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Del OTRO LADO de la

LOS DONES DE LA CASA Y en el Alma de la casa

2. Abuelito alberto

Al pedirle a mi madre alguna foto de mi Abuelito en su juventud, ella en- contró un álbum antiguo en blanco y negro, en el cual se hallaba esta foto. Al volverla a ver mi madre recordó sorprendida que muy seguramente fue tomada en una casa de Belén donde vivieron recién casados mis abuelos. Mi madre no recuerda el lugar especíico de la casa, pero asegura que fue en este barrio. No sabemos si es una misma casa, si son dos diferentes o todas son en Belén, pero en ellas está la imagen de mis abuelos, jóvenes, con la ilusión de construir un hogar, en este mismo barrio desde el cual estoy sentada escribiendo.

Hueta Muisca de María. Mi casa en Belén (Agosto 2013). Fotografía Wayra Cifuentes

Primera casa en que vivieron mis abuelos maternos recién casados. Barrio Belén. Fotografía del álbum familiar de mi madre.

Primera casa en que vivieron mis abuelos maternos recién casados. Barrio Belén. Fotografía del álbum familiar de mi madre.

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Foto de la tía Marcela, al lado de la tienda de la abuela.

Últimos años en Bosa.

aprovechar la extensión del terreno, experimentaba en diversas actividades agropecuarias: cultivos, cría de pollos, ovejas, cerdos y patos, en las cuales toda la familia participaba aunque no se obtenían los resultados esperados. Este entorno familiar permitió que mi madre y mis tíos crecieran en total amplitud disfrutando de un medio ambiente muy natural: diversos ani- males, arboledas, ríos, potreros, cultivos de hortalizas, trigo, cebada, avena. Muy posiblemente este es el origen de su anhelo de vivir cerca a espa- cios verdes, amplios y naturales. De hecho mi tía quién vive en Innsbruck, Austria, viene a pasar la temporada de invierno en una casa campestre que compro en Guatapé al pie del embalse.

Mi abuelo desarrollo gran interés por la construcción de objetos, diseñados por él mismo, utilizando metales, láminas, forja, y soldadura, tales como: bancas, rejas, chozas, escaleras, sillas y un artefacto para bajar naranjas de los árboles

Desde inales de los años 50, mi abuela fue una mujer emprendedora que instaló una pequeña miscelánea en el primer piso de la casa, aprovechando el frecuente tránsito de los vecinos, para ofrecerles golosinas, alimentos, bebidas, algunos víveres y artículos de primera necesidad. Esta es una de las últimas foto tomadas en la casa de Bosa, pues una vez terminado el segundo piso de la misma, mi abuelito, la vendió para volver a residir en el centro.

Casa en Bosa con los animales de la inca. Fotografía del álbum familiar de mi madre.

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Foto de mi madre y sus hermanos en San José.

Casa Terminada

SAN JOSE, AÑO 1961

Con esperanza de un ‘vamos a estar mejor’ la familia se trasladó a un nuevo terreno en Bogotá donde el abuelo comenzó la construcción de su casa, recurriendo a sus habilidades y experiencia para aprovechar materiales no convencionales de manera creativa (guadua, madera, láminas metálicas, tejas de zinc, entre otros). Como el área del terreno lo permitía también estableció espacios para su taller de trabajo y el jardín con huerta casera.

PAPÁ

Mi padre creció en una casa del barrio Teusaquillo, siendo el mayor de sus doce hermanos le correspondió ayudar en las tareas de crianza de los meno- res. Desde los diez años trabajó junto a su padre quién era contratista arreglando y pintando casas lo que le facilitó que mi padre pudiera conocer el interior de más de 50 casas desde el barrio el 20 de Julio hasta Chapinero. Estudió el bachillerato nocturno y luego ingresó a la Universidad Nacional, al tiempo que comenzaba a laborar como profesor, trabajo que realizó hasta la fecha. Mi padre nunca ha olvidado su época de trabajo con mi abuelo, pues en él siempre ha estado la vivencia de un constructor, tanto de obras físicas como de mundos poéticos, pues a mi parecer es un excelente escritor.

