odiaban Al- Musta‘ín Billáh, como Záuí Ibn Zírí y Habús assanháğí. Los bandos se enfrontaron en las afueras de Córdoba y fue derrotado Al-Musta‘ín y encarcelado junto a su padre y hermano ‘Abderraḥmán. ‘Ali Ibn Ḥammúd entró en Córdoba y se nombró califa Annáṣir li díni Aláh intentando alejar de su corte a los beréberes para liberarse de sus condiciones, llevando a su corte a cordobeses como Ibí Ḥazm Ibn Ǧahuar y Ahmed Ibn Burd. Sin embargo, cuando se enteró Jairán, el joven ámirí de la muerte o del asesinato de Hišám Al-Mu’ayyad, comprendió que el poder volvería a los “Al-Albayt” y no tendría más ocasiones para ocupar un cargo de poder como era el caso en la época de Hišám Al-Mu’ayyad el omeya. Juzgó necesario salir a combatir el nuevo califa acompañado de la figura maruaní, ‘Abderraḥmán Ibn Moḥammed Ibn Abdillah Ibn ‘Abderraḥmán Annáṣir apodado Al-Murtadá y de sus hombres. Empezó por entrar a Granada donde se esperaba el gobernador Záuí, lo derrotó y mató a ‘Abderraḥmán Al- Murtadá. Se apresuró entonces Jairán a implorar el socorro de los cristianos. A este propósito dijo Ibn Ḥayyán: “esta guerra añadió otro episodio de tragedias que sufrieron los andalusíes les hizo olvidar las anteriores, no volvieron a reunirse nunca más reconociendo el desastre y la pérdida total de todo.”

Este acontecimiento impactó profundamente a ‘Ali Ibn Ḥammúd dejando aparte a los cordobeses entre ellos Abú Al Ḥazm Ibn Ǧahuar y quiso la voluntad de Dios que matasen al califa en el cuarto de baño. Se apresuraron los beréberes a acudir a Al Qásim Ibn Ḥammúd, gobernador de Sevilla nombrándolo califa y se apodó Al-Má’mún. Acudió a los esclavos de África para no contar más con los beréberes. Sin embargo, Yaḥyá Ibn ‘Ali Ibn Ḥammúd, sobrino del nuevo califa se vio más legítimo y merecedor

del califato, reunió a los hombres de su ejército y se dirigió hacia su tío para destituirlo. Este último, incapaz de convencer a su sobrino e intentando ahorrar y evitar de derramar la sangre de los musulmanes, decidió retirarse y ceder el trono a Yaḥyá. Fue a Sevilla donde permaneció califa y se reconocieron mutuamente el cargo, uno en Córdoba y otro en Sevilla.

Su periodo fue corto. Los beréberes se sublevaron contra Yaḥyá, llamaron a su tío para nombrarlo califa en Córdoba, que se sometió a su plena voluntad. Los cordobeses se sublevaron contra él y se escapó con sus hombres hacia Sevilla otra vez. Pero el cadí de Sevilla Moḥammed Ibn Ismael Ibn ‘Abbád vio oportuno mandar a los hijos del califa fuera de las murallas de la ciudad. Otra vez vagabundo, se dirigió a Jerez donde le asedió su sobrino Yaḥyá. Fue un asedio de un sobrino destituido contra un tío destituido también. El sobrino llevó la victoria y metió a su tío en la cárcel con sus hijos y lo mató luego ahogándolo a los ochenta años de edad.

Los cordobeses escogieron intencionalmente a ‘Abderraḥmán Ibn Hišám Ibn Al-Ḥakam, nuevo califa apodado Al-Mustaḍhir Billáh de su madre Ǧáyah. Fue hombre de letras y poeta. De su producción citamos los siguientes versos:

Larga fue mi noche desde que te alejaste

¡Oh gacela! rompiste tu compromiso y no cumpliste ¿Te olvidaste de tu promesa

mientras juntos estábamos acostados sobre una cama de flores? Entrelazados y tapados con una única faja,

en harmonía como perlas del collar,

Mientras las estrellas de la noche mandaban oro y celeste.

