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Al tratarse de una mirada compleja es difícil encontrar antecedentes en el ámbito de la investigación. Una finalidad de la investigación es estudiar como la ocupación, en este caso materializada en la jardinería, puede incidir en la salud, en la lucha contra la pobreza, y en el sentimiento de ciudadanía. La jardinería es una actividad que se viene desarrollando con colectivos con necesidades especiales de integración social, al suponérsele un claro valor terapéutico. Pero este valor no está del todo avalado por la investigación. Sempik (2003) desarrolló una revisión de la literatura científica sobre la aplicación terapéutica de la jardinería. Concluyó que la revisión manifestaba la efectividad de la jardinería en distintos servicios terapéuticos, pero que había escasas evidencias científicas que avalarán su uso. La mayoría de los artículos encontrados eran más bien de tipo descriptivo. Los únicos estudios más rigurosos provenían de la psicología medioambiental.

Sempik et al. (2005) evaluaron los beneficios de la jardinería en el Reino Unido, estudiando en profundidad un total de 24 proyectos, con diversos usuarios (con enfermedad mental, minorías étnicas, etc.). Los temas que surgieron en esta investigación manifestaron una ganancia a nivel de salud y de inclusión social. Milligan et al. (2003), en su estudio con personas mayores, reportaron que el mayor beneficio estaba en el sentimiento de bienestar mental, aunque también mejoraba su estado físico. Frumkin (2004) hizo un llamado a la necesidad de desarrollar investigaciones sobre el impacto de la naturaleza en el ser humano, utilizando instrumentos de investigación reproducibles y validados. Es llamativo el estudio de Yamane et al. (2004) que intentaron controlar todas las variables, de temperatura, humedad, etc., para poder replicar los estudios y utilizaron electroencefalogramas y electromiogramas para probar como el uso de las plantas promovía la relajación. Son et al. (2004) también controlaron las variables al estudiar el efecto que el contemplar las plantas tenía en el encefalograma y en la presión sanguínea de personas con esquizofrenia, comprobando un efecto positivo en la salud. Unruh (2004) utilizó entrevistas en profundidad para examinar el significado de la jardinería en personas con cáncer, y lo comparó con personas sanas. Concluyó que tiene un profundo significado para personas que enfrentan enfermedades críticas.

Así podemos comprobar que uno de los enfoques principales es el estudio de los componentes de la jardinería, en condiciones de laboratorio, frente al uso de métodos cualitativos. Este enfoque estudia las percepciones y los sentimientos de aquellos involucrados en el estudio. A estos antecedentes hay que sumarle los

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resultados de la investigación realizada “Una universidad donde confluyen la educación, la investigación y la ciudadanía”, que manifestó que la jardinería es una ocupación significativa que incrementa la salud de las personas, como experiencia de bienestar global; incrementando el sentimiento de pertenencia y de ciudadanía; y facilitando la construcción de comunidades inclusivas (ver Págs. 34-39).

En relación a la metodología principal empleada, el método biográfico narrativo, son de destacar las investigaciones realizadas por Pujadas (2010) y por Parrilla, Susinos y sus colaboradoras (Parrilla y Susinos, 2005; Susinos y Parrilla, 2008; Parrilla et al. 2010), previamente reflejadas en este informe de tesis, que manifiestan la idoneidad del método biográfico narrativo como herramienta metodológica para dar voz a los distintos colectivos, y para la comprensión de los factores que influyen en los procesos de exclusión social; así como los desafíos que esta metodología plantea.

4. CAMPO DE INVESTIGACIÓN Y PARTICIPANTES DE LA MISMA

La investigación ha girado en torno al proyecto Miquel Martí i Pol. El número de participantes ha sido de 10 personas. De ellas, cinco son jardineros del jardín (Hajjâj, Paco, Plácido, Ahmed, Javier), y cinco son estudiantes (Christian, Laia, María, Iván, Oscar). Desde 2005 la selección de los jardineros, así como el seguimiento se ha realizado conjuntamente entre la Universitat de Vic, Caritas Arxiprestal y la Fundació

Centre Mèdic Psicopedagògic d’Osona. Los jardineros han decidido participar de

forma voluntaria en la investigación. Son personas estabilizadas y que no presentan ningún problema de adicción. La selección de los estudiantes se ha basado en su participación voluntaria en el proyecto Miquel Martí i Pol y su deseo de participar en la investigación.

