—Hay facultades donde el área de discapacidad depende de la Secretaría de Extensión Universitaria; en otras del área académica. Este último es el caso de la Facultad de Derecho, y tratamos siem- pre de mantenerla ahí por el impacto en la formación docente. Si estudiás un profesorado acá vas a tener una clase entera y material sobre discapacidad. Por supuesto, vos decís: “En una clase no va a ser un especialista”. Pero va a tener en claro el mensaje institucio- nal, va a saber que hay un programa, va a conocer los casos, va a haber analizado cómo otros profesores resolvieron situaciones, y se les da bibliografía.
¿La temática de la discapacidad está incluida en todos los pla- nes de estudio de las carreras?
—En la Carrera de Abogacía está en varias materias. En Derechos Humanos, en Derecho de Familia, en seminarios específicos, en varias materias se trabajan las leyes nacionales, en Derecho Laboral también, se trabajan leyes y los tratados internacionales.
¿Son materias optativas u obligatorias?
—Las primeras —Derechos Humanos, Derecho Laboral, Derecho de Familia y Derecho Civil— son materias obligatorias. Y después hay seminarios específicos y hay cursos de Extensión Universitaria, gratuitos y abiertos a otras carreras y a la comunidad. En este momento estamos dando un seminario gratuito de formación en discapacidad.
¿Como comienza el Programa Universidad y Discapacidad en la UBA?
—El programa nació en distintos lugares. En la Facultad de Derecho hubo, en el año 2003, un alumno que tuvo un acci- dente de parto y quedó cuadripléjico. Es un chico que no tiene ningún tipo de problema mental, pero sí tiene totalmente redu- cida su movilidad y casi no puede hablar. Entonces viene en silla de ruedas con la madre. El profesor de la primera materia, que se llama Derecho Civil, llama a la Secretaría Académica y allí lo derivan con la Dirección de Carrera y Formación Docente, para que atendamos a un profesor que tenía una consulta pedagógi- ca. Así que quedamos en contacto con ese alumno. Algunos pro- fesores que fue teniendo en la carrera pedían asesoramiento y otros, ya con la experiencia que el alumno les transmitía, ellos mismos hacían el examen. Hoy es ayudante mío en el curso de Familia. Y vino ese alumno, vinieron otros…, también en ese caso se dio que la familia lo difundió. Entonces se enteraron del diario Página 12 y sacaron un artículo. A partir de esa nota, donde yo les contaba esto, nos llaman de la Comisión de Discapacidad de la Cámara de Diputados de la Nación. Incluso, cuando se publica la nota, me llama Carlos Eroles, quien trabajó muchos años en el tema de Derechos Humanos y específica- mente en discapacidad, y como lo conocía de la universidad de actividades conjuntas, le comento que nos habían invitado a la Cámara de Diputados y lo invito a que venga. Cuando vamos juntos tuvimos muy buena recepción, declararon el programa de interés parlamentario.
¿Cuándo pasa a ser estrictamente un Programa en el nivel insti- tucional?
—En 2007. En el año 2006 organizamos las Jornadas Nacionales de Universidad y Discapacidad, con todas las universidades del país acá en la Facultad de Derecho.
Pero el primer acercamiento de la Universidad hacia la discapa- cidad, mostrándose abierta a recibirla, esta primera inquietud, ¿de dónde surge?
—Surge en los pequeños casos. Los pequeños casos van abriendo brechas. O sea, si una persona pide una rampa, esa rampa después queda para los que vienen atrás. Ahora, también eso va llevando a crear núcleos de estudio, equipos de investigación, equipos de tra- bajo, docencia, que van elaborando material y van poniendo en alerta a la institución acerca de que es una obligación estar prepa- rados para los que llegan. Por eso es que quizás no me interesa tanto saber cuántos hay. Porque quizá hay gente que no ingresa porque no ve abiertas las puertas, siente que no existen posibilida- des para alguien con discapacidad. Así que nuestra obligación es abrirle las puertas a esa persona.
¿Todas las facultades están representadas en el Programa de Universidad y Discapacidad de la Universidad de Buenos Aires que Ud. coordina?
