1096.6 Anemia del alma
7. LA UNIVERSIDAD FRENTE A LA POBREZA
Un grupo de ciudadanos bien organizados y con objetivos claros puede cambiar el mundo. De hecho, es lo único que ha logrado cambiarlo hasta ahora. Margaret Mead
La Universidad tiene la responsabilidad moral de convertirse en adalid de la lucha contra la pobreza. Los Objetivos del Milenio (ONU, 2010) y cómo reducir la exclusión social debe formar parte de los objetivos estratégicos de la Universidad. Se impone una labor educativa sobre la situación actual de la Humanidad. Los estudiantes deben ser conscientes de la pobreza como fenómeno global, pero también de que viven en un país donde la pobreza es un fenómeno estructural, agravado por la actual crisis económica, cuyos orígenes históricos están en la dictadura franquista y que afecta a la salud y a la educación, en especial la universitaria, de la que ellos forman parte. Esta educación debe ir acompañada de la reflexión y formación en competencias para la reducción de la pobreza, desde una visión interdisciplinar.
La Universidad, como institución destacada del Tercer Sector, debe tener una voz crítica ante la falta de inversión en educación o salud que se da en España. La intervención social nunca debe ser una forma de aplacar revueltas sociales, sino de empoderar a las personas, creando una sociedad más justa e inclusiva. La
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Universidad no puede permanecer ajena al debate intelectual sobre el fin del Estado
del bienestar. Si bien escapa al propósito de esta investigación el plantear una
alternativa a la sociedad neoliberal, sí que se impone una reflexión en las aulas sobre sus consecuencias, su inviabilidad, y el reflexionar sobre las alternativas que se están gestando dentro de los movimientos alter-globalizadores, como es el decrecimiento sereno (Latouche, 2009) para asegurar un desarrollo sostenible (Brundtland, 1987).
Este contacto con la pobreza no debe quedarse a nivel teórico, intelectual, una de las grandes razones de nuestra ausencia de respuesta moral ante la pobreza es que no la sentimos como un fenómeno cercano (Pogge, 2005). La Universidad puede ser un excelente lugar de encuentro con el Otro, con su mirada, con su rostro (Lévinas, 2000). Esto nos ayudará a confrontar nuestra responsabilidad moral ante su existencia y nos determinará a realizar acciones para erradicarla. Ante el ocaso de la moral (Lipovetsky, 1994), ante la anemia del alma, se impone una resacralización de la vida humana y la existencia. El encuentro con el Otro debe completarse con la educación moral de los estudiantes, que va más allá de la formación técnica de los mismos, y en la educación en una ciudadanía cosmopolita comprometida con la realidad social y medioambiental contemporánea. El Otro, el excluido, debe estar presente en la Universidad, entre otras cosas para hacer oír su voz. Muchos de los debates universitarios giran en torno a ellos, se estudian estrategias para mejorar su situación, pero todavía se suele hacer sin su participación, ya sea en el aula o en los congresos científicos que se organizan.
Se impone una labor de investigación. No es moralmente aceptable que la mayor parte de la investigación en la universidad solo esté centrada en ámbitos lucrativos, como las patentes para empresas. Debemos ser conscientes de la necesidad de financiación de la Universidad, pero debemos romper la subordinación de la Universidad al mundo del capital. Se debe incrementar la producción intelectual sobre la pobreza y cómo combatirla. La Universidad puede y debe convertirse en un laboratorio de proyectos innovadores en la lucha contra la pobreza. Para ello debe desprenderse de su exceso de burocracia para poder ser más dinámica y flexible. Esta tarea solo puede hacerse en alianza con las instituciones políticas y sociales. En estos proyectos las personas en situación de exclusión no deben ser los objetos de la intervención, sino protagonistas de su proceso. Debemos romper con el rol de asistidos (Paugan, 2007), que daña de forma contundente la identidad social de las personas y las estigmatiza (Goffman, 2006). Los proyectos deben transferir capacidades (Sen, 2000), empoderarlas como ciudadanas activas (Green, 2008). Se impone una Universidad como escuela de democracia y ciudadanía (Dewey, 1969).
