del Grupo, la evolución en el Grupo
ACTUAR EN UN ESCENARIO…
En las primeras sesiones los chicos se mostraron comunicativos, pero pronto entraron en una fase de inhibición. A lo largo de los dos primeros meses su actitud era de «niños modelo», dependientes, de manera que yo tenía que ser bastante directiva, darles ideas y estimularlos. Las sesiones eran algo estereotipadas: en una primera parte se comentaban cosas que les habían sucedido o lo que yo proponía y al final dibujaban. Tenían difi- cultades para expresarse verbalmente pero lo hacían a través de los dibujos que eran expresivos y ricos. En alguna ocasión les comenté su capacidad de expresarse a través del dibujo pero que mostraban temor a hacerlo ver- balmente.
Algunas semanas después de empezar se incorporó Carmina. Por su forma de relación y su aspecto físico era la más adolescente del Grupo. Establecía un tipo de relación diferente, más madura, menos inhibida, más espontánea, con capacidad para relatar acontecimientos y expresar sentimientos verbalmente. También se la notaba muy necesitada de ayuda. Su actitud era de maestra hacia los otros, con lo que despertaba rivalidad y sentimientos agresivos, especialmente en las niñas. Tricia y Cecilia esta- blecieron una alianza contra Carmina, aunque no de forma abierta.
Por esa época, en un momento de silencio juegan con las manos ha- ciendo «correr» los dedos sobre la mesa. Lo entiendo como una forma de
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expresión y les propongo hacer alguna actividad con las manos. Hasta ahora habían trabajado en forma más individual, por ejemplo en el dibujo, y veo que estos juegos les facilitan desinhibirse y comunicarse entre ellos. A partir de esta sugerencia proponen mimo y otros juegos gestuales como «Antón pirulero», «el teléfono», «la corriente», etc.
Unos meses más tarde, en una sesión los chicos me propusieron ju- gar al «Antón Pirulero» con prendas. Cada uno tenía que hacer algo para recuperarlas. Cuando le llegó el turno a Carmina aparecieron los proble- mas. Le dijeron que bailara o hiciera de cantante y ella no quiso. Luego le propusieron que fuera una locutora de radio y tampoco aceptó. Los chicos comenzaron a impacientarse y Guillermo dijo: «Pues haz de cerdo». Otro continuó: «Pues de elefante». Ella estaba cada vez más incómoda, seria, afectada, roja… Medio en broma le decían que no le darían el reloj hasta la siguiente sesión. Todo siguió de este modo, pero cuando terminó la sesión le dieron el reloj y ella se marchó seria y enfadada.
Yo me sentí incómoda. Con mi actitud pasiva, esperando a ver cómo se desenvolvían las cosas tuve la impresión de que me había aliado con el Grupo, contra Carmina.
En la sesión siguiente entran Tricia, Cecilia y Guillermo. Tengo pre- sente la sesión anterior y por unos momentos dudo si referirme a ella, pero Carmina no ha llegado aún y no lo hago.
Cuando comento que Carmina no ha venido, noto risitas entre Tricia y Cecilia. Sonriendo, digo que veo que están riendo y que podrían decir que es lo que les causa risa. Ellas callan.
Les pregunto qué cuentan hoy, que quieren explicar, pero durante un rato siguen callados. Luego Tricia, señalando a Guillermo que está en la misma situación porque ambos van a escuela nacional, dice que esta tarde no tienen colegio porque los maestros no se han puesto de acuerdo. Se refiere a que ha habido huelga de maestros.
Cecilia dice que ella hoy tampoco tiene clase porque en su escuela hay niños gamberros que molestan en clase y los maestros reclaman que en la escuela haya psicólogos, pero no los ponen. Además se solidarizan con las escuelas nacionales. Hay un silencio. Observo que Cecilia está menos tensa, más desinhibida y espontánea.
Comento que han hablado de los psicólogos y que ellos saben que yo soy psicóloga y este es un servicio de psicología. Me dirijo a todos interesándome por lo que piensan sobre esto. Les pregunto si están de acuerdo con Cecilia en que los psicólogos tratan a los gamberros que molestan.
Tricia dice: «No… también ayudan a gente que tiene problemas, a alcohólicos y drogadictos». Cecilia y Guillermo no dicen nada.
En este momento entra Carmina, la saludamos y se sienta. Le digo el tema que estábamos conversando y me dirijo al resto para pedirles que
le expliquen la conversación. Tricia se lo explica y Carmina la escucha sin hacer ningún comentario. Noto que está seria, cohibida, ofendida.
Añado que también se ha hablado de las huelgas y les pregunto qué piensan ellos de esto. Tricia dice que para ella muy bien, porque así no tie- ne clase y añade: «A partir de mayo puede ser indefinida… pero, lo malo es que luego nos vendrán los exámenes de golpe». Cecilia añade que ade- más pueden dejar cosas sin hacer y tendrán que hacerlas el curso siguiente.