—Sí. Lo que se hizo en su momento fue pedirle a la Secretaría de Extensión Universitaria que enviara una nota a todos los decanos, pidiéndoles que nombraran a una persona o representante; no sólo a las facultades sino también a los colegios, ciclo básico, a todos los organismos de la UBA. Participan, por ejemplo, la obra social, los gremios docentes y el gremio no docente; están invitadas todas las áreas de la Universidad.
¿Cómo es la dinámica?
—Tenemos bastantes tareas encaminadas y vamos comentando lo que pasó en cada facultad. De ahí surge un proyecto de investigación, un proyecto de extensión, el seminario, vínculos con otras entidades… en estas reuniones mensuales vamos viendo el desarrollo del programa. Hablamos caso por caso de lo que fue pasando en cada facultad, y tam- bién se generan proyectos nuevos. En investigación, por ejemplo, esta- mos trabajando sobre adecuaciones curriculares universitarias, que incluye un relevamiento de las normas, no solamente aquellas que hablan genéricamente del Derecho a la Educación y la Discapacidad, sino, también, de las que hacen a la cursada y a la aprobación.
¿Hay algún tipo de trabajo de sensibilización con los docentes sobre el tema? ¿Se los capacita de alguna manera?
—Los docentes saben leer muy bien las señales de la institución. Si la institución les dice “Es importante que no tengan ningún tipo de actitud discriminatoria hacia una persona con discapacidad”, el docente va a adecuar sus prácticas. Si, en cambio, ve que hay tole- rancia a actitudes discriminatorias… Nosotros incorporamos el planteo de la igualdad, trabajamos desde la perspectiva de los dere- chos humanos y la igualdad de oportunidades, y la neutralidad en el pronóstico. Y somos muy explícitos.
¿En este espacio (el área que se ocupa del tema discapacidad en la Facultad de Derecho) pueden venir los docentes a pedir aseso- ramiento, pero también pueden venir los alumnos a decir qué les pasa…?
—Si. Docentes, estudiantes, graduados y no docentes también. Pueden venir a pedir asesoramiento o pueden venir a reclamar por alguna actitud que hayan visto. A veces son actitudes discrimina- torias y a veces son situaciones que hay que resolver, por ejemplo las rampas, los ascensores.
Con respecto a la resistencia de algunos docentes, ¿es un tema que se fue superando con el tiempo o es algo que persiste?
—Es posible que haya una especie de estereotipo en el docente con relación a sus alumnos y que se puede expresar en el momento de la evaluación: puede no estar evaluando solamen- te si el alumno sabe o no sabe del tema, muchas veces está eva- luando el futuro de esa persona, está haciendo un pronóstico de cómo se va a desempeñar como profesional. He escuchado muchas veces que un docente, cuando habla de una persona con discapacidad, dice “¿Cómo lo voy a aprobar si después no va a ejercer, no va a poder ir a Tribunales?”. Y eso está muy pre- sente, está vinculado a un estereotipo de que el abogado tiene que ser de esta manera, tiene que dar esta apariencia. Se va abriendo eso, se va aflojando muy poco a poco, porque, tam- bién, se está viendo que no hay una sola manera de ejercer la abogacía, hay muchas opciones laborales. Está el litigio profe- sional, uno puede tener un estudio propio, puede trabajar en un estudio más grande, puede trabajar en la Justicia, puede trabajar
en una empresa, asesorar, puede dar clases, puede dedicarse a una investigación.
¿Cómo hacen para que los docentes vayan entendiendo esto?
—Incorporamos el planteo de la igualdad, trabajamos desde la perspectiva de los derechos humanos y la igualdad de oportuni- dades, y la neutralidad en el pronóstico. Creo que lo mejor es entrar contra el prejuicio por el lado de la justicia y la igualdad de oportunidades, no por el lado de la amenaza. Pero si es nece- sario, hay que amenazar. Si un profesor persiste en una posición de prejuicio y de discriminación, hay que decirle “Esto va contra la ley y puede venir contra la Facultad, y la Facultad va contra ustedes”.