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Actividades que comúnmente desarrolla el psicoanalista.

LA CLÍNICA PSICOANALÍTICA EN MÉXICO

3.4. Concepto de psicoanalista.

3.4.2. Actividades que comúnmente desarrolla el psicoanalista.

Se puede comenzar ésta sección por señalar que, el ejercer determinada profesión o el denominarse como profesionista en materia de algo, no está -en la mayoría de los casos- desligado con la actividad que se realiza, de tal manera que, el psicoanalista, mencionan Bleichmar y Leiberman (1997), es un profesionista y como tal se gana la vida desempeñando su profesión; pero también es un investigador de la mente humana utilizando el método del psicoanálisis, método de investigación complejo y sutil a la vez. Al ejercer su profesión tiende a ser conservador porque en su práctica, que no puede cambiar diariamente, es necesaria cierta coherencia; como investigador, se encuentra en un estado de

cuestionamiento constante, pues cada teoría es cuestionada y revisada permanentemente. De acuerdo con estos autores, el psicoanalista bien se puede dedicar a una de las dos actividades de tiempo completo o preferentemente; o bien, puede realizar ambas actividades. De hecho ésta es una cuestión ideal que se plantea desde Freud (1999), pues él consideraba que en psicoanálisis había reinado desde el principio una unión indisoluble entre curar e investigar, pues el conocimiento trae consigo el éxito en la terapia, por tanto es imposible tratar a un paciente sin aprender al mismo tiempo algo nuevo. Por ello “el procedimiento analítico es el único en el cual permanece asegurada esta preciosa conjunción”. Parecería existente en esta reflexión una especie de contradicción, más debe aclarase que los primeros autores se refieren al psicoanalista en su labor de teórico, el cual debe prestar atención a la revisión epistemológica de las diversas hipótesis que hay en el psicoanálisis, y como profesionistas tendrían que asumir más bien la postura que defiende S. Freud. En esa misma línea de ideas puede agregarse que los problemas semánticos que se han creado con el desarrollo teórico del psicoanálisis actualmente, obligan al analista a ser una especie de políglota para realizar la retraducción de los nombre que aluden, desde una teoría, a hechos que se conocen desde otra.

Por otra parte, se puede mencionar que, en la práctica clínica son patentes las tareas de supervisión y su estrecha relación con la construcción teórica, la cual implica necesariamente la labor de los discursos, tanto clínico como teórico se articulen, para dar forma a un modelo eficiente. De tal manera que para teorizar la práctica intervienen los discursos, los saberes y las dimensiones, según Perrés (1988, citado por Cortés, 1999, op. cit.) (y de los cuales ya se hizo alusión). Esto con el fin de evitar el detrimento de la experiencia clínica. En el caso específico de la tarea clínica, dice Cortés (1999, op. cit.), ésta se puede referir como “una búsqueda permanente, duda razonable, cuestionamiento específico e incluso la posibilidad de sabotear los imaginarios de salud psicológica, las fantasías de recuperación y reposición que acompañan y pueblan la tarea y la mentalidad del profesional” (p. 209). Respecto a la labor del psicoanalista como docente, el mismo autor menciona que aunada a la práctica clínica y al papel que como teóricos la labor de algunos psicoanalistas se complica por el hecho de que como corriente teórica y práctica clínica la presencia del psicoanálisis en la Universidad se torna difícil, causado además por el desconocimiento de la investigación y sus productos, por parte de las comunidades académicas que imperan con otros paradigmas.

Sumariamente, las actividades del psicoanalista serían hasta aquí la de teórico, la de docente, la de supervisor, la de aspirante, la de analizado, la de investigador, pero principalmente la actividad del psicoanalista se da en la psicoterapia, o más propiamente dicho es la situación de análisis. Ésta se

puede llevar a cabo en varios formatos como es el de la psicoterapia de grupo (Pérez Álvarez, 2001), talleres (Aguado Herrera, 2002), pero principalmente la psicoterapia individual. En ésta situación de análisis también se exige que el analista cumpla con una serie de actividades. Mismas que Pérez Álvarez (2001), organiza por etapas. Éstas serían:

