PSICOLOGÍA CLÍNICA EN MÉXICO
2.2. La Psicología Clínica en la actualidad mexicana.
Existen pocas fuentes que den cuenta de lo que es hoy en día la psicología clínica; sin embargo, gracias a la revisión de algunos textos que tratan el asunto de forma indirecta, se puede decir que la psicología clínica continua estando vigente al tratar de satisfacer algunas necesidades relacionadas con el campo de la salud, específicamente del denominado de la salud mental, de tal suerte que, la contemporaneidad o actualidad de ésta área va a estar dada a través del quehacer del psicólogo y en dónde se desempeñe (ésta cuestión se abordará con mayor profundidad más adelante). Es decir, de las diferentes actividades que realiza el psicólogo clínico se encuentra por ejemplo la investigación, sobre la cual González Velásquez (2000) refiere que, en la última década ha habido un incremento en las investigaciones sobre
sensopersepción, aprendizaje, memoria, pensamiento, lenguaje, inteligencia, motivación, sentimientos y emociones, personalidad y desarrollo social, entre otras, lo cual da la oportunidad de tener mayor conocimiento de algunos problemas para mejorar el desarrollo profesional. Lo cual también, se encuentra en algunas publicaciones nacionales como son: la Revista de Psicología, la Revista Mexicana de Análisis de la Conducta y otras de Psiquiatría, Neurología y Psicoanálisis.
Otra área en la que el psicólogo clínico está inmerso y desde la cual se puede observar la actualidad de la psicología clínica es la psicoterapia; recuérdese aquí que el que se labore en ésta, es algo más o menos reciente pues anteriormente los que tenían el control y manejo de los tratamientos eran los médicos y psiquiatras. Hoy en día, como lo refieren diversos autores, la psicoterapia es una de las actividades que el psicólogo clínico lleva a cabo con mayor frecuencia; así, se encuentran algunas vicisitudes en éste campo, como por ejemplo: la supervisión, el entrenamiento y los marcos teóricos disponibles para entrenar profesionalmente a los psicólogos tanto a nivel licenciatura como postgrado. Un ejemplo de esto se puede encontrar en Rage Atala y Tena Suck (1999), de la Universidad Iberoamericana (UIA); Tarnovsky (1999), de la Universidad de Buenos Aires; Xochihua Núñez (1999), de la Comunidad Terapéutica del Bosque de Guadalajara Jalisco; y Díaz González Ayala (1999), de la Universidad Nacional Autónoma de México, Campus Iztacala; quienes elaboran diversas propuestas para la supervisión en psicología clínica a nivel maestría, haciendo énfasis en la labor psicoterapéutica del psicólogo, ello a partir de algunos modelos teóricos que comprenden: alguna variación del psicodrama, es decir dramatizando un caso en el que un terapeuta tenga dificultades para ser supervisado por el grupo de trabajo; o bien, la teoría de grupos, el enfoque sistémico; o el análisis contingencial, como sistema y metodología para el análisis y tratamiento del comportamiento individual. (Estos autores publicaron sus propuestas en la revista “Psicología Iberoamericana”, a saber publicada por la UIA).
En lo que se refiere a la UNAM, se puede decir que la situación parece ser demandante hacia cambios curriculares desde el nivel licenciatura, ello visto a través de las tesis revisadas; a nivel postgrado, tal vez por el énfasis en el trabajo de psicoterapia, se advierte que de unos años a la fecha la maestría o el doctorado en psicología clínica, ya no aparece más como una opción, en su lugar (y esto en el presente año de 2005), se encuentran otras especialidades como la de “psicoterapia para adolescentes y terapia familiar” (a nivel maestría) (Gaceta UNAM, 6 de Diciembre de 2004 p. 26 A; y www.psicol.unam.mx).
