Los apartados que aquí siguen tratan de mostrar el paso del síntoma entre simbólico y real. En su discurso de Roma Lacan señaló al síntoma como “lo que viene de lo Real
como “lo que anda mal, lo que se pone en cruz ante la carretera, más aún, lo que no deja nunca de repetirse para estorbar ese andar”. Estudiaré el paso entre el síntoma
imaginario-simbólico (metafórico) y el síntoma simbólico-real, para mostrar lo que podría ser la extracción de la letra en algunos autores. Es el paso de la Repetición de lo Mismo a la Repetición de la Diferencia en dónde la marca de la fijación pulsional se torna de necesaria a contingente, extrayendo de la identidad de la fijación la diferencia.
“Todo Uno”, es aquí, un Uno cualquiera…de este enjambre de Unos. La noción misma de trauma soporta del azar la marca singular que constituirá el síntoma como consecuencia del encuentro, también singular, de cada ser hablante, con el hecho de que la relación sexual es imposible. Esa marca, en efecto, podría siempre haber sido otra, no es más necesaria que tal acontecimiento traumático en sí mismo: ninguna necesidad, su régimen es el de la contingencia. Pero luego, esa letra, en su iteración, deviene necesaria- es la repetición del síntoma- y ya no da lo mismo el Uno del que se trata. Del contingente encuentro con lo imposible, a la necesidad: del trauma al síntoma”281
Analizaré cómo esa marca del trauma o de la cicatriz se desdobla de su significación fantasmática fija para mostrar sus diferencias y sus rodeos. Para ello estudiaré cómo algunos autores que parten de lo que he denominado el problema o el trauma, se decantan por otra salida que no es la de la Repetición de Lo Mismo o desesperación sino una repetición que vistiendo la fijación la convierte en algo creativo. Se trata de la soledad constitutiva y de cómo el sujeto se relaciona con ella –aludiendo a Pereña-.
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1. El síntoma y la repetición
“El síntoma se distingue del fantasma en que el fantasma tiene esa vertiente interpretativa, es un modo de interpretar y de velar, y a la vez de ordenar los encuentros, las satisfacciones, las reclamaciones, etc. Es un orden que da sentido a la relación con el otro. La diferencia es que el síntoma repite el punto de fracaso, de pérdida y de desencuentro. El fantasma, por el contrario, da sentido a lo que ha sucedido”282
Lo contradictorio se encuentra en el centro del síntoma: una relación entre la palabra y el cuerpo283. En él, hay algo del orden de la sustitución, un significante se presenta en el
lugar de otro, a saber:
S1
---
S2
En psicoanálisis el síntoma está en estrecha relación con la repetición de la pulsión – Repetición de Lo Mismo- pero también con el deseo -Repetición de la Diferencia-. Se encuentra a caballo entre las dos repeticiones: como síntoma patológico y como respuesta singular del sujeto a lo traumático. En efecto, el síntoma es la repetición de lo reprimido, pero, ¿a qué represión me refiero?, se trata de la represión originaria freudiana, la Urverdrängung. Lo reprimido es lo traumático, siendo éste:
“no sólo el hecho acontecido sino, sobre todo, la carencia de recursos psíquicos para incorporarlo y elaborarlo, para incluirlo como parte del tejido psíquico.