MAMÁ

Mi madre es la mayor de cinco hermanos a quienes de alguna manera también tenía bajo su responsabilidad. En la inca de Bosa donde vivía su familia tenían animales que consideraban como mascotas: patos, perritos, gallinas, e incluso vacas y ante todo un amplio espacio verde. Ella estudió en Liceo Femenino de Cundinamarca donde se graduó como normalista y empezó a trabajar a sus 17 años con el in de independizarse de su familia, luego entró a la Universidad Nacional donde conoció a mi padre e iniciar- on una relación atraídos, entre otras, por las circunstancias similares de su infancia y el hecho de ser hijos de padres constructores.

De mi familia materna heredé el interés por las actividades de creación que presenciábamos en las visitas a casa del abuelo quien compartía con entu- siasmo sus nuevas ideas u obras en proceso. Posiblemente de ésas imágenes surgen la respuestas a preguntas que venían surgiendo como: ¿por qué llegue al barrio Belén?, ¿cuál es mi ainidad con este lugar?, ¿por qué me siento ahora tan atraída por mi pasado familiar? Preguntas que posible- mente están relacionadas con la historia de un abuelo constructor, pues como dice Gaston Bachelard: “Los tesoros de la casa, se llevan a cuestas”. Creo que somos como caracoles ermitaños, si creerlo nuestros recorridos vitales son derivaciones de una casa en la cual crecimos.

EN PRADILLA SE ENCUENTRAN

IMPRESOS LOS PLIEGUES DEL ALMA DE MI ABUELO El Abuelito Alberto murió el 22 de marzo del año 2013 a los 93 años de edad. A pesar de la enfermedad y la vejez que se lo llevo poco a poco mi abuelo era reconocido como un gran diseñador en el pueblo de Pradilla ya CASA EN CALVO, AÑO 1965

La casa en el barrio Calvo Sur, inició con la compra de un lote gracias a los ahorros de ambos la Ita -como le llamaban mis her- manos- y el abuelito y fue construida poco a poco hasta culminar las dos plantas actuales . Después de muchos años cuando mis abuelos se separaron, él emprendió de nuevo la búsqueda de un lugar campestre para residir y comenzó la construcción de su última vivienda en un lote comprado en Pradilla, un pueblito en San Antonio del Tequendama.

75 que realizó a lo largo de muchos años remodelaciones y obras en espacios públicos y incas de la zona.

Tras el entierro se hizo la reunión de toda la familia para tomar decisiones sobre los bienes inmuebles que dejaba. A pesar de que hacía mucho tiem- po yo no iba a Pradilla, en parte porque evadía el hecho de confrontar su vejez, aquel día en casa del abuelito, no pude resistir la tentación de pedir algunos objetos que me remitían a recuerdos de mi infancia en casa de él: su antiguo equipo de sonido, cuadernos de planas y copias que realizaba para matar el aburrimiento, una máquina de afeitar Phillips de acero anti- gua, unos libros viejos, y un VHS de Terminator II. También pedí que me

dejaran unos días para tomar fotografías del lugar antes de ser desocupado

pues a mi parecer todos los objetos arcaicos –o en desuso- eran una huella del paso del tiempo y de los movimientos de su existencia.

Cuando mi abuelito se murió las fotos de su casa entraron a ser un tesoro en mi proyecto, directamente relacionado con la riqueza y exuberancia que es- taba encontrando en los hogares que comenzaba a visitar en el barrio Belén. Al entrar a confrontar mi pasado y los movimientos de mi familia estando en el barrio Belén, donde el abuelo posiblemente vivió en su juventud, comprendí que tanto en la riqueza de la casa autoconstruida de mi abuelo como en las casas que empezaba a conocer estaban presentes los rastros de recorridos del Alma de quienes las habitaron.

76 Las casas del barrio se caracterizaban por presentar ‘pliegues’ (tal como en

Apolo y Dafne de Gianlorenzo Bernini) sentía que en los objetos, y espacios

quedaban plasmados movimientos vitales ocurridos durante el transcurso de los años, que exigían recorridos curvos de la mirada del observador. Cuando le pedí a Joaquín realizar una reunión con las señoras del grupo de ejercicio de adultos mayores, María del Carmen me ayudo a preparar una aromática con hierbas de la huerta y participo en la actividad real- izada en Casa Bakata, manifestando desde un comienzo su interés con mi proyecto, ya que su casa, en la cual vivo, ha sido escenario de trabajo social y artístico de comunidad, con un proyecto de comparsas y teatro que se llamó Trastaller, junto a Alberto La Rotta su ex esposo, quien también es propietario de una casa antigua en Las Aguas heredada de su madre, y está comprometido con la preservación del sector que actualmente sufre la

amenaza por parte de la Universidad de Los Andes que viene expandien- do sus instalaciones a costa de la desaparición del mismo barrio.

