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AMASAR Y CONVERSAR

2. Capítulo 2: Capturando los momentos Metodología VerSOS Hacer decolonial

2.3 AMASAR Y CONVERSAR

Con Edgar Moreno, mi papá

En un primer encuentro nos adentramos a lo que conversaríamos sobre su historia de

educación y sobre aquello que más le apasionó aprender en la vida: la panadería. Con esto

decidimos que el saber a compartir sería el amasar y en esta oportunidad lo haríamos para

elaborar un producto considerado como típico y autóctono. En principio hablamos sobre la

historia del pan, historia por supuesto occidental. Así que propuse a mi papá que

habláramos sobre el pan de nuestros aborígenes con lo que terminamos conversando sobre

productos elaborados a base de maíz como las arepas y la chicha. Nuestro encuentro se

llamó AMASAR Y CONVERSAR y de él, elaboramos almojábanas que degustamos para

Durante las historias de mi papá de la escuela, los amigos, las vacas y los burritos…

Conversamos sobre su historia de educación en el campo, de sus días en el hogar entre

vacas y burritos y de su vivencia bajo un sistema patriarcal, en donde su papá -mi abuelo

Tobías- no pensaba tanto en su educación como sí en el que por ser el mayor era quien más

debía trabajar. Así que su paso por la escuela rural fue corto, pero a pesar de ello, todavía

recuerda a la maestra que le enseñaba a recitar las lecciones que debía recordar. Recordó

que sus juguetes eran piedras que amarradas a una cabuya solía arrastrar para simular un

carro, un perro o un caballo. Me contó que el trabajo en el campo, a la edad de 9 años, era

algo muy duro y difícil y que ante un descuido por jugar o por hacer otra cosa propia de su

niñez, aquellas piedras con las que solía jugar y que convertía en carros y en caballos,

rebotaban en su cabeza como consecuencia a su desobediencia.

En la siguiente fotografía, tomada por mi mamá en un día de paseo a Toca Boyacá,

lugar en donde nació mi papá, se observa él posando frente a la que por algun tiempo fue

la escuela a la que asistió para aprender a recitar de memoria el himno nacional y algunos

poemas y trabalenguas. La escuela esta ubicada en la vereda de Tuaneca arriba, muy cerca

Foto 12: Mi papá en la escuela

De esta historia se contó que a mi papá no le alcanzó ni la paciencia ni el amor por

mi abuela para permanecer en el hogar. Pues el trato que recibía por parte de mi abuelo, al

considerarlo con más obligación por ser hombre y por ser el mayor de los hermanos, lo

obligó a escapar de su casa en el campo a la temprana edad de 12 años para llegar a una

ciudad añorada y admirada en ese entonces por ser la capital, el lugar de las oportunidades

y, estando allí, conocer otro tipo de escuela en donde aprendería lo que con tanto empeño

me compartió en nuestra conversación: el arte y oficio de la panadería.

“Hacer pan no tiene mayor ciencia”, dice mi papá. Para los científicos del pan esto podría ser una afirmación errónea y también significar que solo un inexperto sería capaz de

no reconocer todo un proceso, que desde procedimientos teóricos, físicos y químicos se

presentan en la mezcla en busca del sabor y la textura perfecta para su gusto. El gusto de

mi papá va más allá de medidas y de teorías. La clave para él está en mezclar con el

importantes de sus historias, de sus penas y de sus glorias. Este momento significó y

seguirá significando en mi vida una de mis tantas lecciones aprendidas en “Amasar y Conversar” con mi papá: el pan al igual que la palabra, nutren la vida y nutren el alma.

Foto 13: Amasando juntos

2.4 BORDAR Y CONVERSAR

Con Dilsa Fernández, mi mamá

Son muchos los saberes que mi mamá tiene. Sus manos han sido su mejor

instrumento de aprendizaje y de enseñanza. Para esta oportunidad hablamos y decidimos

que conversaríamos sobre nuestras historias de educación desde su taller de creación. Y

nuestra forma de caminar se dio a través del ejercicio de bordar. El bordado me recordó

cuyo destino estaba ligado a las puntadas y a la repetición sincrónica de las oraciones

religiosas. Mi mamá todos los días borda y todos los días ora. Decidimos entonces que

nuestro encuentro se llamaría BORDAR Y CONVERSAR.

