Hevea brasiliensis
3.1.2. Origen de la certificación forestal
Se puede señalar que la idea de una certificación forestal se remonta al siglo XVII cuando en Francia, por Real Decreto de 1637, se estipuló que los carpinteros tenían que marcar los muebles que fabricaban, como una manera de etiquetar los productos bajo una marca de calidad (Padrere, 1989, citado por Perera y Vlosky, 2006). Sin embargo, para hablar del origen de la certificación forestal como se conoce hoy en día, es importante contextualizar la situación de los bosques del planeta. Según datos de la FAO (2010), los bosques cubren el 31% de la superficie de la tierra (alrededor de 4.000 M ha), lo que corresponde a un promedio per cápita de 0,6 ha. Es de destacar que los continentes con mayor cobertura forestal son Asia y América, y los países con mayor riqueza forestal son Rusia, Brasil, Canadá, Estados Unidos y China (Figura 3.1.a).
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En un estudio realizado por Hansen et al. (2010) sobre la cuantificación de la pérdida global de la cobertura forestal para el período 2000-2005, se identifica que el mayor porcentaje de pérdida se presenta en Norte América, seguido de Asia y Suramérica (Figura 3.1.b).
Además, Hansen et al. (2010) señalan que la pérdida de cobertura forestal en Norte América está relacionada con la mortalidad de los bosques, así como con el fuego y el aprovechamiento. En Brasil, por su parte, esa pérdida está atribuida a la conversión hacia cultivos agroindustriales de gran escala, dando paso a usos no forestales de la tierra. Estos autores también resaltan que la zona tropical húmeda es la menos alterada, ya que aún se mantienen grandes extensiones de bosques en el Amazonas, debido a su inaccesibilidad, así como en el interior de la República Democrática del Congo, en donde la pérdida de bosques es inferior, aunque empieza a sufrir una tala selectiva.
No obstante, en la evaluación de los recursos forestales mundiales de la FAO en 2010 se señala que la mayor parte de la pérdida de bosque ocurre precisamente en las regiones tropicales, mientras que la mayor parte de las ganancias se produce en zonas templadas y boreales. Suramérica experimentó las mayores pérdidas de bosque entre 2000 y 2010, con 4.000.000 ha anuales, seguida por África con 3.400.000 ha (FAO, 2010). Este estudio resalta, además, que al utilizar los países diferentes sistemas de clasificación y métodos de evaluación para el seguimiento y control de los bosques resulta complejo obtener datos coherentes. En ese sentido, también señalan Hansen et al. (2010) que las dificultades para mapear los bosques de la superficie terrestre se debe, en parte, a que las capacidades nacionales para ello varían muchísimo de un país a otro, así como los métodos, extensiones y definiciones de cobertura relativa a los bosques, por lo que estos dos estudios coinciden en que es necesario mejorar la cuantificación de la dinámica de la cobertura forestal.
En cualquier caso, la deforestación es uno de los mayores problemas del planeta y del que se empezó a hablar con fuerza desde la década de los 80 del siglo XX, manifestándose en las campañas de boicot internacional al comercio de productos forestales tropicales, promovidas principalmente por organizaciones ecologistas de Austria, Holanda, Estados Unidos y Reino Unido. Su finalidad era tratar de reducir la demanda de esos productos para frenar la enorme deforestación de los trópicos (Bass, 1998). Entre 1992 y 1996 esos boicots llegaron a ser muy importantes en algunos países europeos, consiguiendo reducir el consumo de maderas tropicales en un alto porcentaje en Alemania y Reino Unido, y siendo la reducción más notoria en Holanda, donde llegó al 90% (FAO, 1994; Mutersbaugh y Klooster, 2010).
Sin embargo, unos años después de iniciarse estas campañas pudo constatarse que el resultado no estaba siendo el esperado, sino que incluso en algunos casos estaba empeorando la situación, puesto que al perderse el valor económico de los bosques tropicales se fomentaba el cambio del uso del suelo hacia otras actividades más
Tesis de doctorado
productivas a corto plazo, como la ganadería y la agricultura, pero más perniciosas para el propio bosque.
