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Müller I., Strehlow P 2004 History of Rubber and its Use Lecture notes in Physics, 637: 105 110.

2.1. Antecedente histórico

Ya desde los primeros años del periodo de conquista las comunidades indígenas de América del Sur soportaron la llegada de europeos, muchos descritos como timadores, sin educación ni moral y con la única intención de acumular riquezas, para lo cual en muchos casos extendieron a su paso la desolación y el exterminio en dichas comunidades. Seguido a este periodo, los indígenas soportaron el paso de las misiones religiosas, que si bien contaban con formación intelectual y moral, en general actuaron de manera avasalladora con las comunidades, dejando pocos registros del conocimiento de las culturas indígenas, y una vez conseguida esta dominación (conquistada y esclavizada la raza) prosiguió una de las más grandes explotaciones, la del caucho (Davis, 2001). La demanda más fuerte del caucho amazónico fue realizada

Tesis de doctorado

por Inglaterra hasta finales del siglo XIX, cuando fue reemplazada en la explotación por Estados Unidos, como se mencionó en el apartado 1.3. Dicha explotación alcanzó su punto más alto en el periodo 1860-1920, conocido como el boom del caucho (García, 2001; Ullán de la Rosa, 2004; Coslovsky, 2006).

En Colombia el aprovechamiento intensivo comenzó en la región de la costa Atlántica hacia 1850, y al agotar las fuentes de extracción se trasladó al Pacífico y hacia el interior del país. Ya para finales del siglo XIX la explotación estaba dirigida hacia la región amazónica, donde se solapó con las explotaciones de Perú, entre estas la del gallego Alfonso Graña o Alfonso I de la Amazonía, y las de Brasil, en donde los empresarios se rigieron por la lógica capitalista en su versión más extrema, que pretendía la obtención de los mayores beneficios en el menor tiempo y costo posible (García, 2001; Ullán de la Rosa, 2004; Otero, 2006).

Gómez (1990; 1991) y García (2001) mencionan que la mayor intensidad de extracción del caucho natural en la Amazonia colombiana se dio entre 1890 y 1915, para cubrir la demanda de la industria automotriz de Estados Unidos y Europa. La comercialización se realizó a través del río Amazonas como una vía internacional de conexión entre Perú-Colombia-Brasil con salida al Atlántico, y comunicando así con cualquier puerto del mundo. Junto con esa explotación se generaron fuertes migraciones procedentes principalmente de Brasil, que fomentaron establecimientos temporales, uno de los cuales más tarde se consolidaría como la ciudad de Manaos (Brasil). Enfatiza Gómez (1990) que en estos asentamientos contrastaban la opulencia con la esclavitud y el aniquilamiento de indígenas. Como menciona Castro (2007), en nombre de ese progreso se cometió uno de los más grandes etnocidios de la Amazonia colombiana, exterminando más de 30.000 indígenas controlados por la Casa Arana, asociada a la empresa inglesa Peruvian Amazon Company.

Algunas de las actividades de la Casa Arana y de Julio César Arana, así como todo lo relacionado con el denominado boom del caucho, han sido plasmadas en relatos de funcionarios de gobiernos y empresas, han sido materia de investigación por parte de historiadores y otros científicos, y algunas de estas historias han terminado convertidas en novelas, como La Vorágine (1924) del colombiano José Eustasio Rivera, o El sueño del Celta (2010) del peruano Mario Vargas Llosa, entre otras.

Se destaca la investigación de Davis (2001) a través del río Amazonas, en la que relata que Arana “…en 1904 contrató a doscientos guardianes de Barbados y les encomendó la tarea de acorralar a cualquiera que intentara escapar…los caucheros, a quienes se les permitía `civilizar´ a los indios, atacaban al alba, atrapando a sus víctimas en las malocas y ofreciéndoles regalos como excusa a su esclavitud. Una vez en garras de deudas que no podían comprender y a riesgo de la vida de sus familias,

