Génesis 39.1—40.23
José y la esposa de Potifar39
Cuando José llegó a Egipto, fue vendido por los ismaelitas a Potifar, que era un egip- cio muy importante, ya que era el capitán de la guardia personal del faraón. 2El Señorbendijo mucho a José en la casa de su amo, de modo que tenía éxito en todo lo que emprendía.
3Potifar comprendió que el Señor estaba con José de una manera muy especial. 4Por supuesto,
José llegó a ser su persona de confianza. Pronto estuvo a cargo de la administración de la hacienda y todos los negocios de Potifar. 5Inmediatamente, Dios comenzó a bendecir a Poti-
far, por amor a José. Todos los asuntos de su hacienda comenzaron a prosperar, sus cosechas aumentaron y se multiplicó su ganado. 6Por esa razón, Potifar le entregó a José la responsa-
bilidad de administrar todas sus posesiones. Potifar no tenía nada de qué preocuparse, sino de comer.
Además de las cualidades mencionadas, José era un joven bien parecido. 7Un día la mujer
de Potifar comenzó a fijarse en José, se enamoró de él y lo invitó a tener relaciones sexuales con ella. 8Pero José se rehusó a hacerlo, y le dijo:
—Señora, mi amo confía en mí en todo lo relacionado con su hacienda; 9él me ha dado toda
su autoridad. No me ha prohibido ninguna cosa. Solamente sobre usted yo no tengo ningún derecho, pues usted es su esposa. ¿Cómo podría yo hacerle una maldad tan grande como ésta? Sería un pecado muy grande contra Dios.
10Pero ella continuó con sus insinuaciones día tras día, a pesar de que él se negaba y evi-
taba en todo lo posible encontrarse con ella a solas. 11Un día, mientras José estaba haciendo
sus quehaceres en la casa, ella aprovechó que no había nadie más en la casa, 12lo agarró de la
túnica y le ordenó: —¡Acuéstate conmigo!
Él salió corriendo, pero ella logró echarle mano del manto y se lo quitó. 13Cuando ella vio
el manto de José en sus manos, y que él había huido, 14,15comenzó a gritar. Cuando los otros
hombres que estaban cerca llegaron corriendo para ver lo que ocurría, ella comenzó a gritar histéricamente.
—¡Mi marido tenía que traer a ese esclavo hebreo para que nos insultara! —dijo lloran- do—. Trató de violarme, pero cuando grité, huyó y olvidó llevarse el manto.
16Ella guardó el manto, y cuando Potifar regresó a casa esa noche, 17le dijo:
—¡El esclavo hebreo que tienes aquí quiso violarme, 18y solamente mis gritos me salvaron!
¡Al salir corriendo se le quedó su manto!
19Cuando Potifar oyó esto, se enfureció. 20Tomó preso a José y lo echó en la cárcel donde
tenían encadenados a los prisioneros del rey. 21Pero el Señor estuvo con José también allí y le
mostró su amor, permitiendo que se ganara la confianza del carcelero. 22El hecho es que el
carcelero pronto le entregó el cuidado de los prisioneros y lo dejó a cargo de todo lo demás que se hacía en la cárcel. 23Por eso, el carcelero ya no se preocupaba de nada, porque José tenía
cuidado de cada cosa y el Señor hacía que todas las cosas le salieran bien.
El copero y el panadero
40
Mucho tiempo después, el jefe de los panaderos y el jefe de los coperos que servían al rey de Egipto, hicieron algo que lo ofendió. 2,3Por eso, el faraón se enojó con ellos y losmandó a la misma cárcel en donde estaba José, es decir, en la casa del capitán de la guardia.
4Estuvieron presos un buen tiempo, y el capitán de la guardia designó a José para que los
atendiera. 5Cierta noche cada uno de ellos tuvo un sueño. 6A la mañana siguiente José los notó
tristes y deprimidos.
7—¿Qué les pasa? ¿Por qué están tan tristes? —les preguntó. 8Ellos le contestaron:
—Cada uno de nosotros tuvo un sueño anoche, y no hay quién nos interprete los sueños.
9,10El primero en contar su sueño fue el jefe de los coperos:
—En mi sueño vi una vid con tres ramas que brotaron, florecieron y luego dieron racimos de uva madura. 11Yo tenía la copa del faraón, Entonces tomé las uvas y las exprimí en la copa
del faraón y se la serví.
12José entonces le dijo:
—Esta es la interpretación del sueño: Las tres ramas son tres días. 13Dentro de tres días el
apiádate de mí cuando hayas vuelto a gozar del favor del faraón, y pídele que me saque de aquí. 15Yo soy un hebreo que fue raptado de su tierra, y ahora estoy en la cárcel sin haber
hecho nada para merecer este castigo.
16Cuando el jefe de los panaderos vio que el primer sueño tenía un significado tan bueno,
también le contó su sueño a José.
—En mi sueño llevaba tres canastos de pan sobre la cabeza. 17El canasto de encima estaba
lleno de deliciosos productos de pastelería, hechos especialmente para el faraón. Pero vinie- ron las aves y se los comieron.
18—Los tres canastos son tres días —le dijo José—. 19De aquí a tres días, el faraón te quitará
la cabeza, colgará tu cuerpo de un madero, y las aves comerán tus carnes.
20Tres días más tarde, el faraón hizo una fiesta para celebrar su cumpleaños. Invitó a todos
sus funcionarios y a todo el personal de su palacio. Mandó a buscar al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos. Así que los sacaron de la cárcel y los llevaron delante del faraón.
21Entonces el faraón colocó de nuevo al jefe de los coperos en su cargo, 22pero mandó a ahor-
car al jefe de los panaderos, tal como lo había dicho José. 23Sin embargo, el jefe de los coperos
se olvidó por completo de José.
