Marcos : El problema era éste, no el problema, la ventaja era ésta Haz de cuenta que yo aquí, ahora, me puedo mover de esta comunidad y nadie sabe s
Y.: Pero termina mal
Marcos:Sí, ése es el problema. Qué movimiento revolucionario en el mundo no ha terminado mal; sería difícil decir que hay uno que haya tenido éxito. En ese caso, el fracaso de Guevara sería su muerte, el 9 de octubre del 67, que es donde fracasó definitivamente. Pero nosotros tenemos una lectura más ética, más moral, que en términos de efectividad política. No valoramos a Guevara por sus éxitos políticos, ni siquiera por sus éxitos militares, que son bastantes -la toma de Santa Clara es una
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obra maestra de operación militar con un reducido número de fuerzas-.173 Lo que admiramos es que valores éticos y morales que se suponen destinados a quedarse en un libro, en una doctrina religiosa, se hagan realidad en los seres humanos y se lleven con consecuencia.
Para los zapatistas no es el modelo de práctica política, larealpolitik,si quieres, la referencia fundamental, sino los valores éticos. Las opciones de los zapatistas siempre les hacen perder oportunidades desde el punto de vista de la realpolitik,
porque valoran más las aplicaciones morales.
El sacrificio y la desesperación
Y.: Ha pronunciado la palabra sacrificio, y lo que decía el otro día acerca del 1 de enero se inscribe mucho en esa lógica. Entiendo la dimensión humana, ética, pero ¿no es peligroso para la población? Se lanzaron, dijo, con la idea de que el peso de la violencia les iba a caer encima a ustedes, los combatientes, pero ¿no pensaron que podría caer también sobre las comunidades? La estrategia contrainsurgente en los últimos decenios, pienso sobre todo en Guatemala, ha sido caerle encima a los civiles, más que a los combatientes, y el costo ha sido terrible para la población civil.
Marcos: Es cierto todo lo que dices. Es una valoración que nosotros hicimos en 1993, pero tienes que entender que la lógica seguida por las comunidades era una lógica de desesperación. Algunos nos decían que no debíamos hacerlo, que había que esperar o tener un comienzo más pausado, más medido, menos extravagante y escandaloso o loco, como fue el 1 de enero del 94. Pero nos encontramos con una desesperación mortal, que no aparece en unos individuos, sino en una capa entera de la población, los indígenas. Y en esta lógica de desesperación no entra la vida como posibilidad; la opción es qué muerte, una muerte callada o una muerte heroica. Ésta es la lógica del 94. No es la lógica del 96. Pero es la lógica con que salimos en el 94. Nos enfrentamos con decenas de miles de gentes olvidadas, condenadas a muerte en silencio, a la muerte del olvido, decimos nosotros. Y ellos deciden: «Bueno, pues, si me van a matar, mátenme de esta forma y no de esta otra.»
No había posibilidades de un razonamiento como el que mencionas. El único que nosotros alcanzamos a hacer fue que el golpe que esperábamos sobre las comunidades fuera lo más diferido posible y lo más costoso posible en términos políticos y sociales para el Estado. No teníamos otra alternativa, pues las comunidades decían: «Igual nos está pasando ahora, nadie se da cuenta, nadie dice nada. Ahora sólo morimos nosotros. En una guerra al menos también van a morir ellos. Cuando menos, les vamos a provocar problemas serios.»
Y.: La violencia contrainsurgente introduce divisiones en las comunidades y entre las comunidades y la guerrilla. No poder proteger a la población -ustedes, entiendo, pensaron en términos de protección- tiene un costo humano, pero también político.
Marcos: En el caso del Ejército Zapatista de Liberación Nacional no se trata de una fuerza combatiente profesional, por un lado, y una población civil por el otro, sino que es lo mismo. En este tipo de situaciones, por ejemplo, la actual, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional no existe como fuerza combatiente. Está diluido y disperso en las comunidades, se agrupa, se acuerpa militarmente para operaciones militares. Igual se acuerpa militarmente para construir los Aguascalientes; los cinco Aguascalientes los construyeron los milicianos. Pero cuando no hay combate, el ejército -en ese sentido es muy heredero del Ejército Libertador del Sur, de Zapata-, la
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La toma de la ciudad de Santa Clara es uno de los principales hechos de armas de la Revolución cubana.
fuerza combatiente profesional es mínima. Unos cuantos combatientes que articulan sus fuerzas en el momento en que van a operar y luego la dispersan. Es un ejército muy barato. Es pobre, pero muy barato porque no requiere gran cantidad de dinero para mantenerse, porque los mismos soldados son productores. Productores en crisis, claro, como todo el mundo.
Errores e intolerancias zapatistas
En cuanto al problema del costo político, hemos pagado, sobre todo, el de nuestros errores: cuando el mando militar se equivoca y decide realizar acciones militares cuando se imponen acciones políticas, o decide acciones políticas cuando son necesarias acciones militares. Esto no se valora en seguida, pero tiene una repercusión en los pueblos, cuando ellos piden cuentas a la dirección. Los problemas que hemos tenido en los pueblos, más que trabajo de la contrainsurgencia, han sido errores del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. No entiendo por qué. Supongo que el gobierno siente un profundo desprecio por nosotros y por eso no hace las cosas bien. Tal vez la pirámide de la corrupción es tan densa que realmente no llega ninguna iniciativa de peso hasta abajo. Por ejemplo, no creo que los choques armados con las guardias paramilitares en el norte de Chiapas formen parte de una campaña de contrainsurgencia. Me parece más verosímil la hipótesis de la incapacidad de control del gobierno, del caos que tiene dentro, más que algo perfectamente planificado. No digo que no haya problemas en el interior de las comunidades, pero creo que tienen que ver más con errores nuestros que con éxitos del gobierno. El ejército federal tiene posiciones y actitudes de un ejército de ocupación, es un ejército que se está enfren- tando a una población y a una fuerza. armada enemiga. Pero no sólo una fuerza armada enemiga, también una población. No digo que no haya intentado dividir por un lado u otro, pero o ha sido efectiva la defensa de las comunidades, o ha sido débil el esfuerzo del gobierno, o simplemente no les interesa.
