rialistas, son mera ilusión.
E l materialismo mecanicista
El materialismo mecanicista
no sólo niega que existan sustan cias espirituales, sino que considera también los fenómenos mentales (pensamientos, sentimientos, etc.) como procesos fí sicos. Identifica los fenómenos mentales, con mucha frecuen cia, con ciertos procesos fisiológicos que se producen en el ce rebro, o incluso los considera cuerpos segregados por el cere bro (el cerebro segrega los pensamientos del mismo modo que el hígado segrega la bilis). Entre otros representantes del materialismo se encuentran el filósofo francés del siglo xvm
Ca-
banis,
y los filósofos alemanes del siglo xixVogt, Büchner
, y otros.El materialismo dialético
Otras versiones del materialismo no identifican los fenóme nos mentales con los procesos fisiológicos del cerebro, sino que reconocen ciertas peculiaridades en dichos fenómenos. No obstante, consideran que el cuerpo, y ninguna otra sus tancia espiritual diferente del cuerpo, constituye la base en la que se producen los fenómenos mentales. Es el cuerpo del hombre y no su alma quien experimenta la alegría, la tristeza, o quien piensa, reflexiona, etc. Esta es la teoría desarrollada
por el
materialismo dialéctico
, creado porEngels
yMarx.
El materialismo dialéctico considera que la materia, durante su desa rrollo histórico, cambió de forma, enriqueciéndose en alguna de sus partes por nuevas cualidades que son irreducibles a las cualidades que poseía originalmente. La materia muerta origi nal, en la que ocurrían tan sólo procesos físico-químicos, ganó en alguna de sus partes, en las que estos procesos adquirieron un alto nivel de complicación, una nueva cualidad irreducible a las cualidades físico-químicas, la cualidad que llamamos vida. De este modo aparecieron los primeros organismos. En el curso del desarrollo de la materia viva, al alcanzar los procesos físi co-químicos y biológicos que se producen en la materia viva,
un nivel suficientemente alto de evolución, apareció en ella una nueva cualidad. La materia adquirió consciencia, nació en ella la vida mental. La vida mental, sin embargo, no puede ser reducida ni a procesos físico-químicos ni a procesos biológicos, es bastante distinta a éstos, aunque dependa de ellos y esté condicionada por ellos. Esta obtención por parte de la mate ria, en el curso de su desarrollo, de cualidades nuevas que no son reducibles a ninguna combinación de cualidades que ya po seía, ocurre, según los materialistas dialécticos, en un salto re pentino y no a través de una evolución paulatina.
La forma del materialismo que hemos representado recibe el nombre de materialismo dialéctico porque sus creadores com binan en ella el materialismo con la dialéctica. Como ya diji mos cuando discutíamos la filosofía de Hegel, Karl Marx, el creador del materialismo dialéctico, pensaba que la experiencia confirma la teoría de que la naturaleza está gobernada por las leyes de la dialéctica a las que Hegel llegó de manera puramen te especulativa. Esto permitió que Marx adoptase un punto de vista dialéctico en la investigación de la naturaleza y de la vida social de los seres humanos. Este punto de vista dialéctico exi ge que consideremos la naturaleza en su proceso de devenir y desarrollo, por oposición al punto de vista «metafísico», que considera la naturaleza estáticamente, como algo fijo e inmuta ble (los materialistas dialécticos usan los términos «metafísica» y «metafísico» de manera diferente a la normalmente utiliza da). Exige además que, al investigar los fenómenos particula res, no los separemos de otros fenómenos, sino que considere mos todas las posibles relaciones del fenómeno que está siendo investigado, y en particular sus relaciones causales. Esta mane ra de investigar la naturaleza, lleva, según los materialistas dia lécticos, a la afirmación de que la naturaleza está gobernada por ciertas leyes que llaman leyes de la dialéctica. Entre las cuatro leyes de la dialéctica comúnmente mencionadas, las más importantes son: la ley de la transformación de los cam bios cuantitativos en los cambios cualitativos, y la ley de la unidad y conflicto de los contrarios.
