Primera mueca: la furiosa lengua de lavandera
La experiencia de leer cualquiera de los textos de Virgilio Piñera suele ser perturbadora. Lo fue desde un principio, cuando en los años treinta publicó sus primeras poesías que provocaron el rechazo de algunos de los integrantes del grupo Orígenes, quienes no tardaron en reaccionar. Cintio Vitier escribió en su crítica al poemario juicios negativos que marcaron por muchas décadas la lectura de la obra de Virgilio, colocándolo en un espacio marginal del que nunca logró salir por completo. Jambrina (2012) sostiene que fue Vitier quien estableció las bases conceptuales a partir de las que tradicionalmente se ha estudiado la obra piñeriana, en especial asociándola a ideas de vacío y destrucción.
Resulta productivo pensar qué de la propuesta de Piñera generaba reacciones negativas tan desmesuradas como los gestos del mismo Piñera, amante de los escándalos y las rencillas teatrales que protagonizó en más de una ocasión y que forman parte de una mitología muy interesante que se ha construido en torno a su figura.
Es posible que el rechazo que muchos intelectuales de prestigio en la isla experimentaron frente a su poética lo generara el hecho de que Piñera apostó desde sus comienzos como escritor a construir un lenguaje desgarrador, directo y corrosivo. Su aparición en el campo literario cubano fue ante todo una irrupción desestabilizadora porque intentó desde sus inicios incomodar provocando abiertamente a quienes ocupaban posiciones centrales dentro de dicho campo. Lo hizo porque propuso una lengua diferente, que, entre otras cosas, indagó en los modos de representación y en formas alternativas de construir sentido. Piñera mantuvo un fuerte contrapunteo con los modelos estéticos de su tiempo. Se opuso a la adopción de posturas hegemónicas, que Quintero Herencia llamó “figuras institucionalizantes”: el tradicionalismo, el fundamentalismo religioso y la violencia. La traducción de esta postura podría hallarse en el “impulso minimalista de la escritura piñeriana” (Jambrina: 2012,11)
Tanto en su poesía como en el teatro, trabajó con imágenes que representaban caos y destrucción, según Rita Martín (2009) que afirma que:
La incredulidad que lleva a Virgilio a desarrollar la idea de la destrucción le llega por medio de la sinonimia que éste establece entre poeta, vanguardia y rebeldía. Más consciente que otros escritores del período de la necesidad cultural del discurso de la rebeldía (...)El rebelde se afirmará, por un lado, en la consideración de que la cultura es un acto de insubordinación y ésta, por ende, constituye un acto destructor y, por el otro, en la denuncia vanguardista del estado de parálisis del lenguaje de la sociedad moderna y, por supuesto, dentro de ésta, la cubana. (36)
Leemos en el poema “Elegía así” de su primera publicación- el libro que tituló Las Furias55- versos en los que el sonido de las palabras refleja ecos de ladridos de perros. Propone
una escritura hecha con palabras-ladridos, sonidos monstruosos lanzados por una criatura que es mezcla de animal y de persona y que se materializan desde su condición de "terrosas". Son palabras, además, que irrumpen perforando: (…) Invito a la terrosa palabra/que perfora la vida y los espejos/y el eco de su imagen dividido. / Todo es triste. /Un juego de palabras con ladridos. Piñera eligió escribir rechazando, por un lado, las formas petrificadas de la cultura cubana y por el otro intentó obsesivamente escudriñar los modos en que se construyen discursos sobre la
55 Cuando dedica el libro a José Lezama Lima, hace explícita la intención de perturbar e incomodar a los lectores: “No van contra tu poesía estas Furias; si van contra todo lo que se puede ir y contra todo lo que no se deba ir” (González Cruz 1993)
75 nación, la poesía y la historia de la isla56. En su ensayo “Contra y por la palabra”57 postuló la
necesidad de renovar el lenguaje poético debido al gran número de palabras muertas que según su óptica, estaban petrificando el pensamiento.
