Del desarrollo al bien-estar
11 En este aparte, con algunos matices, nos apoyamos en T H Marshall y Tom Bottomore (1998), y en Will Kymlicka y Waine
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CAPíTuLo 3 Derechos sociales
La crítica de Marx apunta al reclamo por la poster- gación de la promesa kantiana de autonomía y au- togobierno: la producción capitalista le niega a los trabajadores su condición de sujetos al reducirlos a simples mercancías, por ende, el trabajador deja de aparecer como un fin para convertirse en un simple medio. El trabajador, además, deja de ser autónomo, alguien que puede regular su propia vida y crear su propio mundo, para convertirse en un productor de mercancías que le son extrañas, que no le pertenecen y que no puede controlar. Por esta razón, Marx afirma que los derechos indi- viduales son derechos burgueses, porque son de- rechos que no liberan, que no son el reflejo de una plena emancipación humana, sino la expresión de una mera emancipación política a medias (Marx, 1993, pp. 33 a 75), pues aunque sea la expresión de la derrota de los señores y los monarcas, le per- mite fundamentar el egoísmo del burgués parti- cular, del empresario moderno que se separa de la comunidad en búsqueda de ganancias. Esta oposi- ción fundamenta la democracia moderna: el ciu- dadano del Estado no coincide con un miembro integrado en su comunidad, sino con un individuo egoísta separado de ella. De ahí que la verdade- ra emancipación humana solo pueda producirse cuando el individuo recupera, reconoce y organiza sus fuerzas sociales y no las separa de su fuerza política (Marx, 1993, p. 66), cuando la emanci- pación política no fundamenta el egoísmo sino la vida en colectivo.
5. La última tensión se deriva de la pregunta por el reconocimiento de la diferencia y las discusiones relacionadas con las reivindicaciones en contra de la “injusticia cultural”, aquella ligada con “patrones sociales de representación, interpretación y comu- nicación” (Fraser, 1997, pp. 22 y ss.) que redundan en prácticas éticamente reprochables como la do- minación cultural, la falta de reconocimiento y el irrespeto hacia determinadas comunidades, actitu- des que acompañan o generan racismo, sexismo y otro tipo de patrones de comportamiento similar. En ese orden de ideas, queremos sostener tres tesis fundamentales:
a) Buena parte de las discusiones políticas y teóricas en torno a los derechos humanos son la expresión de las tensiones arriba mencionadas, pero son también el reflejo de los ritmos desacordes entre
la modernidad y la modernización, los cuales no pueden acoplarse plenamente.
b) Las luchas de los pueblos indígenas son el resulta- do de este desacople, pues los pueblos demandan las condiciones de apertura, de liberación, auto- nomía, subjetividad y emancipación humana ex- presadas por la modernidad, pero rechazan cier- tos parámetros de la modernización capitalista.
n El rechazo de la modernización está lejos de ser
total y absoluto; por el contrario, los pueblos indígenas tienden a retomar ciertos procesos de modernización recreándolos y conjugándo- los con sus propias visiones de mundo.
n Los pueblos indígenas, en el ejercicio de sus lu-
chas, recrean y reinventan los pilares básicos de la mentalidad moderna, al defender posturas y razonamientos ligados a la defensa de su digni- dad e identidad, su autonomía y sus derechos. Categorías de la modernidad que esgrimen en contra de los proyectos de la modernización. c) Las luchas de los pueblos indígenas que son plan-
teadas en términos de derechos expresan tanto jurídica como políticamente el desajuste entre la mentalidad moderna y los procesos de moderni- zación; entendiendo la modernización como re- chazada, recreada y repensada a la luz de la visión de mundo de los pueblos, la cual a su vez se recrea y se repiensa a la luz de la modernización.
La tensión bien-estar frente a desarrollo, o por qué los pueblos indígenas
defienden la modernidad
Lo que hemos denominado como ritmos desacordes entre la modernidad y la modernización, coincide ple- namente con otra tensión fundamental para los pue- blos indígenas en el ejercicio de sus luchas: la tensión entre bien-estar y desarrollo. Si tenemos en cuenta que ambas tensiones se sobreponen entre sí, podemos decir entonces que tenemos dos ejes en oposición permanente: un eje modernidad/bien-estar y un eje modernización/desarrollo.