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CAPÍTULO III PROMETEO
Prometeo (Kadishman, 1999), hermano de Atlas, es considerado un gran
benefactor de la Humanidad. Cuando tras un engaño Zeus se enfadó y privó a los hombres del fuego, Prometeo subió al monte Olimpo, lo cogió del carro de Helios y lo devolvió a los hombres. Para vengarse de esta ofensa, Zeus le llevo al Cáucaso y envió un águila para que se comiera el hígado de Prometeo. Como éste era inmortal el castigo iba a durar para siempre y el águila volvía cada día para comérselo. Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo y le salvó, aunque debía llevar un anillo unido a un trozo de la roca a la que fue encadenado.
La pobreza está imbricada en un sistema mundial basado en la globalización, también conocida como americanización. Esta globalización sigue las pautas de la economía neoliberal. No podemos intentar abordar la pobreza sin cuestionar el sistema relacionado con su producción, así como las consecuencias que tiene en la salud de las personas. El pensar alternativas a este sistema debe hacerse desde la comprensión de sus orígenes y evolución en relación al mundo laboral. El hombre ha creado un sistema económico que le encadena, como en el caso de Prometeo, a su propia creación y que devora su humanidad.
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INTRODUCCIÓNGanarás el pan con el sudor de tu frente. Génesis, 3:19
La precariedad laboral y el desempleo son dos de los factores determinantes tanto de la pobreza como de la salud. Son un problema candente, a nivel mundial y en nuestro país, donde una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas de julio de 2010 el 77.8% de los encuestados identificaron el paro como el principal problema (CIS, 2010). Esta encuesta refleja un país con un 20.09% de tasa de paro, con 4.645.500 de parados (INE, 2010) registrados durante el segundo trimestre de 2010.
Con Sachs (2005) disentía en que no cuestionaba el sistema corresponsable de la pobreza. El mundo del trabajo actual está marcado por el sistema capitalista neoliberal. La caída del muro de Berlín supuso el hundimiento de la alternativa comunista, salvo algunas excepciones, y la emergencia de la teoría del fin de la historia, que proclama el fin de las luchas ideológicas con el triunfo final del capitalismo (Fukuyama, 1993). La globalización, también llamada americanización al suponer la expansión del American way of life a escala mundial, ha llevado el capitalismo hasta los confines del planeta. Esta globalización económica no se ha acompañado de una globalización de los derechos humanos o de la solidaridad. Desarrollaré, pues, una visión crítica del capitalismo neoliberal al ser el sistema imperante, ésta no implica un posicionamiento a favor del comunismo. Esta visión comenzará por comprender su origen y evolución, desde el mundo de los artesanos. Si bien el capitalismo supuso en un principio un movimiento de liberación se ha convertido en uno de opresión, al convertirse el hombre en un engranaje de la máquina económica, que alinea al ser humano (Marcuse, 1968). Este sistema impone un darwinismo social, pero el ser humano tiene una moral biológica (Goleman, 2006). El desempleo conlleva que uno sea considerado superfluo, un residuo (Bauman, 2005 I), mientras que el trabajo precario provoca diversos malestares y la corrosión del carácter (Sennett, 2006), manifestada en la pérdida de la dimensión ética causada por la necesidad de adaptación a la tipología de trabajo actual. Destaca como el sistema económico actual ha fragmentado a las clases trabajadoras, fomentando la competencia por el trabajo y en el trabajo, en un escenario que supone el declinar de la cultura pública y de los lazos de solidaridad comunitarios (Bourdieu, 1999), donde se psiquiatrizan los problemas de índole social (Rendueles, 2006).
Así el trabajo se relaciona con la salud, considerada como una experiencia de bienestar (OMS, 1946). Salud que no podemos entender sin profundizar en sus
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determinantes sociales (CSDH, 2008) y especialmente en la comprensión del ser humano como ser ocupacional. La ocupación juega un rol clave en la salud de las personas, por ello desarrollaré una visión ocupacional de la salud (Wilcock, 1998); y está íntimamente relacionada con la ecología, por lo que desarrollaré una ecología ocupacional. La ocupación tiene un rol fundamental en el cambio hacia una nueva sociedad donde la economía esté al servicio del ser humano y se desarrolle en armonía con el medio natural. Este cambio puede empezar por un cambio interior en el seno del ser humano que debe desear más vida, al que debe seguir un cambio a nivel estructural, resignificando el tiempo de trabajo y ocio.