Muecas rupturistas
Podemos decir que la escritura de Piñera es corrosiva porque trabaja forzando los límites de la representación a partir del uso del lenguaje (que Gastón Baquero calificó como "lengua de lavandera") y la utilización de los tonos, en especial la búsqueda de la "frialdad" para contar los sucesos más disímiles (como la caída y singular desmembramiento de los dos alpinistas, o un pueblo que decide entregarse a la antropofagia para no morir de hambre, o el hombre que al cumplir cuarenta años decide emprender un viaje circular por las carreteras de Cuba trasladándose en singular medio de transporte: un cochecito de bebé empujado por niñeras organizadas según un estricto sistema de postas). Sus narradores parecen situarse a distancia de lo que cuentan, mantienen un alejamiento emocional, o narran con un tono que juega a romper toda correspondencia con la situación que relatan. Lo observamos, por dar tan solo un ejemplo, en su cuento "La carne".
Sucedió con gran sencillez, sin afectación. Por motivos que no son del caso exponer, la población sufría falta de carne. Todo el mundo se alarmó y se hicieron comentarios más o menos amargos y hasta se esbozaron ciertos propósitos de venganza (...) Solo que el señor Ansaldo no siguió la orden general. Con gran tranquilidad se puso a afilar un enorme cuchillo de cocina y, acto seguido, bajándose los pantalones hasta las rodillas, cortó de su nalga izquierda un hermoso filete. Tras haberlo limpiado lo adobó con sal y vinagre, lo pasó- como se dice- por la parrilla, para finalmente freírlo en la gran sartén de las tortillas del domingo. Sentóse a la mesa y comenzó a saborear su hermoso filete (Piñera 2004, 27)
El narrador describe hechos insólitos -el autoconsumo en que incurre una comunidad como práctica que soluciona la escasez de alimentos, y que por eso mismo constituye un motivo de celebración y de triunfo- pero aclara que lo que cuenta es sencillo ya que ocurrió "sin afectación" de ningún tipo. Los motivos de la hambruna tampoco serán relatados. El cuento se construye en negativo, en lugar de contar, se procede a dejar marca de los silencios, es por esto que el texto avanza de un modo peculiar: explicitando su voluntad de no decir, de no contar. Mientras tanto, aquello que sí se relata pertenece al territorio del absurdo, no solo por los hechos que se describen, sino por los modos que el narrador adopta para contarlos. Su literatura se basa en esos modos con los que tensa el lenguaje, proyectando múltiples figuras dislocadas y extrañas que corroen el centro del sistema.
En La arqueología del saber, Foucault (2008) postula que la atención en los estudios de distintas disciplinas se ha desplazado de las unidades, las continuidades "épocas", "siglos", hacia los fenómenos de ruptura: "por debajo de la persistencia de un género, de una forma, de una disciplina, de una actividad teórica, se trata ahora de detectar la incidencia de las interrupciones"(12). Sin embrago, detectar y luego aceptar esas discontinuidades genera dificultades, porque las reacciones frente al fenómeno de ruptura suelen provocar repugnancia, por el modo singular en pensar la diferencia, en describir desviaciones y dispersiones, en disociar la forma tranquilizante de lo idéntico "(...) como si con esos conceptos de umbrales, de mutaciones, de sistemas independientes, de series limitadas costase trabajo hacer la teoría" (23)
Siguiendo esta idea, podemos decir que la obra de Piñera genera en el campo literario cubano un impacto, una ruptura que obliga al sistema a realizar una serie de operaciones, modificándolo. Genera una discontinuidad y transforma los modos de pensar la literatura. Crea
56 Para ampliar estas cuestiones ver Abreu, Alberto. (2000)
57 En Piñera, Virgilio. (1994) Poesía y crítica Compilación y prólogo Antón Arrufat. México: Consejo
76 una diferencia que produce mutaciones. No es casual que sea justamente Piñera el escritor de referencia ineludible para los escritores cubanos de las últimas décadas.
