2. Referentes Teóricos
2.1. Acercamiento conceptual a la literatura infantil
En esta investigación la literatura es entendida como una obra de arte constituida por diferentes códigos y signos lingüísticos y no lingüísticos, que tiene como objetivo comunicar, transmitir, emociones, pensamientos, sensaciones, de diferente naturaleza. La investigación está basada, por una parte, en los planteamientos de Larrosa (2003), Petit (2001) y Rosenblatt (1978) en entender a la literatura como experiencia estética en el lector; y por otra parte en los fundamentos de la fenomenología husserliana (2003) la cual plantea que no sólo es posible realizar la interpretación de una obra literaria conociendo las intenciones del autor, sino también desde las interpretaciones propuestas por los lectores. En palabras de Eagletón (1998) ―los autores ponen los significados, pero las significaciones la ponen los lectores‖ (p.45).
Una obra literaria ofrece una experiencia especial que hace que al interactuar con el lector cambien cosas, los lectores se transforman o se deforman (Larrosa, 2003). Pues una experiencia lectora hace que el lector interprete con el contenido de la obra, una vez leída genera cambios en el mismo involucrando su intelecto, memoria, deseos, anhelos, imaginación y sentimientos. Es decir, la literatura por su literariedad (riqueza literaria) y es un referente para comprender el mundo y un pretexto para transformar al lector.
Para continuar abordando el concepto de literatura infantil, es necesario presentar el lugar de enunciación que para esta investigación tiene la literatura, para desde allí entender a profundidad la literatura infantil misma. Se parte de la premisa que la literatura es un arte, como dice Lozano (2011) la literatura es una obra de arte construida con palabras. Por ende, su interés es hacer algo que ha sido ofrecido a su sensibilidad y compartido a los demás.
La literatura adquiere significado cuando pasa por los sentidos al ser una producción estética. Por ello hoy en día la literatura ha permeado en la sociedad sin
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distinción alguna de raza, clase, sexo, estrato, ni edad; en la literatura subyace la historia, la cultura, los cambios sociales y en lo que respecta al concepto de literatura infantil la transformación de la concepción de infancia.
Hablar de literatura infantil, aunque no es nuevo, presenta cierto grado de complejidad debido a los mismos cambios ha sufrido a lo largo del tiempo. Sin embargo, después de un largo análisis de las concepciones brindadas por varios autores se toma como referencia la aportada por Mendoza (1999) citado por Núñez (2009) en la que se manifiesta que la literatura es un conjunto de producciones literarias de formación lingüística y cultural a las que el niño tiene acceso. Se infiere que tiene en cuenta la presencia de los códigos semióticos característicos en la literatura infantil, tales como la ilustración y los paratextos; así mismo, manifiesta que tiene acceso en tempranas edades más no la explícita a la infancia únicamente.
Del mismo modo se comparte de Vélez de Piedrahita (1993), quien considera que ―calificar de ‗infantil‘ a la literatura dirigida a la infancia, produce el efecto de una limitación, que conlleva la idea de parcialización o segregación‖ (Citado en Mejía, 2016, p. 38); esta última afirmación, por supuesto, es compartida por algunos que conocen la complejidad de los procesos de la infancia. En otras palabras, un buen libro para niños debe reunir todas las condiciones literarias, (dichas condiciones o características serán ampliadas posteriormente). Parafraseando a Da Coll (2007), un buen libro para niños, es un excelente libro para adultos.
Continuando con la aproximación conceptual se tiene en cuenta el aporte que realiza Rubió, referenciada por Núñez (2009), el cual consiste en tener en cuenta la literatura infantil como la rama de la literatura ―de imaginación que mejor se adapta a la capacidad de comprensión de la infancia y al mundo que de verdad les interesa‖ (p. 3). Al igual que la concepción aportada por Mendoza (1999), hacen libre la literatura infantil sin ataduras extremistas de edad. Desde esta perspectiva se tiene en cuenta el rol del receptor, como dice Borda (2002) es una visión que se vincula con la estética de la recepción.
Por tanto, para esta investigación la literatura infantil son aquellas producciones literarias centradas en la riqueza de las imágenes, con estructura narrativa y con una
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cadena de significaciones y simbolismos, que generan una experiencia estética a todo público lector y de manera enfática a la infancia.
Recapitulando, las manifestaciones de la literatura como lo son el libro-álbum y su riqueza en la imagen; el cuento y sus historias populares e ilustradas; la fábula con sus moralejas; la poesía con sus juegos de palabras, rimas, trabalenguas, retahílas; el teatro con sus libretos, marionetas y sombras; la novela con su narrativa; y por supuesto los mitos y leyendas con sus historias de creación, traen consigo no sólo aventura y diversión sino contenidos propios de ser valorados. Más adelante, se profundizará el que está directamente relacionado con el análisis a realizar en la presente investigación: el libro álbum.
2.1.3. Características de la literatura infantil
La literatura infantil debe traer consigo tres infaltables características que ubican a esta literatura con un público curioso, sensible y sincero que, en la gran mayoría, suelen ser niños (Vélez de Piedrahita, 1993). Estas son:
a- Descripciones claras, ágiles y cortas. Esto requiere una gran capacidad de síntesis y observación. Como por ejemplo la descripción de Willy el Tímido de Anthony Browne ―incapaz de matar una mosca‖.
b- Diálogo frecuente, también rápido de frases que comuniquen el pensamiento completo con pocas palabras. Un ejemplo de este puede ser la conversación adelantada entre el cerdo y el lobo en Mi día de suerte de Keiko Kasza.
c- Acción interrumpida y variada que cree suspenso y conmueva; dosis elevadas de imaginación, así trate de sucesos que parecen imposibles –volar, dialogar con animales- o aparentemente posibles. El ejemplo más claro se puede observar en el libro De Repente de Collin McNaughton.
