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4.3 1896-1897 DEL AUTOANÁLISIS A LOS SUEÑOS

4.4 EL ANÁLISIS ORIGINAL

Freud al fracasar en sus intentos de profundizar con Breuer sobre los aspectos sexuales de la histeria, se vio recompensado con Fliess quien a mediados de 1896 le envió su trabajo sobre "Las relaciones entre la nariz y los órganos genitales femeninos, considerados en su aspecto biológico".

Fliess certero en sus ideas, audaz en sus formulaciones, aparece como un verdadero conquistador del saber científico sobre la sexualidad, sorprendió a Freud con sus giros y sus ritmos en las matemáticas y la biología. Pero más que la conexión entre la

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zona genital y la nasal que Fliess proponía, nos interesa desarrollar otro tipo de conexión, la transferencial. Sigmund Freud profesor de neurología en Viena, durante el otoño de 1887 recibió como asistente ocasional a su cátedra a Wilhelm Fliess, de quien quedó altamente impresionado.

Freud sediento de saber sobre el sexo y confuso aún con lo que sucedía en su experiencia clínica, se entregó con verdadera pasión a su interlocutor, sin embargo, lo engañoso de toda relación sexual no iba a hacer su excepción con ambos, en lo que intentaban desentrañar del tema de la sexualidad. No hubo producto de un trabajo conjunto, aunque sí muchas semillas que sólo más tarde y posterior a la ruptura de ambos verían su fruto. Tal fue el caso de la bisexualidad que Fliess había propuesto y que con la transformación que sufrió al ser incorporada al conjunto de conceptos psicoanalíticos llegaría a convertirse en una de las nociones importantes de la teoría sexual freudiana.

De esta forma, resulta una ironía el difundir que la correspondencia entre Freud y Fliess se basó en intereses científicos. Esta idea fue sostenida por miembros de la I.P.A. durante algunas décadas después de la muerte de Freud.

Actualmente se cuenta con una amplia literatura al respecto y con la correspondencia sin censura. Sin embargo, durante algún tiempo la mano del censor; Marie Bonaparte, Anna Freud y Ernst Kris, en la presentación de la obra conocida como “Los orígenes del psicoanálisis”, dieron a conocer parcialmente la correspondencia dirigida por Freud a Fliess, debido a que se permitieron "abreviar" y "omitir" “aquellos aspectos que consideraron interferían con la discreción profesional o personal de

Freud"122.

Cuestión que atañe a un problema no sólo de orden epistemológico sino también ético y psicoanalítico, en cuanto a la forma en que todo autor se enfrenta a su escritura, la forma en que la sume o la rachaza y las implicaciones que hay en el proceso de un saber que hasta entonces no era concebido como tal.

En este sentido, es preciso señalar que Freud pretendió destruir la correspondencia con Fliess. Ernest Jones comenta en la biografía que escribió sobre Freud, que cuando la princesa Bonaparte le comunicó que ella había comprado las cartas que él había escrito a Fliess, éste le propuso restituirle la mitad del pago, con el claro propósito de tener influencia sobre su destino, y aún más, le recomendó seguir el proceso que se llevaba a cabo para cocinar un pavo real: "se procede primeramente a enterrarlo, y al cabo de una semana se lo saca de tierra...¡después se tira!"123.

La censura que realizaron sobre las cartas recuperadas por la princesa Bonaparte respondió, en parte, al deseo de Freud de no descubrirse ante nadie. En la introducción de la obra citada, Kris sin vacilación alguna expone que "el verdadero móvil de la correspondencia entablada no residía en la similitud de origen ni en nada personal y privado..." debido a que "la función del intercambio epistolar estaba determinada por la comunidad de las inquietud científicas que animaban a ambos corresponsales"124.

122Ibid. p. 3433

123Jones, E. Vida y obra de Sigmund Freud 1. Ediciones de bolsillo. Editorial Anagrama. Barcelona, 1970. p.

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Sin embargo, otro de los motivos de la censura, abreviaciones y omisiones realizadas por Marie Bonaparte, Anna Freud y Ernst Kris deben situarse como consecuencia de la transferencia que ellos mantenían hacía Freud. Es así como teoría y texto deslizándose en un nombre propio ocuparon un lugar paterno primordial idealizado que distorsiona la relación que tenía el autor con su obra, y que genera una serie de pensamientos que erigen a Freud como símbolo enaltecido e intachable que lo sitúa en los límites del fetiche. De esta forma, se crea el mito de un Freud "genio" que inventó el psicoanálisis al interior de una relación neutral motivada por "inquietudes científicas”, lo que es desmentido por los hechos cuando observamos al Freud de la última década del siglo XIX. Un hombre con hambre de ser descubridor, padeciendo sus dudas y sus descubrimientos con angustia y síntomas, sometiéndose él mismo a lo que iba poniendo al descubierto en el trabajo con sus pacientes; "hay muchos indicios de que durante 10 años aproximadamente que abarcaron a grosso modo la década del 90, sufrió de una neurosis considerable"125.

