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El héroe moderno o la operación del chiste: la metáfora

Capítulo II. LA MAQUINARIA 177 DE LO CÓMICO

2. De la Comedia a lo Cómico: del héroe moderno al héroe griego

2.1 El héroe moderno o la operación del chiste: la metáfora

En el capítulo XV de su Seminario V, Lacan escribe:

“vemos perfectamente que de lo que se trata en un análisis, en la comprensión de una estructura subjetiva, es siempre de algo que nos muestra al sujeto comprometido propiamente en un proceso de reconocimiento –pero, ¿reconocimiento de qué?”210.

El reconocimiento al que Lacan se refiere es de carácter inconsciente, es decir, se trata de la alteridad del significante por la que el sujeto queda dividido. ¿De qué se trata en esta división? La división alude a que el ser del sujeto está representado en el signo. El sujeto queda representado por el signo del significante que va a denominar Ideal del Yo.

“La comedia no es lo cómico” señala el autor. La comedia está en estrecha relación con la comunidad y manifiesta la relación con el orden significante en la aparición del falo. Lacan lo explica a través de la famosa obra de Jean Genet, intitulada “El Balcón”211 en la

que analiza todas las insignias de lo simbólico en las que el sujeto queda alienado: el obispo, el juez y el general, distintas formas del Ideal del yo. Una vez presentadas estas

210 J.LACAN, Seminario V, Las formaciones de Inconsciente, op.cit., p.264 211 J.Genet, El balcón, Losada, Oviedo, 2003

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figuras comienza la comedia que consiste en gozar de sus funciones, algo que al final del relato deriva en perversión212. Los cargos se encuentran tranquilos en el principio del

placer de su perversión pero llega un momento en el que deben asumir sus funciones. Se les necesita como representantes de los poderes que representan. Los cargos aceptan con repugnancia, pues entienden que una cosa es gozar y otra muy distinta son las responsabilidades que implican esa funciones. Lacan señala que se trata de una farsa, de una caricatura. Se pone en tela de juicio la posición de los poderes, la relación del sujeto con la palabra. Estamos situados en plena máquina paterna, en la constitución del I(A) del yo: el objeto perdido queda sustituido por la falta que no es otra cosa que la identificación con el Ideal del yo. Lacan señala lo siguiente:

“Entonces llegamos al enrolamiento de los perversos a los que hemos visto exhibirse durante todo el primer acto, y a la asunción auténtica e integral por su parte de las funciones recíprocas (…) se establece un diálogo de una licencia política considerable entre ellos y el personaje del prefecto de policía, quien los necesita como representantes de los poderes (…) aceptan no sin alguna repugnancia, comprendiendo perfectamente que una cosa es gozar bien calentitos (…) y otra cosa distinta es exponerse a que se vuelvan las tornas, incluso a las responsabilidades que implican esas funciones realmente absurdas”213.

Así es como lo expresa el personaje del obispo en la obra de Genet:

“Está bien. En este caso, volvamos a nuestras habitaciones, para seguir buscando en ellas una dignidad absoluta. Más hubiera valido no salir de ellas jamás. Porque en ellas estábamos a gusto y usted vino a extraernos. Porque, señor era una situación agradable. Una condición muy tranquila: en paz, en la dulzura, detrás de los postigos, detrás de las cortinas acolchadas, protegidos por unas mujeres solicitas, protegidos por una policía que protege a los burdeles, podíamos ser general, juez y obispo hasta la perfección y hasta el gozo. De este estado adorable, envidiable, sin desgracia, usted nos ha sacado

212 A este respecto Lacan nos aporta el ejemplo de la “Risus Pascalis” una costumbre desarrollada en la Edad

Media, en la que los sacerdotes divertían a sus fieles diciendo y haciendo chistes y gestos obscenos ante el altar.

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brutalmente, pero después hemos probado otras dulzuras: las dulzuras amargas de la acción y de la responsabilidad”214.

