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CAPÍTULO V. EL SACRIFICIO DE ISAAC

2. LA ACCIÓN UNA UNIVERSIDAD TRISTE

Tristes guerras si no es amor la empresa. Tristes, tristes. Tristes armas si no son las palabras. Tristes, tristes. Tristes hombres si no mueren de amores. Tristes, tristes. Miguel Hernández

Tristemente la palabra no se corresponde plenamente con la acción. Más bien nos encontramos con una Universidad en un proceso de mercantilización, platónica y segmentada en disciplinas que pugnan por su supremacía, que dista de dar respuesta a las necesidades sociales, humanas y ecológicas de nuestro mundo. Harkavy (2006) explica como diversos líderes educativos han reafirmado su preocupación sobre cómo

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las universidades se han disociado de la misión social y cívica, de la responsabilidad de preparar a los estudiantes para una activa participación democrática y para mejorar sus comunidades. La Universidad se ha convertido en un lugar para que los profesores obtengan lucro y los estudiantes una acreditación. Para la autora los obstáculos para la realización de la misión democrática son:

La platonización: La teoría platónica de la educación era elitista e idealista. Para Platón, contemplativo y aristocrático, el objetivo de la educación era la ciencia pura, en contraste con la práctica en el mundo real, considerada como inferior. Esta teoría del conocimiento, así como su elitista teoría del gobierno ha influido en la cultura y la estructura de las universidades.

La comercialización: La guerra fría y sus consecuencias aceleraron la comercialización de las universidades. Vannevar Bush, el arquitecto de la ciencia en tiempo de guerra, redactó en 1945 el informe La ciencia, la última frontera. Existe un acuerdo general sobre cómo este documento propició la comercialización de la universidad, que pasó a convertirse en una corporación con ánimo de lucro.

El etnocentrismo de las disciplinas: El gremialismo domina las universidades. Esta es la falacia disciplinaria, en la que los profesores solo sirven a los intereses de sus disciplinas sin responsabilidad alguna sobre la ciudadanía y el desarrollo cívico y moral. Esto impide la cooperación interdisciplinaria, necesaria para poder resolver los complejos problemas del mundo real (Morin 2002).

2.1. Del platonismo al Gran Hermano global

Arendt (1997) explica como la Academia nació como un espacio libre de lo político. Los filósofos en la polis prefieren el trato con los pocos mejores al trato con los muchos malos. El camino de la verdad únicamente se abre al individuo qua individuo. Con la Academia surgió un espacio que ha pervivido como la libertad de las universidades y la libertad de cátedra. La liberación de la labor era necesaria para la libertad política, la liberación de lo político lo era para la libertad académica.

La educación platónica lleva a desconocer los problemas del mundo real como la pobreza, considerados como inferiores. Los docentes se muestran incapaces de enseñar a los estudiantes como ciudadanos de un mundo global, y no solo como miembros de las sociedades opulentas. ¿Estamos preparando a los estudiantes para este nuevo orden mundial, conceptual y éticamente? Thibeault (2006:159) afirma que

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“los días que he pasado confrontando los horrores del hambre o de la guerra me hacen creer visceralmente que nuestros estudiantes son nuestra única esperanza, ya que ellos heredarán sin remedio el fruto de nuestro egoísmo, será su desafortunada herencia el intentar cambiar el curso de la historia. Lo mínimo que puedo hacer es dotarles de las herramientas y del conocimiento sobre la situación actual del mundo”. Mi propia trayectoria en Bosnia, Guatemala y Kosovo, me llevan a compartir plenamente esta afirmación. Civilización o barbarie. Sabemos de forma inequívoca, basados en las evidencias científicas, económicas y sociales que debemos actuar, y las universidades deberían estar en primera línea de acción, concienciando a los universitarios y a la comunidad de los peligros existentes, y planificando estrategias para el cambio. Pero las universidades muestran negación e inercia. En general, el currículum no recoge temas globales, como la crisis ecológica o social, manteniendo así a las nuevas generaciones en la ignorancia. Capacitamos a los que mañana tomarán las decisiones en paradigmas obsoletos. Thibeault (2006:160) concluye categórica: “mis estudiantes saben quien ha sido expulsado del Gran Hermano pero no comprenden la ironía mortal que ellos y sus hijos serán los próximos expulsados”.