En cuanto a los marcos teóricos manejados en la psicoterapia en la UNAM, Rodríguez Leal y Vázquez G. (1992) y Rodríguez Leal y Vázquez G. (1992 citados en: Serra Padilla, 2000) en su revisión de tesis sobre psicoterapia y psicoanálisis en la Facultad de Psicología en el periodo de 1967 a 1968, encontraron que: de juego psicoanalítica era de un 2%, conductual un 18.4%, psicoanalíticamente orientada un 6.2%, breve de esclarecimiento de objetivos y tiempo limitado un 4.1%, breve psicoanalíticamente orientada de 8.1%, de apoyo un 4.1%, mixta un 16%, familiar un6.1%, musicoterapia un 2%, y psicoanalítica un 10.2%. Los autores también encontraron que los recién egresados carecen de medios para aplicar una terapia, salvo algunas excepciones, y los tipos más comunes de terapia en esa investigación fueron: la psicoterapia con niños y de juego, la terapia conductual, la psicoterapia breve, la terapia familiar, la psicoterapia de grupo y la terapia centrada en el cliente. Ahora bien dicha revisión, tal vez no parezca tan actual, sin embargo da cuenta de algunas tendencias. Otro ejemplo de lo que se ha realizado en la última década en cuanto a psicoterapia, se puede encontrar en el trabajo de Vázquez Malagamba (1996) y Vázquez Malagamba (1996 citado en Serra Padilla, 2000), quien acerca del psicólogo clínico y las técnicas de intervención que utiliza en su ejercicio profesional, indica que de 77 psicólogos clínicos y psicólogos que trabajan en el área de la clínica; la mayoría maneja dos tipos de técnicas (entre ellos los de la Facultad de Psicología y de la FES Zaragoza de la UNAM), pero también hay egresados que utilizan exclusivamente un tipo de técnica (entre ellos los provenientes de la FES Iztacala y de la UAM), y en el caso de algunos egresados de escuelas particulares no manejan particularmente un tipo de técnica. En general, se indica que la mayoría de los egresados de las diferentes instituciones de educación superior del Distrito Federal, utilizan predominantemente técnicas de intervención de tipo reeducativas (conductuales en su mayoría) y de apoyo (de menor duración), y en último término las de tipo reconstructivo. Dicha situación puede estar dada por el lugar en donde trabajan los psicólogos, ya que las Instituciones Públicas requieren de tratamientos de corta duración para atender la mayor cantidad posible de personas que solicitan el servicio. Por otro lado, el autor indica no poder afirmar que el manejo de las técnicas manejadas por los egresados hayan sido aprendidas en la licenciatura, pues al menos manejan dos lugares de adquisición. Aunado a ello se indica que el grado académico alcanzado no indica que por haber estudiado postgrados o cursos de actualización existan diferencias, en cuanto a técnicas empleadas, respecto de los que tienen estudios de licenciatura pues la institución donde laboren (y su encuadre) los delimita.
En el caso concreto de la FES Iztacala, se puede indicar que en Octubre de 2001, Trujano Ruiz, Valadez Ramírez y Valladares de la Cruz (www.psicologia.iztacala.unam.mx), proponen un
subprograma profesionalizante en psicología clínica cognitivo-conductual para el cambio curricular en la formación de profesionistas que desplieguen habilidades teórico-metodológicas de servicio, docencia e investigación en el ámbito de la psicología clínica. Esperando que los egresados de dicho subprograma sean capaces de “desempeñarse en las funciones de evaluación, intervención, supervisión clínica, enseñanza investigación y consultoría, manteniendo una orientación científico-profesional” (como la propuesta Boulder de1949), “en el campo de los trastornos psicológicos o de conducta anormal.” Y aunque los autores hacen referencia a los objetivos relativos a las funciones de servicio, de investigación y de docencia, elaboran su propuesta enfatizando los trabajos realizados por B. F. Skinner en los años sesentas y la evolución del análisis de la conducta, pero sustentan poco la adaptación del modelo cognitivo. Por lo que si se revisara el currículo bajo el cual se ha estado entrenando a los alumnos, la pregunta, si es permitida aquí, sería ¿cuál es el cambio?
Todo lo antes referido es importante en más de un sentido, pues como lo señala Rivera Mendoza (1997, op. cit.):
“La gran variedad de corrientes teóricas adoptadas en los diferentes planteles educativos reflejan la confusión de los profesionistas al enfrentarse al campo de trabajo, pero también el interés por lograr la identidad y superación de su profesión. Desde luego, esto constituye la formación que se proporciona en el nivel de licenciatura, donde no se encuentra definido explícitamente el perfil profesional ni los objetivos curriculares que se imparten en relación con la realidad; esta ambigüedad y la falta de identidad del profesional se relacionan con el modo por el cual se significa la realidad psicológica en cada institución.” (p. 401)
Cabe destacar, entre otras, la necesidad de que lo visto en las aulas sea aplicable a las demandas reales, no únicamente sociales sino laborales, y qué tanto se pueden cubrir estas actualmente en los programas de las universidades que profesionalizan o subprofesionalizan en psicología clínica. En el siguiente apartado se abordaran algunas de las definiciones de psicología clínica.