Se rodeó en su corte Al Mustaḍhir de hombres de letras y figuras destacadas como Ahmed Ibn Burd, Ibn Ḥazm, Ibn Šuhayd y muchos otros escritores. Describiendo la situación nos dice Ibn Ḥayyán lo siguiente: “Fue únicamente una forma sin fondo. Llegaron los hombres a títulos vacios y rivalizaron los actores en vano. No sacaron interés ni ascendieron a linaje. Les cegó la codicia y les deslumbró una luz falsa, al servicio de un sultán miserable, pobre, sin dinero. Lo arrebataba a los pobres de la ciudad para darlo a sus soldados. No tardó en desaparecer. Derramaron su sangre y terminaron con su poder”.

Fue anecdótico el acontecimiento de nombrarlo califa. Se pusieron los jefes y notables de Córdoba de acuerdo para elegir al califa de entre tres figuras de Baní Marúan: Sulaymán Al-Murtadá, Moḥammed Ibn Al-‘Iráqí y ‘Abderraḥmán Ibn Hišám Annáṣirí “Al-Mustaḍhir Billáh”. Decidieron nombrar a Sulaymán Al-Murtadá pero tardó en llegar y vino ‘Abderraḥmán Ibn Hišám con su ejército. Ibn Burd que había escrito el texto del nombramiento tuvo que borrar el nombre de Al-Murtadá y reemplazarlo por

‘Abderraḥmán Ibn Hišám. Fue también esta anécdota una tragedia en el collar de los dolores de Al-Ándalus en aquella época.

‘Abderraḥmán Ibn Hišám fue nombrado califa a los 23 años. Los cordobeses tenían gran esperanza en el califa y en su capacidad para cambiar la situación, pero cuando un día recibió a una delegación de beréberes los habitantes de la ciudad se sublevaron contra él, lo destronaron y lo mataron.

Moḥammed Ibn ‘Abderraḥmán avanzó hacia el palacio de Córdoba acompañado de la ámma que detestaba a los beréberes, se escaparon los que pudieron y fueron matados los que se quedaron. Al califa lo encontraron escondido en el cuarto de baño, con ropa sucia y podrida, por no haber podido dejar el palacio. Lo asesinó su primo Al-Mustakfí después de haber cumplido 45 días en el trono el califato.

Se cautivaron las mujeres (ḥaráir) libres del palacio ¿Cómo pudo permitir la caballería de ‘Abderraḥmán Al-Mustakfí el cautivo de las mujeres musulmanes del palacio califal, venderlas en los mercados o explotarlas en casas de ladrones? ¿Cómo un califa puede permitir este derroche en la corte de su primo y tolerar la explotación de las mujeres por parte de la plebe, por unos banales motivos que no merecían un castigo tan duro que constituyó otro dolor en el registro de las tragedias de Al-Ándalus.

Moḥammed Ibn ‘Abderraḥmán Al-Mustakfí

Ibn Ḥayyán dice: “Moḥammed Ibn ‘Abderraḥmán Annáṣirí fue nombrado, bajo el apodo Al-Mustakfí Billáh, el sábado tres de ḏu al qi’eda del año cuatrocientos catorce de la hégira, el mismo día en que mataron a ‘Abderraḥmán Al-Mustaḍhir. Igual que Al-Mustakfí abasí, fue escogido de una lista propuesta por el entorno del Califa. Los dos se parecían en la impotencia, la vileza y la cobardía aunque pensamos que el Al-Mustakfí Billáh era peor. No tenía del cargo más que el título. Su periodo fue de gran fitna (sedición) y decadencia, se entremataron las familias entre ellas ayudadas por dos mujeres injuriosas.

Por un lado Ḥasná’ Aširáziya y por otro Sakrá Al-Múrúriya. En conflicto permanente, constituyeron un modelo de desgracia y miseria”.

El autor añadió también en Noqat al arús: "era sorprendente que coincidían en los comportamientos, los caracteres, las edades y los apellidos, los dos fueron destituidos y huérfanos de padre desde su niñez".