Foto 14: Bordando

Mi mamá creció en una familia de varias hermanas y hermanos que no se

distanciaban mucho en edad. Desde su infancia y hasta este momento, ha estado al lado de

mi abuela materna cuidando de ella y acompañándola para no darle oportunidad a la

soledad y al olvido de arrebatársela. En su juventud, y ante la decisión de mi abuelo de

dejar el hogar, trabajó fuertemente al lado de mi abuela para poder tener recursos que les

permitiera subsistir. Mis tías se casaron jóvenes y se fueron temprano del hogar y mi

mamá al ser la menor se quedó más tiempo y creció con la convicción, de que al ser mujer

amor de su vida, aquel que logró conquistarla con roscones, peras, torticas y demás

delicias de la panadería. Entonces comenzó otra parte de su historia.

En esta siguiente fotografía, se observa a mi mamá a sus doce años de edad durante

los años 70s caminando por la carrera séptima en Bogotá. Quizá sin saber que dentro poco

por esos días, tomaría la decisión de renunciar a la escuela para empezar otro camino y

dejar otra huella. Un camino de tejido aprendido al lado de mi abuela y que la llevaría a

tomar un interés por el arte y por otros tipos de saber.

Qué quiere que bordemos…

Fue lo primero que me preguntó mi mamá antes de empezar. La verdad no sabía qué

quería bordar y ante esa indecisión, y como en muchas otras, llega ella y con su creatividad

todo lo arregla. Mi mamá no aprendió de historia en la escuela. De hecho, fue por la clase

de historia que se escapó de ella y se exilió en su propia escuela. La escuela del hogar y de

algunos cursos intermitentes que iban encendiendo su mente hacia el querer aprender más.

Ella se considera una artesana y entre muchas otras cosas que con mucho talento logra

hacer, una de las que más le gusta es el bordado, algo que en su historia de educación ha

tenido un protagonismo especial.

Una de sus grandes cualidades es la creatividad. Con ella siempre tuvo algo que hacer

para que nosotros sorprendiéramos en nuestros colegios, como por ejemplo los disfraces,

los títeres, las maquetas y las decoraciones para el salón de las maestras. Ella fue quien

tuvo la idea de que bordáramos el nombre de estos recorridos, así que bordamos “Historias otras de la “Educación Inclusiva” y mientras lo hicimos conversamos sobre sus

experiencias en el colegio, la decisión de marcharse y el comienzo de una nueva forma de

educarse. Sobre mi historia en el colegio, las de mis hermanos y mi hermana. De cómo fue

nuestro primer día y de los uniformes que ella nos hacía. De nuestras travesuras y de

nuestros logros pues, como toda madre, siempre destaca con orgullo nuestro juicio y

2.5 TEJER Y CONVERSAR

Con Berenice García, mi abuela materna

Esta foto en particular presenta a una mujer a la que generalmente no le gusta ser

retratada, por las cicatrices en su piel de un cáncer que logró vencer. Esta vez en nuestro

dialogo inicial ha hecho una excepción para dejarse presentar. Ella sabe ahora a su edad

sobre el valor de una foto al momento de recordar. Esta misma mujer me enseñó a tejer

mucho antes de tomar la decisión de iniciar esta conversación que vivimos, que

aprendimos y que tejimos. Esto y sus constantes historias, que le escucho relatarme

repetidamente, pues suele olvidar que ya me las contó, me han llevado a considerarla como

mi principal inspiradora al iniciar este camino, que decidimos llamar TEJER Y

CONVERSAR.

Una bufanda para el camino por favor…

Mi abuela materna nunca impuso su saber y lo supo compartir en los momentos

precisos. Esos momentos en que uno añora comer algo delicioso preparado por la abuela o

hacer algo que solo con el cariño de una abuela logrará distraer la mente de los malos

recuerdos y las emociones fuertes. Debo resaltar que son muchas sus historias. Hay una en

especial de la que siempre me ha gustado hablar, porque la considero una de esas que cada

vez que se recuerda entreteje recuerdos, llantos y carcajadas. Las carcajadas de mi abuelita

son cálidas y bonitas y gracias a ese momento, en el que no encontraba la salida a través

del túnel, casi derrotada al final escucho el eco de su voz llamándome con emoción y

preguntándome en ese momento: ¿A mi niña le gustaría aprender a tejer?