La ley de la transformación de la cantidad en cualidad afirma que los procesos del desarrollo que se producen en la naturaleza (incluyendo el mundo de las sociedades humanas) suceden de la
siguiente manera: los cambios cuantitativos (es decir, los cam bios durante los cuales solamente cambia la intensidad de las características mensurables de un objeto, como por ejemplo: su temperatura, su peso, su longitud, mientras que las cualidades no mensurables, como por ejemplo: su dureza, su sexo, perma necen iguales), al alcanzar un nivel suficientemente elevado, se transforman repentinamente en los cambios cualitativos (es decir, en los cambios en los cuales la intensidad de las caracte rísticas mensurables no cambia, pero una cierta cualidad no men surable es sustituida por otra). Un ejemplo de la transforma ción de la cantidad en la calidad es la congelación del agua. Su pongamos que el agua tiene una temperatura de + 20°C y como consecuencia de pérdida de calor baja su temperatura sólo gradualmente, es decir, sufre solamente cambios cuantita tivos. No obstante, en el momento en que el agua enfriada lle ga a la temperatura de 0°C, la posterior pérdida de calor no causará más bajada de temperatura, sino que en lugar de este cambio meramente cuantitativo se producirá el cambio cualita tivo, el cambio del estado líquido al estado sólido. En la for mulación de esta ley se subraya que la transformación del cam bio cuantitativo al cambio cualitativo sucede repentinamente, y no lenta y gradualmente. Estos cambios cualitativos se deno minan «saltos dialécticos». La dialéctica subraya que en el pro ceso de devenir de la naturaleza se producen grandes e impor tantes cambios que son cualitativos por los saltos repentinos de tipo revolucionario y no evolucionado. Los grandes cam bios cualitativos en la estructura de las sociedades humanas su ceden también de manera revolucionaria y no evolucionada, aunque la preparación de estos cambios revolucionarios cuali tativos es un largo proceso de los cambios cuantitativos que se producen de manera evolutiva y gradual.
La segunda de las leyes de la dialéctica anteriormente men cionada, la ley de la unidad y el conflicto entre contrarios, tra ta del dinamismo de los procesos de desarrollo en la naturaleza (y en el mundo de la sociedad humana). Afirma que en todo el proceso del devenir coexisten fuerzas que luchan entre sí. A cada una de estas fuerzas le corresponde un estado opuesto al estado correspondiente a una segunda fuerza. De esta manera, en todas las fases del proceso del devenir, coexisten estados
opuestos que, por así decirlo, luchan entre sí. De la lucha de estos contrarios emerge un nuevo estado, diferente de cada uno de los estados opuestos. Pero este nuevo estado tampoco dura permanentemente. Las fuerzas que lo sostienen originan fuer zas opuestas, tiene lugar una nueva lucha de los contrarios y
así se repite
ad infinitum.
La ley de la unidad y el conflicto delos contrarios corresponde a la ley hegeliana de las tres etapas: tesis, antítesis y síntesis. Por ejemplo, consideremos un cuerpo que está en estado de reposo y sobre el cual comienza a actuar una fuerza. Bajo la influencia de esta fuerza el cuerpo comienza a acelerarse; su velocidad original igual a 0 aumenta paulatina mente. Como consecuencia de su velocidad, aumenta la resis tencia del rozamiento y del aire, que actúan contra la fuerza causante del movimiento. Esta lucha de la fuerza causante del movimiento y las resistencias que intentan detenerlo conduce finalmente, cuando la fuerza y la resistencia se igualan, a la transformación del movimiento, que era en principio acelera do, en un movimiento constante. Del conflicto de esas fuerzas, de las cuales una corresponde al movimiento acelerado y otra al reposo, aparece, por así decirlo, su síntesis, un movimiento constante.
