CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN TEÓRICA: ESPACIO, COMPORTAMIENTO Y SOCIEDAD
2.6 Apego al lugar y otros conceptos relacionados
El concepto de Apego al lugar, es al igual que los anteriores, complejo de definir por su naturaleza subjetiva. Aunque algunos autores han utilizado los conceptos de Identidad de lugar y Apego al lugar como sinónimos, estos aluden a nociones diferentes, ya que la Identidad de lugar apunta a un concepto cognitivo, mientras que el Apego al lugar refiere más bien a un concepto afectivo o emocional (Hidalgo, 1998).
Siguiendo la bibliografía revisada, podríamos decir que este concepto refiere a un vínculo afectivo que desarrolla el individuo hacia entornos concretos. Por ejemplo, Bonaiuto, Aiello, Perugini, Bonnes, y Ercolani (1999) sostienen que el apego al lugar considera la experimentación
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de lazos positivos, desarrollados a lo largo del tiempo, surgidos de los vínculos afectivos, cognitivos y de comportamiento entre la persona y su entorno socio-físico. Mientras que Shumaker y Taylor (1983) definen Apego al lugar como un vínculo o asociación afectiva positiva entre los individuos y su entorno residencial. Además, siguiendo a Hidalgo (1998), estos autores —basados en trabajos anteriores—, afirman que:
“La fuerza de este vínculo afectivo denominado Apego, está determinada por las características físicas y sociales del ambiente, la percepción de elección residencial, las redes sociales locales, las necesidades individuales y el estilo de personalidad, y una evaluación comparativa de la calidad del lugar actual y de lugares pasados y futuros.” (Hidalgo, 1998, p.44).
Sin embargo, una de las posibles razones que lleva a la dificultad de independizar a los diferentes conceptos del de Apego al lugar puede deberse a que éste último hace referencia a vínculos afectivos o emocionales que pueden ser de predilección, satisfacción, complicidad, cariño, etc. lo que produce cierto barullo con otros conceptos. Empero, son las diferentes formas en las que se ha definido el concepto, las principales razones de confusión. Algunos lo entienden como un término más general que considera gran variedad de sentimientos y experiencias desarrolladas con el tiempo hacia el entorno, y otros como un constructo específico. En cualquier caso, nos interesa resaltar, que diferentes investigaciones han tratado el tema del Apego al lugar de residencia o al barrio mediante los sentimientos o vínculos emocionales demostrados, como por ejemplo las expresiones de tristeza o nostalgia por cambios de entorno o especial satisfacción mostrada con el barrio y deseos de continuar residiendo en él (Jansen, 2014; Taylor, Gottfredson y Brower, 1984). No está de más recordar, que el apego al lugar también hace referencia a las personas, cosas, etc. que forman parte de ese entorno y no solamente a la dimensión física.
En diversas investigaciones consultadas, enfocadas en comprender el nivel de Apego o interacción que existe entre un residente y su entorno, se han evaluado diversas variables relacionadas con los aspectos físicos o urbanos que nos interesan resaltar. Y es que, como explican algunos expertos en el tema, lo que sucede dentro del entorno residencial, impacta directamente sobre la calidad de la vida, con lo cual es indiscutiblemente comprensible que las personas se apeguen a su barrio (Taylor, Gottfredson y Brower, 1984). Por ejemplo, la percepción de problemas e inseguridad en el entorno ha sido un tema recurrente en estas investigaciones, y se ha vinculado con un menor apego al barrio por parte del residente (Brown, Perkins y Brown, 2003; Amérigo y Aragonés 1988). Asimismo, los signos iniciales de decaimiento físico pueden derribar fuertes lazos emocionales con el barrio y la vivienda (Proshansky, Fabian y Kaminoff, 1983) afectando también los vínculos emocionales entre la persona y el lugar.
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Además, el apego a una comunidad según diversas teorías, ha ido en disminución debido a la escala, la densidad y la heterogeneidad de las distintas comunidades. Sin embargo, estudios sobre ello como los de Brown (1989), Goudy (1982), Gerson et al. (1977) o Kasarda y Janowitz (1974), no pudieron demostrar el vínculo entre estos factores (Cuba y Hummon, 1993). Algunos atribuyen a la velocidad con la cual se van transformando los espacios, las ciudades y su organización, lo que limita las posibilidades de los sujetos de crear fuertes vínculos con los objetos y entornos (Chombart de Lauwe, 1996, p.25).