Yo tenía 19 años y pasaba por las rebeldías y los primeros tropiezos duros de mi

vida. Justo en ese momento en que sentía desvanecer mi ser, al escuchar su pregunta, solo

hubo un instante de silencio y duda en mi pensar, luego me reí. Pero al poco tiempo y por

mucho tiempo me dejé llevar por su saber, por sus lanas y sus agujas y desde entonces

comprendí, que ella fue mi luz en ese instante de oscuridad. A partir de ese momento, han

sido sacos, medias, gorros y bufandas los que me han abrigado y protegido del frío que se

siente cuando el corazón o la vida se reciente.

Con ella aprendí a tejer en ese instante en que sentí desvanecer mi ser y gracias a

sus tiempos sentada a mi lado, guiándome y observando la torpeza de mis manos, el tejido

vivo le devolvió el sentido a mi camino y me devolvió los colores que había perdido.

como lo hacía ella sin hallarle ni el más mínimo gusto. Pero aprender con mi abuelita a

cruzar lazadas y cadenetas y a volverlas una bufanda para curar el alma, ha sido una de las

enseñanzas más gratas que haya podido recibir en mi vida. Aun por estos días tejo y

escribo al lado de ella, de sus historias, de sus memorias y de sus olvidos.

En la fotografía 17 se observa el recuerdo enmarcado del día de su matrimonio con

mi abuelo Luís Antonio. Ella tenía 21 años y el 30. Ellos se conocieron y al poco tiempo

de hacerlo se unieron en matrimonio. A este evento de su vida, al igual que al de su

primera comunión, nadie se presentó. Sólo fueron ella y él y como testigos algunos

compañeros del trabajo de mi abuelo. Su matrimonio fue celebrado en el año 1952 y ella

todavía recuerda tanto esta fecha como su vivencia.

De la historia de mi abuela resalto la valentía que desde muy niña manifestó ante

las características vivencias de aquella época. El ser mujer en el campo era igual a estar

destinada a los oficios varios, los cuales debía aprender desde joven para el momento en

que de un esposo y de unos hijos debiera cuidar. Este destino no le permitió la experiencia

de estar en la escuela sino tan solo por pocos años.

Todavía recita y canta algunos de los poemas y lecciones que debía recordar en la

escuela. En su mirada todavía intento encontrar algo de algún buen recuerdo en este lugar

que finalmente terminó por rechazar, pues sus experiencias de burlas y rechazos y el poder

otorgado por mi bisabuela a la maestra para que la castigara si era necesario, se

constituyeron en las razones que la llevarían a huir no solo de la escuela sino también de

su hogar. La maestra la castigaba y en seguida mi bisabuela la remataba. Así lo expresó

ella mientras también me contaba sobre los manchones que se formaban en su cuaderno

producto de la mezcla entre lágrimas derramadas y mina del lápiz.

En esta siguiente fotografía se aprecia mi abuelita en el día de la celebración de su

primera comunión, evento que se llevó a cabo en su escuela. Ella tenía 7 años y en su

rostro se expresa la tristeza que resultó de esta experiencia. Cuenta ella que en ese día ni

sus papás ni sus amigos, aquellos que nunca tuvo, asistieron a la iglesia y que tampoco

hubo fiesta. Esta fotografía fue tomada en 1938 por la maestra de la escuela en Chaguaní

Foto 18: Primera comunión abuela materna

2.6 COMPARTIC Y CONVERSAR

Con Jorge Moreno, mi hermano mayor primero

Mi hermano Jorge es un hombre de pocas palabras. Es tímido y distraído, pero es

de un inmenso pensar. Decidimos que, para emprender este camino por su historia de

educación, conversaríamos sobre sus experiencias en el colegio y sobre su paso

profesional caminando a través de la tecnología. Algo de lo que le ha gustado aprender y

encuentro COMPAR-TIC Y CONVERSAR, pues considera que la tecnología y la

comunicación se debe compartir para que pueda estar al alcance de tod@s.

Tecnología al alcance de tod

@

s...

Foto 19: El computador para arreglar

Lo siguiente es algo que se escribe a propósito del

versar-

con…

El mayor de los hermanos siempre se supone el más sabio, del que hay que ir de la

mano y esperar también un regaño. Nunca hubo tal regaño por parte de mi hermano. Lo

que siempre lo caracterizó, fue su valentía para asumir la culpa ajena del que mentía. El

amor por la tecnología lo ha tenido desde que aprendía sobre tornos y metal fundido en el

colegio que fue su nido. Por casualidades del destino sigue estando en aquel nido. Ahora

computadores de los futuros emprendedores. Que aprenden en el colegio aun, como en su

momento lo aprendió mi hermano en su juventud. Sobre cómo hacer de un oficio un

manual para su destino.

