La Vida Mística
como seres humanos, se atrofian y empequeñecen, volvién- dose cada vez más incapaces de recibir la verdad. En vez de ayudar activamente al progreso del mundo, son obstáculos erigidos en el camino que entorpecen las ruedas del progre- so. O eso intentan. Porque en realidad no está en su mano hacer tal cosa; y, con el tiempo, quedarán atrás, maltrechos, destruidos, mientras el triunfal carruaje de la verdad de Dios avanza a su propio ritmo sin detenerse.
Cuando se estaba probando aún la máquina de va- por, antes de que estuviera suficientemente perfeccionada, un caballero inglés, muy conocido entonces en los círculos científicos, escribió un extenso folleto en el que intentaba demostrar que sería imposible utilizarla jamás para la na- vegación marítima, es decir, para una travesía de larga dis- tancia, ya que ningún buque podría transportar el carbón necesario para alimentar las calderas. Lo más curioso es que el primer buque de vapor que hizo la travesía de Inglaterra a Estados Unidos llevaba en sus bodegas numerosos ejem- plares de aquel panfleto tan meticulosamente preparado, y del que solo se hizo aquella primera edición. Quién sabe si, por su histórica arrogancia e ingenuidad, no se hubieran vendido actualmente muchas más ediciones.
Es sin duda un caso curioso; pero más lo es el de quien voluntariamente se cierra a la verdad porque, ¡cosa inaudi- ta!, no le llegue por los canales convencionales, ortodoxos y hasta ese momento aceptados como buenos, o porque no coincida plenamente, o incluso esté en oposición, con los usos y creencias establecidos. A quien así obra, le digo:
Abre todas las ventanas de tu alma
Abre cuantas ventanas puedas en tu alma para que por ellas entre y la embellezca la gloria del universo, pues el estrecho marco
de un mezquino credo no puede captar los refulgentes rayos que emiten las innumerables fuentes de luz. Desgarra los velos de la superstición y deja que por las ventanas abiertas entre a raudales la luz, inefable como la verdad
e inabarcable como el firmamento. Sintoniza tu oído con la inescrutable música de las estrellas
y con la voz de la naturaleza, y tu corazón
se volverá hacia la verdad y el bien como se vuelven las plantas hacia el sol. Un millar de manos invisibles
descenderán para elevarte a sus alturas coronadas de paz, y todas las fuerzas del firmamento
fortalecerán tu vigor. No temas rechazar las medias verdades para estrechar la verdad.
Hay una importante ley relativa al advenimiento de la verdad. Y es que siempre que un hombre o una mujer se cierren a la verdad porque, a causa de la vanidad intelectual, de las opiniones y juicios preestablecidos, se nieguen a mi- rar por otra ventana que la de su propia hechura, no habrá fuente alguna de la cual pueda llegarles la verdad completa. En cambio, a quien se abre plenamente a la verdad, venga esta de donde venga, la verdad le llegará de todas las fuen- tes, de todos los ámbitos. Estos serán el hombre y la mujer libres, pues solo la verdad nos libera. Los demás seguirán viviendo en la esclavitud, ya que la verdad no ha recibido in- vitación a sus moradas, y solo entra allí donde sabe que será
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plena y libremente bienvenida. Pues donde a la verdad se le niega la entrada, no pueden morar las magnánimas ben- diciones que lleva consigo; entonces, muy al contrario, un emisario suyo se abrirá camino portando consigo atrofia, enfermedad y muerte físicas, espirituales e intelectuales.
Más peligroso que el salteador y el ladrón es aquel que roba a otro la libertad de buscar la verdad, que se interpone, erigiéndose en legítimo intérprete de ella, con la intención de crear en el otro dependencia en lugar de guiarle hasta donde pueda ser su propio intérprete. Muchísimo mayor es el daño que este usurpador inflige, pues atenta directa y certeramente contra la vida misma de aquel a quien retiene bajo su autoridad.
¿Quién designó jamás a persona alguna como guar- dián, custodio y dispensador de la ilimitable verdad de Dios? Cierto es que muchos se consideran y han sido llama- dos maestros de la verdad; pero el verdadero maestro nunca se erigirá en intérprete para supuesto beneficio de otros. Maestro de la verdad es aquel íntegramente dedicado a lle- var a su discípulo al verdadero conocimiento de sí mismo y de sus propias fuerzas interiores, a fin de que sea su propio intérprete. A todos los demás les mueven, por lo general, motivos puramente personales, de engrandecimiento y lu- cro. Además, quien asegure estar en posesión de la verdad única y absoluta es un fanático, un loco o un truhán.
«Que todos los niños y niñas estén escolarizados has- ta alcanzar la edad o la preparación necesarias para poder hacer frente a las responsabilidades de la vida» debería ser el lema de cualquier nación.
Sería asimismo conveniente decir algo sobre la calidad de esa enseñanza que preceptivamente les será impartida. Porque, en pocas palabras, no basta con educar el intelec- to; y seguiremos estando muy lejos del ideal mientras no hagamos de la educación moral, humana, de la educación del corazón, una parte mucho más importante de nuestros sistemas educativos. Hemos avanzado un poco, pero nos queda aún mucho camino por recorrer. Debemos ejercitar