Dicha tensión genera consecuencias palpables para las luchas indígenas, ilustrémoslo con un ejem- plo: la posición de los pueblos indígenas frente a la colonización petrolera, es decir, frente a la explotación de crudo en sus territorios. Observemos dos momen- tos de la discusión; en primer lugar miremos el nexo desarrollo-explotación petrolífera:
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InDígEnAS SIn DErEChoS
“NEGOCIACIONEs” INDíGENAs FRENtE A LA ExPLOtACIóN PEtROLíFERA
La primera estrategia para lograrlo [el proyecto gubernamental de involu- crar a los pueblos y las organizaciones indígenas en el negocio petrolero] era introducir un discurso favorable a la industria petrolera entre algunas or- ganizaciones indígenas, basado en el derecho de los pueblos al desarrollo, el cual ha calado de tiempo atrás entre algunos indígenas que encontraron en la inserción institucional una forma de vida.
…en el [Departamento del] Tolima, donde la interlocución respecto a los proyectos ha excluido a la asociación de autoridades regional, el CRIT [Con- sejo Regional Indígena del Tolima], en la casi totalidad de los casos; en Putumayo la participación de la OZIP [Organización Zonal Indígena del Pu-
tumayo] es esporádica y los diálogos se hacen por comunidades aislada- mente; Arauca es quizá la zona donde con más determinación ha interveni- do el CRIA-Ascatidar, pero igualmente las “negociaciones” se hacen por res- guardos; igual ha ocurrido en Casa- nare y Meta. Este mecanismo estatal lamentablemente ha contado a su favor con una visión localista (y no de pueblos) de muchos líderes y autori- dades, que ante la expectativa de al- gunos recursos económicos renuncian a dar una respuesta colectiva. Sólo recientemente la ONIC ha promovido la posición de asumir el petróleo como propiedad colectiva de todos los pue- blos indígenas en razón de su carácter estratégico. (…)
En el Putumayo, por ejemplo, la cons- trucción de la carretera, que hacía parte
del proyecto y como tal generaba fuertes impactos a las comunidades por abrir sus territorios a la colonización, fue pre- sentada como el beneficio que recibirían de la explotación petrolera… La estrate- gia no fue diferente en Orocué, donde Ecopetrol y la francesa Kelt de Colombia (hoy Perenco Colombia) utilizaron el pago en dinero a algunas autoridades y familias del pueblo Sáliva, la entrega de regalos navideños, motobombas, lápices y cuadernos, y la vinculación directa de indígenas en trabajos físicos no califica- dos, al igual que en Putumayo.
Tomado de grupo de Seguimiento a Políticas Públicas del observatorio Étnico de Cecoin (2005, pp. 76 y ss.).
Una de la preocupaciones de las au- toridades indígenas es la pérdida de la identidad y el desequilibrio cultural de nuestros pueblos expresado a través de la descomposición y desestructuración social, el desconocimiento de las nor- mas tradicionales de regulación social, el cambio en la manera de vivir en la cotidianidad de las comunidades, y la apropiación indebida de patrones cul- turales ajenos a los pueblos indígenas e impuestos tanto por la cultura insti- tucional de las empresas petroleras, así como de la población flotante que trae una explotación de estas magnitudes. (…)
Lo cierto de esto es que los pueblos indígenas que han vivido este pro- blema en sus territorios, adquieren conciencia que la actividad petrolera lleva a las comunidades a situaciones de mendicidad, alcoholismo, drogadic- ción, prostitución de sus mujeres, y al incremento de enfermedades infecto- contagiosas en su territorio, sin que se
pueda dar alguna alternativa desde la medicina tradicional por el desconoci- miento de estas nuevas patologías. (…) Con la llegada de la empresa a la re- gión se crean expectativas en la pobla- ción indígenas que incentivan activida- des distintas a las tradicionales como la caza, la pesca y el trabajo agrícola. Vinculando particularmente a jóvenes de la comunidad a los conflictos béli- cos, donde su mano de obra no implica mayor costo. (…)
Igualmente a la explotación petro- lera no le interesan los daños ambien- tales, ni sus costos para las comunida- des que muchas veces son mayores a los beneficios que se reciben. (…)
Nuestros pueblos, más que sentarse a definir una política o una visión frente a la exploración y explotación de hidro- carburos, deben establecer una política general de protección de sus territorios y recursos naturales (…) Esta política general debe incorporar el deber cons- titucional del Estado de garantizar la
integridad cultural de los pueblos indí- genas, lo que conlleva necesariamente a velar por el reconocimiento de la diver- sidad étnica y de nuestros derechos cul- turales y territoriales. El Estado colom- biano, debe proteger de manera eficaz los derechos humanos y sociales de los pueblos indígenas que son afectados y vulnerados por la explotación de recur- sos naturales en sus territorios. (…)
La explotación, exploración o ex- tracción de recursos naturales en los territorios indígenas es un asunto de todos los pueblos indígenas del país, no solamente de aquellos que poseen hidrocarburos en el subsuelo de sus territorios, pues lo que está en juego es la defensa de nuestra autonomía, auto- ridades, territorios indígenas, culturas y derechos reconocidos por la constitu- ción, tratados internacionales y las leyes de la república.
