La prolongación de la vida sexual activa y placentera después de la menopau- sia es ya un fenómeno común. Conforme el progreso en todos sus órdenes ha permitido vivir más años la sexualidad acompaña esta longevidad otorgándole calidad. Cada vez son más las mujeres que se sienten plenas sexualmente al llegar a la menopausia y después de ésta.
Algunas investigaciones efectuadas para conocer las condiciones de las mu- jeres en el periodo climatérico, que les permiten o no continuar con su vida sexual, señalan que el mayor nivel de escolaridad,21 el apoyo familiar, los co-
nocimientos acerca del climaterio y de la menopausia22 y el trabajo fuera del
hogar23 son factores que las protegen de los síntomas físicos y psicológicos
durante el climaterio y, por lo tanto, tienen mayor actividad sexual. Condiciones como tener un trastorno de personalidad se asocian con mayores probabilida- des de síntomas psicológicos en el climaterio y más dificultades para la vida sexual.2
A partir de los estudios señalados y otros más24 puede apreciarse que la acti-
vidad sexual femenina durante el climaterio no necesariamente disminuye sino que depende, en muchas ocasiones, de las características socioculturales del grupo al que se dirigen las investigaciones.
Cuando cesa la menstruación, la mujer se pregunta: “¿qué está pasando con- migo? ¿Qué enfrentaré? ¿Quién soy ahora?” Las respuestas a esas preguntas pueden tener mayor repercusión en el cambio hormonal. Su vida amorosa se puede afectar en función del tipo de amor que haya construido con su pareja. Las mujeres que viven en hogares con violencia física o sexual la llegada de la menopausia puede devaluar aún más su imagen ante su pareja y ellas, que muchas veces se habían mantenido en el hogar con el pretexto de que los hi- jos las necesitaban, enfrentan la posibilidad de que los hijos se vayan de casa, no quedándoles más remedio que dirigir la mirada hacia sus maridos.25 Pinto
describe, además, otras vivencias de mujeres en la menopausia; por ejemplo la que ha construido su identidad a partir del servicio al marido, la cual, piensa Pinto, vivirá la menopausia sin grandes cambios porque ella anuló el placer y toda posibilidad de realización personal; la mujer que se quedó soltera porque asumió la responsabilidad de “cuidar” a sus padres, al enfrentar la menopausia
reconocerá que su vida la ha regalado a otros y que el tiempo que le queda es muy corto para apropiarse de ella; otro caso es el de la mujer que hizo del sentido de su vida el ser madre, cuando llega a la menopausia debe asimilar que no podrá traer nuevos hijos al mundo y contemplar cómo los que tiene se separan de ella para emanciparse, sus alegrías se han limitado a los éxitos de su progenie.27
Pinto describe que cuando sobreviene la menopausia en las mujeres emancipa- das, la pasión que sienten por realizar sus sueños hace que la menopausia prác- ticamente pase inadvertida porque el sentido de su vida es indiferente al anuncio del término de su fertilidad.27 Si permanecen casadas, el esposo es alguien que
apoya el desarrollo de sus logros, y quizá se trate de un varón que abandonó la estructura mental machista por lo que será capaz de asumir funciones tradicio- nalmente femeninas. Cuando la mujer emancipada deja de menstruar, su vida sexual se adapta a los cambios. Con su pareja encontrará alternativas eróticas para continuar disfrutando de sus encuentros sexuales. Se producirá una espe- cie de “adolescencia adulta”, porque las modificaciones hormonales se ligarán con nuevas sensaciones: la sensualidad se hará más táctil y más serena. La renovación erótica y la desvinculación de los hijos promueven en la pareja el incremento de la intimidad, el volver a enamorarse y la forja de nuevos planes conyugales.27
reComendaCiones
Es importante que los profesionales de la salud estén conscientes de la influen- cia que las creencias acerca de la menopausia, el estilo de vida, las tradiciones culturales y los factores biológicos, pueden ejercer en las mujeres para que vivan adecuadamente o no, el tiempo del climaterio. Esto permitirá a esos profesiona- les trasmitir una información equilibrada a sus pacientes, basada en la evidencia científica, que las capacite, a hacer elecciones adecuadas de su tratamiento, cuando lo requieran. La educación en salud acerca de la menopausia sigue siendo necesaria para aplicar activamente la combinación del modelo médico- biológico y promover un enfoque bio-psico-socio-cultural en esta etapa de la vida.