Sobre el autoanálisis existen diferentes formas de interpretarlo, como ejemplo esta la que propone Kemper, para quien el autoanálisis fue una acción que emprendió sobre sí mismo. Para este autor, Freud era a la vez sujeto y objeto, de tal forma que transferencia y contratransferencia se contraponían al interior del personaje. Caricaturescamente Kemper se refiere al psicoanálisis que realizó el analista Freud sobre el analizado Sigmund, colocando a la transferencia en el contexto de procesos intrapsíquicos, explicación ingenua y superficial que se atiene al campo fenomenológico, desconociendo por lo mismo motivo la estructura que la genera126.

125Rodrigue, Emilio. Sigmund Freud, el siglo del psicoanálisis. Editorial sudamericana. Buenos Aires, 1996. p.

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La articulación con el saber inconsciente como búsqueda por parte de Freud y del amor idealizante que se juega en la relación con Fliess, es lo que Lacan tomará como ejes para explicar estructuralmente el fenómeno de la transferencia al interior de esta relación. También en Freud encontramos idea de lo que ocurría con su autoanálisis, el 14 de noviembre de 1897 escribió a Fliess: "No puedo analizarme a mí mismo sino valiéndome de conocimientos adquiridos objetivamente (como para un extraño). Un verdadero autoanálisis es en realidad imposible, pues de lo contrario no habría enfermedad"127.

Octave Mannoni en su trabajo de 1969 habló, antes que cualquiera, del análisis singular que sostuvo Freud con Fliess. En esa temprana época Mannoni destacaba la dialéctica y la estructura de la transferencia como un hecho que rebasó a sus protagonistas y que estuvo más allá de su conocimiento, para Mannoni se trató de un acto de transmisión en transferencia, y no simplemente del intercambio de un saber: "Fue ese encuentro…el que permitió que el saber teórico ya adquirido, llegara, no a completarse, ni tampoco a confirmarse, sino a ser objeto de una mutación decisiva"128, que tendría efecto hasta el tiempo en el que Freud finalizó la redacción del caso de “El hombre de las ratas” en 1907. Hasta entonces cobró su valor real la experiencia vivida años antes, haciendo que Freud realizara de su vivencia transferencial una experiencia original y fundacional129.

Fliess no sólo fue el único testigo del nacimiento del psicoanálisis durante el "espléndido aislamiento", sino también su "primer lector", su "arbitro supremo", Freud lo llamó el representante de "los otros". "Otros" a los que Freud obstinadamente había acudido esperando obtener de ellos algún saber, otros que se habían negado a escucharlo,

127 Anzieu, D. El autoanálisis de Freud 1. Op. Cit. p. 382

128Mannoni, Octave. La otra escena. Claves de lo imaginario. Amorrortu editores. Buenos Aires 1969. p. 98 129

otros de los que podía conseguir ese saber, otros que lo escucharían.

Fliess representante de todos ellos, y como soporte de la transferencia se prestó sin saberlo a un juego de espejos que en ocasiones remitían a Freud a un vacío exigente y tormentoso pero prometedor (Ideal del yo), y en otras lo mantenía capturado y fascinado con su "otro" yo (yo ideal). El autoanálisis se llevo a cabo desde 1897 hasta 1902 año en que se produjo el rompimiento definitivo de la amistad con Fliess. Entre los resultados de la oscilación entre ideal del yo y yo ideal y del duelo por la muerte de su padre, están: el descubrimiento del Complejo de Edipo, el de la sexualidad infantil, la formulación de la constitución del aparato psíquico, la definición del inconsciente como objeto de estudio, en suma el descubrimiento del psicoanálisis.

La terminación de la intensa relación que mantuvo con Fliess no dejó de tener su buena dosis de pasión. La ruptura se produjo en Achensee, en el verano de 1900. "Discutieron con violencia. Se atacaron recíprocamente en sus puntos más sensibles y ferozmente defendidos: el valor, la validez misma del trabajo de cada uno. Ese fue su último congreso, la última vez que se vieron"130.

Años después, en febrero de 1908 Freud comentaría a su discípulo Jung: "Mi ex amigo Fliess desarrolló una paranoia horrible después de librarse de su afecto por mí, que era sin duda considerable"131.

En la medida en que se acercaba la ruptura de la amistad, las ideas de Freud resultaban más originales, de modo que la disolución de la transferencia con Fliess determinó en buena parte el desarrollo alcanzado por las ideas Freud en ese momento. En 1897,

Freud le escribía a Fliess el 7 de julio: "todavía no sé que me pasa; algo surgido del más profundo abismo de mi propia neurosis se opone a todo progreso mío en el conocimiento de las neurosis; y aunque no sé cómo, tú estás envuelto en ello. En efecto, mi incapacidad para escribir me parece destinada a impedir nuestras relaciones. No tengo prueba de esto: sino solamente sentimientos de naturaleza oscura"132.

Posteriormente Freud llevaría a cabo otras rupturas (Adler, Jung, Reich) pero éstas no serían iguales a la que experimentó con Fliess, debido a que en adelante el soporte de su transferencia sería su propia teoría.

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CAPÍTULO 5