Un representante del tipo de idealismo que acabamos de
discutir fue
Kant,
que llega a esta posición de dos maneras. Laesencia de la primera podría ser presentada del siguiente
modo: Kant afirma que llegamos
a priori,
sin recurrir a la experiencia, a ciertas afirmaciones que podrían ser refutadas, en principio, por la experiencia (porque no son juicios analíticos, sino solamente sintéticos), pero que son posteriormente con firmadas por la experiencia, y acerca de las cuales tenemos de antemano la certeza de que nunca serán refutadas por la mis ma. Entre estas afirmaciones están, sostiene Kant, las proposi ciones de la geometría, como por ejemplo, el juicio de que la suma de dos lados de un triángulo debe ser mayor que su ter cer lado. Es suficiente visualizar un triángulo e imaginar que dos de sus lados giran alrededor de los extremos de su base y caen sobre ella. Queda inmediatamente claro que los lados cu bren toda la base y que se superponen parcialmente y que, por tanto, su suma es mayor que el tercer lado (cfr. págs. 43-44). Para afirmar esto no necesitamos apelar a la experiencia, la pura intuición es suficiente. Sin embargo, tales afirmaciones obtenidas sin recurrir a la experiencia, nunca son rechazadas por ésta. ¿Cómo se podría explicar el modo por el que, sin
aguardar a la experiencia y, por tanto,
a priori,
conocemos cierla experiencia? Kant formula esta cuestión del siguiente modo:
¿cómo son posibles los juicios sintéticos
a priori?
Esta es la cuestión fundamental que Kant se hace en su tra
tado epistemológico, la
Crítica de la Razón Pura.
Las investigaciones que aspiran a encontrar una solución a este problema
son llamadas por Kant,
investigaciones trascendentales.
El mismoencuentra la solución en un cierto tipo de idealismo, al que por
esta razón se llama
trascendental.
La solución kantiana del problema podría ser esquematizada de la siguiente manera. Si la experiencia nos revelase una reali dad verdadera, y no solamente nuestras construcciones del pensamiento, entonces la armonía entre los juicios sintéticos a
los que nuestra mente llega
a priori
y la experiencia, sería inconcebible, sería una coincidencia extraordinaria. No sería así si admitimos que las entidades que nos presenta la experiencia son también construcciones del pensamiento. Entonces resulta comprensible el hecho de que nuestras mentes, sin aguardar a
la experiencia, puedan llegar
a priori
al conocimiento de losprincipios generales según los cuales ellas mismas construyen el objeto en el acto de la percepción y, por lo tanto, los objetos que se le dan en la experiencia. Para resolver el problema de
los juicios sintéticos
a priori
, tenemos que admitir, según Kant,que los objetos que recibimos en la experiencia son solamente construcciones de nuestras mentes y no una realidad indepen
diente de ellas (en otras palabras, no son cosas en sí,
Ding an
sich).
Pero Kant intenta también justificar su tesis idealista de otra manera. Analiza el modo por el que nuestras mentes lle gan, en el acto de la percepción, a la oposición entre ellas y los objetos percibidos, es decir, analiza el problema de la constitu ción del objeto de la percepción. Este análisis muestra que las formas espaciales y los conceptos (categorías) participan en la construcción de los objetos de la percepción. Por otro lado, como Kant muestra el carácter subjetivo de estas formas y conceptos, consecuentemente el modo por el cual los objetos de la percepción se constituyen servirá, según Kant, como una prueba de que los objetos percibidos son sólo construcciones de nuestra mente, y no existen en la realidad. Los argumentos de Kant acerca de esto son difíciles y complejos y no es po sible resumirlos sin que dejen de ser totalmente inteligibles.E l realismo
Contra el idealismo trascendental, el realismo defiende la te sis de la existencia real de los objetos que se dan en la expe riencia. En la polémica con el idealismo, el realismo ataca sus argumentos. Los blancos más frecuentes de la crítica son las tesis idealistas acerca de la constitución del objeto de la percep ción. Los realistas intentan explicar esta constitución de tal forma que no se llegue a las conclusiones idealistas. Con fre cuencia los realistas rechazan, como un presupuesto infunda do, la pretensión de la teoría del conocimiento de juzgar el va lor del criterio de la experiencia. Afirman que los argumentos que los idealistas utilizan en sus razonamientos no son más dignos de confianza que los criterios de la experiencia que cri tican. Según muchos realistas, la experiencia justifica nuestra creencia en la realidad y en la existencia de un mundo que se nos da por la experiencia, hasta tal punto independiente del sujeto que ninguna crítica epistemológica podría debilitarla o fortalecerla.
Una crítica aún más dura afirma no solamente que el idea lismo trascendental es falso, sino que además el mismo proble ma expuesto por el idealismo está desprovisto de sentidos. En este problema aparecen los siguientes términos: «realidad que existe independientemente de nuestras mentes», «objeto que no es solamente concebido, sino que existe independientemen te de nuestras mentes». La cuestión es que estos términos es tán, por desgracia, insuficientemente clarificados. Algunos lle gan incluso a afirmar que no poseen ningún sentido. Esta es la objeción al idealismo y al problema discutido por él que esgri me la escuela positivista, que consideraremos ahora.
El positivismo
También el positivismo trata del problema de los límites del conocimiento, pero le atribuye un significado diferente al que encontramos en la discusión entre idealismo y realismo.