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NUEVAS PRAXIS UNIVERSITARIAS EN EL ESPÍRITU DEL APRENDIZAJE SERVICIO

1612.4 Luces y sombras del Espacio Europeo de Educación Superior

7. NUEVAS PRAXIS UNIVERSITARIAS EN EL ESPÍRITU DEL APRENDIZAJE SERVICIO

El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano. Platón

Hemos visto que los valores no se enseñan (Carillo, 2005) sino que deben ser degustados (Cortina, 2007). Debemos pensar en escenarios donde se pueda articular esta ética dialógica y transformadora. Pensar en cómo podemos rentabilizar el ingente capital intelectual y humano que está inerte en la universidad, que ante la actual crisis social y ecológica no nos podemos permitir. Por otro lado, está la necesidad de un aprendizaje que abandone la academia platónica y se sumerja en la realidad del mundo, que articule los ciclos de acción y reflexión, la investigación con la praxis, desarrollando una Universidad que se erija como profeta de la democracia.

Una de las praxis posibles es el A.S. (Puig et al. 2006), entendida como una aproximación a la enseñanza que integra el servicio a la comunidad con el estudio académico. Su objetivo es comprometer a los individuos en actividades que supongan un servicio a la comunidad, desarrollando un pensamiento crítico y reflexivo. El A.S. se da a través de un ciclo de acción y reflexión, a través del cual los estudiantes aplican lo que han aprendido a los problemas reales de una comunidad y al mismo tiempo reflexionan sobre esta experiencia. Supone un desarrollo de las distintas dimensiones humanas, intelectuales, afectivas y prácticas, cultivando la responsabilidad cívica y social. Esta educación se plantea a través de una vía personal, de una vía curricular y de una vía institucional. La personal se basa en la transmisión de valores por parte de

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los educadores. La curricular en las distintas actividades recogidas en la programación docente específicamente destinadas a la educación moral o que la afecten indirectamente, como el promocionar un aprendizaje cooperativo. La institucional deriva de la organización del centro como institución democrática (Puig et al. 1998).

Esta estrategia supone seguir la indicación de Pogge (2005), propiciando el encuentro con el Otro (Lévinas, 2000), en el espíritu de la ética de la liberación (Dussel, 2008) con su acento en la víctima. El estudiante se relaciona con un rostro, con una persona, sin reducirlo a diagnósticos y etiquetas que la deshumanizan. Es un encuentro espacial pero también temporal. Las investigaciones demuestran que una de las razones por la que las personas no siguen su tendencias biológicas para la compasión y la empatía, es que vivimos en una sociedad de trance, sumidos en nuestras preocupaciones y prisas cotidianas, que nos insensibilizan de la realidad que nos envuelve (Goleman, 2006). Este encuentro supone el inicio de un diálogo, en el espíritu de la ética del discurso (Apel, 2000), pues el estudiante y el Otro se encuentra en condiciones para entablar un verdadero diálogo. Este encuentro permite la comprensión de realidades tantas veces estudiadas, pero que no han sido más que abstracciones, estadísticas, que ahora se encarnan en el Otro. El estudiante deja de ser espectador moral porque el rostro le convida a actuar, para convertirse en actor, sujeto hacedor de realidades, conjuntamente con el Otro.

El A.S. ha sido propuesto como una buena estrategia de educación ciudadana. Está relacionado con el desarrollo de la capacidad de agencia, de ser autor en el mundo y por lo tanto, poder transformarlo. Kahne y Westheimer (2006) estudiaron el impacto en el sentido de agencia de proyectos altamente controlados y encaminados al éxito; y de otros, más reales y menos controlados, que no garantizaban el éxito. La investigación mostraba como los primeros daban a los estudiantes un sentimiento de éxito que se traducía en un deseo futuro de involucrarse en actividades cívicas y políticas. En el segundo caso los estudiantes mostraban la frustración propia que quien ha enfrentado la realidad social, lo que se traducía en una menor motivación futura de involucrarse en proyectos. Pero como bien afirman los autores, no nos debemos precipitar y afirmar que debemos desarrollar proyectos que aseguren puramente el éxito, ya que al hacerlo estamos despolitizando los proyectos en sí mismos, evitando los problemas sociales reales y las causas estructurales que los fundamentan. Por lo que se impone un difícil equilibrio entre ambas realidades. La dificultad no sólo radica en el hecho de que tenemos que dar a los estudiantes un desafío que no desborde sus capacidades, sin renunciar a la realidad, sino hacerlo al mismo tiempo que trabajamos con personas en situación de exclusión social, a las que

