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¿Qué es el inconsciente productivo?

3. BATAILLE: el gasto y el sacrificio como comunicación

3.2. Acta est fabula

J. L. Nancy señala que la puesta en acto de la obra –el fascismo- es la idolatría, algo que, plasmado en el mandamiento de prohibición de construir imágenes en los textos conexos al corpus bíblico y en la tradición talmúdica y jasídica, se plasma en la prohibición de las formas consistentes, enteras y autónomas. A través del análisis de lo que supuso el exterminio judío, Nancy propone pensar la crisis de la representación y lo que ello supuso.

“la imposibilidad o prohibición, ya sea de reducir la realidad del exterminio a un bloque macizo de presencia significante (a un <<ídolo>>,

358 Foto de la película “La parada de los monstruos” de Tod Browning 359G.Bataille, La experiencia interior Ibid., p.129

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como si aún hubiera allí alguna significación posible, ya sea de proponer una realidad sensible, forma o figura, que remita a una forma inteligible, como si tuviera que haberla. Ahora bien, es preciso admitir que esto es lo que sucede cuando los monumentos o memoriales proceden de una voluntad de vaciar, literalmente, en el bronce (el hormigón o la película) el horror de los deportados precipitándose sobre los alambres de púa electrificados, o entregados en masa al gas y las llamas (…) Sin embargo no quiero sugerir que estas obras serían criticables o discutibles: en cierto sentido, escapan a cierto criterio estético (…) <<no representan>>, sino que conmemoran, es decir, se limitan a ser señales (…) Lo que se trata entonces de entender, aquello a lo que debemos volver, no es exactamente el horror o la santidad que ninguna representación, se supone, podría tocar (…) es más bien precisamente esto: que la efectividad de los campos habrá consistido, ante todo, en un aplastamiento de la representación misma, o de la posibilidad representativa, de modo que aquello, en efecto, o bien no tiene como objeto representar de ninguna manera, o bien somete a la representación a la prueba de sí misma: cómo dar presencia a lo que no es del orden de la representación”361

El problema que plantea el filósofo es cómo hacer presente lo que es del orden de lo incorporal, de lo infinito, sin que ello lleve a la muerte. Cómo representar la pulsión sin ponerla en acto, sin que ello nos lleve al fascismo –tal es el problema que ya Freud planteó en el Malestar en la Cultura-. ¿Cómo hacer para que ese doble no se convierta en una presencia totalizadora y absoluta? ¿No fue acaso lo que ocurrió en Auschwitz, una puesta en acto de la pulsión? Esa raza innoble (lo infinito), ese doble espectral del fascismo, encarnado en el judío, en el semejante, debía ser eliminada. Battaille, diría que en el fascismo no hubo comunicación posible. Hubo obra, la comunidad fue completada produciéndose una comunidad sin resto, sin objeto. Para Nancy, el nazismo en tanto crisis de la representación sería la puesta “bajo los ojos y en escena” de la “producción de la verdad in praesentia”, es decir, una presencia sin distancia de la esencia: el cuerpo ario como idea idéntica a una presencia o la presencia sin resto. Para el autor el nazismo es una “suprarepresentación”362 en la medida en que su objeto se

cumple por entero en la presencia manifestada. Abolición de la diferencia de sí.

361 J.L.Nancy, La representación prohibida, Amorrortu, Buenos Aires, 2006, p.33 362 J.L.Nancy, La representación prohibida, ibid., p.45

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“no remite a ninguna otra cosa que a su propio ser-presente, a su inmediatez o a su inmanencia, a su evidencia que se manifiesta por sí misma (como la verdad para Spinoza), pero que no manifiesta de tal modo nada más que esta manifestación misma (…) la suprarepresentación nazi es la revelación invertida, la revelación que, al revelar, no retira lo revelado sino que, por el contrario, lo exhibe, lo impone e impregna con él todas las fibras de la presencia y el presente”363

