del Grupo, la evolución en el Grupo
EXAMEN DE FINAL
A la hora de empezar han llegado Alberto, Ana, Imma, Julián, Román y Teresa. Faltan Ricardo y Víctor. Se sientan y quedan en silencio mucho rato. La terapeuta comenta que cuesta empezar y añade: «Puede tener que ver con que en estas últimas sesiones siempre hay cambios en los que vienen y nunca estamos los mismos… Creo que estos cambios influyen, producen inestabilidad. Nos preguntamos qué pasa con Ricardo, con Víc- tor…». El silencio continúa.
La terapeuta interviene nuevamente para decir: «Estamos ya al final, ha sido una experiencia para todos, pero ¿qué queda del Grupo?, ¿qué sen- timos ahora que llegamos al final?, creo que esto se piensa…». La cotera- peuta añade: «Puede tratarse de una preocupación: en las últimas sesiones han habido muchos cambios respecto a las personas que vienen, puede tener que ver con el final, quizá cada uno se va despidiendo a su manera, parecería que cuesta llegar a las últimas sesiones». Siguen en silencio.
La terapeuta propone: «Vamos a hablar del final, seguro que se os ocurren cosas. ¿Qué os hace pensar?». Y dirigiéndose a Julián que la está mirando: «¿Ibas a decir algo?».
Julián niega con un movimiento de cabeza. Se mantiene el silencio. La terapeuta continúa: «Debe producir tristeza que el Grupo se acabe o sentimientos penosos, muy difíciles de pensar». Otro rato de silencio.
Interviene la coterapeuta: «Pienso que acabar una cosa da tristeza; tenéis la experiencia de cuando acabáis el colegio; el otro día hablábamos de lo que cada uno haría cuando terminemos, de las cosas nuevas que tenían que venir… y además estaría el sentimiento de tristeza por lo que se deja…». Nadie dice nada.
La terapeuta insiste: «Quizá sería más fácil pensar en la ilusión que dan las cosas nuevas que darnos cuenta de la pena por lo que se deja atrás. En el Grupo pasaría lo mismo: da pena cuando un compañero no viene o acabar el Grupo… quizá es más fácil pensar: “qué bien, ya no tengo que venir”».
Coterapeuta: «A ver, ¿qué pensáis vosotros?».
Román dice: «Para mí es un esfuerzo venir aquí, porque primero ten- go que ir al colegio, luego venir aquí, luego volver otra vez allí… y llego destrozado».
Ana añade: «Yo pienso que venir aquí me ha ido bien, pero si estoy bien prefiero que se acabe. Mi madre dice que estoy mejor, más tranqui- la… pero también pasa que no nos vamos a ver más y esto también fastidia un poco…».
Terapeuta: «Parece que lo que expresábamos Rosa y yo vosotros tam- bién lo estabais pensando… no sé si la parte silenciosa del Grupo puede expresar algo». Los va nombrando: Imma… Julián… Alberto…
Julián contesta: «Si se acaba el Grupo a lo mejor quiere decir que me he curado; lo dice mi madre».
Terapeuta: «¿Y tú qué piensas?». Julián: «Que sí». Otro silencio.
Terapeuta: «¿Imma?» Ella responde: «Me ha ido bien».
Terapeuta: «¿Y el final del Grupo, lo vives con pena o con alegría?». Imma: «Con pena porque ya no voy a venir más». Hay un silencio. La coterapeuta explica: «Estaría por un lado el interés en venir con el esfuerzo que supone y que produciría tristeza porque se acaba y por otro, la alegría de que se acabe, por motivos diferentes: porque dispondréis de más tiempo, haréis cosas nuevas… creo que estos dos sentimientos están presentes siempre». Sigue un silencio.
Luego la terapeuta añade: «Quizá nos gustaría tener uno solo de estos sentimientos para tener las cosas más claras, pero así dejaríamos de lado la otra parte nuestra que también sentimos».
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COMENTARIO
Sugiero que en esta sesión, las terapeutas dan una clase sobre lo que hay
que sentir cuando acaba el Grupo. Y luego toman examen. Diría que «en-
señan» sobre las ansiedades de separación y el conflicto relacionado con la ambivalencia. Las explicaciones de ellas aparecen como teóricas. En este momento las teorías están demasiado presentes.
La terapeuta habla de la irregularidad en la asistencia y dice que da malos resultados: produce inestabilidad. La coterapeuta menciona tam- bién la conducta de los chicos cuando dice que cada uno se despide a su manera. Se están refiriendo a conductas evitativas, defensivas, motivadas por ansiedad, pero ninguna de las dos habla de ella explícitamente. Parece más bien que se están refiriendo a una mala conducta y esto resulta un poco recriminador.
Con el largo silencio del comienzo, los chicos ponen las cosas difíci- les a las terapeutas. No es la sesión que ellas deseaban. Creo que es esto lo que las estimula a volverse pedagógicas y a enseñar cómo tienen que sentirse en el final.
Las terapeutas registran la sesión desde el lado negativo: los que no vienen, lo que cuesta, la pérdida. El clima de la sesión resulta deprimen- te, casi melancólico. No valoran suficientemente que estos chicos han venido, ni aceptan de buena gana la ilusión por las cosas nuevas. Estaría bien que el clima de la sesión recuperara la esperanza, que se valorara el lado positivo de la nueva etapa que van a empezar.
A mi modo de ver, la forma indirecta en tercera persona como para no señalar a nadie –«creo que esto se piensa», «cada uno se va despidien- do», «sentimientos muy difíciles de pensar»– puede ser inquietante. Se trata de alusiones que dejan todo en el aire. Frases más directas y com- pletas seguramente producirían un clima más claro.