Ahora ya con hijos, una niña y un niño, les conversa para que aprendan, pero sobre

todo para que entiendan, que el colegio es un lugar en el que siempre pueden estar. En el

que pueden conocer, ser libres y crecer, alrededor de muchas Otras y muchos Otros chicos

de su edad. A los que se debe respetar y a la vez asegurar, que por el respeto que darán, así

mismo lo recibirán. Así lo aprendió mi hermano y todos nosotros de su mano. Pues

siempre se ha pensado que el mayor de todos, es quien por edad mejor ejemplo da. Estos

versos surgieron de nuestro encuentro, de nuestra conversación y de su conocimiento.

En la fotografía 20 se ve a mi hermano sonriente. Estaba en el colegio cursando el

cuarto grado de primaria y tenía nueve años. Era el año 1989 y su colegio estaba ubicado

en Bogotá, muy cerca de la casa de mi mamá y mi papá.

2.7 HISTORIAR Y CONVERSAR

Con Luis Carlos Moreno, mi hermano mayor segundo

Mi hermano Luis es conocedor de historia y protagonista de historias. Pensó que

para el momento de conversar sobre Historias otras, que mejor lugar que donde se fundó la

ciudad de Bogotá. Ciudad donde todos nosotros, excepto mi papá y mi abuela, nacimos.

Lugar en donde también supimos algo sobre la forma en que nos colonizaron y donde

ahora, aparte de que se cuenta esta historia, se puede degustar la chicha, bebida autóctona

de nuestros antepasados y que en su historia también nos arrebataron porque

supuestamente embrutecía a la gente. Él como profesor de historia me contó allí sobre esto

y sobre otras cosas y decidimos llamar este encuentro HISTORIAR Y CONVERSAR.

A propósito de Historias, usted que enseña Historia…

Ser profesor de historia es uno de sus mayores orgullos. Mi hermano no conoce

mucho de Historias otras, pero sí de la única historia. De esa historia hegemónica que

también le enseñaron en el colegio y que ahora él enseña guiado por currículos,

lineamientos y manuales de instrucción docente. Para mi hermano la historia de nuestros

antepasados y de cómo las culturas hispanoamericanas se desarrollaron es un tema que le

apasiona, pero no más que el desarrollo cultural del mundo occidental. Nuestra

conversación tomó forma de discusión aleccionadora y a la vez de oportunidad para la

reflexión.

Tomando chicha para embrutecernos contándonos nuestras historias entendí hasta

ese momento la razón de su personalidad tan particular. La de un profesor de historia a

quien le gusta disfrazarse en sus clases, para hacer que sus estudiantes aprendan de otra

forma sobre lo que se debe saber de historia. De ahí reflexionamos sobre su recursividad y

creatividad para enseñar, pero también sobre la des-intencionada forma de acallar y

representar verdades impuestas y otras no tan ciertas. Luego, para mirar hacia un lugar en

donde esta forma de enseñar historia se transforme y se dirija hacia lo fundamental de

enseñar a las y los jóvenes de hoy sobre la historia propia y su valor cultural.

Aprendimos que parte de traspasar la barrera de la inseguridad fue esta manera de

enseñar, pues mi hermano también tiene su historia propia que contar. De los desafíos de

la época, de lo difícil que implicaba aprender cuando la atención y la forma de aprender

emprender y sin embargo hoy en día es uno de los maestros a quien yo escucho y veo con

mucho respeto. No de aquel infundido por el miedo al reglazo y el escarnio público, sino

de aquel que resulta de la admiración por la pasión con que ejerce esta profesión y por su

preocupación de que todas y todos sus estudiantes sin excepción, aprendan de la historia

para la vida y de por vida. Al final le expresé mi deseo de que algún día se atreva a contar

a sus estudiantes sobre las Historias otras de las que tuvimos la oportunidad de conocer y

conversar en esta oportunidad.

En esta fotografía, al igual que mi hermano Jorge, mi hermano Luís posa con su

sonrisa particular para la foto del año escolar. Allí tenía tres años y estaba cursando

segundo de primaria en el año 1986.

2.8 INTERPRETAR Y CONVERSAR

Con Ángela Gabriela Moreno, mi hermana menor

Para preparar este encuentro con una mujer para la cual, la música y la vida se

componen en una misma melodía, no fue difícil decidir que su saber a compartir sería a

través de la interpretación del violín. Esto es lo que hasta ahora más le apasiona y aunque