En este momento entra José, jadeando. Lo saludamos, pero no nos paramos a explicarle la conversación porque es la segunda interrupción y sigo pendiente de Carmina.
Comento, dirigiéndome también a José, la ambivalencia frente a tener o no clase. Mirándolos a todos les pregunto si se habían encontrado antes alguna vez en una situación de huelga como ahora.
Carmina sigue seria y callada. Cecilia dice que sí, que el año pasado hicieron huelga en su escuela para protestar por la comida que era refrige- rada y consiguieron comida normal.
Trato de continuar con el tema de las huelgas, pero veo que no están muy motivados. Tricia hace juegos de habilidad con las manos, cruzando unos dedos por encima de otros. Los demás intentan imitarla. Se crea una competición de destreza o habilidad. Aquí participa también Carmina, pero noto que se le hace el vacío, que los demás no se dirigen a ella.
Cecilia hace la mariposa con los dedos, todos la imitan y consiguen hacerla excepto Tricia, que en este momento es la líder y acapara la aten- ción del grupo. Intenta aprenderlo pidiéndole ayuda a Cecilia, pero no lo consigue y abandona. A continuación, ella misma inicia una batalla de manos haciendo correr los dedos por la mesa. Se organiza una batalla entre todos, excepto Carmina que ni lo intenta ni se dirigen a ella. Luego hacen pulsos. Tricia gana contra Cecilia y luego lucha contra Guillermo y José al mismo tiempo, con un brazo contra cada uno, pero la vencen. Comento que se expresan a través de los juegos con las manos y de los pulsos que están haciendo.
Noto que se dan algunas patadas por debajo de la mesa y que la ex- citación va en aumento. Tricia y Guillermo se enfadan y este se retira hacia la pared. Tricia le dice que no se aparte, que esto no está permitido y añade: «serás expulsado».
Comento: «Veo que estáis compitiendo en estos juegos, intentando demostrar quién es el mejor en una cosa y en otra». Hablo de las expulsio- nes diciéndoles que parecen pensar que según lo que hagan, pueden llegar a ser expulsados de aquí. Añado que ellos viven situaciones así en la escuela o en otras partes. Me dirijo a todos interesándome por lo que piensan.
Carmina, que no ha tomado parte hasta ahora dice en forma espon- tánea: «Yo… hoy precisamente me ha pasado una cosa parecida». Explica que a primera hora ha tenido gimnasia en la escuela y cuando ha acabado
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e iba a vestirse no ha encontrado su falda. Se ha puesto nerviosa y ha creído que alguien le quería gastar una broma. Ha empezado a preguntar a las niñas pero ellas no sabían nada de la falda. Finalmente se ha dado cuenta de que se la había olvidado en casa. «Lo he pasado mal», dice: «porque en mi colegio vamos con uniforme, no como vosotros que vais de calle, era violento ir con pantalón de chándal». Esto lo explica muy seria y visible- mente apurada. Los demás la escuchan con atención, interesados.
Carmina continúa explicando que lo ha dicho a algunas profesoras que lo han tomado en broma, pero ha habido una que se ha enfadado y la ha enviado a casa a buscar la falda. Esto la ha dejado muy cortada y se ha ido. «Pero eso sí, en casa me he duchado tranquilamente… y he vuelto. Cuando he llegado al colegio, estaban pasando diapositivas».
Calla. Estamos todos en silencio, pero no resulta angustiante. Pregunto qué se les ocurre. Lo hago también para darme tiempo a mí misma. Siguen en silencio.
Hablo de cómo puede sentirse –o se siente– uno cuando es expulsado. Pregunto qué les parece. Pero siguen en silencio.
Noto que Tricia hace una mueca y desperezándose, susurra a Cecilia: «es un rollo». Me doy por enterada mirándolas y asintiendo con un movi- miento de cabeza y ella dice: «no va por ti, ¿eh?».
Comento que esto se les puede estar haciendo un rollo, pero que no salen otras propuestas. Alguien dice que podríamos jugar. En este mo- mento se dirigen a Carmina diciéndole que ella no hizo las pruebas el día anterior y Tricia le dice: «Podemos seguir y hacerlas ahora». Carmina exclama enfadada: «¡Ah! ¡No! ¡Será si quiero!».
Comento que mencionan lo que ocurrió al final de la sesión anterior. Eso está hoy presente. Añado que podríamos hablar de ello. Se creó una situación difícil; vemos cómo en el grupo hay cosas que son difíciles, nos cuestan más y podríamos hablar de cómo las tomamos…
Tricia y Cecilia explican cómo les es de difícil y violento actuar en un escenario… Pero José interrumpe para proponer el juego de la cadena y todos se apuntan y me incluyen a mí.