Tomado de organización nacional Indígena de Colombia (onIC) (2005, pp. 92 y ss.).
POsICIóN COLECtIvA DE LAs ORGANIzACIONEs y LOs PuEBLOs INDíGENAs FRENtE A LA ExPLOtACIóN PEtROLíFERA
Disponible en www
.observatorioetnico.org
Disponible en www
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CAPíTuLo 3 Derechos sociales
En contraste, apreciemos la posición de la Organi- zación Nacional Indígena de Colombia (ONIC) sobre la política petrolera del Estado colombiano:12
El primer recuadro muestra el proyecto de la mo- dernización/desarrollo concretado en la colonización petrolera de los territorios indígenas. Como podemos ver, la promoción de la explotación petrolífera por parte del gobierno nacional asume tres momentos: 1. Derecho de los pueblos al desarrollo y al progreso
comunitario.
2. Negociaciones particulares –que desconocen a las autoridades indígenas– dinamizadas por líderes específicos con expectativas de lucro para sí o para la comunidad.
3. Transacciones del mismo orden pero con ex- pectativas más puntuales, como una carretera, motobombas, lápices o cuadernos. En resumen, encontramos incentivos particulares ligados a ra- cionalidades ajenas a la visión de mundo propia de los pueblos indígenas como el motor que permite la explotación petrolífera, entendida ésta como la materialización de la modernización capitalista. El segundo recuadro expresa la visión de la ONIC frente a la explotación petrolífera, la cual refleja la posición colectiva de los pueblos y las organizaciones indígenas a nivel nacional en este asunto. Esta posición podemos resumirla en cuatro momentos:
1. La explotación petrolífera, como un momento de la modernización occidental capitalista, genera procesos de desestructuración de las normas y las costumbres tradicionales de los pueblos indí- genas, como el “desconocimiento de las normas tradicionales de regulación social, el cambio en la manera de vivir en la cotidianidad de las comu- nidades y la apropiación indebida de patrones culturales ajenos a los pueblos indígenas” (Étnias, 2005, p. 92). Así mismo, también se presentan transformaciones económicas que modifican las actividades de búsqueda de recursos tradicionales por nuevas formas de división del trabajo propias del capitalismo.
2. La colonización petrolera también genera ruptu- ras que, aunque no trastocan la tradición indíge-
na, sí operan en otros órdenes en los pueblos y las comunidades; rupturas que desintegran a los pueblos y los abocan a consecuencias indeseadas, dentro de las que se incluyen mendicidad, alco- holismo, drogadicción, prostitución, aparición o incremento de enfermedades propias de blancos y mestizos, y daños ambientales que alteran los patrones ecosistémicos.
3. El tema de los recursos presentes en los territo- rios indígenas no debe ser cuestión de cada uno de los pueblos que habita los territorios particu- lares, sino que debe ser manejada por el conjunto de las autoridades tradicionales y por las organiza- ciones que representan a los pueblos indígenas en su conjunto. La dirección que se toma colectiva- mente al respecto no dependerá de negociaciones cuyo marco es impuesto por el Estado y el capital transnacional, sino que debe estar guiada por una política común.
4. La política común de los pueblos indígenas en esta materia debe tener como pilares la integridad cul- tural de los pueblos y su autonomía, y debe pro- pender por los derechos humanos de los pueblos y por el reconocimiento de su diversidad cultural. En ese sentido, resulta claro que la modernización capi- talista, concretada a través de la explotación petrolífe- ra en los territorios indígenas, riñe con las costumbres, identidad, autonomía y derechos de los pueblos. Tam- bién resulta claro que la explotación petrolífera puede explicarse desde la perspectiva de la modernización capitalista y el desarrollo. No obstante, no resulta claro por qué razón expresamos que la alternativa defendida por los pueblos indígenas es una expresión de moder- nidad, ¿no se supone que la modernidad riñe por defi- nición con nociones y prácticas ligadas a la tradición y las costumbres?, ¿por qué definir como moderna una visión de mundo que se basa en la defensa de la tradi- ción?, ¿no es ésta acaso una postura conservadora?
Ante esta posible objeción, podemos responder sin vacilación: sí, las luchas indígenas reflejan posicio- nes modernas, y no, no sustentan posiciones conser- vadoras. La actitud indígena de lucha por autonomía y defensa del territorio puede entenderse dentro de un canon claramente moderno, es más, se muestra como una parte fundamental de las luchas y los razona- mientos antes explicados al ocuparnos del despliegue de la modernidad: pocos conceptos son tan modernos como los de autonomía, dignidad humana y derechos
12 Ver el documento completo en Revista Etnias y Política (2005,