Muecas para las nuevas generaciones
El derrumbe del campo socialista produjo la crisis más grave de la historia de la revolución cubana. La escasez de alimentos, de combustible, de recursos de todo tipo desencadenó la explosión dramática del llamado "período especial" cuyas consecuencias repercutieron no sólo en la economía sino también en el campo cultural, porque afectó la estabilidad política del país, y repercutió en el tejido interno de las relaciones intelectuales. La narrativa iconoclasta que utilizaron muchos de los escritores que la crítica identifica bajo el nombre de "Novísimos", la poesía antilírica que escribieron otros y el enfoque crítico del nuevo ensayo que empezó a producirse en esta época, expresaron el malestar cultural y potenciaron transformaciones en el lenguaje literario, abriendo también nuevas formas de sociabilidad intelectual (Silva 2014).
En esta misma época, la recuperación del legado de Virgilio Piñera se convirtió en un asunto vital para las nuevas generaciones de escritores de la isla. Este proceso se había iniciado en 1987 con la reedición de parte de su obra y de los trabajos críticos de Arrufat, Estévez, Ponte, Fowler, Saíz, Espinosa, Duonel Díaz, entre otros. A partir de entonces es obra referencial no sólo de los escritores y los estudios literarios sino que Piñera ingresó también como personaje de la literatura cubana58. Rojas (2013) relaciona este fenómeno de recuperación del autor (prohibido y
marginado durante casi dos décadas) con la posición que Piñera adoptó en relación con la resistencia al poder, desde sus postulados críticos, pero fundamentalmente desde su posición de escritor y desde dentro de su literatura. El uso de la lengua, la voluntad de corroer el lenguaje, la búsqueda de sentido alterno, los juegos con los modos de representación, la frialdad como método narrativo, el cuerpo, lo monstruoso, lo orgánico puesto en primer lugar, son solo algunas de las zonas que los nuevos escritores retoman de la poética de Piñera.
Parte de la fascinación de las nuevas generaciones con este autor consiste, precisamente, en su capacidad para, a través de actos “teatrales”, o mejor, de lo que pudiéramos llamar su conciencia del performance escritural, resistir y denunciar activamente los imperativos del poder de su época, tanto a nivel simbólico como real, a tiempo que sobrevivir dignamente como sujeto creativo. (12)
Norge Espinosa (2012) propone que utilizar la lengua de Piñera es, para los escritores cubanos de las nuevas generaciones, retroceder a los idiomas primarios ("una glosalalia pavorosa" de angustia, duda y gestos) que parecen no decir demasiado pero que en los textos de Piñera aparecen como espejos: "nos hacen creer que hay ahí una vida que la literatura cubana no ha podido repetir, que sigue siendo de una naturaleza tan singular como imantadora” (42)
En este mismo sentido, Antonio José Ponte en su intervención al cumplirse noventa años del nacimiento de Piñera leyó un texto que tituló "La lengua de Virgilio"59 en el que afirma que
Piñera ha brindado a los nuevos escritores una lengua para decirse y sostiene que su poética resulta productiva para resemantizar la experiencia literaria cubana. La crisis que el país atraviesa en estos años (el llamado “período especial”) provoca, en el plano de la cultura, la recuperación de la propuesta de Piñera que, entre otras cosas, ilumina el nihilismo de la literatura cubana de esta década. Es el caso de Ponte, que en su escritura utiliza una retórica "erosiva" según Guadalupe Silva quien señala que escribir es para Ponte derruir: producir fracturas en el orden del discurso y la representación. Gestos que nos recuerdan la propuesta piñeriana, en particular las ideas de destrucción sobre las que tanto ha dicho la crítica. El mismo Ponte afirma que en La fiesta vigilada
58 Amplío estas cuestiones en mi trabajo "Virgilio Piñera como personaje: maniobras para la apertura del
canon", en prensa.
77 hay voluntad de frialdad, y que la logra mediante el uso de la ironía, dos de las características por excelencia de la poética de Piñera.