A pesar de todo, los chicos se sienten con suficiente confianza como para expresar su deseo de terminar o su ambivalencia. Sugiero que esta confianza es producto de buenos momentos anteriores en que los chicos se debieron sentir acogidos por las terapeutas en un intercambio favorable y un buen trabajo del Grupo.
En la siguiente sesión, la penúltima, continúa el aire de exámen.
La terapeuta dice: «La sesión pasada hablábamos del final del Grupo y de que su terminación producía algún sentimiento. Cada uno expresó lo que pensaba. No sé si alguien ha pensado algo más sobre esto». Hay un silencio.
Continúa: «Ricardo nos podría decir lo que le ha parecido». (Recor- damos que Ricardo no estaba presente en la sesión anterior).
Ricardo contesta: «Me ha parecido bien».
La terapeuta insiste: «Veíamos que cada uno expresaba una idea: Ro- mán decía que venir también puede ser un problema, que tenía que dejar clases, ¿tú cómo lo ves?».
«Yo lo veo bien», repite Ricardo. Y la terapeuta continúa: «hemos ha- blado de cosas que nos han pasado, de los problemas que algunos tenía- mos». Sigue un silencio.
La terapeuta pregunta: «¿Quién se acuerda de los sentimientos que se presentaban al final del Grupo?».
Román: «Que había gente que les gustaba y a otros que les costaba venir.»
Creo que estos fragmentos de sesiones permiten ver con claridad una forma de enfocar teóricamente la experiencia del Grupo. En ella, las terapeutas explican lo que les han enseñado que es la despedida, los sentimientos que han aprendido que se movilizan en ella. Las frases son en estilo neutro, en tercera persona, lo que hace que resulten distantes. Vemos también, la forma como los chicos responden a este enfoque. Contestan como si les estuvieran preguntando la lección o los estuvieran investigando y ellos no quisieran comprometerse.
Sin embargo, el balance y la elaboración que tratan de hacer las te- rapeutas es importante. Al llegar al final siempre nos planteamos cuáles son las vivencias que el hecho de despedirnos produce, qué tarea hemos logrado hacer, para qué ha servido, qué queda por hacer, qué se lleva cada uno del Grupo. La cuestión es cómo conseguimos interesar a los chicos en
la elaboración de este balance.
Para terminar, presento la última sesión de un Grupo de adolescen-
tes de edades entre 16 y 18 años, que trabajó durante un curso con una
terapeuta y una observadora. Berta y Clara habían asistido anteriormente a otro Grupo con la misma terapeuta.
EN MIAMI
Entran Berta, Clara y Fernando. Se sientan. Dicen que en la sala de espera no hay nadie más.
Fernando comenta que está cansado porque estos días se levanta muy temprano. Las dos chicas le preguntan por qué, y él dice que se levanta a
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las 7 para ir a trabajar. Berta dice que ella también madruga mucho y ex- plica que hace unos días, en lugar de entrar a los consultorios a las 9, entra una hora antes y que se tiene que levantar a las 6.
Clara le pregunta la razón, y Berta contesta que estos días falta una chica de pediatría y tiene que ir ella, pero que lo hace con mucho gusto porque le encanta estar con los niños pequeños.
Llega Alba y apenas se sienta pregunta si hoy es el último día. Le contestan que sí. Enseguida pregunta cómo seguirán ahora, si tienen que hacer algo individualmente o si el curso que viene volverá a hacerse el Grupo, y si será el mismo u otro diferente…
La terapeuta dice que ahora pueden pedir hora con el profesional que los lleva. Luego les propone hablar de cómo se ven ellos y qué piensan acerca de seguir en otro Grupo o no…
Berta dice que, si fuera otro Grupo como este, ella estaría muy con- tenta de continuar el año que viene, pero que si tiene que ser un Grupo como el del año pasado ¡ni en broma! Clara opina lo mismo y comenta que había dos muchachos que no paraban de molestar y no dejaban hablar a nadie. Berta piensa que este año ha sido entre gente adulta, los del año pasado eran unos críos.
Fernando se interesa por saber qué edad tenían, de dónde eran… Ellas explican anécdotas durante un buen rato. Clara menciona que cogían las sillas y se las tiraban.
La terapeuta comenta que están expresando que valoran este Grupo por distintas razones: las posibilidades de conversar, el clima de aceptación y de confianza que han encontrado en él y que también han contribuido a crear… Se hace un silencio.
Luego, empiezan a explicarle a Alba lo que hablaban antes de que ella llegara y Fernando lo resume diciendo que «del curro y de lo hechos polvo que estamos». Se extienden sobre el cansancio y el sueño que tienen. A continuación Fernando explica que estos días va a casa de una prima a montar unas piezas de material eléctrico y que cuantas más horas dedica, más piezas hace y más gana.
La terapeuta, refiriéndose a lo que hablaban Berta y Fernando, co- menta que, por lo que dicen, es evidente que el trabajo les significa esfuer- zo y cansancio, pero también satisfacciones y compensación, ya que Berta ha dicho que lo pasaba bien, y Fernando que gana un dinero.
En este momento llega Toni. La conversación vuelve ahora hacia cómo continuarán el curso que viene. Alba comenta que no sabe qué le va mejor, si el Grupo o el individual, y dice que no sabe qué hará. Fernando hace comentarios volviéndose a interesar en si el Grupo continuará.
La terapeuta recuerda que el Grupo acaba hoy, pero que ellos se pue- den plantear, hoy aquí y después con el profesional que les lleva, qué les convendría hacer, cómo podrían continuar. Dice que evidentemente se