Otro de los personajes, el prefecto de policía, pide que se le dé un símbolo como a los otros. Quiere un símbolo de reconocimiento y cuál es el asombro de los demás personajes cuando se enteran que lo que reclama es un falo:

“Señores, tengo bastante confianza en su juicio y en su abnegación. Bien mirado todo, puedo sostener el combate también por la audacia de las ideas. Además al fin y al cabo, ya no sé qué hacer. He aquí me han aconsejado aparecer bajo la forma de un falo gigante, de un sexo mayúsculo”215

Este personaje una vez que consigue demostrar que solo él es el orden y el centro de todo, a través de la fuerza, llevando hasta sus últimas consecuencias el Ideal216 , reclama

el símbolo, el falo. Enseguida los otros personajes hacen referencia a sus propias insignias: el obispo el Espíritu Santo, la Vara de Justicia para el juez, y el emblema patriótico para el general; todas ellas representaciones del Falo o Ideal. La conclusión de Lacan es bien clara:

“ese sujeto, el que representa el simple deseo que tiene el hombre de alcanzar de forma auténtica su propia existencia y su propio pensamiento, un valor que no sea distinto de su carne, ese sujeto que está ahí representando al hombre, el que ha combatido para que hasta ahora hemos llamado el quilombo recupere sus cabales, una norma, un estado que pueda ser aceptado como plenamente humano, sólo se reintegra en él, una vez pasada la prueba, a condición de castrarse. Es decir, a condición de hacer que el falo sea promovido de nuevo al estado de significante, como algo que puede dar o retirar, conferir o no conferir aquel que se confunde entonces, de la forma más explícita, con la imagen del creador del significante, del Padre Nuestro”217

214 J.Genet, El balcón. Losada, Madrid, 2003, p.111. 215 J. Genet, ibid., p. 117

216 He aquí que Lacan señala lo siguiente en relación a este personaje: “o sea que en último término lo único que hay es la fuerza bruta, lo cual no deja de tener sentido, pues el descubrimiento del Ideal del yo por parte de Freud coincidió más o menos con la inauguración en Europa de aquel tipo de personaje que ofrece a la comunidad política una identificación única y fácil, a saber, el dictador”, LACAN, J.: Seminario V: Las formaciones del inconsciente, op.cit., p.275.

217 Ibid, p. 276. En efecto la obra de Genet termina así: “Padre nuestro que estás en los cielos…”, p. 120. Por

otra parte el autor al comienzo de la obra nos regala una advertencia que hace referencia a la poesía y al teatro, que se encuentra en estrecha relación con la explicación de Lacan sobre el Falo como emblema: “ (…) Algunos

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En efecto, el Padre Nuestro, es el símbolo por antonomasia del Ideal. Freud narra su surgimiento a través del mito del Padre Muerto de Totém y Tabú218, que una vez

asesinado se convierte en símbolo omnipotente, al igual que Cristo. Sólo queda adorarle. La comedia por tanto es la del falo, la del héroe quien consigue taponar su ser con la identidad. Siguiendo el hilo de lo que señalaba en los primeros apartados, el chiste sería precisamente aquella operación metafórica que muestra el héroe moderno, el surgimiento de la identificación. Pero, ¿cómo se ingresa en la identificación? En el chiste la principal propiedad es la del Otro tercero: el sujeto recibe su propio mensaje desde el Otro por lo que el emisor es el receptor y el receptor es el emisor219. La función que se le asigna al Otro es la de puntuar el discurso, el mensaje que emite el sujeto. En el Chiste, depende de la puntuación que se le dé para que tome una u otra significación.

poetas de nuestros días se entregan a una operación muy curiosa: cantan al Pueblo, a la Libertad, a la Revolución, que por ser cantados se ven arrojados y clavados en un firmamento abstracto, donde figuran, derrotados, y desinflados, en constelaciones deformes. Desencarnados, se vuelven intocables. ¿Cómo acercárseles, amarlos, vivirlos, si se los ha enviado tan extraordinariamente lejos? Escritos a veces lujosamente, se convierten en los signos constituyentes de un poema; y como la poesía es nostalgia y el canto destruye su pretexto, nuestros poetas matan lo que querían hacer vivir. ¿Quizás no me hago entender con claridad?”. Genet advierte que la revolución elevada a la Idea o Ideal, en definitiva convertida en insignia, en

el falo mismo, termina como su obra, en pura comedia.

218 S.FREUD, Totem e tabú, Grandi Tascabili Economici Newton, Roma, 2003.

219Esta función del Otro es privilegiada en tanto que tiene el poder de privar a la necesidad con la presencia y

no con el objeto: el sujeto pasa a demandar una prueba de amor, a saber, la presencia del Otro. En lugar de la necesidad se demanda la presencia del Otro, y a cambio se produce la condición absoluta del deseo. Así pues, el deseo implica la diferencia entre la demanda y la necesidad: necesidad menos demanda deja un resto. Dicho resto llamado deseo está determinado por la demanda del Otro.