Ibn Ḥayyán agregó: “su caso no fue visto ni experimentado antes, ni en la realidad ni en la imaginación. Era único en su villanía y bajeza, Dios lo mandó a los cordobeses para castigarles y afligirles. Desde que se conoció fue tonto, incapaz, ocioso, ineficaz de naturaleza y no disponía de ninguna cualidad ni virtud. Le mordió la fitna, era hipócrita, se permitía mendigar y pedir limosna. Lo vi cuando afligió el castigo a la casa de Beni Ḥammúd. Los invasores no se interesaron por él, ni lo cautivaron por ser vil, miserable y humilde. En periodo de cosecha, salía a los campos para exigir a los agricultores zakát e ingresos, que sea por escrito o hablándoles”.

Todas las fuentes aseguran que ningún emir era como él, de falsa educación, borracho, famoso por su villanía, débil, mezquino y cualquiera, esclavo del deseo y del placer, de lujuriosa intimidad. Fue todo lo contrario de su predecesor Al-Mustaḍhir en sus conocimientos y saber. Vieron los primeros días del año el nombramiento del califa Al Qásim Ibn Ḥammúd y los úlimos al califa Al-Mustakfí ése, entre ellos gobernó ‘Abderraḥmán Al- Mustaḍhir el asesino. Conoció el mismo año negro y desastroso tres califas, experiencia única en la historia de Al-Ándalus y sólo Dios es eterno”.

Al-Mustakfí despreciaba a la gente, pero apreciaba y veneraba el dinero pensando poder comprar cosas y personas. Decía a todos:

“¡que actúen como quieran y escoged de los títulos lo que les guste! En su época se nombraron ministros y señoríos plebe cualquiera

y gentuza populacho, a oficios de policía y otros altos grados. Eran comerciantes y gente cualquiera que corrompieron el califa para obtener los títulos y puestos. Se amontonaron ante sus puertas e inundaron sus patios. Al experimentar y asegurarse de su debilidad y su ineficacia, y enterarse de sus mentiras se alejaron de su corte. Sobre todo que les pedía pagar el título a etapas o de una vez. A este propósito sucedieron cosas raras, chistes extraños, risibles y absurdos durante la selección de algunos. Se acabó esta exaltación y encomendamiento general de ese rey notable hasta ser mencionado en todos los libros, escritos y obras de los sabios e historiadores. Entre ellos hubo alfaquíes que daban la fatua para ser nombrados ministros, instrumentalizando la religión para justificar intereses mundanos y personales. El califa estaba rodeado por sabios débiles y escritores halagüeños. Se dedicaban todos a la fatua y justificaban todos los comportamientos del califa y de su entorno. Se multiplicó el número de alfaquíes hasta alcanzar en su época cuarenta personas dedicadas al asunto, acontecimiento nunca experimentado ni visto en la historia”.

Se alteraron y deterioraron las condiciones por la calidad y la naturaleza de los responsables. Algunos de sus familiares y miembros de su entorno fueron aislados, de ellos citamos ‘Ali Ibn Aḥmed Ibn Ḥazm, ‘Abdeluahháb, su primo, que fue encerrado en letrinas. Al-Mustakfí lo mató y anunció su muerte a la gente que estaba convencida de que fue asesinado por el califa.

En su época se destruyeron los palacios de su abuelo Annáṣir y se aplastaron las huellas de Azáhara, arrancó el cobre de las puertas, el plomo de las cerraduras y otros instrumentos y metales. Con esos comportamientos hizo fin a una civilización, huellas y patrimonio que iluminaron la historia de Al-Ándalus. Fue un hombre más débil que una rata y languidecido como un insecto, destruyó y acabó con toda esa iluminada civilización y grandeza. “Dios apodera y manda su ejército sobre quien quiere, el Todo Poderoso y Eterno”.

Hartos de Al-Mustakfí, una comisión compuesta de intelectuales, alfaquíes y notables, entre ellos el visir poeta Abú ‘Amer Ibn Ṧuhaid, acudió a entretenerse con Yaḥyá Ibn ‘Ali Ibn Ḥammúd Al-Ḥasaní, describiéndole la situación e implorándole salvar Córdoba de los desastres de Al-Mustakfí. Cuando Yaḥyá llegó y le pidió de alejarse, le suplicó perdonarle y salió del palacio disfrazado en ropa de mujeres con algunos hombres dirigiéndose hacia la fortaleza. Algunos compañeros lo asesinaron pensando que llevaba con él grandes cantidades de dinero.

