LA MANO DEL HOMBRE, EL PENSAMIENTO DE DIOS
1.5 ETIMOLOGÍA DE LA PALABRA AUTOR
De acuerdo a Souriau, la palabra autor aparece por primera vez en la edad media en el año de 1160 y con ella se designa al escritor como aquel que está en el origen de algo. La nueva edición del diccionario de la lengua francesa reconoció el nacimiento de esta palabra en el año de 1174 bajo la forma deauctur. En el latín cristiano auctor servía igualmente para designar a Dios, por lo que entrañaba confusiones semánticas al remitir también a la autoridad del “padre”, porque evocaba al padre de la obra: al autor.
Sobre este aspecto es importante mencionar el vínculo entre la autoría y la paternidad porque en ellas está presente la cuestión de la omnipotencia de las palabras y del hombre que las enuncia20.
20
Existe un cierto paralelismo entre el proceso que se llevó a cabo para la definición de la noción de autor y la de paternidad, como lo señalamos anteriormente fue en el siglo XVI que le fue reconocida al ser humano plenamente su autoría. En el caso de la paternidad fue también durante el renacimiento cuando se le dio una importancia mayor a la que se le había concedido en los siglos anteriores. El humanismo influyó en la autoridad que ganaba esta figura, en ella se empezaban a concentrar una serie de funciones que reunía a lo económico, lo familiar, lo religioso y lo educativo. El padre se hizo un elemento indispensable para pensar en las generaciones futuras; la filiación y la herencia pasaron a ser temas de preocupación social.
Mulliez afirma que si bien el siglo XIX fue testigo de la muerte del padre, el XVI lo fue de su nacimiento, durante éste tuvo como distintivo la idealización del modelo del padre de las sociedades antiguas, atribuyéndole virtudes excepcionales que debían ser imitadas. Además de la autoridad temida, al padre se le concedió la transmisión de valores para la formación familiar y la convivencia social, así como la perpetuación del nombre y la transmisión patrimonial21.
La paternidad comenzó a ser objeto de interés de la literatura, anteriormente en la época medieval era raro que al hombre se le considerada por el hecho de ser padre. Pero comenzó a ser inevitable la comparación con la presencia divina como padre en el mundo, el ser humano debía sentirse orgulloso y expresar su júbilo por pertenecer a una familia gobernada por el padre de los cielos. La prueba estaba en que después de los siete días en los que se llevó a cabo la creación del mundo, Dios se siguió ocupando del ser humano tal como lo hace un padre con su hijo. La
historia de la humanidad ha transcurrido bajo la mirada del padre en sus diferentes formas, padre caritativo o piadoso ante las desgracias, pero también padre severo que castiga por las malas acciones que cometen los seres humanos.
Al padre creador se le da también el sentido de genitor y de fundador tal como se hace con el autor. Se trata de nociones que se encuentran compartiendo el espacio imaginario de un momento histórico, relacionado con la autoridad como un valor central, con su autentificación, la preocupación por su funcionamiento y por la garantía de su perpetuación.
El autor es en algún sentido una derivación de Dios, el padre también, más que ser el resultado de arduas reflexiones, la instancia paterna se fue imponiendo en las sociedades humanas. El padre no es solo aquel que engendra sino también el que da sentido a la acción humana y sobre todo el que la legitima, porque la relación de autoría y la de paternidad están siempre ligadas a la ley.
Los hombres del renacimiento buscaban su identidad interrogando sus orígenes en tres direcciones principales: la génesis, la genealogía, la genética. La revolución Copernicana provocó que algunos aspectos de la vida humana escaparan al territorio paterno, sin embargo la fuerza que tenía la imagen paterna depositada en Dios generaba otras formas de derivación de un poder que se extendía desde lo celestial hasta todo tipo de esferas del dominio humano, tal fue el caso de la imagen del Rey cuyos poderes eran comparados con los de la divinidad, “Tomás Moro utiliza el mismo término latín, parens, para calificar al progenitor supremo- divinidad única y eterna, a quien los utopistas atribuyen el origen, el desarrollo y el fin de todas
las cosas – y a los jefes políticos. La palabra padre aparece en la tradición antigua en particular en Aristóteles, quien define en la Ética a Nicomaco el reino ideal como un gobierno paterno”22.
En cuanto al origen etimológico de la palabra autor, proviene de la raíz indoeuropea aweg que significa crecer y da augere, auctus, incrementarse, aumentar. Designa aquello que hace crecer, el latín clásico le da el sentido de fundador, autor. Auctoritas designa el hecho de ser auctor y en bajo latín produce el verbo auctorirare: “dar la autoridad”. Los otros sentidos, tales como auxilium, incremento de fuerzas, refuerzo, auxilio o augurium incremento acordado por los dioses para una empresa, toma en latín clásico el sentido de presagio favorable y da augur aquello que provee esos presagios incrementando así las oportunidades en empresas acordadas por los dioses23, en un sentido más restringido al arte literario, tiene una derivación del latín auctor que implica dos sentidos: ser causa de algo y ser garante.