A su vez, aporta Colomer (2002) una cuarta característica: La estructura narrativa. Es decir, las historias narradas la literatura infantil y por ende en el libro álbum. se
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estructuran organizando sucesos desarrollados en un tiempo y en forma de causa- efecto. En otras palabras, hay 5 elementos claves que nos mantienen atentos a la historia, a saber: inicio, tiempo y espacio, estructura, trama, intriga, y final.
Del mismo modo, Lluch (2004) manifiesta que la estructura narrativa contiene un esquema quinario, es decir incluye cinco momentos organizados de la siguiente manera: situación inicial, inicio de conflicto, conflicto, resolución del conflicto, y situación final. Se corresponde a lo que Colomer (2002) plantea, pero da mayor importancia al proceso mismo del conflicto.
Sumado a lo anterior, está el complemento que construye de Vásquez (2014), pues sostiene que la estructura narrativa responde a elementos más conocidos por los docentes y por ende a los que prestan mayor atención: ―la historia, los personajes, la trama, el narrador, el espacio y el tiempo, la focalización, los diálogos‖ (p. 341). Sin embargo, en concordancia con lo propuesto por el autor, es necesario recordar que las historias pueden ser ficticias, que sus personajes tienen características externas e internas, que responde a una estructura clara de la narración en donde hay ―un planteamiento, un conflicto, un nudo y un desenlace‖ (p. 341), que el narrador puede ser externo o interno a la historia, y que no se puede dejar de lado el tiempo y el espacio propio de la narración.
d- La intertextualidad: Es importante profundizar en la característica de la intertextualidad propia de todo tipo discursivo, que se hace evidente por supuesto en la literatura infantil debido a describe la congregación y relaciones con otros textos literarios que suscita la lectura, y además se complementa con lo que desarrollan las profesoras Lluch (2003) y Colomer (1993): la ideología.
A partir de los aportes realizados por los análisis de las profesoras Colomer (1993) y Lluch (2003) se asegura que hay ‗algo‘ que se deja ver entre líneas en la literatura infantil, ese algo se ha denominado ideología. Antes de desarrollar el concepto, es necesario aclarar que la ideología no es propia de la literatura para niños, esta se
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encuentra en todas partes: videojuegos, canciones, películas, periódicos, publicidad, juguetes, palabras, modas, clases, textos escolares, revistas… esta se encuentra en constante exposición a la que los niños tienen lugar (Machado, 2003).
A propósito de la ideología en la literatura infantil Lluch (2003) la define como la agrupación de creencias para leer el mundo. ―Por ideología entendemos el conjunto de conceptos, creencias e ideales que propone y que sustentan una manera de ver el mundo‖ (p. 33). En la literatura infantil esta ideología se ve reflejada en los valores, normas, o prejuicios enunciados en las narraciones. ―A partir de esta definición, afirmamos que todo relato transmite una determinada visión ideológica‖ (Lluch, 2003, p. 33). En otras palabras, aunque el autor no lo pretenda o no hubiese sido su objetivo principal o que el lector no siempre lo descubra, la ideología siempre ha estado allí reflejando un acumulado de creencias de la cultura y la época del autor. Como bien lo anuncia Lluch (2003) ―ningún texto es ideológicamente inocente‖ (p. 67).
En la presente investigación es pertinente tener en cuenta la ideología de la literatura infantil debido a que ofrece pistas para realizar el análisis, en este caso con los referentes temáticos vinculados al conflicto armado, para entender el contexto socio-cultural colombiano que envuelve a la publicación de algunos libros álbum, es decir se invita a conocer el mundo que están representando los libros álbumes en Colombia.
Por otro lado, Lluch (2003) define la literatura infantil como los mundos posibles, por ejemplo, las normas, valores, creencias… eso quiere decir que todo relato interpreta una determinada visión ideológica. De manera complementaria, Machado (2003) pone su mirada en la experiencia del artista, afirma que ―la ideología no debía formar parte de las intenciones del autor en el acto creativo, sino de las experiencias vitales del artista‖ (p. 65), desde el punto de vista del escritor, claro está.
En el texto Álbumes y otras lecturas. Análisis de los libros infantiles Durán (2009), llega a la misma reflexión que plantea Lluch (2003), Colomer (1993), Machado (2003) y Rodríguez (1994) en cuanto a la representación de los mundos posibles en la literatura infantil.
40 ¿Qué clase de mundos explican los cuentos? Un mundo simbólico. Un mundo en permanente evolución. Un mundo donde se invierten las pautas de acción de los personajes actanciales. En definitiva, un mundo utópico, porque los esquemas que se presentan los oyentes son esquemas de transgresión. O de transformación, como propone y expone Greimas (1966) (Durán, 2009, p. 133).
Es evidente que en el proceso de la lectura ocurre un efecto potente, en palabras de Colomer (2002) la ampliación de la experiencia ya que pone en contacto la manera de entender la realidad, especialmente la de otros contextos alejados al propio. Esa lejanía se puede interpretar en tiempo, espacio, o en aspectos sociales y culturales del lector (Colomer, 2002, p. 141) .
Cada relato construido implica la creación de mundos alternativos. Afirma Lluch (2003) ―Cada mundo posible establece una imagen de la realidad, que se construye de acuerdo con las instrucciones que funcionan en el mundo extraliterario y le permiten al autor crearlo, y al lector, entenderlo‖ (p. 110). En relación con lo propuesto por Colomer (2002) convergen en que pueden presentarse relaciones entre el lector y el escritor en términos de historia y/o ficción.