El autor de la Dajíra afirma:

“Salió vestido con ropa de mujeres y con la cara tapada con dos damas, de las cuales sería difícil identificarlo por estar acostumbrado a desplegar modales afeminados. Salió de Córdoba para morir en Uclés.

Duró su gobierno diecisiete meses, calificados de negros, desastrosos y estropeados”

No es interesante volver a lo que sucedió después de su muerte sobre todo a los acontecimientos que no tienen valor ni importancia. Hartos de los omeyas, los cordobeses decidieron no volver nunca a someterse a su poder y nombraron al visir Ibú Moḥammed Yahuar Ibn Moḥemde Ibn Yahuar, líder de su grupo y notable de Córdoba. Se responsabilizó en formar y constituir los reinos de Taifa. Sin embargo, se quedó el Cadí Ibn ‘Abbád con Sevilla fingiendo la "bai‘a" de Hišám Al-Mu’ayyad convenciendo a la gente de que sigue viviendo. Fue esa mentira también una de las tragedias sucedidas en Al-Ándalus.

Al-Maqrí explica:

“Se acabó el Estado omeya, se borró de la tierra, se perdió el califato en Marruecos y aparecieron las taifas. Se quedaron los emires, jefes y presidentes bereberes y árabes en varias regiones y las dividieron. Se sublevaron unos contra otros para arrebatárselas. Triunfaron luego reyes que gobernaron cierto momento hasta que cruzó hacia ellos, llegando de la orilla sur, el emir de los musulmanes Yúsuf Ibn Tášafín allamzúní que les destituyó y liberó la tierra de sus disturbios y conflictos.”

La casida siguiente de Abú Zayd ‘Abderrahmán Ibn Muqana Al-Isbuni

nos describe la situación y los últimos momentos que vivieron, entre copas y qaynas, algunos de aquellos reinos taifas de aquella época:

Emergió el relámpago de Andarín Y de tus ojos se derramó agua manantial Sacó sus espadas desnudas

Como si fuesen juegos en manos de niños Le oye al sonido del trueno bronca y nostalgia Y a mi corazón suspiros y gemido

Me confío, en la noche tenebrosa, a la amada que me rechaza Sin hacer caso a los que me critican

Me reprochó ser flaco y débil Y son virtudes de los enamorados Se levantó el alba demostrándose ¡Apaga mi sed antes de que se levante y llamen a la oración de la madrugada! Roció la combinación sobre sus bifurcaciones perlas flotantes como nenúfares

Con jóvenes rivales e inteligentes Que deambulaban entre flores atrevidas Tragaron vino sobre su mejilla

Vieras ramillos sobre dunas limpias y noche sobre luz de día clara Apagaron su sed bebiendo De botijos manantiales

Las luces de la noche se apagaron En los restos de la tinieblas

La sombra como almizcle en la tierra, aparece Y llovizna como perlas sobre ramillos

El rocío se gotea de sus narcisos Como lágrimas lucientes en los ojos De su altura bajaron Pléyades Como vara florecida de jazmines Se esclareció la sombra sobre una luz

Como un cuervo volando, dejando sus huevos cubiertos. Cuando brilló el sol fuerte, cegó los ojos

Igual como ilumina la cara de Idris Ibn ‘Ali Ibn Ḥammúd, Emir de los creyentes

Rey, con prestigio, a Dios creador de los creyentes, obedece Sobre sus puertas, con almizcle escribió:

¡Entrad en paz y cruzad sus puertas! Cuando se levantaron sus banderas Palpitan entre las alas del Ángel Gabriel Y si duda y conflicto suceden

Las disipa la duda con antorcha de la certeza

En su izquierda yace la comodidad de los insolventes Y en su derecha la bandera de los ganadores

¡Ô! los Beni Aḥmed, los mejores de los hombres Fueron vuestros abuelos y antepasados

Recibió, del cielo la revelación

Y sobre ellos reinaba el Espíritu Santo De agua limpia y piadosa nacieron

Y toda la gente hecha, está, de agua y barro ¡Dejadnos acercaros y de su luz

Sacar un brillo, porque la suya Del gran poderoso está sacada.