282 F.Pereña, Apuntes para una psicopatología infantil, Revista de la Asociación española de Neuropsicologia,
2011, pp 255-269
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Por eso podemos decir que el trauma es la pérdida de realidad (…), lo propio del trauma es quedar cortado de su realidad y ese corte es el sujeto mismo”284
Freud observo que sus pacientes no recordaban nada de lo que pudo ocasionar su sufrimiento sin embargo se veían obligados a repetir. Sería por tanto una tendencia virtual que busca nuevos objetos (objetos actuales) que puedan satisfacer las vivencias de satisfacción pasadas, huellas mnémicas. El síntoma a través de la repetición es la insistencia de la huella que empuja una y otra vez para ser conocida. En el síntoma se encuentra lo que Lacan denominó el “goce”, el objeto a como repetición, el objeto perdido que va a ser satisfecho, no siempre del todo, mediante la sustitución. El síntoma por tanto se revela a través de la repetición y lo que es al sujeto, el corte de realidad, lo traumático mismo y su deseo a través del empuje hacia la vida. Sin repetición, por tanto no habría sujeto, pues ésta es la relación misma que permite una y otra vez el surgimiento del sujeto de deseo. El síntoma es en sí mismo cómico. ¿Por qué? El síntoma es aquello que la histeria quiere y no quiere sacarse, aquello que supone su satisfacción pero también su insatisfacción, en palabras de Lombardi:
“El síntoma además es sufrimiento. Pero un su sufrimiento que toma una coloración especial: en la medida en que en el inconsciente puede ser interpretado en términos sexuales, toma allí el valor de una satisfacción sustitutiva. Pero también puede suceder que el síntoma engendre un deseo en el sujeto de liberarse de él, de aliviarse de él. Así podemos oponer lo que hay en el síntoma de satisfacción a lo que hay en él de insatisfacción, de deseo de sacarse de encima el goce”285
El síntoma que encierra en su núcleo la contradicción misma, también nos muestra lo cómico, una comedia en la que el sujeto todavía no ha entendido la contradicción o la oposición. Sin embargo el síntoma es la primera manifestación de dicha contradicción, a saber de cómo la repetición de lo Mismo queda vestida, envuelta y diferenciada. En el síntoma es el cuerpo el que comprende la oposición, la muestra una y otra vez para que el sujeto pueda llegar a captarla. Tal y como veremos más adelante, Chaplin aparece como si fuera una marioneta movida por hilos de su cuerpo, escena mítica de Tiempos
Modernos en dónde Chaplin obrero en la cadena de montaje no puede parar de apretar
284 F.Pereña, El hombre sin argumento, op.cit., p.17
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tuercas aún cuando la cadena se acaba y poseído por una fuerza que le hace salir de la fábrica y apretar los botones del vestido de una señora que pasa por la calle. Siempre podemos leer en la cara Chaplin, ese gesto que dice: uy ¡si yo no quería! Lo cómico está aquí en el fallo o en su contradicción encarnada. Tanto lo cómico como el síntoma exhiben la Repetición, que es Relación o distancia en dónde el sujeto se muestra en su contradicción misma. Como ya señalé, retomando el ejemplo de Chaplin, la repetición sería el movimiento por el que Chaplin siempre se nos muestra en sí mismo y fuera de sí: bombero, policía, payaso, dictador…Chaplin. Por ello en este trabajo la Repetición no es más que lo cómico, el tránsito que da la posibilidad y la posibilidad misma, tal y como señala Zizek:
“Resulta algo sumamente humorístico la experiencia común de muchos investigadores quienes tras dedicarse muchos años a la filosofía, transitan todas las épocas del pensamiento desde la Grecia antigua pasando por las escuelas helenísticas, la edad media, el renacimiento, y la edad moderna, incluso llegan al pensamiento contemporáneo y regresar a Hegel y, en él, estudian juiciosamente su sistema desde la ciencia de la lógica, la ciencia de la naturaleza y terminar en la ciencia del espíritu: hasta culminar en el último apartado de la idea absoluta para descubrir que todo ese tránsito tiene como combustible la propia actividad intelectual, en otras palabras: la mente se reconoce con la mente y descubre que lo que había por descubrir es uno mismo”286
El sujeto engloba la contradicción y el deseo. Tal y como señala Lombardi: “pasa a lo
real de la pulsión (…) inscribir el deseo en el circuito de la pulsión quiere decir que es un deseo que ya no pide al Otro sino que toma, toma lo que hay, toma los significantes para introducir una combinación novedosa en lo real”287. Así pues, sin Repetición no
hay sujeto y a su vez la Repetición es el movimiento cómico por el que éste surge. Es a dicho movimiento o tránsito al que he llamado “operación cómica”, operación en la que la repetición de Lo Mismo queda vestida para mostrar la intimidad del sujeto. Así, hemos visto como en el apartado de La Máquina de lo Cómico una de las formas o vestidos de lo traumático era la “sustitución”, respuesta que ha quedado estudiada a
286 Revista estudios Hegelianos, Centro de estudios hegelianos, Valparaiso, Chile, nº2 287 G. Lombardi, El síntoma y el acto, Atuel, Buenos Aires, 1993, p.175
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través del Chiste. En efecto, hablar es ya de por si vestir o diferenciar el trauma de sí mismo, desdoblarlo. A partir de aquí se puede producir la sustitución de la fijación, a través del Nombre del Padre que hace que la libido circule. En palabras de Freud: “la
fijación, que precede y condiciona la represión, y la represión propiamente dicha, que opera sobre la fijación, mediante el desplazamiento del afecto y sustitución significante, produciendo de esa manera el síntoma”. Así es como en el síntoma de la parálisis
histérica, lo traumático, queda desdoblado o desplazado al cuerpo al modo de una solución de compromiso.