Jugamos varias veces hasta que Carmina dice: «Yo sé otro juego». Los demás la miran y ella continúa: «Pero no, da igual». Los otros insisten: «Di… ¿qué juego?… va…».
Carmina dice que es muy divertido, y lo explica. Nadie lo conoce. Se trata también de un juego con las manos sobre la mesa. Es realmente divertido. Cuando queda poco para terminar, quieren aún repetirlo. Tricia dice: «Hoy no tenemos prisa, por la tarde no hay colegio». En este momen- to para mis adentros recuerdo que algunos días en que hubo huelga escolar ella faltó al Grupo.
El clima es de reconciliación, todos están sonrientes. Carmina ha aca- bado participando y haciendo la última propuesta.
COMENTARIO
Estas viñetas ilustran un momento de emociones intensas en el Grupo. Con su actitud de maestra, Carmina despierta sentimientos agresivos en sus compañeros que en la sesión del juego de prendas culminan en que el Grupo se cierra contra ella. La terapeuta se siente mal por haberse inhibido y esperado sin cuestionar nada, como si estuviera de parte del Grupo y por tanto en contra de Carmina. Sin embargo, esto no la induce a precipitarse en la siguiente sesión, sino que consigue tomarse el tiem- po necesario, esperar a que los hechos se desarrollen, buscar caminos… Transmite el clima de tensión, pero se mantiene firme.
Asistiendo a la siguiente sesión, Carmina muestra coraje. Está ca- llada y ofendida. Los otros la excluyen, le hacen el vacío. ¿Podría ser por incomodidad? ¿Por sentimientos de culpa que no se saben manejar? Pero sugiero que en este maltrato hay ambivalencia. Además de hostilidad hay también dificultades por parte del Grupo para cambiar, romper el hielo, iniciar una relación distinta. La actitud de Carmina, herida, los acusa, refuerza posiciones, y probablemente les hace difícil intentar el cambio. Pero cambiar de actitud es para ella todavía más difícil. La terapeuta está decidida a enfrentar lo ocurrido y el Grupo le brinda elementos para ha- cerlo. Sugiero que esta posición decidida de la terapeuta debió notarse en la relación (en las contratransferencias) e hizo sentir a Carmina apoyada. Por eso ella, sin muestras de rencor, se atreve a intervenir y a contar que «perdió» la falda. En esta forma ayuda a los otros a «cambiar de marcha».
Lo que Carmina cuenta tiene demasiados puntos de contacto con la situación del Grupo como para ser casual: pierde la falda, «la prenda»; cree que le gastan una «broma» como en el Grupo; y es «expulsada» de la escuela como excluida de este… Sugiere el mecanismo de la compulsión de repetición cuando trata de elaborar una situación traumática repitién- dola, creando una nueva situación traumática. Pero aquí, con la ayuda de la terapeuta esta nueva situación traumática, la de la escuela, facilita la elaboración: los otros la escuchan con atención, interesados. Ella ha roto el hielo y ellos le responden. El clima de la sesión se distiende y la elaboración podrá continuar.
Tricia parece ambivalente y la menos dispuesta a que las cosas cam- bien. Quizá se juega la posición de líder del Grupo. Incluso cuando sale la propuesta de jugar, trata de repetir lo que sucedió en la anterior sesión, de acorralar nuevamente a Carmina, de ponerla contra las cuerdas, ex- cluida, diferente. Pero aquí la terapeuta tiene ya el terreno preparado para intervenir directamente.
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El reconocimiento de Tricia y Cecilia de que actuar en un escenario les es difícil y violento es un giro completo a la situación anterior. Lo reconocen en lugar de provocar dificultad y violencia en Carmina. Pero José necesita cortar rápido. Luego, la terapeuta registra que ahora es a ella a quien excluyen, aunque acaba tomando parte en el juego.
Esquematizaría esta dinámica de la siguiente forma: Carmina con ac- titud de maestra cae mal. Aprovechan su ansiedad en el juego de prendas para girarse contra ella ¿capitaneados por Tricia, la otra líder del Grupo?
La terapeuta no reacciona deprisa y agreden a Carmina, se produce una situación traumática.
En la siguiente sesión la terapeuta lo ha podido elaborar, al menos en parte, y está preparada. Su presencia y participación producen un cambio: en lugar de repetición se inicia la elaboración. Hay un reconoci- miento (de dificultad de actuar en un escenario) por parte de las chicas, la elaboración continúa.
Queda pendiente conversar los roles, las rivalidades, que parecen centrarse en Tricia y Carmina, como líderes distintos y confrontados del Grupo.