¿Es esto poesía? ¿Cómo un califa se deja elogiar con palabras y cualidades semejantes?

Efectivamente, es otra tragedia de Al-Ándalus cometida por sus propios hijos a causa del poder, del puesto, del dinero, de la venganza, de las cautivas, del vino, de los placeres y las esclavas favoritas. Desaparecieron en diferentes épocas muchos de las nobles cualidades dictadas por la religión, como la nobleza de acción e intención, la justicia y alejándose de la depravación y abarcando la buena educación.

Los enemigos se las ingeniaron para actuar y lanzaron sus cuerdas a la buena de Dios. Estuvo el agua abundante y la caza fácil. De esa situación nos dice Ibn Rašíq:

Abstención de Al-Ándalus siento

Por nombrar a Mu‘tadid y apodar a Mu‘tamid Títulos, de un reino, inadecuados

Como el gato fingiendo ser león.

Antes de abordar el periodo de las taifas, nos parece alivioso mencionar cortitos episodios de amor entre Uallada y el poeta famoso Ibn Zaydún y quizá sería su única ventaja. Según Ibn Bassám hablando de ella:

“fue la única de su época entre las otras mujeres, atrevida y confiando en sí misma, orgullosa y bella. A su corte acudía gente distinguida y en sus patios se destacaban poetas ingeniándoselas para superar rivalidades. A la luz de su saber e inteligencia se apresuraron los cultos de su época y rivalizaron en apoderarse de su interés y su amistad, atraídos por su simplicidad, su linaje y su hermosura. Hizo bordar una vez sobre una parte de su vestido los versos siguientes: Yo ¡por Dios merezco la grandeza

Y sigo orgullosa mi camino. Y sobre la otra:

Doy gustosa mi mejilla a mi enamorado Y doy mis besos a quien los quiera.”

Tuvo con Abí Al-Ualíd Ibn Zaydún historias largas y cortas, apasionantes y a veces provocativas. Sobre esa relación dijo: “cuando fui joven, apasionado y quemado por el amor de una bella y hermosa muchacha que se llamaba Uallada. La vida no tenía sino a su lado, y estaba contento cuando ella estaba satisfecha. Cuando quiso el destino que nos acerquemos y nos dimos cita, me escribió explicando:

Cuando caiga la tarde, espera mi visita

Pues veo que la noche es quien mejor encubre los secretos Siento un amor por ti, que si los astros lo sintiesen

no brillaría el sol, ni la luna saldría

y las estrellas no emprenderían su viaje nocturno

Y cuando el alba dobló su alcanfor y la noche esparció su ámbar, se dirigió hacia mí vacilando como un ramillo, delgada como una gacela y de trasero hermoso. Palpitaron sus parpados de vergüenza y en sus ojos perlas lucientes. Me acerqué a un prado embellecido y una sombra dulce. Las cabezas de los árboles se levantaron y las cadenas desbordaron de sus ríos. Se sembraron perlas de la sombra a mi rededor. Miraba en sus ojos, el vino de sus labios me excitaba. Durante la noche me reveló su amor y le hablé

del dolor de mi corazón. Pasábamos el tiempo confiándonos en margaritas de bocas y me enloquece de granadinas del pecho.

Cuando la dejé por la madrugada le canté: Manda tu voluntad, yo soy constante No temas de mi olvido ni mudanza

¿Cómo puede olvidar quien desde tu partida

Ya no encuentra en la vida sabor, ni olvida en la distancia? ¡Por Aláh! que jamás mi corazón amó de nuevo,

Ni pudo aceptar otro amor que el tuyo.

Agregó Abu Al-Ualíd: una vez, mientras estábamos juntos, cantó su qayna Utba:

¡O mis queridos! Mi objetivo alcancé Me ayudó el tiempo y me animó mi amor Vino felicitarme el buen noticiero del contacto Le entregué mi alma y le añadí mi corazón.

Sin consultar Uallada le pedí repetir, murió la sonrisa sobre sus labios, desapareció la luz de sus mejillas florecidas y se dibujó la furia en su frente,

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