«El mundo que queremos es uno donde quepan muchos mundos»
Y.: Antes de ser zapatista, ¿usted era miembro de la ARIC?
Tacho: Fui miembro de la Unión de Uniones,123 pero no de la ARIc. Teníamos una Unión muy grande, muy amplia, con objetivos de producción y proyectos, pero nunca obtuvimos nada. En los pueblos todo el mundo se cansó. Yo no era dirigente; los asesores, los consejeros que dirigían la Unión, me invitaban a participar a veces, pero eso era todo, no tenía un cargo preciso, era, como se dice, un miembro de base o un simpatizante.
Y.: ¿Y cómo se produjo el contacto con el Ejército Zapatista?
Tacho:Un día los compañeros supieron, por un diario, que alguien mochó a los maderistas. Comenzaron a buscar a esa persona, a preguntar quién era, dónde vivía. Había una explotación de la madera increíble por aquí, las compañías forestales hacían lo que querían en Chiapas. Mataban los árboles sin descanso... Como yo sabía hacer gestiones y todo eso, me propusieron que fuera a México -eso era antes de que Salinas fuera presidente-, fui y denuncié. En el 86-87, la tala de árboles fue prohibida en Chiapas.124 Tuve muchas experiencias así, compañeros de otras organizaciones me preguntaban si quería ir a hablar; de acuerdo, íbamos a hablar con el funcionario, con el presidente, con el gobernador. Aquellos que eran tan grandes entonces y que se han vuelto tan pequeños ahora, a ellos les hablábamos. A los generales también. Aprendí mucho, de un sitio a otro, recorrí todo el campo, ésa fue mi escuela.
Cuando los zapatistas comenzaron a buscarme, alguien que ya era zapatista dijo: «Yo lo conozco, es amigo mío.» No me había dicho nada porque en esa época todo era clandestino; si no teníamos orden de hablarle a alguien no se le hablaba; in- cluso cuando nos veíamos, hablábamos pero no de eso. Entonces me contactaron inmediatamente, enviaron a alguien de muy lejos para que se encontrara conmigo y desde ese día he sido fiel al zapatismo, he elegido el camino de la lucha.
Después, cuando comenzamos a hablar con la gente del pueblo, había que tener mucho cuidado, elegir bien con quien hablar, saber quién era, cómo se llamaba, qué quería. Sobre todo con el problema del alcohol. Hay algunos a los que les gusta mucho tomar y, a veces, se emborrachaban con los ganaderos, los comerciantes, era difícil, había que tener mucho cuidado. Comenzamos a ver la necesidad de una
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Ocosingo, una de las ciudades tomadas por los zapatistas en enero de 1994, fue teatro de sangrientos enfrentamientos. Véase más adelante.
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El presidente Ernesto Zedillo, elegido el 21 de agosto de 1994, tomó posesión de su cargo el 1 de diciembre de ese mismo año.
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Unión de Uniones y Asociación Rural de Interés Colectivo CARIC): organizaciones campesinas.
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La destrucción de la Selva Lacandona se transforma en tema de debate público a partir de 1986, pero es la administración Salinas que, a partir de 1988, tomará las principales medidas contra la tala de árboles.
participación de las mujeres. Formamos mujeres que eran un poco comisarias políticas, y como ya había compañeras indígenas, campesinas, que estaban con nosotros, bajábamos con ellas a los pueblos y reuníamos a las mujeres de noche, clandestinamente, fuera del pueblo. Ellas hacían como si fuesen a buscar maíz o la leña, pero en realidad iban a una reunión. Fueron ellas las que comenzaron a convencer a sus maridos de dejar de emborracharse. En seguida, cuando teníamos dos, tres, cuatro compañeras en un pueblo, les encargábamos que vieran con quien más se podía trabajar, y poco a poco fuimos creciendo hasta que finalmente todo un pueblo estaba con nosotros. Así nos desarrollamos, pero muy delicadamente, en el verdadero trabajo clandestino.
Mayor Moisés: Encuentro con unos «turistas»
Y.:¿Cómo empezó todo eso para usted?
Moisés:Bueno, cuando yo era un poco grandecito, yo le preguntaba a mi padre que por qué no me mostraba a mi abuelo. Ya me dice, pues «tienes razón, pero tu abuelo ya no vive». Los otros jovencitos decían que van a ir a visitar a sus abuelos. Yo quedé así un poco de sospechoso, pues no sé donde están, ni nada de eso. Llegó un día que le pregunté a mi padre. Y es cuando me dijo que ya no está vivo. Y ahí, no más ahí le pregunté también de la abuela, me dice que igual no está viva. Entonces, ahí les empecé a preguntar dónde habían quedado, o sea, dónde los enterraron. Me dijo que en una finca llamada Las Delicias, cerca de Ocosingo. Una finca muy grande que estaba a un ladito de La Garrucha. Entonces ya empezó a platicar la historia. Cómo habían sufrido. Y me llevaba en algunas reuniones. Eso en los años... tenía como 13 años, un chavo que empezaba a escuchar las discusiones que había. Problema de las tierras, problema de que no se resuelven las demandas agrarias, de crédito, problemas de salud. Y problemas de tierras que había de una comunidad a otra comunidad. Así varias veces. Hasta que un día me llevó a otra asamblea pero, ahora sí, de varias comunidades. Ya como una organización pues. Ya escucho que son los mismos problemas que tienen. Y ya de ahí empecé a participar y a entender eso cómo está, por qué está así. Hasta que un día tuve que salir a chambear, a buscar trabajo en la ciudad. Me di cuenta que está más difícil ahí. Cuando uno no sabe hablar español, simplemente no sabe dónde conseguir el trabajo, quién te puede dar trabajo. Entonces me di cuenta que es más duro vivir ahí. Porque ahí no hay quien te regala ni una taza de agua. Y veía que ahí nadie te acerca, nadie te habla, son así, muy de pro- piedades. Entonces me tuve que regresar. Hasta que conseguí un amigo que me llevara nuevamente y me fui. Y estuve trabajando con un patrón ahora sí. En esa casa donde estaba yo trabajando hay una cosa que me cayó mal, que no me gustó, el patrón tenía perros -nosotros decimos aquí chuchos-, yo cuidaba a esos animales, estaba mejor alimentado el animal que yo. Me daban ganas de comer lo que le daba él a los perros. Se me vino de que está más caro lo que está comiendo el perro y lo que me pagan a mí no me alcanzaba. Entonces empecé a sospechar que sale igual estando con mi padre, tuve que regresar. Ya estaban un poco más avanzados en la organización en que estaban las comunidades.
Y.: ¿Su padre ya había salido de Las Delicias?
Moisés: Ya no estaba ahí. Después de que se murieron mi abuelo y mi abuela, salieron, se fueron a buscar otro lugar aparte. Ya no quisieron estar ahí. Salieron de ahí porque maltrataba mucho el patrón. El maltrato dice mi padre de que en vez que lo pagaban en dinero, a los trabajadores los pagaban en... a los que son viciosos de trago, se lo pagaban en alcohol. A los que no son viciosos, les daba su bolsa de jabón, su kilo de azúcar... pero no les daba dinero. Según dicen, cuando ya había dado 3, 4,
5 kilos de sal y de bolsas de jabón, entonces dicen que ya deben, y así se va pasando la vida y se empezaron a dar cuenta de que no es cierto. Entonces, por eso se re- tiraron de ahí.