Todos esos problemas son atribuibles, la mayoría de las veces, a errores del Ejército Zapatista y de sus estructuras de mando civil. Por ejemplo, intolerancias que hay por parte de los jefes de las comunidades respecto de las críticas internas; problemas religiosos que se filtran dentro de la estructura de mando civil del Ejército Zapatista, que es el Comité Clandestino Revolucionario Indígena. O problemas que no se ven a tiempo y no se resuelven en forma tolerante, incluyente, sino tratando de aplicar criterios militares a las decisiones políticas, o por problemas no atendidos, que luego crecen y revientan cuando han alcanzado proporciones muy grandes. Yo creo sinceramente que los principales problemas que tenemos en la Selva, en el Norte y en Los Altos, se deben a errores del zapatismo. Nosotros lo vemos así, tal vez porque esta misma estructura hace que estemos muy cerca de los problemas. No evaluamos las noticias desde la prensa, desde los informes que hacen las ONGs, sino valoramos las noticias que vienen de los pueblos.
Esto fue más patente cuando tuvimos control del territorio. O sea, en 1994, cuando fuimos gobierno en estas tierras, durante todo ese año; muchos problemas que estaban reventando, sobre todo violaciones de derechos humanos, eran por intolerancia de los mandos medios y bajos de la estructura civil del Comité Clandestino Revolucionario Indígena hacia otras propuestas o hacia gente que no estaba de acuerdo, o simplemente no quería participar, o criticaba. Ahí vimos que estos problemas eran producto de una estructura organizativa que había aprendido a gobernar en resistencia, pero que no era una verdadera alternativa de gobierno. El zapatismo no acababa de transformarse en gobierno realmente plural. Es decir, dejar de ser zapatista y hacerse gobierno en las comunidades.
Y.: ¿Hoy en día esa transición ha terminado? Están ustedes en una situación muy indefinida: no están en la guerra pero están todavía en una situación armada, de paz armada. Como lo dijo en otras ocasiones, esa situación de guerra o de semiguerra no es muy compatible con una democracia pluralista, con la democracia, sencillamente.
Marcos: Sí, simplemente no es lo mismo que hablen entre ustedes y discutan diferencias políticas, ya no digo cosas de gobierno, diferencias políticas, a discutidas con alguien que está armado. En este caso el arma es un argumento que no está en la discusión, pero que está presente. A la hora en que los zapatistas discuten políticamente con otros grupos políticos dentro de las comunidades, sí se puede ser tolerante y todo eso, pero el arma tiene un peso. Ser una organización armada es una contradicción en la que nosotros hemos insistido, el zapatismo armado no puede ser una alternativa de gobierno si se plantea la democracia. Si se plantea la dictadura del proletariado, si se plantea la homogeneidad de una etnia o de una raza, sí podría serio. Pero el objetivo del zapatismo es contrario a eso.
Nos enfrentamos, pues, a la contradicción de que aquello por lo que luchamos exige que desaparezcamos como fuerza armada para su cumplimiento. Tenemos que desaparecer como ejército, transitar hacia la vía pacífica. Pero, por el lado del gobierno, todo nos dice que debemos mantenemos armados, pues en el momento en que hagamos ese tránsito, o nos espera la muerte o un proceso de digestión. Más que el miedo a que nos maten, tenemos miedo a ser digeridos y a convertirnos en «políticos», término peyorativo, sobre todo en México.
Y.: Sin haber cambiado el sistema político.
Marcos: Exactamente, sin obtener nada a cambio.
El tránsito hacia la vía pacífica exige de nosotros unas condiciones mínimas, que significan el paso del EZLN de fuerza armada a fuerza pacífica con dignidad. Yeso es lo que no está dispuesto a dar el gobierno. Reconocer una transición digna, sería reconocer una derrota.
Y.: De continuar esta situación, ¿no hay un peligro de comunitarismo militar, como el que se da, en cierta manera, en una sociedad de guerra, con una economía de guerra, el peligro de que se articulen una tradición comunitaria de consenso, de unanimidad y unas reglas y conductas militares? ¿Todos están convencidos de que hay que dejar esto y transformarse en un actor democrático? Dentro del zapatismo, ¿no habrá alguien que esté pensando en militarizar las comunidades para un proyecto de más largo plazo?
Marcos: Puede haberIo. Lo que pasa es que no lo sabemos porque no alcanzan a manifestarse todavía. Pero vuelvo al otro riesgo primero. Sí existe la conciencia de los compañeros de que esta solución implica nuestra desaparición, en la medida en que es un ejército indígena y muy civilista en ese sentido, un ejército que no tiene proyectos de militares profesionales. No pretendemos transformarnos en el ejército que defendería el nuevo Estado después de la toma del poder.