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A es lo que Lacan denomina tesoro del significantes220, mientras que S(A)221 sería la

puntuación. A este circuito Alfredo Eidelstein lo denomina “el círculo infernal de la

demanda”222, circuito que en este trabajo he denominado como la comedia: el efecto del

encuentro con la función de la demanda o la articulación entre significantes. La repetición de Lo Mismo se enmarca en este circuito, siendo la búsqueda del objeto a caído en las profundidades. Aquí es dónde Lacan sitúa el matema el S1-S2.El Chiste es

una construcción metafórica que ilustra la construcción del Nombre del Padre y narra el procedimiento de la comedia cuya composición es la del S1-S2. En el grafo tenemos

varios puntos importantes señalados por Lacan. Vayamos por partes:

Este esquema responde a la parte inferior del grafo. En “Subversión del sujeto”223

Lacan señala:

“el rasgo unario que, por colmar la marca invisible que el sujeto recibe del significante, aliena a ese sujeto en la identificación primera que forma el ideal del yo”

La insignia que todavía no es significante como tal, rellena la marca o huella dejada por el significante del sujeto. De aquí se podría deducir que no hay sujeto antes de la identificación primaria, sino que en el 0 o agujero, todos somos iguales. Es necesario realizar todo el recorrido del Chiste o Nombre del padre para obtener la particularidad

220 El tesoro significante hay que distinguirlo del código. Mientras que el código es la relación unívoca entre un

signo y una cosa, el tesoro significante está compuesto de significantes que para su constitución necesitan de la oposición del resto de los significantes. En el Otro (A) no hay relación entre los signos y las cosas, a demás de que hay que tener en cuenta que está compuesto por un número determinado de significantes. El código es completo, mientras que el tesoro significante es incompleto.

221 El S(A) remite al significado del Otro 222 A.Eidelsztein, El grafo del deseo, op.cit., p.71

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que nos hace únicos224. En efecto, estamos en el nivel del 0 y el 1. Este Uno del Otro, el

Ideal aislado, dota al Otro de omnipotencia. Eidelsztein señala:

“El problema es que cuando es uno y sólo uno, no es todavía un significante, es, por así decirlo, una insignia. Para ser significante, significante uno, debería haber sido S1; pero S2 ya está remitiendo a S2 y ya no permite escribir la omnipotencia del Uno”225

Si dicho grafo lo dividimos en dos partes tenemos por un lado, la línea que va del S/ al I(A). Esta dirección es la que Lacan denomina “petrificación” o Identificación Primaria en dónde el sujeto queda borrado por el Ideal, petrificado. El sujeto queda sumergido en la metonimia cuyo circuito es el que va de de S(A) hacia A, de ahí hacia i(a), después al moi (m) y desde ahí vuelve a la significación del Otro o S(A). Este último es el caso el del S1 metonímico en dónde el goce se infinitiza para intentar sostener al Otro226.Por

otro lado, la metáfora, que es el intento de construir un otro o S2 que hace de punto de

detención de la metonimia y produce un nuevo sentido “famillonarimente”. Así pues, en el grafo tenemos las dos partes de la Máquina Paterna, la metáfora y la metonimia:

 circuito metonímico, como ya hemos dicho, es el que va de de S(A) hacia A, de ahí hacia i(a), después al moi (m) y desde ahí vuelve a la significación del Otro o S(A). Mientras que el metafórico va de S (Ⱥ) 227 el significante de una falta en el

Otro, pasando por el fantasma y llega a S(A) síntoma significante228.

La máquina de la Metáfora Paterna es la construcción del nombre propio u adhesión a una identidad que se fundamenta en la operación metáfora. Para que la metáfora pueda construirse, necesita de la metonimia. De este modo es como la identidad oculta –

unterdruk- al ser mismo. Veamos pues qué es lo que Lacan nos señala respecto a “eso”

que permanece oculto y se encuentra del lado de la metonimia.

224 Véase a este respecto el capítulo “Somos semejantes, somos únicos”. S.AMIGO, Clínica del fracaso del fantasma, op.cit.,p.111

225 A.Eidelsztein, El grafo del deseo, op.cit., p.89

226 En este punto encontramos las referencias clínicas como la fuga de ideas en la manía, en la psicosis la

deslocalización del cuerpo, en la obsesión e la paso de una idea a otra etc…

227 Significante de la Castración del Otro.

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