Salmo 10.1–11
10
Señor, ¿por qué te retraes y te mantienes alejado? ¿Por qué te ocultas cuando más tenecesito?
2Ven y llama a cuentas a estos hombres altivos y malvados que se encarnizan persiguiendo
a los pobres. Derrama sobre estos malvados el mal que para otros planeaban. 3Estos hombres
se vanaglorian de todos sus malos deseos, injurian a Dios y felicitan al ambicioso.
4Estos malvados, tan orgullosos y altivos, parecen creer que Dios ha muerto. ¡No se les ocu-
rre siquiera buscarlo! 5No obstante, todo cuanto emprenden les sale bien. No ven el castigo
tuyo que les espera. 6Se jactan de que ni Dios ni el hombre pueden hacer nada contra ellos;
siempre estarán libres de problemas.
7Tienen la boca llena de maldiciones, mentira y fraude. En la punta de su lengua tienen
maldad y problemas. 8Acechan en las callejuelas oscuras de la ciudad y asesinan a los inocen-
tes que pasan. 9Como leones, se agazapan silenciosos en espera de lanzarse sobre los inde-
fensos. Como cazadores, hacen caer a sus víctimas en sus trampas. 10Los desdichados son
vencidos por la mayor fuerza de ellos, y caen bajo sus golpes. 11«Dios no ve, no se dará cuenta»,
dicen para sí los malvados.
Proverbios 4.1–6
La sabiduría es lo máximo4
Escuchen hijos la corrección de un padre. Pongan atención para que adquieran inteligen- cia. 2Yo digo la verdad; no se aparten. 3Yo también he sido hijo; cuando era el niño con-sentido de mi madre, 4mi padre me enseñaba y me decía: «Guarda en tu corazón mis palabras,
obedece mis mandamientos, y vivirás. 5Adquiere sabiduría e inteligencia, no la olvides ni te
apartes de ellas. 6No abandones la sabiduría, ámala, y ella te protegerá.
Mateo 13.31–58
Parábolas del grano de mostaza y de la levadura
31Jesús también refirió esta otra parábola:
«El reino de los cielos es como una pequeña semilla de mostaza plantada en un campo. 32La
semilla de mostaza es la más pequeña de todas las semillas, pero se convierte en un árbol enorme en cuyas ramas los pájaros hacen sus nidos».
33Y les dijo también:
«El reino de los cielos es como la levadura que una mujer toma para hacer pan. Luego la mezcla con tres medidas de harina, y leuda toda la masa».
34Jesús siempre usaba estas ilustraciones cuando hablaba con la multitud. Sin parábolas no
les hablaba. 35Así se cumplió lo que el profeta había dicho:
«Hablaré en parábolas y explicaré las cosas que han estado escondidas desde la fundación del mundo.»g
Explicación de la parábola de la mala hierba
36Cuando despidieron a la multitud y regresaron a la casa, sus discípulos le pidieron que les
explicara el simbolismo de la mala hierba y el trigo.
37—Muy bien —comenzó—: Yo soy el labrador que siembra el grano selecto. 38El terreno
en que se sembró es el mundo y las buenas semillas son los súbditos del reino; las malas hierbas son los súbditos de Satanás. 39El enemigo que sembró la mala hierba entre el trigo
es el diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. 40De la misma
manera que los segadores separan el trigo de la mala hierba y queman ésta, en el fin del mundo 41enviaré a mis ángeles a arrancar del reino a los que tientan a los demás y a los que
hacen el mal. 42Y una vez arrancados, ¡irán a parar al fuego! Allí será el llorar y el crujir
de dientes. 43Entonces los justos brillarán como el sol en el reino del Padre. ¡El que tenga
oídos, oiga!
Parábolas del tesoro escondido y de la perla
44»El reino de los cielos es también como un tesoro escondido en un terreno. Un hombre
viene y lo encuentra. Emocionado y lleno de ilusiones, vende todo lo que tiene y compra el terreno, con lo cual está adquiriendo también el tesoro.
45»El reino de los cielos es como un mercader de perlas que anda en busca de perlas finas. 46Por fin descubre una verdadera oportunidad cuando le ofrecen a buen precio una perla de
gran valor. Entonces corre, vende todo lo que tiene y la compra.
Parábola de la red
47»El reino de los cielos es como el pescador que tira la red al agua y recoge peces de todo
tipo, buenos y malos. 48Cuando se llena la red, la lleva a la orilla y se sienta a escoger los pesca-
dos. Los buenos los echa en una canasta y los malos los desecha. 49Así sucederá cuando llegue
el fin del mundo. Los ángeles vendrán y separarán a los malos de los justos 50y arrojarán aqué-
llos al fuego. Allí será el llorar y el crujir de dientes. 51¿Entienden ahora?»
—Sí —contestaron—. Gracias.
52Entonces Jesús añadió:
—Los maestros de la ley que se han convertido en mis discípulos tienen a su alcance un tesoro doble: las antiguas verdades de las Escrituras y las verdades nuevas que mis enseñan- zas revelan.
Un profeta sin honra
53Al terminar de exponer estos simbolismos, Jesús fue 54a Nazaret de Galilea, el pueblo de
su niñez, y allí enseñaba en la sinagoga. La gente estaba maravillada con su sabiduría y por sus milagros.
55—¿Será posible? —comentaban—. Este es hijo de María y del carpintero, y hermano de
Jacobo, José, Simón y Judas. 56Sus hermanas viven aquí mismo. ¿De dónde habrá sacado tanta
sabiduría?
57Y terminaron enojándose con él. Entonces Jesús les dijo.
—Al profeta nunca lo aceptan en su propia tierra ni entre su propia gente.
58Por causa de la incredulidad de la gente no hizo allí muchos milagros.