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5. METODOLOGÍA

El término metodología designa el modo en que enfocamos los problemas y buscamos respuestas. Nuestros supuestos intereses y propósitos nos llevan a elegir una u otra metodología (Taylor y Bogdan, 1987). Es un truismo afirmar que los resultados de las investigaciones nunca serán mejores que los métodos mediante los cuales se los obtuvo. Entre la formulación inicial de un problema y la aplicación final de los resultados de investigación a ese problema se abren múltiples posibilidades. La adecuación de las técnicas para reunir los datos habitualmente se juzga en relación a los criterios de fiabilidad y validez. La fiabilidad requiere que la repetición de mediciones proporcione resultados idénticos o ubicados dentro de unos límites estrechos y predecibles de justificar. El criterio de validez requiere que la medición esté significativamente relacionada con los objetivos de la investigación, es decir, que mida lo que se quiere medir (Cannell y Khan, 1992).

5.1. El método biográfico narrativo

La recuperación y el gran auge del método biográfico se corresponde con la revaloración del actor social (personal o colectivo), no reducible a la condición de dato o variable (Pujadas, 2000). Es necesario recuperar estas voces ya que como nos recuerda la literatura feminista la producción intelectual ha servido para caracterizar las sociedades desde el punto de vista de los varones adultos, en especial de los pertenecientes a las élites políticas, económicas o culturales.

Este método es coherente con un marco crítico y con la I.A.P., ya que parte de la participación de las personas, reflexionando en torno a sus vidas, y porque los resultados de la investigación, generarán nuevas acciones transformadoras. Las posturas feministas consideran que el narrar la propia historia ya es un acto político, como también lo es silenciar determinadas voces. Pero no debemos conducir toda la cuestión biográfico-narrativa al ángulo personal, sin conectarla con el substrato social y político, ya que nos llevaría a una visión políticamente ingenua, en un contexto en que los estados abandonan a sus ciudadanos a su propio destino, obviando las poderosas estructuras políticas y económicas que inciden en sus vidas.

Es coherente también con el marco hermenéutico, ya que permite contar las propias vivencias e interpretar dichas acciones. Es una manera de hacer aflorar y priorizar un yo narrativo y dialógico, con una naturaleza relacional y comunitaria. Como

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nos decía Gadamer (1997), en un contexto de atomismo social debemos escuchar las historias del otro porque así nos reconocemos en el otro, en lo otro del acontecer. También coincide con una visión compleja, ya que se caracteriza por la ruptura de fronteras disciplinares (Pujadas, 2000), la investigación narrativa es hoy un lugar de encuentro/intersección entre diversas ciencias sociales.

Una dimensión básica es la de construcción de significados. El ser dotado de palabra lee e interpreta su propia experiencia y la de los otros en forma de relato y así, su acción y las de los otros son entendidas como textos a interpretar. El lenguaje permite la construcción de significado de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Como afirma Ricoeur (2005), el ser humano es una unidad narrativa inserta en tradiciones, a cuya luz cobran sentido sus acciones y decisiones. Ricoeur (1999) destaca la creación de sentido a través de las acciones de la vida diaria. La acción y la palabra, se funden en este enfoque.

Las metodologías narrativas se ajustan a un modelo democrático y natural de investigación. Para una mayor comprensión del fenómeno de la exclusión, debemos conocer tanto el proceso de construcción como la vivencia de la misma exclusión. La investigación narrativa puede ser entendida como una subárea de la investigación cualitativa que se inscribe dentro de lo que se ha denominado el territorio de las escrituras del yo. Ya desde la Escuela de Chicago, en los años 20, se empezó a estudiar la vida social desde la perspectiva de los actores. El relato capta la riqueza y detalles de los significados de los asuntos humanos que difícilmente pueden ser recogidos por otros métodos (Parrilla y Susinos, 2005; Susinos y Parrilla, 2008).

