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Los ajustes estructurales en la agricultura se consideraron una meta central de la política del Gobierno en 2000 y se hizo aún mayor hincapié en ellos en 2001. Tales ajustes incluyen cambios estructurales entre los productos básicos agrícolas, la mejora de la calidad de los principales productos y el fomento de la especialización regional. Estas nuevas orientaciones de política, que son en parte consecuencia de los esfuerzos de China por preparar su adhesión a la OMC, se

denominan «ajuste estratégico de la estructura agraria»72. Entre las

políticas y medidas fundamentales para apoyar estos ajustes figuran muchas de las que se han señalado anteriormente.

La orientación de las políticas es hacia una reiniciación de reformas de la comercialización de los cereales y hacia una reorientación de parte de la asignación de los recursos gubernamentales, del algodón y los alimentos básicos cereales, a productos en los que China tiene una ventaja comparativa, como los cultivos hortícolas, así como a la promoción de la especialización regional. Se trata de basarse más en China está cambiando su

ayuda a la agricultura, del sostenimiento de los precios a la inversión para intensificar la productividad.

Los ajustes estructurales en la agricultura son una prioridad de política.

medidas indirectas que son compatibles con la OMC: mejora de la tecnología, inversiones en infraestructura y la creación de un entorno institucional y económico favorable.

Varias políticas pueden complementar la transformación estructural de la agricultura y contribuir a que China sea más competitiva en el marco normativo posterior a su adhesión a la OMC, si bien tales políticas no dependen exclusivamente de quienes se encargan directamente de la agricultura. Los productores agrícolas deberán incrementar la escala de sus operaciones, lo que exige el desplazamiento de cantidades masivas de mano de obra al sector extraagrícola, en general, y a las zonas urbanas, en particular. Por ello, las políticas que fomenten el movimiento de la fuerza de trabajo serán también buenas para los ingresos y la producción agrícolas. Esto implica el fomento de políticas de empleo que conduzcan a una mayor organización, al desarrollo de ciudades rurales y al fomento del mercado del trabajo (eliminando las limitaciones a la expansión de pequeñas empresas en las zonas rurales). También estaría justificado a este respecto que se hiciera especial hincapié en las zonas rurales más pobres.

Conclusiones

China ha comenzado ya a prepararse para ajustarse al entorno de un régimen posterior a su adhesión a la OMC. Se han reducido los aranceles; se han enmendado muchas leyes y reglamentos; se han desviado las prioridades de la inversión; y se han cambiado las estrategias de política. El Gobierno dispone de muchas opciones. Considerando que el protocolo de la OMC, que China ha aceptado, impone restricciones a la acción de sus autoridades, éstas pueden seguir desempeñando una función activa ayudando al sector agrario. Algunas de las actividades más evidentes e importantes serán las encaminadas a incrementar el apoyo mediante inversiones que intensifiquen la productividad y no están limitadas por la OMC, tales como el gasto en investigación agraria, construcción de carreteras y creación de redes nacionales de información, así como el fortalecimiento de la capacidad de China para aplicar las disposiciones sobre obstáculos técnicos al comercio y medidas y normas sanitarias y fitosanitarias.

Incluso después de realizar estas inversiones, China seguirá teniendo margen, a pesar de las limitaciones de recursos fiscales, para promover determinados sectores. Aunque los sectores que requieren elevados coeficiente de tierras pueden enfrentarse con dificultades, China tiene una ventaja comparativa en muchos productos, como la horticultura, la fruta, la ganadería y la acuicultura, que le permitiría competir con los productos importados e incluso exportar.

Lo más fundamental es que la respuesta del Gobierno a la OMC implica una inversión completa del paradigma, de la participación

directa en la economía a la aceptación de una función regulatoria más indirecta. Esto supone el establecimiento de instituciones para crear y administrar eficazmente los bienes públicos y regular los mercados a fin de corregir los fracasos naturales. Una política gubernamental eficaz y polifacética puede hacer que China aproveche al máximo los beneficios y reduzca al mínimo los costos de las consecuencias adversas que se producirán.