Lacan, diría que dicha presencia es toda, pues no tiene resto. El resto es el judío: “El judío, por el contrario, es para Hitler, justamente, el representante de la representación en su sentido ordinario y peyorativo: el único arte en el que el judío tiene éxito es el de comediante”364. Trataré esta misma figura del comediante en el apartado sobre Lacan

con Chaplin: lo cómico y lo cómico puro. La suprarepresentación es la muerte misma o

la no-representación: la presencia auténtica. El judío como cómico representaría la presencia vaciada, la distancia –la risa del rodeo, o la no presencia-. En palabras de Nancy:

“En Auschwitz, Occidente tocó lo siguiente: la voluntad de presentarse de lo

que está fuera de la presencia y, por tanto, la voluntad de una representación sin resto, sin vaciamiento o sin retirada”365

Lo cómico, encarnado en el judío, sería la diferencia de la presencia consigo misma que fue eliminada, lo que Nancy denomina la muerte “en cuanto inapropiable propiedad de

la existencia” “los hombres morían por todas partes, pero la figura de la Muerte había desaparecido”. La pulsión puesta en acto lo que prohíbe es la posibilidad de toda

imagen, excluye lo que el autor ha venido en denominar la “representación prohibida” que es precisamente lo que da el sentido o la retirada misma de la presencia: “la negativa a poner en escena”. Con el concepto de “representación prohibida” el filósofo apunta a la resistencia de “hacer obra”, resistencia que lo es a dejar un resto, salvar la distancia o dejar abierta o incumplida la verdad366. Es aquello a lo que alude el autor

363 J.L.Nancy ,ibid., p. 47 364 J.L.Nancy, ibid., p.44 365 J.L.Nancy, ibid., p.54

366 C.R.Marciel, Nancytropías. Topografías de una filosofía por venir en Jean-Luc-Nancy, Gykinson, Madrid,

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con el término de “no tocar” el cuerpo, rodeo del amado entorno a la amada, instante, punto de concentración del pasado puro en el presente. Se trata, tal y como veremos a continuación con Klossowiski, del instante en el que Lucrecia se resiste mostrándonos las mil y una posibilidades de reescritura del cuerpo, “la vista anterior a todo lo visible”. Un nuevo nombramiento del cuerpo de goce que pasa por el no tocar al otro, (al semejante), pues tal y como señalaba más arriba con Bataille, es en la distancia misma con el otro como se crea “la relación o comunicación”. Es el afecto surgido de la relación con el otro lo que nos permite que surja lo incorporal encarnado en lo finito. Nancy explica cómo ese instante, el tiempo, da lugar a la risa. Cómo el tiempo viene espaciado a través de la escritura: una escritura de la risa, tal y como veremos con Klossowiski. Así, lo que plantea el filósofo es que para extraer el objeto del Otro es preciso no eliminar al semejante, “no tocarlo”.

“Noli me tangere”367 –“no me toques”-, es un episodio del evangelio de

Juan368 en la que Jesús una vez resucitado ante María Magdalena le pronuncia

dicha frase:

“<<no me toques>> es una frase que toca, que no puede no hacerlo, incluso aislada de su contexto. Enuncia algo del acto de tocar en general, o toca el punto sensible del tacto: ese punto sensible que el tocar constituye por excelencia (es, en resumidas cuentas, <<el>> punto de lo sensible) y lo que en él forma el punto sensible. Ahora bien, ese punto es precisamente el punto en que el tocar no toca, no debe tocar para ejercer su toque (su arte, su tacto, su gracia): el punto o el espacio sin dimensión que separa lo que el tocar reúne, la línea que separa el tocar de lo tocado y por tanto el toque de sí mismo”369

Cristo rechaza que María Magdalena toque su cuerpo resucitado, su cuerpo presente o su presencia manifiesta, porque es únicamente de ese modo en el que ella podrá acceder a su “presencia real”. Tocarlo sería retenerlo, aprisionarlo y sin embargo él debe

367 J.L.Nancy, Noli me tangere. Ensayo sobre el levantamiento del cuerpo, Mínima Trotta, Madrid, 2006. 368La escena es la siguiente: María Magdalena llega al sepulcro y lo encuentra vacio y dos ángeles lo ocupan.