El origen de la certificación forestal puede fijarse en 1990, cuando un grupo de empresas consumidoras y comercializadoras de madera, y representantes de organizaciones ambientalistas y de derechos humanos, preocupados por el problema cada vez mayor de la deforestación, la degradación del medio ambiente y la exclusión social, se reunieron en California (EEUU). En esa reunión se recalcó la necesidad de contar con un sistema que sirviera para identificar de forma creíble a los bosques bien gestionados como el origen de los productos de madera fabricados responsablemente, y que ese sistema debería estar basado en un consenso global de lo que significa una buena gestión forestal. Además, en esa reunión también se acuñó el nombre del Forest Stewardship Council (FSC) o Consejo de Administración Forestal, aunque el mismo no se constituiría hasta tres años más tarde (FSC, 2012a).
Bajo ese pensamiento se cambiaba de estrategia, pues el boicot internacional al comercio de productos forestales tropicales estaba ideado para castigar a las empresas que obtenían la madera de forma ilegal o impactante con el medio ambiente, pero la realidad es que se estaba perjudicando también a aquellas empresas que realizaban los aprovechamientos de forma respetuosa. La idea de un sistema de etiquetado que garantizara al consumidor que el producto procede de un aprovechamiento forestal racional se extendió rápidamente, de tal manera que en pocos años se llegaron a contar más de 600 sellos de certificación forestal, algunos falsos, lo que provocó una enorme confusión y falta de credibilidad entre comerciantes, empresas y consumidores, que no sabían lo que estaba realmente detrás de las mismas (Van Dam, 2003).
Entre 1990 y 1993 se realizaron numerosas consultas en diez países para desarrollar la idea de un sistema de certificación y acreditación a escala mundial, y tras las recomendaciones sobre política de desarrollo sostenible realizadas en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, en octubre de 1993 se celebró en Toronto, Canadá, la Asamblea fundadora del FSC, con la asistencia de 130 participantes de 26 países. El objetivo que se buscaba con la creación del FSC era promover la gestión forestal sostenible en los bosques de todo el mundo mediante el establecimiento de un único y creíble sistema de certificación (Mutersbaugh y Klooster, 2010; FSC, 2012a). La primera oficina de FSC abrió sus puertas en Oaxaca, México, y el FSC fue legalmente constituido como entidad jurídica en México en febrero de 1994 (FSC, 2012a).
3.1.3. El FSC (Forest Stewardship Council)
El Forest Stewardship Council (FSC) es una organización independiente, no gubernamental, internacional y sin ánimo de lucro. Actualmente tiene su sede en Bonn, Alemania (a donde se mudó en 2003), y está presente en todo el mundo a través de cuatro oficinas regionales y una red de Iniciativas Nacionales presentes en más de 50 países. Del
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FSC forman parte 740 miembros de 79 países, que representan a grupos sociales, organizaciones ambientales, selvicultores, empresarios forestales, organizaciones indígenas e investigadores, entre otros, comprometidos con la gestión forestal sostenible de los bosques.
Las decisiones dentro del FSC se toman en su Asamblea General, que está formada por tres cámaras, a cada una de cuales pertenecen personas o entidades que representan a intereses económicos, sociales o ambientales. Los miembros de cada cámara eligen por separado a sus representantes, y para que exista equilibrio entre las mismas a la hora de tomar decisiones, cada una de las cámaras representa siempre una tercera parte de la Asamblea General. Además, dentro de cada cámara debe haber también un equilibrio entre representantes de países del norte (desarrollados) y del sur (en vías de desarrollo). Esta estructura garantiza el equilibrio de intereses entre los diferentes sectores y entre países con diferente desarrollo económico, así como la independencia y la transparencia en la toma de decisiones (FSC, 2012b).
El sistema de certificación forestal del FSC está basado en tres principales premisas: i) El establecimiento de un sello único que garantice la credibilidad de la certificación
mediante el cumplimiento de unos estándares de buena gestión forestal (Figura 3.2). ii) La elaboración de estándares de buena gestión forestal, de aplicación global, para lo
cual FSC estableció 10 principios generales que debe cumplir la gestión forestal en cualquier bosque del planeta, desarrollados en 56 criterios (que especifican lo que necesariamente se debe cumplir en relación al principio). Estos principios y criterios internacionales son adaptados por las iniciativas nacionales del FSC a las condiciones concretas de cada país. Recientemente se han revisado los principios y criterios (PyC) de FSC, y actualmente las iniciativas nacionales que contaban con estándares aprobados están inmersas en un proceso de adaptación de los mismos a los nuevos PyC.
iii) La acreditación de las entidades encargadas de realizar las auditorías y de otorgar los certificados. Por tanto, FSC no realiza las certificaciones, sino una tercera parte independiente, con lo que se garantiza la objetividad del proceso.
Tesis de doctorado