III. América Latina y

el Caribe

PANORAMA REGIONAL

Resultados económicos generales

El año 2001 ha sido un período de estancamiento, si no de clara recesión, para la mayoría de las economías de la región de América Latina y el Caribe. El difícil entorno exterior, caracterizado por un lento crecimien- to económico y mercados financieros inestables, se ha sumado en varios países a problemas internos relacionados con la débil demanda nacio- nal, los desequilibrios macroeconómicos y la inestabilidad política. Estos factores se han traducido en una notable reducción de la actividad económica en la región, estimándose el crecimiento del PIB en torno al 1 por ciento en 2001, alrededor de la mitad de la tasa alcanzada en

200073. La reducción de la actividad económica, debido a sus efectos

depresivos en los sueldos, el empleo y, en último término, en la demanda efectiva de alimentos, constituye un grave retroceso desde el punto de vista de la seguridad alimentaria.

A diferencia de 2000, en que la fuerte economía de los Estados Unidos ejerció un efecto positivo más sólido en la parte norte de la región (especialmente México) que en el sur, en 2001 los malos rendimientos se distribuyeron con mayor igualdad en toda la región. Tuvieron consecuencias importantes para el conjunto de la región los bajísimos resultados obtenidos en sus tres mayores economías. En México, se preveía un crecimiento cero después de la tasa elevadísima (6,9 por ciento) alcanzada en 2000. La economía del Brasil, tras registrar signos prometedores de recuperación en 2000 y comienzos de 2001, sufrió las consecuencias de la grave crisis de la electricidad y del empeoramiento del entorno económico. En cuanto a la Argentina, que padecía su cuarto año consecutivo de recesión, su economía resultó gravemente afectada por la práctica desaparición total de la financiación exterior y por las dificultades para reducir el déficit fiscal y atender al servicio de la deuda pública. Estos acontecimientos arrojan incertidumbre sobre las perspec- tivas de la Argentina de alcanzar una pronta recuperación y suscitan preocupaciones por sus repercusiones financieras y comerciales en todo el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y el resto de la región. Perú y Uruguay se enfrentaron también con situaciones muy difíciles, que se prevé se traducirán en tasas de crecimiento inferiores al 1 por ciento en 2001, mientras que Chile y Venezuela, pese a padecer cierta desaceleración, mantendrán probablemente las tasas de crecimiento de un 3 por ciento.

La desaceleración del crecimiento económico se ha transmitido a todos los países mediante una pronunciada reducción del comercio. Al debilitarse la demanda y bajar los precios de sus productos de 2001 fue un año de

estancamiento económico para América Latina y el Caribe.

exportación, la región experimentó una notable reducción de sus ingresos de exportación. También se redujeron sus importaciones, si bien en medida menor que las exportaciones, por lo que se prevé que el déficit comercial de la región aumentará en 2001. Como consecuencia de ello, su actual déficit de cuenta aumentará de 47 000 millones de dólares EE.UU. en 2000 a 58 000 en 2001, representando esta última cifra el 3 por ciento del PIB de la región. Con los niveles de cuenta corriente y de capital indicados por las proyecciones, las transferencias netas de recur- sos a la región en 2001 serían casi cero. En realidad, por tercer año consecutivo, la afluencia bruta de capital deberá asignarse totalmente a la amortización de la deuda y a servicios atribuibles a los factores.

Resultados recientes de la agricultura

Con excepción de 1994-95 y 1999, que fueron años favorables para la agricultura, los resultados del sector agrícola de la región han tendido en los últimos años a ser peores que los del conjunto de la economía. Esto vale también para el 2000, en que el crecimiento de la producción agrícola del 2,1 por ciento fue notablemente inferior al de la actividad económica general y sólo ligeramente superior al crecimiento demográ- fico. El bajo crecimiento de la producción vegetal (0,6 por ciento) quedó compensado en parte con el sólido aumento continuo (4,4 por ciento) de la producción en el sector ganadero. El aumento de la producción de cultivos fue bajo en los tres principales países productores: Argentina (con la excepción de los cereales), Brasil (donde disminuyó la cosecha de cereales) y México. En cuanto a las subregiones, sólo en el Caribe los resultados de la agricultura fueron superiores a la media, con un aumento tanto de la producción vegetal como de la ganadera del 3,1 por ciento. En América Central y América del Sur, el aumento de la producción fue similar al promedio regional, del 1,7 por ciento y del 2,2 por ciento, respectivamente.

Cuadro 17

TASAS DE CRECIMIENTO ANUAL DEL PIB REAL EN AMÉRICA LATINA