1) El inicio del tratamiento, el cual comprende: a) las entrevistas preliminares, en las que se da un diagnóstico estructural presuntivo; b) el esclarecimiento de la demanda de tratamiento, o el interés por una posible cura; c) los criterios de inclusión y exclusión del tratamiento, esto es, en que casos y condiciones se dará el tratamiento, y d) el encuadre del proceso analítico

2) El desarrollo del tratamiento, cual consiste en: a) la persistencia de la demanda de tratamiento; b) la transferencia positiva y negativa, o el interés y resistencia durante el tratamiento; c) la contratransferencia; d) la asociación libre; e) la atención flotante, o escucha psicoanalítica; f) las intervenciones del analista, en las que se toma en cuenta las interpretaciones, las preguntas, los señalamientos y las reconstrucciones, entre otras; g) el insight, que es la forma en que el paciente se inscribe o no en su propia historia al relatarla; y h) los cambios en el discurso del paciente, que pueden ser subjetivos o sintomáticos

3) El cierre del tratamiento, que puede comprender: a) el fin de análisis, que es la terminación terapéuticamente establecida y trabajada entre el analista y el analizado, cuando se han alcanzado las metas y objetivos de la demanda del tratamiento; b) la interrupción del tratamiento, que es cuando por algún motivo imprevisto y sin haber avanzado lo suficiente, pero bajo cierto acuerdo, se suspende el tratamiento; y c) el abandono del tratamiento, que es cuando el analizado o el analista sin previo aviso deja de asistir al tratamiento e incluso posteriormente no hace llegar ningún mensaje alusivo.

Se debe enfatizar que todas éstas actividades corresponden a la práctica clínica del psicoanálisis, incluso las que tienen que ver con el lugar en donde se da el tratamiento (lo cual se aborda en el siguiente inciso), e incluso la mayoría de las veces la de teorizar, pues en ésta disciplina se teoriza la practica y no como en otros modelos psicológicos en los que se trata de practicar la teoría; y todas éstas actividades, además, están estrechamente vinculadas con el método del psicoanálisis, por lo que se puede indicar que la clínica psicoanalítica puede ser plenamente demostrada a partir de su método, ya que el empleo de éste presupone una formación teórica constante, la práctica clínica

supervisada y el análisis personal del profesional que lo practica (Pérez Álvarez, 2001; Cortés, 1999, op. cit.; y Herrmann, 1996).

Por otro lado, reflexionando sobre la cuestión hermenéutica, Bleichmar y Leiberman (1997), puntualizan algunos asuntos relacionados con ésta y el psicoanálisis, lo cual puede ayudar a comprender mejor el proceder del psicoanalistas, dichos asuntos serían principalmente:

a) La dificultad de comparar a un paciente con un texto, pues el paciente interactúa con el analista en un vínculo emocional. Trata a través de la transferencia, que el analista reproduce algunos de sus objetos pasados, lo cual señala una relación emocional compleja.

b) El psicoanálisis tiene una meta terapéutica, que es el comprender para curar. Aunque como disciplina no sea parte de la medicina tradicional ni de la psiquiatría. No sólo cuenta la comprensión y la coherencia, sino que es necesario producir transformaciones.

c) Parte del efecto terapéutico del psicoanálisis, lo cual aumenta a medida que se agrava la patología del paciente, es producto del vínculo entre paciente y analista. Ésta relación que se da en análisis, consensuadamente, no es posible si el sujeto está a distancia, es decir lejos.

d) La evaluación de la interpretación no puede estar dada sólo por la coherencia interna sino también por su eficacia terapéutica y la revelación de la verdad de la realidad psíquica. Se prefiere una teoría porque da mayor nivel explicativo, pero principalmente porque beneficia más al paciente.

e) Aunque se acepta que hay una relación indisoluble entre método y hecho de observación, se cree que la realidad psíquica es algo que existe independientemente del observador, su descubrimiento es complejo y puede estar distorsionado por el instrumento de observación: la mente del analista.

Sería interesante el detenerse a elucidar algunas de éstas actividades, que suponen además los componentes del método del psicoanálisis; sin embargo, debido a su complejidad y a lo exhaustivo que eso puede ser, pues existen tratados acerca de cada uno, y por cuestiones de espacio, se tiene que dejar esa tarea para otro momento.