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El verdadero hijo de DiosEnero

Génesis 21.1—22.24

Nacimiento de Isaac

21

El Señor se acordó de Sara y le cumplió lo que le había prometido. 2Por eso, Sara quedó

embarazada y le dio un hijo a Abraham en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. 3Al hijo que Sara le dio Abraham le dio el nombre de Isaac. 4Cuando el niño cumplió

ocho días, Abraham lo circuncidó, tal como Dios le había ordenado. 5Cuando Isaac nació, Abra-

ham ya tenía cien años. 6Y Sara dijo:

«Dios me ha hecho reír, y cualquiera que oiga que he tenido un hijo, se reirá conmigo. 7Por-

que, ¿quién se hubiera atrevido a decirle a Abraham que yo le iba a dar de mamar a un hijo? Sin embargo, ¡le he dado un hijo a Abraham en su vejez!

Expulsión de Agar e Ismael

8El niño creció y llegó a la edad en que fue destetado. Y Abraham celebró la ocasión con una

gran fiesta. 9Pero Sara vio que Ismael, el hijo que la egipcia Agar le había dado a Abraham, se

burlaba de Isaac. 10Entonces fue y le dijo a Abraham:

—Echa a la esclava y a su hijo. ¡Jamás permitiré que el hijo de esa esclava participe de los bienes que le corresponden a mi hijo Isaac!

11Esto le causó mucho dolor a Abraham, porque, después de todo, Ismael también era hijo

suyo. 12Pero Dios le dijo a Abraham:

—No te preocupes por el niño ni por la esclava. Haz lo que Sara te ha dicho, porque Isaac es el hijo a través del cual te daré descendencia. 13También de los descendientes del hijo de la

esclava haré una nación, porque es tu hijo.

14Al día siguiente, Abraham se levantó temprano, preparó alimentos para el viaje, ató una

vasija de cuero con agua a las espaldas de Agar y la despidió junto con su hijo. Ella se fue y anduvo de un lado para otro por el desierto de Berseba. 15Cuando se le terminó el agua de la

vasija, puso al muchacho bajo un arbusto. 16Luego ella fue a sentarse a cierta distancia de allí,

pues se decía a sí misma: «No quiero verlo morir». Cuando ella se sentó, el niño se puso a llorar a gritos.

17Entonces Dios oyó el clamor del niño, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo y le

dijo:

—Agar, ¿qué te pasa? No tengas miedo. Dios ha oído el clamor del niño. 18Anda, levanta al

niño y tómalo de la mano, porque haré de él una nación grande.

19Entonces Dios le abrió los ojos y ella vio un pozo. Así que llenó la vasija de cuero y le dio

de beber al niño. 20,21Dios bendijo a Ismael, el cual vivió en el desierto de Parán y se convirtió

en un excelente arquero. Su madre lo casó con una egipcia. Pacto entre Abraham y Abimélec

22Por este tiempo, el rey Abimélec, acompañado de Ficol, el comandante de sus tropas, fue

a donde estaba Abraham y le dijo:

—Es evidente que Dios te bendice y te ayuda en todo lo que emprendes. 23Júrame, por Dios,

ahora mismo, que no nos harás daño ni a mí ni a mis hijos ni a mis descendientes. Júrame que, tanto a mí como a los habitantes de este país donde vives como extranjero, nos tratarás con la misma bondad con que yo te he tratado.

24Abraham contestó:

—¡Te lo juro!

25Luego, Abraham le hizo el reclamo a Abimélec acerca de un pozo que los siervos de éste

le habían quitado.

26—Sólo hasta ahora me entero de esto —exclamó el rey—, y no sé quién tenga la culpa.

¿Por qué no me lo dijiste antes?

27Entonces Abraham le dio ovejas y vacas a Abimélec; y los dos hicieron un pacto. 28Abraham puso aparte siete corderas del rebaño. 29Entonces Abimélec le preguntó:

—¿Para qué son esas siete corderas que has separado?

30Abraham contestó:

—Es un regalo que te hago como confirmación pública de que este pozo es mío.

31Desde ese momento el pozo fue llamado Berseba (pozo del juramento), porque allí los dos

hicieron un juramento.

32Después de haber hecho este pacto en Berseba, el rey Abimélec y Ficol, el comandante

Berseba, e invocó el nombre del Señor, el Dios eterno. 34Y vivió Abraham en Filistea durante

mucho tiempo. Dios prueba a Abraham

22

Después de algunos años, Dios sometió a Abraham a una prueba. —¡Abraham! —llamó Dios.

—Aquí estoy —respondió Abraham.

2Entonces Dios le dijo:

—Toma a Isaac, tú único hijo a quien tanto amas, y llévalo a la tierra de Moria. Cuando llegues a allá, me lo ofrecerás en holocausto sobre uno de los cerros que yo te señalaré.

3Al día siguiente, Abraham madrugó y ensilló su burro. Luego cortó la leña para el holo-

causto, y junto con dos de sus criados y su hijo Isaac salió rumbo al lugar que Dios le había indicado. 4Al tercer día, alzó Abraham los ojos y vio el lugar a lo lejos. 5Entonces Abraham les

dijo a sus criados:

—Quédense aquí con el burro, mientras el muchacho y yo vamos allí para adorar. Luego volveremos.

6Abraham puso la leña del holocausto sobre los hombros de Isaac, y tomó el cuchillo y el

fuego. Entonces los dos continuaron juntos el camino.

7—¡Padre mío! —dijo Isaac—.

Y Abraham le contestó:

—Aquí estoy, ¿qué quieres, hijo mío?

—Tenemos la leña y el fuego —siguió diciendo Isaac—, pero ¿dónde está el cordero para el sacrificio?

