Características cualitativas
PRESENTAMOS EL GRUPO
El Grupo de padres puede presentarse por supuesto de muchas formas. La terapeuta nos ofrece una de ellas. Para sugerir algunas más, se podría por ejemplo, decir: «Como ustedes saben, este Grupo y el Grupo donde están sus hijos son complementarios. Estamos aquí para hablar de todo lo que interese: de sus hijos y de ustedes, de las relaciones en la familia, para compartir experiencias, intercambiar ideas, pensarlo entre todos». A partir de aquí habría que precisar bien el setting.
Otra fórmula podría referirse a las relaciones entre padres e hijos y entre hermanos, a sus conflictos por toda clase de causas: rivalidad, celos, miedos, carácter, acusaciones, culpabilidades… A lo difícil que es tratar con estos problemas y a la utilidad de compartir experiencias e ideas para ampliar puntos de vista. Esta manera de comenzar introduce desde el principio la idea de que conflictos hay siempre y siempre es difícil tratar con ellos y de que venimos a aprender los unos de los otros. Intro- ducir desde el principio la idea de conflicto puede tener ventajas, pero es también arriesgado. Puede ser facilitador pero según cómo se formule puede también ser inquietante,17 como si se fuera a sonsacar sentimientos
difíciles de admitir.
El Grupo puede presentarse también a través de interrogantes: «Todos nos hemos preguntado por nuestras relaciones con nuestros hijos, por como son ellos y como somos nosotros, como dialogar y apoyarles en la dirección acertada. A veces nos han preocupado nuestras reacciones o no hemos sabido como tomar las de ellos y nos hemos sentido culpables. Puede ser útil compartir todo esto ya que las experiencias de los otros pueden servirnos». Esta fórmula pone el acento en la relación y el diálogo y la necesidad de aprender. Lo bueno es que cada terapeuta, a través de su experiencia, encuentre su propia forma de introducir el Grupo. Las formas flexibles y coloquiales pueden resultar más atractivas y fáciles de entender y no son obstáculo para un trabajo posterior firme y coherente.
AL ENTRAR
Antes de que los padres entren a la sesión solemos preparar las sillas en círculo sin nada en el centro. Foulkes (1986) prefiere señalar el centro del Grupo colocando una mesita baja que no impida verse mutuamente. Los padres se van sentando donde quieren a medida que entran. Los terapeutas suelen hacerlo en los lugares que quedan desocupados pero algunos prefieren tener un sitio reservado fijo. Entonces utilizan algún sistema para indicar que van a sentarse allí: una silla distinta o colocada en posición especial, un objeto sobre la silla, o simplemente decirlo.
Es bastante habitual que a partir de la primera sesión los padres se sienten siempre en el mismo lugar cómo si los asientos quedaran táci- tamente reservados. Pero esto no siempre es así. El lugar que escogen y la forma como se sientan comunica mucho acerca de sus vivencias y del tipo de relaciones que tienden a establecer (Torras, 1991). Por ejemplo, a pesar de que las sillas están al principio más o menos equidistantes, una madre puede sentarse siempre al lado de la terapeuta y tan pegada que parece buscar refugio en ella. Por el contrario, otra madre –o un padre– busca siempre el extremo opuesto, el más distante si hay uno, casi fuera del Grupo, o se sienta en todas las sesiones al lado de la puerta. Una tercera madre lo hace con el abrigo puesto y con todo lo que trae –su bolso, la cartera de su hijo, algún juguete, una bolsa de compras o lo que sea– sobre su falda, como ocupando el menor lugar posible. Otra madre parece replegarse en ella misma, aislarse. A veces todo el Grupo se coloca «lejos», o «frente» al terapeuta como si se tratara de un aula.
El terapeuta presta atención a esta riqueza comunicativa que ofrece la conducta, que luego será confirmada o corregida por otras comu-
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5 De los Grupos paralelos, el de padres |
nicaciones. La conducta informa al terapeuta acerca de emociones y vivencias, pero es delicado utilizar estos datos al hablar al Grupo porque según cómo se haga puede molestar o inhibir a los participantes. En cambio, si lo cree necesario, el terapeuta puede hacer algún comentario coloquial del estilo de: «Pueden también sentarse más cerca», «podría- mos rehacer el círculo», «estas sillas también se pueden usar»… A veces son los mismos padres los que mencionan sus hábitos y su conducta en el Grupo; en ese caso el terapeuta tiene una vía abierta y si lo cree útil la puede utilizar.
Los cambios de posición o de forma de sentarse son también muy comunicativos: la madre que se sentaba pegada a la terapeuta deja un poco más de espacio o se sienta en otro sitio, aquella que se sentaba en el otro extremo o casi de espaldas queda mejor situada en el círculo o de frente, la tercera se quita el abrigo, deja las bolsas en el suelo y se «pone cómoda», otra está menos retraída, más atenta y participativa.
Por supuesto, no solo al principio de la sesión es importante y comu- nicativa la conducta de los padres, sino a lo largo de todo el Grupo y a través de todos los detalles. Sin embargo, al tomar notas de las sesiones no siempre la hacemos constar. Solemos hacerlo solamente cuando algo nos llama especialmente la atención y nos parece marcadamente significativo.