En la reunión que realicé en Casa Bakatá deseaba contarles mi historia familiar a las personas asistentes, abriendo así las puertas de mi terreno personal para comenzar la construcción de un vínculo afectivo ligado al valor de la casa familiar, sin importar su estado o condiciones. Presenté una a una las fotos familiares que ilustran este texto y otras más, desde la primera imagen de mis abuelos en el patio de una casa en el barrio Belén, hasta las últimas después de su muerte.

Compartir mi experiencia permitió abrir las puertas de las casas de varias personas, ya no solo de María del Carmen o Joaquín si no de todas las personas que se quedaron hasta el inal de mi exposición, todas ellas me

77 invitaron a visitar sus casas, dándome su nombre, su teléfono celular o ijo y la dirección de sus residencias que están ubicadas en los barrios El Guavio, Egipto, Lourdes, y Belén.

De las reuniones con ellas, llegué a dos conclusiones relacionadas con el hogar: La casa es dinámica en la medida en que la existencia lo es, y la casa se modiica junto a las actividades que ocurren en ella, a su cotidianidad y a los acontecimientos que cambian la dirección de los sucesos.

Tanto en la casa de mi abuelo como en la casa de las señoras que visité, todas ellas madres, la casa de su infancia se había modiicado acomodán- dose a la llegada de sus hijos, a acontecimientos en el hogar, a dinero que llegaba para construir nuevas partes y a proyectos de mejoramiento futuro. Despúes de este proceso, concluí que paso a paso anduve calles de mi entorno cercano, las recorría y en ellas descubría las motivaciones que me conectaban al campo afectivo de mis orígenes. Por esta vía llegué al Barrio Belén interesada en unos aspectos de este territorio que posiblemente es- taban ligados a mi ascendencia familiar. Allí encontré objetos y elementos del hogar, que me remitían a la etapa inal de mi abuelito y al proceso de memoria familiar que se estaba dando tras su muerte.

Al tomar las fotos en su casa de Pradilla, repasaba con mi vista y mis sentidos, cada lugar y cada objeto, que me remitía a vivencias infantiles y a las huellas que va dejando el paso de los años en un hogar, de manera que allí era evidente la materialización de muchos laberintos de su Alma, producto de múltiples dinámicas espaciales y temporales (etapas de gran actividad y etapas de pasividad, estatismo e inercia), oscilaciones propias de su ciclo vital.

Toda esta conjunción de eventos me permitieron intuir que quizás es el hogar, el lugar donde en mayor medida permanecen plasmados en lo ma- terial, los movimientos del Alma, es decir en la casa, en sus estructuras y componentes físicos. No todas las casas preservan un cuerpo que devela los pliegues pues algunas son nuevas, otras tienen arquitecturas homogéneas y planas, en otras se descarta constantemente aquello que hace parte del pasado. Pero hay otras casas que develan los movimientos de una existencia en la medida que esta ejerce modiicaciones sobre el espacio vital.

Dentro de las casas ‘extravagantes’ encontré varias en el Barrio Belén y de ellas, la de Myriam generó una relación más profunda, por el hecho de que durante mi permanencia en ella, pude vivencia el rol maternal que fre- cuentemente ejercía Myriam conmigo así como con todos los miembros

de su familia, poniendo en evidencia un sistema de vínculos vitales que ocurren al interior de una casa, generación tras generación y que constitu- yen lo que podemos llamar el Alma de la misma.

En un espacio tan particular como éste, puede manifestarse el proceso de la formación de pliegues a medida que aparecen nuevos habitantes mien- tras otros desaparecen, se activan nuevos nichos vitales y se desactivan otros en el transcurso de largos periodos de tiempo.

Encontré en la casa de Myriam un espacio particular que está cargado de todos los pliegues que atraviesa un hogar en la medida que cambian sus habitantes que se activan nuevos lugares vitales y se desactivan otros donde ya no hay una fuerza humana que los mantenga.

En la casa de Myriam realicé la conclusión del proceso de esta obra que halla la fuerza centrípeta del hogar como destino del Alma, que hala a su centro, pero que sin embargo es parte de una construcción en proceso, pues son muchas puertas las que se han abierto y las que faltan por descubrir.

3. Pliegues del hogar, movimientos del Alma