Estos le preguntan que por qué llora y ella les responde que se han llevado el cuerpo de su Señor y no sabe dónde lo han puesto. Una vez dicho esto se vuelve y ve a Jesús, de pié, pero en un principio no se percata que era él, creyendo que era el encargado del huerto. Éste le pregunta que por qué llora y ella se vuelve y le dice en hebreo: "Rabbuní" (Maestro). Entonces Jesús le dice: "No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios". Consiguientemente María se va donde los discípulos y les remite que había visto al Señor y lo que había dicho.

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marchar. Tocarlo sería hacerlo inmediato, no dejar que la presencia se sustraiga, no dejar que se dé el sentido370. La presencia sería aquello del orden de lo inmóvil o

idéntico a sí mismo, del orden de lo corporal, mientras que dejarlo marchar sería la diferencia o el vaciamiento de la presencia, lo incorporal. Vemos por tanto que existen dos modos del tocar: el de la presencia, que es del orden de la retención, de lo finito y, otro, el del “no tocar”. No tocar sería, según el autor, otra forma del “tocar”:

“te toca por su misma distancia (en los dos sentidos de la expresión: te toca desde y con su distancia) como lo que, al frustrar definitivamente tu espera, hace surgir ante ti, para ti aquello mismo que no surge, aquello de lo que la surrección o la insurrección es una gloria que no responde a tu mano tendida y la aparta”371

Este último modo de “tocar” es el del ser, el ser que no es más que la distancia, el espacio o la sustracción de la presencia, lo divino añadido a la presencia: aquello que no se ve, pero sin embargo resplandece. Se trata de ver lo invisible o tocar lo intocable.

La escena de “Noli metangeri” y el cuadro de Lucrecia al que aludiré en el apartado de Klossowiski, son dos escenas del instante, dos imágenes contenidas, dos figuraciones que apelan a la distancia. En Lucrecia el gesto de su mano, retiene y contiene para dejar

370 En este mismo sentido el autor señala: “comprender que ninguna presencia presenta el alejamiento en que se ausenta la verdad de la propia presencia”.

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paso, mientras que en el noli metangeri, el no tocar es la única manera de tocar. Es en las manos dónde esto se hace patente:

“pues esas manos son en efecto los signos y las señales de la intriga de una

llegada (la de Magdalena) y una partida (de la Jesús), manos listas a unirse pero ya desunidas y distantes como la sombra y la luz, manos que intercambian saludos mezclados con deseos, manos que muestran los cuerpos tanto como señalan al cielo”372

Lo mismo podríamos decir del caso de Lucrecia en el que la llegada y la partida se hace patente en el movimiento contradictorio de sus manos: ambas se mantienen gracias a este gesto en la distancia, en la ambigüedad. Noli me tangere es la historia de cómo María Magdalena con su gesto descubre la presencia de la ausencia, el lado divino que emana del “no me toques” mostrándonos que la verdad no puede ser retenida de ningún modo.

“Lo ha amado y, al convertirse en amante, ha dejado de estar en el pecado. No por abandonar la prostitución saldría del pecado: pues se trata de salir de sí, y esto no es posible más que en el amor. Pero lo ha amado porque ha sabido que él la amaba. Lo ha sabido o lo ha creído: tanto de lo uno como lo otro. El amor que la hubo abandonado la alcanza en su abandono. Porque el amor no ama salvo cuando va ahí donde está perdido, ahí donde se perdió”373

María Magdalena narra la pérdida o la partida de Jesús, la historia del amor. Ella es evocación de aquello de la presencia que quedó en las profundidades y ahora es traído a la superficie. Esta mujer, tal y como señala el filósofo: “¿Quizás la mujer?”, no es más que el “entre”, el “entre” de la gracia y el pecado o la virtud y la perdición; ella es la separación misma o la risa discreta. En el apartado siguiente estudiaré la respuesta particular que P. Klossowiski elabora respecto al trauma. Esta tiene relación con la distancia a la que alude Nancy y que Klossowiski coloca en el término solecismo.

372 J.L.Nancy, Noli me tangere. Ensayo sobre el levantamiento del cuerpo, ibid.,p.54 373 J.L.Nancy, Noli me tangere. Ensayo sobre el levantamiento del cuerpo, ibid.,p.94

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