es otro de los órganos diana de la malnutri- ción. Hatch et al. han demostrado una dismi- nución del peso del páncreas y su celulari- dad, así como una marcada reducción de su actividad exocrina, fundamentalmente de la li- pasa y de la amilasa, en ratas recién nacidas (40). El hígado, por su parte, experimenta una infiltración grasa que algunos autores han relacionado con la disminución de peroxiso- mas en el hepatocito, lo que conduciría a una ß-oxidación globalmente ineficaz y de glu- tatión reducido (GSH) circulante observado en niños malnutridos (41).
El tracto gastrointestinal es un elemento fun- damental para el sostenimiento de la home- ostasis general del organismo y de un estado
inmunológico equilibrado. Es el sistema más activo en el proceso digestivo y, a su vez, el que más precozmente padece la privación del aporte de nutrientes, porque su capa epi- telial necesita renovarse cada 2-3 días y por- que precisa recibir su sustento tanto directa- mente desde la luz intestinal como por vía sistémica. Normalmente el intestino delgado es responsable de hasta el 25 % del con-
sumo de O2global, lo que informa de su alta
actividad metabólica.
La carencia aguda de alimentos provoca una disminución en el tamaño y la celularidad de las vellosidades en el intestino delgado. Fun- cionalmente se traduce en una reducción del área absortiva, aunque con aumento de la capacidad de absorción por unidad de super- ficie, y un incremento de la secreción y de la permeabilidad. En el colon disminuye su ca- pacidad para absorber agua y electrólitos (42). La implicación clínica de estos cambios es- tructurales del intestino va más allá de las con- secuencias metabólicas, ya que al mismo tiempo se producen alteraciones de sus importantes funciones inmunológicas que se extienden a su «función barrera», con la consecuente trans- locación bacteriana, a la secreción de inmu- noglobulinas (IgA) y a la eficiencia de la lámina propia como reservorio de inmunocélulas. En resumen, no hay subsistema orgánico, ade- más de los referidos, que no se vea compro- metido en alguna cuantía por la malnutrición: el neurológico, donde una dieta equilibrada es fundamental para su desarrollo y para el man- tenimiento cognitivo y psicológico adecuado; la respuesta inmunológica, que es dependiente de la dieta; el endocrino, en el que ciertas de- ficiencias de micronutrientes condicionan su eficiencia, etc. Por tanto, el mantenimiento de una dieta equilibrada es un elemento clave para el desarrollo integral del individuo, y el aporte nutritivo suficiente en la enfermedad es un cofactor fundamental para su resolución, para la mejoría funcional o para la calidad de vida. Consecuentemente, los métodos de va- loración nutricional aplicados con criterio de- ben incorporarse como herramientas cotidia- nas en la práctica clínica.
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