8Abraham le respondió:

—Dios lo proveerá, hijo mío.

Y siguieron caminando. 9Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham

edificó un altar y colocó la leña. Luego ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar, sobre la leña.

10Enseguida Abraham tomó el cuchillo, para matar a su hijo. 11En ese momento, el ángel del

Señor le gritó desde el cielo:

—¡Abraham! ¡Abraham!

—Aquí estoy —contestó Abraham.

12—¡Suelta el cuchillo! No le hagas ningún daño al muchacho —le dijo el ángel—. Ahora sé

que de verdad tienes temor de Dios, porque no te negaste a darme a tu único hijo.

13Entonces Abraham miró hacia atrás y vio que un carnero estaba enredado por los cuernos

en un arbusto. Fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto, en lugar de su hijo. 14Por eso,

Abraham le puso a ese lugar el nombre de «el Señor proveerá». Hasta hoy se dice: «En un

monte el Señor proveerá».

15Poco después, el ángel del Señor llamó nuevamente a Abraham desde el cielo, 16y le dijo:

—Ya que me obedeciste y no me negaste a tu único hijo, juro por mí mismo —lo digo yo, el Señor—, que 17te bendeciré muchísimo. Tu descendencia será tan numerosa como las estre-

llas del cielo y como la arena del mar. Además, tus descendientes poseerán las ciudades de sus enemigos. 18Por haberme obedecido, todas las naciones del mundo serán bendecidas por

medio de tus descendientes.

19Entonces Abraham regresó al lugar donde había dejado a sus criados. Luego todos volvie-

ron a Berseba, y Abraham se quedó a vivir allí. Los hijos de Najor

20-23Después de algún tiempo, Abraham recibió un mensaje en que se le contaba que Milca,

la esposa de Najor, el hermano de Abraham, había tenido ocho hijos. El primero de ellos fue Uz.

Luego nacieron:

Buz y Quemuel, que fue el padre de Aram. A éstos les siguieron:

Quésed, Jazó, Pildás, Yidlaf y Betuel. Este último fue el padre de Rebeca.

Así que estos fueron los ocho hijos que Milca le dio a Najor, el hermano de Abraham.

24Además, con su concubina Reumá, Najor tuvo cuatro hijos, que fueron:

Salmo 6.6–10

6El dolor me tiene agotado; cada noche baño en lágrimas mi almohada. 7Los ojos se me

están envejeciendo y nublando de sufrimiento a causa de todos mis enemigos.

8Váyanse; déjenme ya, hombres de perversas obras, porque el Señor ha escuchado mi llanto 9y mi súplica. Él responderá a todas mis oraciones. 10Todos mis enemigos quedarán repentina-

mente en ridículo, aterrorizados y avergonzados. Serán rechazados afrentosamente.

Proverbios 3.5–6

5Confía en el Señor con todo tu corazón, y no confíes en tu propia inteligencia. 6Busca la

voluntad del Señor en todo lo que hagas, y él dirigirá tus caminos.

Mateo 8.18–34

Lo que cuesta seguir a Jesús

18Al ver Jesús que la multitud crecía, pidió a sus discípulos que se prepararan para pasar al

otro lado del lago. 19En eso, un maestro de la ley de Dios le dijo:

—Maestro, te seguiré vayas adonde vayas.

20—Las zorras tienen guaridas y las aves nidos —le respondió Jesús—; pero yo, el Hijo del

hombre, no tengo ni dónde recostar la cabeza.

21Otro de sus seguidores le dijo:

—Señor, te seguiré pero déjame que vaya antes a enterrar a mi padre.

22Pero Jesús le contestó:

—No, sígueme ahora. Deja que los que están muertos se ocupen de sus muertos.

Jesús calma la tormenta

23Entonces subió a una barca con sus discípulos y zarparon de allí. 24Durante la travesía se

quedó dormido.

Poco después se levantó una tormenta tan violenta que las olas inundaban la barca. 25Los

discípulos corrieron a despertar a Jesús: —¡Señor, sálvanos! ¡Nos estamos hundiendo!

26—Hombres de poca fe, ¿a qué viene tanto miedo? —les respondió.

Entonces, se puso de pie, reprendió al viento y a las olas, y la tormenta cesó y todo quedó en calma.

27Pasmados, los discípulos se decían:

«¿Quién es éste, que aun los vientos y la mar lo obedecen?»

Liberación de dos endemoniados

28Ya al otro lado del lago, en tierra de los gadarenos, dos endemoniados le salieron al

encuentro. Vivían en el cementerio, y eran tan peligrosos que nadie se atrevía a andar por aquella zona. 29Al ver a Jesús, le gritaron:

—¡Déjanos tranquilos, Hijo de Dios! ¡Todavía no es hora de que nos atormentes!

30Por aquellos alrededores andaba un hato de cerdos, 31y los demonios le suplicaron a

Jesús:

—Si nos vas a echar fuera, déjanos entrar en aquel hato de cerdos.

32—Está bien —les respondió Jesús—. Vayan.

Y los demonios salieron de los hombres y entraron en aquellos cerdos. Estos se despeñaron desde un acantilado y se ahogaron en el lago.

33Los que cuidaban los cerdos salieron corriendo y se fueron a la ciudad a contar lo sucedido, 34y la ciudad entera vino al encuentro de Jesús y le suplicaron que se fuera de aquellos lugares.

«Porque los sanos no necesitan médico, y los enfermos sí. Vayan y traten

de entender el texto que dice: «Misericordia quiero, no sacrificios»,

porque yo no he venido a llamar a los buenos, sino a los malos.»