El cuerpo, lo orgánico (la carne, los excrementos, los desmembramientos) aparece en la propuesta de Piñera como tropo que convierte en centro de preocupaciones y en trampolín para nuevas asociaciones e ideas, el lugar desde el que se enuncia que es también espacio alejado de lo espiritual (como contracara del barroquismo erotizante de Lezama y Orígenes60). Hay en su
escritura una obsesión de la carne que se presenta al mismo tiempo como objeto de repulsión y de deseo. Piñera hace uso de los cuerpos de sus personajes experimentando con ellos, trocándolos, desmembrándolos. Sadomasoquismo que traslada a la página, a ese otro cuerpo: el texto. Victor Fowler piensa la cuestión del cuerpo, de lo orgánico, como una de las marcas de la escritura de Piñera que también retoman los escritores cubanos en los años noventa “pienso en la fascinación que sobre nuestro presente pareciera ejercer la escritura del cuerpo. Escritura que busca la crudeza de lo orgánico, que explora, devela, propala lo callado, persigue lo insólito y traza otros, nuevos límites.”(241)
Piñera es para los nuevos escritores no solo un mito, sino una determinada concepción de la literatura. Y hay un grupo numeroso de escritores cubanos que se reivindican como sus descendientes. Esto sucede con Reinaldo Arenas, por ejemplo, que le dedica su novela El mundo alucinante y también lo presenta como santo laico al que le implora unos meses más de vida para terminar de escribir Antes que anochezca, o Abilio Estévez que le dedica El reino de este mundo y elige como epígrafe un fragmento del cuento "El gran Baro" en Los palacios distantes. Pedro de Jesús titula Cuentos frígidos su libro de cuentos editado en 2000 en clara alusión a los Cuentos fríos de Piñera. En Las comidas profundas, de Ponte, un fragmento del célebre poema "La isla en peso" dispara una serie de asociaciones que arman la historia que se cuenta. También Margarita Mateo Palmer, Karla Suárez, Leonardo Padura, Marcial Gala, por nombrar solo algunos de los más reconocidos escritores cubanos de estos años, lo siguen eligiendo como personaje o hacen que otros lo lean o lo citen dentro de sus ficciones.
Más allá del personaje y de su figura de autor que resulta sin dudas tan productiva a la hora de indagar sobre cómo se construyen los linajes o cuáles son las tensiones dentro del campo intelectual cubano y qué rol cumple Piñera en estas cuestiones, lo más interesante sigue siendo observar los modos en que las muecas de Piñera persisten, renacen para la literatura cubana en las más interesantes propuestas de escritura, a casi cuatro décadas de su muerte.
Bibliografía
Abreu, Alberto (2002) Virgilio Piñera: un hombre, una isla. La Habana: Unión. Espinosa, Norge (2012) Notas “en” Piñera. La Habana: Extramuros.
Foucault, Michel. (2008) La arqueología del saber. Buenos Aires: Siglo Veintiuno. Fowler, Víctor (2001) Historias del cuerpo. La Habana: Letras Cubanas.
Gala, Marcial (2014) "Un día como ayer murió Virgilio Piñera" Revista Matanzas
González Cruz, Iván (comp.). (1993). Fascinación de la memoria. Textos inéditos sobre José Lezama Lima. La Habana: Letras Cubanas.
Jambrina, Jesús (2012) Virgilio Piñera: poesía, nación y diferencias. Madrid: Verbum.
Martín, Rita (2009)"Virgilio Piñera, contra y por la palabra" en Revista Iberoamericana, Vol. LXXV, Núm. 226.
60 Ver Milanés, Modesto (2009).
78 Milanés, Modesto (2009). “La cuentística de Piñera: un ensayo de periodización” en Escala crítica. La Habana: Letras cubanas.
Piñera, Virgilio (2011). Cuentos completos. La Habana: Letras Cubanas.
Ponte, Antonio José (1993) “La lengua de Virgilio” en Coloquio Piñera, Matanzas: Ediciones Vigía.
Silva, Guadalupe (2014) "Antonio José Ponte: el espacio como texto" en Revista Iberoamericana, Vol. XIV, NUM 53.
Rojas, Rafael (2013). "La prole de Virgilio: vaivenes de la recepción de Virgilio Piñera en Cuba" en Revista Iberoamericana, Vol. LXXIX, NUM 243.
79