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tenemos que garantizar la mayor calidad de atención. Proyectos de A.S. como Miquel

Martí Pol basados en la realización de una actividad como es la jardinería, tienen un

impacto que va más allá de la educación en valores y el desarrollo de una ciudadanía ecológica, tan necesaria en nuestro tiempo de crisis ambiental, sino que impacta directamente en el bienestar de los estudiantes participantes. No debemos olvidar que los estudiantes forman parte de una sociedad caracterizada por altos niveles de sedentarismo, estrés, y adicciones de diversa índole. Creo fundamental el pensar en estrategias que promuevan el bienestar de nuestra comunidad estudiantil, para lo cual el A.S. nos puede dar un marco adecuado.

Debemos profundizar más en la comprensión del impacto que tiene el A.S. en los estudiantes. Cuando a través de esta estrategia los estudiantes están aprendiendo valores no solo se están formando para una ciudadanía comprometida. Los valores son el mapa que nos ayuda a guiarnos en nuestra vida, que nos dicen lo que está bien y lo que no, y que nos ayudan a dar un sentido a nuestra existencia. Por ello, la repercusión del aprendizaje en los valores va más allá de una escuela de ciudadanía y nos habla de la posibilidad de que la persona desarrolle una vida plena de significado. Si escuchamos a Frankl (1964), esta experiencia de sentido es el antídoto a graves problemas sociales como la depresión, que en el 2020 será la enfermedad más importante en el mundo; la agresión; y la adicción. Nuestros estudiantes no escapan a estas problemáticas. Personalmente creo preocupante la proliferación del consumo de drogas por parte de los estudiantes universitarios, sin ir más lejos, en el marco de las fiestas universitarias, donde prolifera alcohol, drogas de diseño, cocaína, etc. Tampoco podemos obviar la proliferación de actitudes violentas en la juventud, ni problemas como la depresión y el suicidio. Problemas, que en el caso de países como Corea del Sur, han mostrado que están relacionados con la extrema competitividad que afrontan durante los estudios y en la posterior entrada al mercado laboral. Estimo que el A.S. tiene un potencial en la educación integral de la persona, educación que haga realidad la visión de una Universidad como escuela para la vida.

Un desafío radica en cómo podemos integrar el A.S. en el currículo universitario de una forma sostenible, o cómo podemos financiar su desarrollo en una época de recortes presupuestarios. Pero ninguno de estos obstáculos es insalvable, desde la voluntad y la creatividad, en el marco de una Universidad comprometida con el bienestar de sus estudiantes y con la tarea de formar a estudiantes responsables ante la realidad social y ambiental del mundo contemporáneo, una Universidad que honre su misión primigenia, como profeta de la democracia.

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Capítulo VI. EL NACIMIENTO

El nacimiento es una nueva vida. Una nueva vida es esperanza. Una nueva

vida es un deseo. Una madre desea para su hijo una nueva vida larga y feliz, saludable y en paz. El nacimiento es optimista. Pero cuando Dios expulsó del paraíso a Adán y Eva les dijo: con dolor alumbrareis a vuestros hijos (Kadishman, 1999). Tras la reflexión se impone la acción humana, propia del espíritu de la I.A.P. Una acción transformadora, capaz de crear nuevas realidades. Conscientes de la dificultad, del dolor que supone, pero conscientes de que la acción humana es nuestra capacidad de crear milagros, engendramos una acción en el marco del proyecto Miquel Martí i Pol. Una acción que intenta abordar la pobreza, la exclusión y la salud desde una perspectiva ocupacional, recobrando así la visión de la Universidad como escuela de una ciudadanía (social y ecológica) teñida de cosmopolitismo, donde los estudiantes universitarios entran en contacto con el Otro, para crear una nueva realidad más justa y más bella.