Con respecto al término de escritor, empleado también por primera vez en el siglo
XII: Scriptor es a la vez el scriba, el ejecutante, el copista, el secretario. Pero la
función del escritor incluye a la idea de artesano, aquel que traza las bellas letras. En cuanto a scriptio, que designa la acción de escribir, al trabajo de redacción, a la acción de producir un texto, es el trabajo con la letra por oposición al trabajo del espíritu, el que concibe la idea. Así, quedó establecida la división social entre el que concibe la idea y el que la ejecuta, al transcribir un texto que ha sido pensado por otro. La palabra autor es una transformación de la palabra latina scribanus, deriva
del latín scriba, el scriba, el escribano. Scribere, trazar, marcar con estilete, es también escribir o poner por escrito, componer, escribir una obra, pero sobre todo es escribir y redactar los actos oficiales. De esta forma rerum scriptor se aplica a aquel que redacta el historiador o el hombre de ley, mientras que, para los hebreos, el scriba era el doctor de la Ley, el guardián de los textos sagrados24
.
Al respecto Fraenkel señala la oposición de Benveniste al sentido que se le da al término, por lo que propone una interpretación diferente afirmando que la palabra
augeo tuvo en su origen un significado distinto. Remontándose a la raíz
indoeuropea aug- de la que augeo se encuentra relacionada con derivaciones indo- iraníes en las que se puede apreciar como el uso que se le daba a este término estaba vinculado a la utilización de la fuerza por parte de los dioses y los héroes, por lo que esta potencia se refería a una condición sobrehumana denotando más la acción de nacer, de promover. Es en este contexto que se deduce que el termino de autor deriva de este sentido primero, ya que designa al que toma la iniciativa, al que funda, al que promueve y no al que aumenta o incrementa.
Dumézil recurriendo a las mismas fuentes que Benveniste pero con un método diferente, obtiene otra versión haciendo un análisis comparativo de las raíces romanas y las vedas. De estas últimas toma el término de ojah “la fuerza” pero al investigar la fuente de esta fuerza, se encuentra tal y como lo hizo Benveniste con las nociones de aumento, incremento, crecimiento y señala que lejos de ser una contradicción el término puede recibir el sentido de “crecimiento máximo total” de “fuerza plena”. Así, los sacerdotes, los reyes, los guerreros poseían esta augus o
24
“fuerza plena” que era necesaria para el éxito de una acción. Por su parte, los romanos habrían tergiversado el sentido original de aug- dando al término de augurio no el sentido de fuerza sino de “signo de fuerza plena”. El augur buscaría saber por la mediación de los signos los augurios que tendrían un valor de lectura no de acción, porque la acción del augurio es la de interpretar, la competencia de augur es la de un lector privilegiado capaz de interpretar signos divinos pero privado de poder convocar a las fuerzas divinas25.
Sin embargo, el análisis del término sería incompleto sino se incluyesen las implicaciones semánticas del sufijo –tor que procede del latín y que se encuentra en nombres como doctor, escultor, actor. Pero también en al antiguo griego se establecen los nombres de agente agregando –tor o el sufijo –ter, y es a partir del análisis de la oposición agente-autor que se puede delimitar mejor la significación de cada uno.
Mientras las terminaciones en –tor designan a quien ha hecho algo en el sentido que ha completado y concluido una acción, las terminaciones en –ter designan él que esta en vías de terminar una acción que ha empezado. Es la conclusión de la acción emprendida lo que define la diferencia entre uno y otro. En el análisis que lleva a cabo Benveniste insiste en las dimensiones semánticas que se agregan a la condición de agente y de autor y que son las de tener y ser. En el campo del tener está el autor como propietario de su acto, el agente por está situado del lado del ser, su acción es pensada como una función que procura completar.
La acción que concluye debe diferenciarse de todas las demás alcanzando la connotación de extraordinaria, de excepcional. La atribución de autor tiene que ver con el pasaje que se opera de agente a autor, relación dialéctica que implica un pasaje y una conclusión ya sea del lado del agente que se eleva a un grado superlativo o por la creación de un objeto que alcanza este calificativo. Como Fraenkel lo expresa el estudio sobre “el autor” revela una antropología de la palabra y de la escritura.
CAPÍTULO 2
2.1 EL GRAN CAMBIO, MICHEL DE MONTAIGNE: