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Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC)

Contextos

Uno de los intereses centrales que surgieron con el auge de los estudios poscoloniales a partir de la década del setenta fue la recuperación de los pasados silenciados, concebidos como fuente esencial para la constitución de la compleja identidad del sujeto colonizado. Recuperar la historia desde la diferencia, desde sus márgenes, supone no sólo un trabajo “arqueológico” en la búsqueda de las huellas de un pasado borrado: implica también cuestionar y repensar lo que entendemos como historia.

En este sentido, la problematización que hace la Nueva Historia nos remite a los aportes del historiador Hayden White quien en “The Historical Text as Literary Artifact” subraya la existencia de un componente ficcional en la historia. La mera organización de los eventos históricos en una lógica narrativa, plasma la subjetividad del historiador. La crítica canadiense Linda Hutcheon coincide con White revelando el poder de los historiadores en silenciar y excluir determinados eventos pasados y realzar otros que tienen que ver con el grupo hegemónico,, el

grupo dominante, el colonizador. La creciente recurrencia de novelas que toman hechos documentados en la historia como puntapié para desarrollar narrativas ficcionales da fé del interés por revisar y reconstruir la historia desde la literatura.

En el contexto de la literatura afroestadounidense, como bien lo explica el literato Ashrad A. Rushdy, en Neo-slave Narratives: Studies in the Social Logic of a Literary Form (1999) el panorama político y social de los años sesenta -en particular, el Movimiento por los Derechos Civiles- generó un cambio en la historiografía de la esclavitud que afectó directamente la representación de esta historia en la ficción. Emerge como género de resistencia la nueva slave narrative115, término definido por el erudito Bernard W. Bell en The Afro-American Novel and Its Tradition (1987) para describir “narrativas modernas, residualmente orales, que abordan el escape de la esclavitud hacia la libertad” (289). La definición de Bell evolucionó para abarcar narrativas que comprenden periodos de tiempo previos o posteriores a los años de esclavitud, espacios transnacionales y también estilos de escritura y formas diversas. Como aclara la crítica Valerie Smith en “Neo-slave Narratives” en “The Cambridge Companion to the African American Slave Narrative”, los textos que participan en esta tradición comparten la “centralidad de la historia y la memoria de la esclavitud para la construcción de las identidades nacionales, culturales, raciales y de género” (Smith en Fisch 168).

En el contexto de la esclavitud, el rol de la historia en la construcción de la identidad de la mujer negra, es para la escritora estadounidense-jamaiquina Michelle Cliff, de suma importancia ya que hace posible –en primer lugar- la visibilización de su existencia, y en segunda instancia, su participación en actos de resistencia negros que –aunque silenciados- dieron forma a la historia del Caribe Extendido116. En Free Enterprise (1993), Cliff desdibuja no solo los límites

geopolíticos y temporales que históricamente han separado la experiencia de la esclavitud de Estados Unidos con el Caribe, sino también la histórica separación disciplinaria historia-literatura. Celebrando la función política de la nueva slave narrative, Michelle Cliff rescata la figura de la

115 Conservo el vocablo en inglés dada la problemática que presentan las traducciones “narrativa esclavista”

y “narrativa anti-esclavista”. La primera pareciera designar narrativas a favor de la esclavitud y la segunda lo contrario. En inglés, el término designa “narrativa de esclavos o escrita por esclavos”.

116 Usaré el término “Caribe Extendido” acuñado por el sociólogo Immanuel Wallerstein para referirse a

las regiones tropicales y semi-tropicales de América que comparten la cultura de las plantaciones en el contexto de la esclavitud que comprende desde Maryland en el estado de Virginia hasta el noreste de Brasil (Wallerstein 1980). Ver The Modern World System, vol. 2: Mercantilism and the Consolidation of the European World Economy. New York: Academic, 1980.

187 mujer negra del silencio, escribiéndola en la historia y dando voz a su contribución en la construcción de la historia.