Dentro del método biográfico-narrativo encontramos diversas modalidades, como son la biografía, la autobiografía, la historia oral, los diarios personales. Las más estandarizadas en la actualidad son los relatos de vida y las historias de vida. Entendemos por relatos de vida el registro literal de las sesiones de entrevista que el investigador realiza con el sujeto entrevistado. La historia de vida constituye el texto final que llega a las manos del lector. Es el resultado de un proceso de edición en el que la iniciativa y el trabajo corresponden al investigador. Todo el proceso de manipulación que supone la edición de una historia de vida no tiene por qué hacer perder validez a los resultados, siempre que se hagan constar explícitamente y con precisión, los criterios utilizados. En el caso de esta tesis ha supuesto: 1) Ordenar la información cronológica y temáticamente. 2) Recortar las digresiones y reiteraciones. 3) Ajustar el estilo oral del informante lo mínimo posible para que sea aceptable por éste. También he seguido la recomendación de Pujadas (2000) de realizar, al final del

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texto, una interpretación del significado de la historia de vida editada en el contexto de los objetivos temáticos y de la perspectiva teórica que ha guiado la investigación.

Según Susinos y Parrilla (2008) este método plantea la visibilidad del investigador en la elaboración del relato, en el que siempre está presente. Personalmente he optado por escribir las historias en tercera persona, pues así lo decidieron los entrevistados, pero integrando citas literales en primera persona, entrecomilladas para que se vea con claridad quien habla en cada momento. Otro dilema radica en la capacidad de generalización de las experiencias. Es una forma de creación de conocimiento contextualizada (Dossa, 2009), pero no obstante pueden aportarnos comprensión de otros similares y por lo tanto tener poder para ser generalizados en algún grado (Susinos y Parrilla, 2008).

Shaw (2003) afirma que el compartir una historia produce beneficios evidentes, entre ellos el sentido de perspectiva, el autoconocimiento, la creación de una comunidad y un mejor sentido de cómo uno quiere que acabe su historia. Pero el mismo autor nos advierte que este método puede caer en el sentimentalismo, despertando sentimientos que estaban aletargados. Esto nos impone una gran cautela como investigadores, ya que este método puede hacer aflorar aspectos traumáticos latentes de la vida de las personas. Por ejemplo, personas con enfermedad mental, pueden tener historias de abuso físico o sexual. El narrar una historia de vida donde aparezca el episodio de abuso puede reactivar reacciones traumáticas al mismo.

El ser escuchado le permite a la persona escucharse, supone una audiencia, una conexión del mundo personal con el mundo social que implica una ruptura de la situación de aislamiento en que se encuentran muchas veces. Supone un acto de reconocimiento de su humanidad y el inicio de un diálogo y un sentido de agencia, de participación activa. Nos permite el desvelar las estructuras de poder, la violencia estructural, que padecen las personas a las que ahora escuchamos. Así el acto de escuchar tiene cuatro fases: 1) La escucha empieza con hacerse preguntas sobre la naturaleza de la sociedad en la que vivimos. 2) Debe llevarnos a producir un cambio, desde nuestra posición social y política. 3) El escuchar implica reconocer que el cambio no se consigue de forma lineal ni está encapsulado en el individuo, sino que nos habla de la necesidad de crear comunidades de solidaridad donde las diferencias puedan ser acomodadas. 4) La escucha debe valorar y validar las formas de hablar de los grupos desempoderados con orden a que sus voces sean oídas.

Este acto de escuchar nos hace cuestionarnos cuál es nuestra responsabilidad como audiencia, ¿hasta qué punto nuestro silencio como sociedad no ha perpetuado las injusticias sociales? Las historias de vida plasman situaciones de opresión a nivel micro de la sociedad, que manifiestan las opresiones a nivel macro. El desafío radica