2. Desarrollo del caucho natural en Colombia y en la Orinoquia colombiana

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los huitotos1

La obtención de esa abundante mano de obra fue una condición imprescindible para la expansión de la empresa cauchera, en lo que se refiere a la producción y manipulación de látex, como al transporte de la goma de la unidad productiva (selva) al puerto de embarque y, posteriormente, a las ciudades para su transformación (García, 2001). Esta explotación del caucho en la región del Amazonas declinó ante la caída en las cotizaciones internacionales, como consecuencia de la aparición de las plantaciones de caucho en Asia, durante las primeras décadas del siglo XX. Es así que Casement, en su diario de relatos de 1910, citado por Mitchell (1997), concluye que la extracción de esta materia prima, realizada fundamentalmente con fuerza de trabajo indígena, es uno de los periodos más dramáticos de la historia latinoamericana, y al que esta región colombiana no escapó.

trabajaban para producir una sustancia que no podían usar. Los que no cumplían con su cuota, los que veían que la aguja de la balanza no pasaba la marca de los diez kilos, caían de bruces a la espera del castigo. A unos los golpeaban y azotaban, a otros les cortaban las manos o los dedos. Se sometían, porque si oponían resistencia sus esposas e hijos pagarían por ello” (pp. 283-284).

A pesar de este episodio, entre 1939-1945 se impulsó otro periodo de explotación en Colombia, fomentado por el gobierno de EEUU para atender el problema más urgente y crítico que amenazaba durante la Segunda Guerra Mundial los esfuerzos de los países aliados y del parque industrial de Estados Unidos, al no poder contar con caucho natural. Se realizó entonces un aprovechamiento a gran escala de árboles de caucho silvestre en zonas de bosque tropical, lo que conllevó nuevamente una fuerte presión sobre las comunidades indígenas en las regiones de Amazonia y Orinoquia (Domínguez, 1995).

Debido a la invasión de Asia Suroriental por Japón durante la Segunda Guerra Mundial, y a la consiguiente disminución de la producción de las grandes plantaciones en esa región, en 1941 se planteó la iniciativa del Ministerio de Agricultura de Colombia, bajo la asesoría de la Secretaría de Agricultura de los Estados Unidos, de instalar la primera estación experimental con material vegetal para plantaciones de caucho natural en el municipio de Mutatá (Antioquia), conocida como Villa Arteaga (Domínguez, 1995; MADR e IICA, 2006).

No fue hasta la década de los 60-70 del siglo XX cuando se llevó a cabo el primer programa de fomento del cultivo de caucho natural, realizado por el Instituto Colombiano de Reforma Agraria (INCORA), en el departamento del Caquetá. Debido a los resultados de ese programa, el INCORA decidió extender las plantaciones a

1 Los Huitotos o Wuitotos son una comunidad indígena asentada en los departamentos de Amazonas, Caquetá y Putumayo al sur de Colombia. En 1988 el estado colombiano constituyó el resguardo indígena Predio Putumayo con una extensión de 5.818.702 ha para preservar sus tierras y sus formas de vida, consideradas de alto valor en términos de biodiversidad biológica y cultural, ya que conservan algunos usos tradicionales que garantizan el uso sostenible de los recursos naturales (Resolución No. 1947 de 2006). Además, se han visto expuestos ante la presencia de actores armados, procesos colonizadores y aumento de la frontera agraria, tanto como a la ilegalidad de los cultivos de coca y, en algunos casos, a la ausencia del Estado.

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Putumayo, Guaviare, Meta y Vaupés (departamentos localizados en la denominada región de la Amazorinoquia2). Posteriormente, entre los años 1980-1990, la Federación Nacional de Cafeteros impulsó el cultivo de caucho natural en Caldas, Cundinamarca y Tolima como opción para el sombrío de las plantas de café. En la siguiente década y hasta la actualidad, el caucho natural, principalmente en el Eje Cafetero3

Ya desde la primera década del presente siglo se han propuesto y realizado otros programas para ampliar y potenciar regiones como, por ejemplo, el Caquetá, así como se han desarrollado planes para la sustitución de cultivos ilícitos en los departamentos de Antioquia, Caquetá, Guaviare, Meta, Santander y Putumayo. Cada vez las iniciativas para el fomento son más ambiciosas y se ven reflejadas en los incentivos que otorga el estado, tanto para asociaciones de agricultores como para inversionistas nacionales o extranjeros.

, ha pasado de ser una opción en el acompañamiento del cultivo de café a convertirse en una posibilidad para la reconversión de las zonas de monocultivo de café (MADR e IICA, 2006).