En esta ley, además de la observación acertada de que en todo el proceso del devenir existe un conflicto entre fuerzas opuestas, se incluye también la idea de que en cada proce so coexisten estados opuestos, e incluso contradictorios. Por eso, los defensores de la dialéctica se oponen a ciertas leyes de la lógica formal, en particular a la ley de la contradicción. Los defensores del materialismo dialéctico piensan que todo cam bio, y por tanto, todo movimiento, implica una contradicción. Para justificar esta opinión se refieren, entre otras cosas, a los argumentos de la antigua escuela de los filósofos eleáticos, que defendían que el cambio y el movimiento son imposibles, por que la simple suposición de que algo se mueve lleva a su pro pia negación y, por tanto, a una contradicción. Así, uno de es
tos filósofos,
Zenón de Elea
, argumenta de la siguiente manera:si una flecha lanzada por un arco se moviese, en cada momen to de su vuelo estaría en un punto definido, y así, en cada mo mento, estaría en reposo en un mismo lugar, con lo que no se movería en todo el vuelo. Por tanto, la suposición de que una
flecha lanzada por un arco se mueve, lleva a su propia nega ción y, en consecuencia, a una contradicción. Este razona miento llevó a los filósofos eleáticos a pensar que el movi miento realmente no existe. Como la evidencia de los sentidos demuestra que el movimiento existe, los eleáticos llegaron a la conclusión de que los sentidos nos engañan y que la experien cia no es una fuente de conocimiento digna de confianza. Este fue el camino que llevó a los eleáticos al apriorismo extremo, seguido más tarde por Platón y otros filósofos antiguos. Los materialistas dialécticos, por el contrario, son empiristas, y consideran la experiencia como el último criterio de la verdad. Sacan una conclusión diferente de los argumentos de Zenón. Coincidiendo con Zenón en que el movimiento implica con tradicción (es decir, que la suposición de que algo se mueve lleva a contradicción), no aceptan su conclusión de que el mo vimiento, como contradictorio en sí mismo, no existe. Como los empiristas, los materialistas dialécticos reconocen la reali dad del movimiento, porque la experiencia lo sostiene inequí vocamente. Así, afirman que el movimiento existe y que impli ca contradicción. Esto les lleva a la conclusión de que la con tradicción existe, y de que la ley de la contradicción, por ser uno de los cánones fundamentales de la lógica formal, al ex cluir toda contradicción, es falsa*.
Los representantes del materialismo dialéctico, al formular sus opiniones, evitan el término escolástico «sustancia» y no enuncian su tesis materialista con las palabras «solamente las sustancias corporales existen». Prefieren dar a su materialis mo la forma de la afirmación de que la materia es anterior al alma. Para comenzar, esto significa que la materia existía antes que el espíritu (es decir, antes de la vida mental), que apareció posteriormente en una etapa bastante avanzada del desarrollo de la materia y que, por lo tanto, genéticamente, la materia no se originó del espíritu, sino el espíritu de la materia. Al insistir en la prioridad cronológica y genética de la materia sobre el
* No profundizaremos aquí en la discusión sobre el argumento de Zenón. A los interesados en esta cuestión los remito a mi artículo «Zmiana i sprzecznosc» («Cambio y contradicción») (Mysl Wspótczesna, 1948, müms. 8-9 [27-28], págs. 35-52).
espíritu, los materialistas dialécticos se basan en que esta opi nión está fundada en los resultados de las investigaciones de la ciencia natural, mientras que la opinión opuesta, que atribuye prioridad al espíritu, está basada en las creencias religiosas que aceptan la creación del mundo por Dios, exterior al mundo material.
Pero los materialistas no se oponen sólo a los que, aceptan do los cuerpos como objetos totalmente reales, los consideran creaciones del espíritu divino y, por tanto, dependientes del es píritu, del mismo modo que un efecto depende de su causa, o un producto de su productor. Al proclamar la independencia de la materia con relación al espíritu, los materialistas niegan también la dependencia entre la materia y el espíritu vislum brada por los idealistas, los cuales, privando a la materia de la realidad completa, la consideran un tipo de ficción, un objeto meramente intencional, cuya existencia consiste en el hecho de que alguien piensa en ella de una cierta manera.