Cuando una mujer en el climaterio reporta síntomas sexuales con un médico, éste normalmente debería preguntar sobre: su función sexual y si ha experimen- tado alguna disfunción sexual o problemas en el pasado; la función sexual de su pareja y si hay algún problema que pueda afectar el funcionamiento sexual en pareja; la historia de sus relaciones de pareja; los factores psicosociales que pueden intervenir en su funcionamiento sexual, como las creencias religiosas, las tensiones de la vida; la historia de quejas psicológicas como la depresión; el historial médico incluidas las condiciones previas sexuales, como infecciones de transmisión sexual y el uso actual de medicamentos. Es conveniente, también,
un examen físico, principalmente cuando hay síntomas como la dispareunia. En ocasiones será necesario también solicitar algún examen de laboratorio (como perfiles hormonales) o de gabinete.
Con la indagación de todos estos aspectos el médico considerará si los sínto- mas de la mujer se relacionan con los cambios hormonales de la menopausia, o si hay otros factores que causan o contribuyen a estos síntomas. Aproximada- mente en un tercio de las parejas los cambios en la función sexual masculina (como la disfunción eréctil) son la causa de la disfunción femenina en la postme- nopausia. Debido a esto, lo ideal es realizar entrevistas de la pareja juntos y por separado, incluso si la pareja no tiene alguna disfunción sexual obvia, pues su participación en el proceso de tratamiento puede ayudar a entender los cambios que están sucediendo.
Las intervenciones que se centran en el tratamiento de mujeres en el climaterio, que informan de sus preocupaciones acerca de su bienestar sexual, se dividen en dos grandes categorías: tratamientos farmacológicos destinados a “corregir” las deficiencias hormonales de la menopausia y/o las intervenciones psicoló- gicas dirigidas a tratar la relación psicosocial y los factores que inciden en la calidad de la vida sexual en la edad media.
Entre las terapias no hormonales, en muchos casos los lubricantes vaginales son suficientes para aliviar los síntomas, en particular, la sequedad vaginal. Estos productos suelen recomendarse para aliviar los síntomas antes de otros trata- mientos, que implican mayores efectos secundarios.
Las investigaciones y la clínica han establecido que la calidad de la vida sexual de las mujeres en la menopausia está determinada por una compleja interacción de múltiples factores, como los psicológicos y psicosociales, pareciendo éstos ser mayores predictores de la calidad de vida sexual que los factores físicos. Por lo tanto, las intervenciones que aborden los factores psicológicos y psicosocia- les podrían ser de mayor beneficio para las mujeres con mala calidad de vida sexual, que las intervenciones farmacéuticas que tratan los síntomas físicos y los problemas de la función sexual.
Las intervenciones dirigidas a tratar los problemas sexuales causados por fac- tores psicológicos y psicosociales pueden incluir terapias cognitivas, como la terapia cognitivo-conductual, terapia sexual e incluso psicoterapia psicodinámi- ca. Cada una de estas intervenciones se centra en el individuo y pueden, por lo tanto, ser útiles cuando la barrera para el bienestar sexual proviene de la propia paciente; por ejemplo, cuando la mala calidad de la vida sexual se relaciona con la actitud de la paciente hacia las relaciones sexuales, el envejecimiento o la menopausia, la dificultad para adaptarse a la nueva función sexual o papel en la vida, o el estrés de la vida actual. Cuando el obstáculo para una buena calidad
de vida sexual se encuentra dentro de la relación de la mujer con su pareja se- xual, la terapia de pareja puede ser lo más adecuado.
Las intervenciones psicológicas también pueden ayudar a las mujeres a hacer frente a otros factores de estrés en su vida que influyen en la gravedad de los síntomas de la menopausia, como el estrés en el lugar de trabajo, o los proble- mas con los hijos.
Algunos estilos de vida que ayudan a vivir mejor el tiempo del climaterio son: el ejercicio regular, alcanzar un peso óptimo, la dieta sana, reducción de las fuentes de estrés, dejar de fumar o ingerir alcohol o cafeína en exceso y mejorar la higiene del sueño. Dedicar tiempo para tener intimidad y mantener las relacio- nes sexuales es muy importante porque la actividad sexual regular aumenta la elasticidad vaginal y la lubricación; si no se tiene pareja, la autoestimulación es igualmente eficaz.
También puede ser importante para la pareja aprender nuevas técnicas sexua- les. El aprendizaje y uso regular de técnicas sexuales sin penetración puede ser importante para las mujeres que experimentan dolor durante el coito. En otros casos, las parejas pueden beneficiarse del aumento de los juegos preliminares antes de intentar la penetración vaginal, y técnicas sexuales que implican mayor estimulación vulvar y del clítoris como un masaje íntimo, el sexo oral, el uso de lubricantes sexuales e incluso el uso de juguetes sexuales. Aprender a ser más permisivo sexualmente y a no sentirse culpable por vivir su sexualidad en estas etapas de la vida, así como hacer conciencia de que todavía se puede tener una vida sexual satisfactoria.
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