En esta sesión hay muchos otros aspectos sugerentes, tanto por su capacidad expresiva como por su función defensiva: los juegos con las manos, los pulsos, las patadas y la excitación… Pero no me referiré a todo esto.
He presentado estas sesiones para dar idea de la parte central del Grupo, aunque para mostrarla en forma relativamente completa sería ne- cesario incluir una buena parte de las sesiones y esto requeriría otro libro.
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7 La despedida
La despedida suele traer nuevas sorpresas. En las últimas sesiones a me- nudo el Grupo manifiesta lo más maduro de sí mismo. Los miembros suelen ejercer su capacidad de elaboración, mostrar que han comprendido la tarea del Grupo, que la han aprovechado y han progresado. Ante la inminencia del final, todos parecen desear terminar bien y suelen aparecer en el primer plano los aspectos positivos y el reconocimiento. Muchas veces, estas manifestaciones de progreso y aprecio son emocionantes. Sin embargo, en la última sesión puede pasar cualquier cosa: que se muestren completamente evasivos; que asista una minoría… En algunos casos el ambiente de la última sesión es tan distinto de las anteriores, que antes de empezarla el Grupo ha terminado ya. Aun así, a veces, a esta sesión última asisten todos y el Grupo puede continuar su trabajo hasta el final, hasta despedirse. Para nosotros, como terapeutas, este final suele ser muy satisfactorio.
Los Grupos nos ponen ante la evidencia de lo difícil, a veces impo- sible, que es para una mayoría de personas despedirse. Posiblemente por su carácter disociativo intrínseco, ellos son una demostración de que la despedida, la separación, en el fondo evocan desintegración, catástrofe. La despedida es una forma de cambio, o mejor dicho, todo cambio es una despedida –y a la vez, un encuentro con lo nuevo– pero cuando es innegable, sin disfraces, con fecha programada, puede imponerse la dificultad de aguantarlo.
En los Grupos que trabajan durante varios años hay más oportunida- des (vacaciones, interrupciones regulares, etc.) de ir elaborando con tiem- po la despedida. Así, en los Grupos semiabiertos como los que describe
Foulkes (1986) que él llama slow open, que significa que los pacientes se despiden y los terapeutas aceptan un nuevo paciente en el lugar vacante, cada un cierto período de tiempo y no frecuentemente. Los pacientes se despiden individualmente a medida que cada uno termina su proceso. Dado que no acaban todos el mismo día, el Grupo no se despide global- mente, sino que se van elaborando una sucesión de despedidas.
En los Grupos que he descrito, que tienen entre varios trimestres y más de un año de duración, con fecha de terminación establecida antes de empezar, se trata de ir elaborando la despedida en cada ocasión: los pe- ríodos de interrupción regulares, los accidentales e imprevistos, etc. y esto es muy enriquecedor. Pero ¡ojo! Como siempre, es importante diferenciar la elaboración viva, de los clichés y las frases teóricas, de valor defensivo para el mismo terapeuta y para el paciente. De todos modos, a pesar del trabajo de elaboración, la última sesión sigue siendo imprevisible. Como se verá a continuación, es lo que sucede en el Grupo de Cecilia, Carmina, Guillermo, José y Tricia.
En la etapa final, cerca de terminar, en muchos Grupos surge el senti- miento de que se «debería seguir», de que «ahora que estamos aprovechan- do tanto es una lástima terminar», «ahora que sabemos lo que venimos a hacer deberíamos tener más tiempo». En este deseo de seguir hay por supuesto un reconocimiento, pero también una crítica, una expresión de que se están haciendo las cosas mal, se los está atendiendo mal, todo esto en buena parte movido por la dificultad para aceptar la despedida, la terminación, con sus dos vertientes: tanto la de pérdida como la de que se ha recibido algo. La experiencia muestra que es conveniente pensar bien y con el Grupo la fecha para terminar; después es importante ayudar al Grupo a aprovechar el tiempo que aún queda, se trate de muchas sesiones, de pocas o aunque sea solo de la última, pero sin atrasar el final, o sea, manteniendo de manera amable y firme la fecha acordada. Con esto el terapeuta está comunicando al Grupo que confía, tanto en la tarea rea- lizada, como en las actuales capacidades de sus participantes. Transmite que sabe que ellos pueden vivir positivamente el final, contener y elaborar sus sentimientos, y aprovechar todo lo recibido y trabajado para seguir por su cuenta con su nueva autonomía.
La petición de seguir, por un lado expresión de aprecio, contiene también una acusación: «no nos han dado suficiente». Si el terapeuta hace caso de esta petición y prolonga la tarea, el resultado puede ser negativo ya que aparecerá como dando razón a los miembros del Grupo acerca de que se estaba proponiendo un final prematuro. Aparecerá inseguro en