Así como las anteriores, encontramos que existen otras variables socio demográficas que se asocian con este constructo. Algunas investigaciones han apuntado que el Apego al barrio o a la comunidad aumenta conforme a la edad (Brunson, Kuo y Sullivan, 2001; Goudy, 1982). Mientras que otros consideran que aquellos que rentan, o que tienen su residencia en malas condiciones presentan menos Apego, aunque éste sea posiblemente relativo a su vivienda y no necesariamente a su barrio (Brown, Perkins y Brown, 2003). También encontramos que el tiempo de residir en un determinado lugar favorece el surgimiento de sentimientos de Apego, así como una mayor identificación con dicho entorno (Valera et al., 1998; Kasarda y Janowitz, 1974). La abundancia de relaciones o amistades con vecinos genera una mayor disposición a crear un Apego al lugar, así como el nivel de confianza o cercanía que se tiene con éstos, pues refleja la unidad que se da en el sitio. Por tanto, las relaciones con amigos, familiares, organizaciones o incluso comercios ha sido evidencia indicadora de ser una fuente de lazos sentimentales con los lugares y de asignación de significados (Gustafson, 2001; Valera et al., 1998; Davidson y Cotter, 1986; Taylor, Gottfredson y Brower, 1984).
La capacidad de darle un nombre a una determinada localidad también fue investigada con anterioridad por Taylor, Gottfredson y Brower (1984), pues consideraban que esto denota un vínculo entre la persona y el lugar. Basándose en los datos de la investigación que llevaron a cabo sobre la capacidad de nombrar a su barrio, estos autores concluyeron que los grupos residenciales no minoritarios y con mayor clase social, reflejaron mayor apego a su barrio. De igual manera, los resultados de su investigación mostraron que el nivel de educación y etnia tenían un impacto significativo sobre estos aspectos. Según estos autores, basándose en investigaciones anteriores, se esperaba que clases sociales altas —más educadas y con mayores ingresos económicos— estuviesen más apegadas al barrio, ya que en principio los residentes con dichas características viven en entornos con mejores condiciones y por tanto pueden ser objeto de Apego más fácilmente. Además tomaron en consideración el planteamiento relativo a cuestiones de raza de Suttles (1972), quien sugirió que las unidades familiares minoritarias se identifican en menor medida con la totalidad del barrio.
Brown, Perkins y Brown (2003) recogieron los resultados alcanzados por otros estudios sobre el tema, los cuales determinaron que los hispanos son más optimistas con sus barrios que los
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afroamericanos, quienes tienen menos apego debido a las condiciones de discriminación en las que viven, y que los residentes de enclaves judío ortodoxos presentaron más apego al barrio debido a la similitud entre sus residentes y a la distintividad con otros grupos. Sin embargo, otros autores como (Fried, 2000) consideran que el Apego al lugar es por el contrario más fuerte en barrios de menos ingresos o barrios étnicos debido a su aislamiento por la carencia o limitada accesibilidad a otras opciones.
Muchas de las investigaciones sobre el tema sugieren que el Apego al lugar puede generar fuertes lazos en el barrio que favorecen los esfuerzos de desarrollo de la comunidad. Igualmente, una mayor percepción de responsabilidad del residente hacia su entorno puede propiciar mayor Apego o Identificación con el barrio y esto se enlaza por lo general a una participación activa en los temas del barrio o comunidad e interacción social (Tsai, 2014). De allí surge la concepción de que el Apego a un entorno determinado es una herramienta útil para comprender la relación existente entre las personas y sus barrios. Esto ayuda por tanto a comprender el porqué de la existencia de ciertos entornos deteriorados y otros más prósperos (Shumaker y Stokols, 1982). Entonces, si el Apego al lugar está relacionado con la degradación social y física, es sumamente valioso comprender la importancia de estos lazos para revertir algunos procesos de declive (Brown, Perkins y Brown, 2003).
Finalmente, el concepto de Apego al lugar se ha reportado en algunos estudios como predictor de la Satisfacción Residencial (Bonaiuto et al., 1999), lo cual se vincula también a otros conceptos análogos como “Apego al barrio” o “Apego residencial” que pueden ser entendidos como manifestaciones del los elementos afectivos de la Satisfacción Residencial (Jansen, 2014). También se ha vinculado con la Identidad de lugar (Ujang, 2012; Hauge, 2007) y se han planteado muchas similitudes entre los conceptos de Territorialidad, Apropiación y Apego al lugar. Sin embargo, tal y como señala Hidalgo (1998) en su revisión minuciosa sobre estas significaciones, el Apego al lugar no implica deseos de exclusión, apropiación o demarcación, estableciendo una diferencia importante entre ellos. Entonces, dado que el constructo de Apego al lugar parece englobar otros conceptos y dificulta un mejor entendimiento, compartimos la posición de esta autora, quien defiende la diferenciación entre el Apego al lugar, la Satisfacción Residencial y la Identidad de lugar, lo que nos inclina por delimitar los diferentes constructos —los cuales suscitan sentimientos distintos— pero entendiendo que existe una fuerte relación entre ellos.
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2.7 Aspectos claves del medio construido para el desarrollo de la Identidad, Apropiación,