La Vida Mística
verdad necesitemos; estaremos en posesión de una fuerza con la cual podremos hacer realidad en todo momento las condiciones anheladas.
Así como toda verdad existe ya en este instante, y sim- plemente espera a que la percibamos, también todas las co- sas necesarias para satisfacer nuestras actuales necesidades existen ya, y simplemente esperan a que aflore en nosotros el poder de hacerlas nuestras. Dios tiene todas las cosas en Sus manos, y, como dice el proverbio: «Reconócelo en todos tus caminos, y Él allanará tus senderos» (Proverbios 3:6);
Jehová-jireh, es decir, el Señor proveerá. «Dios da a todos
abundantemente y sin reproche» (Santiago 1:5); da con generosidad a todo aquel que se coloca en disposición de recibir de Él. Él no obliga a nadie a recibir sus dones.
La vieja y, hasta cierto punto, predominante noción de que la pobreza es requisito imprescindible para alcanzar la santidad carece de fundamento alguno, y cuanto antes nos libremos de ella, mejor. Nació pareja al concepto del ascetismo, en un tiempo en que dominaba la idea de que era inevitable la lucha entre el espíritu y la carne, idea que obviamente tuvo su origen en las mentes de quienes tenían un concepto retorcido de la vida y lleno de prejuicios. La verdadera santidad es, en cierto modo, idéntica a la verda- dera sabiduría. A aquel que es verdaderamente sabio y hace un uso sensato de las fuerzas y poderes de que está dotado, el universo le abre siempre el arca de sus tesoros.
¿Te has quedado sin trabajo? Pues deja que el miedo a no encontrar otro empleo se apodere de ti y te domine, y lo más probable es que, efectivamente, tardes mucho en
La ley de la atracción obra sin cesar
encontrarlo, o que, si lo encuentras, sea un trabajo tedioso y mal pagado. En cualquier circunstancia en que te encuen- tres, debes darte cuenta de que hay en tu interior fuerzas muy poderosas de las que puedes hacer uso, fuerzas que acabarán por triunfar sobre cualquier momentánea o apa- rente pérdida. Activa esas fuerzas, y habrás colocado un imán que atraerá a ti una situación mucho mejor quizá que la que habías perdido; y quién sabe si no llegará el día en que incluso des gracias por aquella pérdida.
Reconoce cómo obra en ti y a través de ti el mismo Po- der Infinito que crea y protege todas las cosas del universo, que gobierna los innumerables sistemas de mundos que hay en el espacio. Los pensamientos son energías que entra- ñan un poder oculto de proporciones incalculables cuando se utilizan con prudencia y rectitud; irradia, pues, el pensa- miento de que la situación apropiada o el trabajo que anhe- las vendrán a ti a su debido tiempo, de la manera debida, y que sabrás reconocerlos cuando lleguen. Persevera en este pensamiento, no permitas que flaquee; defiéndelo y sustén- talo con firme esperanza, y así pondrás un anuncio en un periódico extrasensorial, un periódico espiritual de circula- ción ilimitada, que llega no solo a los más lejanos confines de la Tierra, sino del universo mismo. Es un anuncio que, además, si hay rectitud por tu parte al colocarlo, será mucho más efectivo que cualquier anuncio que pudieras insertar en una página impresa, por mucho que este se considere hoy día el gran medio de ofrecer y solicitar servicios. En la medida en que llegues a este reconocimiento y vivas en
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armonía con las leyes y fuerzas superiores, serás capaz de hacer esto de un modo eficaz.
Si quieres ojear en los periódicos la sección de ofertas de empleo, hazlo, pero no como se suele hacer. Pon en fun- cionamiento tus fuerzas interiores, y sitúa así tu actividad en una esfera más elevada.
Y si consigues un empleo que no resulta ser exactamen- te lo que deseabas, pues te sientes capaz de desempeñar uno mejor, entonces, desde el primer instante, considera que el empleo actual es un peldaño que te conducirá a otro aún más satisfactorio. Mantente firme en ese pensamiento, afírmate en él, cree en él y espéralo, y en todo momento sé fiel, absolutamente fiel, a la posición que por el momento ocupes; pues, si no eres fiel a ella, puede que en ese caso no sea un peldaño hacia algo mejor, sino hacia algo peor. En cambio, si le eres fiel, pronto llegará el día en que, regoci- jado y dichoso, darás gracias por haber perdido tu anterior colocación.
Dice la ley de la prosperidad: Cuando llegue la ad- versidad, no te dejes abatir por ella; sácale el mayor par- tido posible y confía siempre en que vendrán momentos mejores, situaciones más prósperas, pues mantenerse en esta disposición de ánimo es activar sutiles, silenciosas e irresistibles fuerzas que tarde o temprano harán realidad tangible aquello que hoy es solo un pensamiento. Pero es que los pensamientos poseen un poder oculto, y, cuando se siembran y se cultivan con celo, son las semillas de las que nacerán las situaciones materiales.
No cedas ni por un instante a la queja; al contrario, el tiempo que habrías perdido lamentándote, empléalo en hacer realidad las condiciones que deseas. Sugiérete la idea