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El análisis y la crítica del concepto de causa

El concepto de la relación causal es uno de los conceptos muy generales que la ontología intentaba e intenta precisar. El problema es que este concepto, al examinarlo más detallada­ mente, no es demasiado claro. Se entiende por causa de un fe­ nómeno dado, el factor que por virtud de su actividad produce ese fenómeno que es, por así decirlo, el agente que lo produce. Entendemos muy bien qué significa decir que nosotros mis­ mos producimos algo a través de nuestra actividad; entende­ mos qué significa que nosotros mismos somos autores de algo. Pero estos conceptos de actividad y producción, que nos apli­ camos a nosotros mismos, contienen indudablemente ciertos elementos psicológicos. No es solamente la experiencia exte­ rior, ni la observación de los movimientos de mi cuerpo lo que me informa de que en un momento dado estoy actuando, y, mediante esta actividad, produciendo algún fenómeno, sino también la introspección. Para afirmar que soy yo quien está actuando, debo sentir un esfuerzo muscular y estar consciente de que este esfuerzo es dirigido por mi voluntad. Obviamente, no hablamos de la actividad de los objetos inertes en el mismo sentido en que hablamos de nuestras propia actividad. Cierta­ mente, nadie desearía afirmar que una bola de billar, que con el impacto inicia el movimiento de otra bola, actúa en el senti­ do en que usamos la palabra actuar cuando hablamos de nues­ tra propia actividad; nadie sostendría que la bola ejerce cons­

cientemente un esfuerzo y que desea poner en movimiento otra bola. Pero ¿en qué sentido, entonces, usamos la palabra «actúa», cuando hablamos de los cuerpos inertes como causas activas?

Para explicar el concepto de «acción» deberíamos recurrir, tal vez, al concepto de «fuerza» y aceptar la siguiente defini­ ción: «X actúa sobre Y» significa los mismo que «X ejerce una fuerza sobre Y». Pero el mismo concepro de «fuerza» ¿es sufi­ cientemente claro? Se define comúnmente la fuerza como aquello que actúa y es la causa de un cambio. Definiendo, sin embargo, «fuerza» de esta manera, caeríamos en un círculo vi­ cioso en la definición del concepto de «acción» o del concepto de «causa» que explicamos previamente en términos del con­ cepto de fuerza. Podríamos, teniendo en mente el concepto fí­ sico de «fuerza», intentar la siguiente definición: una fuerza ac­ túa sobre un cuerpo si y solamente si este cuerpo cambia su velocidad o sufre deformaciones. Esta definición de fuerza ex­ plica únicamente los fenómenos mecánicos y no sería útil para definir el concepto de «acción» o el concepto de «causa» que no solamente aplicamos a los fenómenos físicos, sino a otros fenómenos físicos y también a los fenómenos mentales.

Así pues, la tentativa de explicar el concepto de «causa» me­ diante el concepto de «acción» o mediante el concepto de «fuerza» resulta ser insatisfactoria. Como consecuencia, se in­ tentó explicar la causa sin emplear los conceptos de acción o fuerza. Se describía la causa de un fenómeno dado como aque­ llo a lo que éste debe necesariamente seguir. Pero aquí tam­ bién se origina la cuestión de qué es lo que se entiende por «debe necesariamente». ¿Cómo reconoceremos que el fenóme­ no A simplemente sigue al fenómeno B, o que el fenómeno A debe necesariamente seguir al fenómeno B? El análisis crítico del concepto de necesidad mostró que este concepto no es cla­ ro. Consideremos por qué decimos que una piedra que suelta la mano debe caer y una bala disparada por un revólver no precisa alcanzar el blanco. Consideramos como un fenómeno necesario el hecho de que caerá la piedra soltada por la mano porque sabemos que esto sucede; al contrario, no considera­ mos el hecho de que la bala disparada por un revólver alcanza­ rá el blanco como una necesidad, porque sabemos que esto no

siempre ocurre. De estos ejemplos se desprende la siguiente definición de necesidad: el fenómeno B debe suceder después del fenómeno A, significa que la ocurrencia del fenómeno B después del fenómeno A es un caso particular de una ley gene­ ral. De hecho, algunas personas se quedan satisfechas con tal definición de la sucesión necesaria de los fenómenos entre si, que reduce la sucesión a la secuencia regular de los fenómenos. No obstante, esta definición de «necesidad» no servirá para la explicación de la relación causal. Si llamamos el fenómeno A la causa del fenómeno B cuando el fenómeno B debe necesa­ riamente seguir el fenómeno A, entonces, si reducimos la su­ cesión necesaria a la sucesión regular, tendremos que recono­ cer al fenómeno A como la causa del fenómeno B, siempre que siga A. En tal caso, tenemos que reconocer el paso de un tren por una estación como la causa del paso de otro tren si, según el horario, el segundo tren siempre sigue al primero; pero esto no corresponde a lo que queremos significar por re­ lación causal.

Se intenta, entonces, para captar al esencia de la relación causal, definir la sucesión necesaria de los fenómenos, no como una sucesión regular cualquiera, sino como una sucesión regular que resulta de las leyes fundamentales de la naturaleza, y no de las convenciones (tales como un horario). Los intentos para determinar más precisamente lo que son estas leyes fun­ damentales de la naturaleza condujeron a dificultades insepa­ rables.

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