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LA ANTIGUA GRECIA: LA EDAD DEL BRONCE (3000-1200 A C.) Y LA EDAD OSCURA (1200-700 A C.)

El contex to social: guerreros y reyes

Los hombres de la antigua Grecia que ejercían una función totalmente dominante en la sociedad griega eran guerreros, y continuaron siéndolo hasta que fueron conquistados por Filipo de Macedonia y posteriormente por los romanos. Los valores y las actitudes de los guerreros griegos son la clave para comprender los conceptos griegos de mente y comportamiento. Los hombres griegos valoraban la fuerza física y despreciaban la debilidad y, por lo tanto, a las mujeres. También valoraban la fama y la gloria, en contraposición a la vida privada y la prosecución de intereses personales, y dentro de los grupos de guerreros cultivaban amistades íntimas y casi homoeróticas entre ellos. En las Edades de Bronce y Oscura, los reyes, a quienes se consideraba semidioses, y su corte de aristócratas eran quienes gobernaban la sociedad griega. Fue en este contexto en el que los griegos formularon su ética masculina de guerreros. Ésta experimentó cambios al adquirir la pólis una mayor importancia, pero pervivió durante siglos.

Los valores y las actitudes de los guerreros griegos ensombrecen enormemente la psicología filosófica y la ética griegas. La concepción heroica de la virtud de la Edad del Bronce —la vida digna— implicaba llevar una vida honorable según el código de los guerreros y alcanzar la inmortalidad a través de las proezas en la batalla. Cuando un dios le ofreció al joven Aquiles la oportunidad de elegir entre una larga vida tranquila y una vida breve pero gloriosa, éste eligió lo que cualquier hombre de la Edad de Bronce habría elegido: una vida breve y la gloria en la batalla (que, efectivamente, hizo su nombre inmortal).

El concepto homérico de virtud es radicalmente distinto al nuestro en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, la virtud —areté— era un logro, no un estado. En segundo lugar, y como consecuencia de ello, la virtud era algo que sólo conseguían algunos afortunados. Las mujeres, los niños, los adolescentes, los esclavos, los pobres y los tullidos (muy pocos de los cuales eran enterrados) no podían alcanzar la virtud, ya que no podían acceder a la gloria en la batalla. Los griegos vivían con el temor al destino —la T´yche— que podía alejarlos del camino de la virtud. Un simple accidente de nacimiento —es decir, nacer mujer, pobre o esclavo— dejaba directamente la virtud fuera de su alcance. Un accidente o una enfermedad durante la niñez que convirtiera a un futuro guerrero sano en un lisiado, le apartaba además del camino hacia la gloria en la batalla y, por lo tanto, de la areté. Aunque este énfasis en la gloria en la batalla fue disminuyendo en la posterior filosofía clásica, la idea de que sólo aquellos pocos hombres que lograban la grandeza pública eran virtuosos permaneció intacta hasta la Era Helenística. Hoy día pensamos que la virtud es un privilegio al que puede acceder cualquiera, rico o pobre, hombre o mujer, sano o tullido, porque consideramos la virtud como un estado psicológico de la mente o del alma, no como un premio a determinados actos. Nuestra concepción de la virtud es la desarrollada por la filosofía del estoicismo en los últimos siglos antes de Cristo, que se extendió al ser incorporada posteriormente a la doctrina cristiana.

La psicología en la Edad del Bronce

La Ilíada y La Odisea de Homero perpetúan una tradición oral de milenios que se remonta a la Edad de Bronce y constituyen la más antigua ventana que podemos abrir a la psicología. Se trata de historias de amor y lealtad, pasión y batallas, por lo que contienen explicaciones del comportamiento humano que revelan

indirectamente la más antigua psicología popular de la que tenemos constancia escrita.

Uno de los temas que despertaba el interés del hombre de la antigüedad era, con toda seguridad, la diferencia entre seres vivos y objetos inertes. Sólo las plantas, los animales y los hombres nacen, crecen, se reproducen y mueren; sólo los animales y los hombres perciben por los sentidos y se desplazan. Las religiones de todo el mundo explican esta diferencia afirmando la existencia del alma, que da vida a los cuerpos inanimados tornándolos animados. Cuando este espíritu de vida está presente el cuerpo está vivo, y cuando éste parte, el cuerpo muere. Algunas religiones, aunque no todas, añaden una segunda alma personal, que es la esencia psicológica de cada persona y que puede sobrevivir a la muerte del cuerpo.

Al menos según Homero, los griegos en la Edad del Bronce tenían una concepción del alma peculiar y, vista desde la modernidad, algo extraña (Bremmer, 1983; Onians, 1951; Snell, 1953). Para empezar, ni en La Ilíada ni en La Odisea aparece una palabra que se refiera a la mente o a la personalidad como tales. Lo más cercano es la palabra psyché (tradicionalmente traducida como alma), origen del término psicología: estudio (lógos) del alma (psyché). La psyché es el aliento de la vida porque cuando abandona al guerrero herido, éste muere. Sin embargo, la psyché es algo más que el aliento vital, sin llegar a ser la mente o alma del individuo completo. Durante el sueño o durante un desvanecimiento puede abandonar el cuerpo y viajar, y puede sobrevivir a la muerte corporal, pero nunca se considera que esté activa en el estado de vigilia ni que tome parte en el comportamiento de una persona.

El comportamiento se atribuye más bien a varias entidades similares al alma que residen en diferentes partes del cuerpo y que funcionan de manera independiente. Por ejemplo, la función de la

frénes, localizada en el diafragma, era planificar racionalmente la acción. Por otro lado, la función del thymós, en el corazón, regía las acciones movidas por los sentimientos. El nóus era la función responsable de la percepción precisa y la clara comprensión del mundo. También había otras sub-almas, a las que se hacía referencia con menor frecuencia. Ninguna de ellas sobrevivía a la muerte corporal, lo que convertía a la psyché de Homero, que perduraba después de la muerte, en una entidad bastante extraña. Después de la muerte, la psyché, sin sus almas corporales, queda privada de sentimientos, pensamiento y palabra e incapaz de moverse normalmente. El aspecto de la psyché era precisamente el del cuerpo en el momento de la muerte, con sus heridas incluidas. Además, no todas las psychés iban al Hades, ya que se estimaba necesario un enterramiento adecuado para la transición desde la vida terrenal a la otra vida. A las mujeres, los niños, los adolescentes y los viejos no se les enterraba siguiendo el ritual debido, por lo que se creía que sus psychés no sobrevivían a la muerte. Por ese mismo motivo, uno de los mayores temores de los guerreros era morir y no ser enterrado, por ejemplo ahogándose en el mar. Por otro lado, si un gran guerrero era enterrado con honores, lograba un lugar privilegiado en la vida después de la muerte.