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INTRODUCCIÓN

Mi respuesta a las realidades de la pobreza, el impacto negativo del desempleo y la precariedad laboral en la salud de las personas, el declinar de la ciudadanía y la necesidad de desarrollar nuevas praxis universitarias cristaliza, o mejor dicho florece, en el proyecto Miquel Martí i Pol, inspirado en el A.S. e iniciado en 2005 en la

Universitat de Vic. Este apartado final supone una reflexión sobre la motivación de mi

acción y sobre algunos de los elementos que considero importantes en su desarrollo, no para que sirvan de ejemplo de lo que hay que hacer, pero sí para que sirvan de reflexión, pues creo que mi experiencia realizando proyectos en el mundo de la cooperación internacional y de la acción social me permite aportar elementos para la discusión y el debate.

Mattingly (1994) afirma que a través de la creación de narrativas podemos encontrar sentido a nuestras vidas. En mi propia narrativa el llegar a ser docente universitario era una meta ya verbalizada desde pequeño. Siempre he sentido un sentimiento de profunda estima y respeto por la institución de la Universidad que para mí simboliza la escuela de la vida. Sinceramente creo que es una de las instituciones más hermosas e importantes que existen. Asimismo creo firmemente en el valor de la vocación y que el trabajo es mucho más que aquella actividad que te permite sustentarte. Es una senda de realización personal a través de la que podemos convertirnos en co-creadores del mundo.

Mi llegada a la universidad como estudiante no sació mis expectativas, pues me encontré con una universidad donde se nos transmitían conocimientos técnicos, pero donde los aspectos de índole existencial o social casi no se abordaban. De hecho estuve a punto de abandonar mis estudios y si no lo hice fue por terminar lo empezado. Mi labor profesional me permitió estudiar en algunas de las mejores universidades de Canadá o Suecia, así a mi vocación docente inicial se añadió el deseo de compartir las valiosas lecciones que había aprendido en el extranjero. Pero sobretodo quería enseñar lo que había aprendido con mis otros maestros, los ancianos mayas en Guatemala, los niños supervivientes de conflicto bélico en Bosnia y Kosovo, las comunidades inmigrantes o reclusas en España, etc. Mis experiencias profesionales han marcado mi ser, hacer y llegar a ser. Uno no olvida lo visto en los valles del sufrimiento, pero sobretodo no olvida su fortaleza y su profunda dignidad. Son verdaderos maestros. Mi misión al entrar en la Universidad era aportar mi grano de arena en la creación de una Universidad comprometida al servicio de la sociedad.

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Como docente sentí la necesidad de ir más allá del currículo establecido y crear un proyecto, inspirado en el A.S. que permitiera a los estudiantes el contacto con el Otro al mismo tiempo que colaborara en la transformación de la realidad social.

En este capítulo argumento como nuestra dimensión ética nos lleva a la acción, una acción que manifiesta la capacidad del ser humano de obrar milagros (Arendt, 1997). Ante la situación de injusticia desarrollamos un doble movimiento de denuncia y anuncio que deben estar asentados sobre un conocimiento de la realidad. El anuncio conlleva la visión, la creatividad, para diseñar nuevas utopías posibles. A la inspiración le debe seguir la transpiración, el trabajo. Un trabajo que debe ser compartido, pues transformar la realidad impone la creación de alianzas, en nuestro caso con las instituciones políticas, económicas y de la sociedad civil. Para que la sinergia entre las contrapartes funcione debemos ser capaces de ejercer un buen liderazgo, capaz de transformar la visión en realidad, así como de mantener a las distintas contrapartes unidas hasta la consecución de la meta. Liderazgo que busca empoderar, tanto a los estudiantes como a las personas en situación de exclusión con las que trabajamos, desarrollando un enfoque de las capacidades (Sen, 2000). El camino es arduo, por ello precisamos desarrollar nuestra capacidad de resiliencia, pues nuestro deseo de ser y de ser más choca con la realidad (Savater, 1982). Finalmente esbozo mi esquema de trabajo, conformado como una red de empresas que se retroalimentan mutuamente.