2.2. El desarrollo del capitalismo académico

Para Thibeault (2006) la justicia social constituye una de las bases de su trabajo, pero mantener este valor es cada vez más difícil en su universidad, donde es cuestionada por la necesidad de trabajar para las compañías farmacéuticas, que aportan prestigio y lucro. Se enfrenta a escalas de promoción basadas en la investigación con ánimo de lucro, mientras que la calidad de la docencia casi no es tenida en cuenta. Bajo la dirección del Acuerdo General Sobre Comercio de Servicios (AGCS) la globalización de la educación superior ya ha empezado. La globalización supone una mayor interdependencia económica de los países a través del incremento de las transacciones comerciales, de la libre circulación del capital y de la tecnología. Pero este proceso es dominado por las corporaciones supranacionales y las instituciones bancarias que no rinden cuentas a los procesos democráticos ni a los gobiernos nacionales. Esta dominación queda patente en las prioridades establecidas por las universidades y la Organización Mundial del Comercio (OMC), con un exagerado foco en posicionar a las universidades en los mercados. Se centran en incrementar la tecnología y la transferencia de conocimiento a los compradores; hacer una conversión hacia un modelo de universidad que responde a las necesidades de la industria; extender la investigación a equipos internacionales, con especial atención a

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la propiedad intelectual y a las patentes; y promover la movilidad profesional. Estos acuerdos ponen en peligro la misión originaria de las universidades hasta el punto que el Consejo Americano de Educación, la Asociación de Universidades y Colegios de Educación Superior de Canadá, y la Asociación Europea de Universidades han firmado una declaración conjunta pidiendo el cese de la expansión del AGCS en la educación superior (Thibeault, 2006).

Se gesta un sistema donde la educación y la investigación estarán regidas por el ánimo de lucro neoliberal. La idea ilustrada de la emancipación a través del saber ha quedado obsoleta. La educación se considera un bien privado cuyo valor es económico. Se debe rentabilizar el gasto educativo, a través de la formación de un capital humano competitivo que encaje con el mundo empresarial. El sistema educativo se somete al servicio de la competitividad económica y se estructura como un mercado que debe ser gestionado como una empresa. El mercantilismo desacredita todo el discurso sobre los valores, la dignidad, y la igualdad de todos ante la herencia cultural o las oportunidades en la inserción profesional (Laval, 2004). Estos conflictos que se viven en la educación son una parte de una crisis más general de la política y de la ciudadanía en el capitalismo global, en las que la lógica predominante conlleva la destrucción del vínculo social en general y del educativo en particular. Este darwinismo fomenta la lucha dentro de los centros y entre los centros, es de naturaleza antisocial y hace emerger la imagen del otro como enemigo (Martínez Rodríguez, 2005).

Las elites financieras, ya sin el obstáculo de un Estado fuerte, han pasado a ser las generadoras de las políticas educativas internacionales. Se desarrolla un capitalismo académico, con universidades cada vez más comprometidas en la busca de fuentes de financiación adicional. Así se gestaron las universidades empresariales, primero en Estados Unidos en la década de 1950 y luego en Europa. La producción de conocimientos y el propio saber están modelados por el capitalismo universitario. La investigación fue la primera que se transformó en una producción de bienes sometidos al régimen de los derechos de propiedad. Muchos profesores se desentendieron de la educación, menos lucrativa, y los departamentos más alejados de las actividades rentables se vieron mermados en los medios (Laval, 2004). Es inaceptable que las universidades estén solamente preocupadas por determinar su nicho en el mercado, con lo que puedan priorizar una investigación sobre los cosméticos de lujo antes que la lucha contra el Sida en África.

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