Silencios en la historia oficial: Mary Ellen Pleasant y la lucha abolicionista

La trama de Free Enterprise se desencadena con la figura de la abolicionista Mary Ellen Pleasant, personaje enigmático en la historia estadounidense, a quien llegamos a conocer principalmente a partir de fragmentos, de documentación escasa que quedó en la historia y nos ofrece más preguntas que respuestas. Lo que sabemos acerca de su vida está sujeto a grandes especulaciones, que nacen desde las distintas versiones de su historia, las cuales son conflictivas y no siempre coinciden, y están basadas en rumores y fuentes periodísticas poco confiables. A pesar de esto, sus dos biógrafos principales: Quintard Taylor y Linn Hudson coinciden en presentar a Mary Ellen Pleasant como una empresaria negra en el ámbito hotelero y culinario que amasó cierta fortuna durante la Fiebre de Oro en San Francisco y llegó a ser millonaria para el año 1875 (Hudson 2003, Taylor 1997). Pleasant usó gran parte de esta fortuna en pos de la lucha contra la esclavitud, causa por la que se comprometió activamente ya sea impulsando el desarrollo de capital para ayudar a quienes llegaban por las rutas de escape de esclavos fugitivos o financiando organizaciones políticas abolicionistas, entre ellas la más notable rebelión de Harper’s Ferry de 1859.

Dicha rebelión es documentada ampliamente en la historia, donde se da cuenta de la figura de John Brown, abolicionista blanco a quien se le atribuye el liderazgo del acto de resistencia, pero se omite toda mención de la contribución de Pleasant (Reynolds 2005, Decaro Jr 2002, Quarles 2000, Renehan 1995). En contraste, de acuerdo a los recuentos orales, el epitafio que está escrito en la tumba de Mary Ellen Pleasant y que lee “Fue Amiga de John Brown” habría sido pedido por la propia Pleasant (Kranz 2004) lo cual da testimonio de su deseo final de reconocimiento. Michelle Cliff escribe desde este supuesto, inscribiendo a Pleasant en la historia desde la premisa que fue ella quien financió la rebelión de Harper’s Ferry. Como señala la doctora y especialista en estudios caribeños Erica Johnson en “Ghostwriting Transnational Histories in Michelle Cliff”, existe evidencia contundente para validar esta postura, principalmente una nota encontrada en el cuerpo de Brown al momento de la rebelión que decía “El hacha yace al pie del árbol. Cuando se dé el primer golpe habrá más dinero para ayudar – M.E.P” (Johnson 121).

Cliff se sirve de estas huellas para reconfigurar la lucha de Pleasant, respondiendo al silencio de la historia oficial. Para ello, se embarca en la oximorónica empresa de narrar el silencio, enfatizando la ausencia que representa la figura de Pleasant, aun cuando el foco de la historia es ella misma.

La historia contada en círculos y mirada desde distintos ángulos

Free Enterprise desestabiliza nociones de historia tradicionales a partir de un abordaje no linear de la narración. En contraste a la organización cronológica de los relatos históricos, la autora desentrama la historia de Pleasant a partir de una narrativa circular, que va hacia adelante y atrás en el tiempo -en sintonía con la memoria de los personajes- y que se escapa de espacios delimitados – como el sur de los Estados Unidos- hacia Jamaica y distintas islas del Caribe.

La conexión entre la historia de los pueblos del Caribe Extendido se plasma en la narración a partir de la relación epistolar entre Mary Ellen Pleasant y Annie Christmas. Esta última es un personaje de complejo análisis en la novela, en especial en su alusión al personaje legendario afroamericano que le da nombre, y en su particular situación de marginalidad. Annie rescata la oralidad y la pluralidad de la historia desde los lugares en los que se posiciona: su casa en el borde del río y la comunidad de leprosos donde más tarde elige vivir. Desde estos lugares surgen conexiones espaciales y temporales que nutren al texto, como por ejemplo, en las figuras de árboles cubiertos por botellas de distintas formas que contienen los aromas de diversos lugares.

Sin duda, esta metáfora del árbol cubierto de botellas con la que Cliff inicia su narración anuncia un texto polifónico en el que las distintas voces que emergen a lo largo de la novela

188 reconstruyen narraciones desde la colaboración y el diálogo. Esta confluencia de voces se vuelve más clara aún en la comunidad de leprosos, donde los personajes marginales se involucran en la práctica de storytelling celebrando la oralidad de la historia de la comunidad negra, fuente de saber y de resistencia.

Cliff enfatiza el poder y la fuerza de ‘storytelling’ en la comunidad. Cabe destacar que es precisamente en este círculo de personas de distintos orígenes “sefardí, tahitiano, Maori, Hawaiano” (40), que Annie inserta la historia de Mary Ellen Pleasant. No es casual que Cliff presente la historia de Mary Ellen con Annie como su principal vocera, ni tampoco que conozcamos gran parte de la historia de Annie desde las cartas de Pleasant. La intención de la autora bajo este proceso colaborativo de narración es mostrar una visión de la historia que necesariamente se construye desde la multiplicidad, desde lo heterogéneo y lo comunal. Es así como la reconstrucción abarca lo registrado y lo silenciado, lo oral y lo escrito, lo factual y lo ficcional.

Este círculo de cuentos y relatos nos habla también de una visión de la historia que se resiste a dar un lugar central a episodios o personajes históricos particulares, abriendo el pasado desde los márgenes. La historia de la rebelión de Harper’s Ferry es un eje significativo en la novela, pero al mismo tiempo, es también solo un acto más de resistencia en la historia del mercado de esclavos. Asimismo Brown emerge como personaje en la novela de Cliff, pero su rol es el de “un aliado esplendido; ni más, ni menos” (Cliff, 141). De hecho, Cliff le otorga a Brown un lugar secundario, de trasfondo en la novela; lo cual contrasta ampliamente con el lugar central en el que la historia de la abolición lo ha históricamente posicionado.

El uso de alegorías visuales en la reconstrucción de la historia de la novela da nota de la importancia de repensar la historia desde distintas perspectivas y de mirarla desde distintos ángulos. Abordando la pintura de J. M. W. Turner 1775-1851 titulada “El Barco Esclavo: arrojando al mar a los muertos y moribundos ante el tifón que avanza” (1840), Cliff juega con la imagen desde su fondo y primer plano para mostrarnos como la historia ha sido construida a partir de procesos de selección y omisión en los cuales los esclavos han ocupado un lugar de ausencia. La pintura ilustra el poder de la naturaleza al retratar un barco atrapado en un tifón de agua blanca. En la imagen, el cielo y el vasto océano parecen fusionarse ocupando el centro de la imagen. En el primer plano a la derecha se vislumbran brazos y piernas de raza negra perdiéndose en el fondo del océano. La obra de Turner ilustra un episodio histórico acontecido en el año 1781 en el que unos comerciantes de esclavos de un barco denominado Zong tiran a los esclavos muertos y moribundos durante una tormenta con el objetivo de cobrar el dinero del seguro de los mismos. Michelle Cliff inserta la pintura en la obra como detonante para detectar y exponer las marcas del discurso colonialista entre los abolicionistas blancos y luego plasmar su propia concepción de la historia de la esclavitud.

En Free Enterprise, durante una cena con un grupo de abolicionistas en la casa de Alice Hooper -mujer blanca involucrada en la causa abolicionista- se le solicita a Mary Ellen Pleasant, como representante de la raza negra, información sobre el incidente ilustrado por Turner. Ante tal pedido, Mary Ellen Pleasant se encuentra desconcertada pensando: “No estaba segura para nada” ¿Que incidente había elegido Turner? ¿Cuáles de los cientos que salieron a la luz? ¿Coincidía con los que ella conocía?” (Cliff 72). La reacción de Pleasant ante la especificidad de la pregunta de Hooper deja ver la diferencia entre dos concepciones de historia opuestas. Para los abolicionistas blancos, el incidente, estando debidamente documentado en registros oficiales, constituye un episodio aislado y particular, el cual es abordado más desde el plano artístico que desde el episodio terrorífico que representa: “El asunto va más allá de lo nuestro. Por supuesto, podemos disfrutar el arte que manifiesta. El hombre tenía un brillante talento, con forma, color” (74). En contraste, para Pleasant, el incidente es uno más en la gran cantidad de crímenes del comercio de la esclavitud. La historia individual de cada esclavo es también la historia comunal de todos ellos, y es por eso que Pleasant no puede discernir entre el crimen elegido por la historia y los de cientos que dejó el viaje desde África hasta América por el Pasaje Medio, al cual la pintura de Turner hace alusión. Asimismo, en su carta en respuesta a Hooper Pleasant deja claro que la centralidad en la historia de los afroamericanos son esos brazos negros apenas visibles en el costado de la pintura, símbolos del sufrimiento de la raza negra esclavizada.

189 Conclusión

La alusión al Pasaje Medio en la pintura de Turner nos hace reflexionar acerca del mensaje central de Free Enterprise: los pueblos que vivieron la experiencia de la esclavitud en el Caribe Extendido comparten entre sí una misma historia de opresión y resistencia. De esta forma, sería imposible abordar hechos históricos particulares sin repensarlos desde contextos transnacionales. A partir de la historia de Mary Ellen Pleasant, Michelle Cliff nos enseña como la lucha de resistencia que representa su protagonista es también la lucha de otras tantas mujeres silenciadas e invisibilizadas por la historia oficial.

Bibliografía

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SARGASSO SEA: LA ADAPTACIÓN COMO LUGAR DE DIÁLOGO EN